No habrías esperado que Darren Aronofsky hiciera una película criminal estilizada y pulida, pero eso es exactamente lo que es esta entretenida, enrevesada y, finalmente, sangrienta historia. Impulsada por el magnetismo de Austin Butler, y reforzada por actuaciones sólidas de un grupo de actores de primer nivel, Atrapado robando (Caught Stealing) es la película más comercial que Aronofsky ha hecho hasta ahora. Eso puede no parecer la gran cosa en comparación con la oscura psicología de Black Swan, probablemente, su mejor película. Incluso, sus esfuerzos más convencionales, como The Whale, no son ni de cerca tan elegantes y atractivos como esta cinta, y lo logra de forma brillante.
Butler interpreta a Hank, quien alguna vez fue un talentoso jugador de béisbol en la secundaria, y cuyas esperanzas de llegar a las grandes ligas se vieron truncadas por una lesión. Ahora se encuentra sin rumbo, atendiendo un bar de mala muerte en el Lower East Side de Nueva York, en 1998, cuando la gentrificación aún no se había apoderado por completo del barrio. La atmósfera es sórdida y precisa, desde los créditos iniciales —mostrados como azulejos en las paredes deterioradas del metro—, hasta los montones de basura en la calles y las pegatinas en la puerta del vecino de Hank, Russ (Matt Smith), que dicen: “Giuliani es un imbécil” y “Muere, escoria yuppie”.
Veredicto final
Ágil y efectiva
Fecha de estreno: Viernes, 9 de agosto (Sony Pictures Entertainment)
Elenco: Austin Butler, Regina King, Zoë Kravitz, Matt Smith, Liev Schreiber, Vincent D’Onofrio, Benito Martínez Ocasio, Griffin Dunne y Carol Kane.
Director: Darren Aronofsky
Guionista: Charlie Huston
Duración: 1 hora, 47 minutos.
Russ parece una caricatura punk británica, con una salvaje cresta rubia y una chaqueta de cuero con tachuelas, pero esa impresión inicial da paso a la acción cuando le deja su gato a Hank, antes de volver a Inglaterra. Pronto, unos matones rusos golpean a Hank en el pasillo de su edificio, mientras buscan a Russ y el dinero de la droga que ha escondido, pero del que Hank no sabe absolutamente nada. Con una mirada de asombro constante, Butler está perfectamente elegido para interpretar al inocente que debe ingeniárselas para salir de ese lío, al estilo de MacGyver.

Zoë Kravitz interpreta a Yvonne, la novia de Hank, cuyas habilidades como paramédica resultan útiles en los momentos ideales. Al principio, Yvonne parece existir, principalmente, para tener sexo apasionado con Hank, y luego desaparece una vez que ha cumplido su función en la trama. La mayoría de los personajes secundarios entran y salen de la historia de la misma forma, un recurso que termina siendo una característica deliberada, no una falla. El argumento se asemeja a una de esas historias absurdas que divagan en direcciones inesperadas, incluso cuando la narrativa se mantiene centrada en Hank, quien es perseguido por matones y huye por su vida.
Entre el brillante reparto secundario, Regina King interpreta a la detective a la que Hank llama para pedir ayuda, y Bad Bunny (acreditado con su nombre real: Benito Martínez Ocasio) personifica al elegante jefe de los rusos. Griffin Dunne encarna a Paul, el dueño del bar donde trabaja Hank. Él es otro chiste visual, ya que parece un motociclista envejecido con una larga coleta gris y un chaleco de cuero sin mangas.
Liev Schreiber y Vincent D’Onofrio le dan vida a los personajes menos típicos del mundo criminal: Lipa y Shmully, hermanos jasídicos que podrían ser los asesinos más letales con los que Hank se ha cruzado. D’Onofrio tiene la mejor línea, cuando sugiere que alguien más debería conducir el auto para escapar: “Ya tengo suficientes problemas con Hashem como para conducir en Shabat”, dice. Carol Kane interpreta a Bubbe (abuela). Aunque todos entran y salen de la película, una y otra vez, el guion de Charlie Huston, basado en la novela de 2004, mantiene el ritmo, y la edición impulsa cada escena.
Definitivamente, hay un guiño a la oscuridad típica de Aronofsky en la cantidad de tiroteos sangrientos y cadáveres esparcidos por doquier, con transeúntes inocentes y villanos siendo eliminados sin mucho remordimiento. Hank carga con sus demonios personales. Tiene pesadillas —que vemos en forma de flashbacks— del accidente de auto que causó su lesión porque conducía de manera imprudente.
Butler aporta profundidad a esas escenas; su rostro expresa un dolor que va más allá de lo que el guion le ofrece, y Aronofsky tiene el buen criterio de mantener la cámara cerca de él en esos momentos. En general, el actor se inclina más hacia la acción, ya que Hank debe escapar de diversos matones, ya sea colgado de una cornisa o deslizándose bajo el carrito de un vendedor, como si tratara de llegar a la base durante un partido de béisbol.
A pesar de toda la violencia sangrienta, hay una sensación de ligereza en la película. Matthew Libatique, el talentoso director de fotografía que acompaña a Aronofsky en todos sus proyectos, hace que la ciudad brille intensamente en el exterior, y logra un aspecto visual vibrante, incluso, dentro del bar más oscuro y sucio. Atrapado robando es una anomalía, una burbuja de entretenimiento oscura y divertida. Esa rareza hace que esta película tan improbable resplandezca.