La miel inmaculada llega al Festival de Cannes como parte de la Semana de la Crítica, una de las secciones más importantes enfocadas en descubrir nuevas voces del cine.
El cortometraje mexicano, dirigido por Mauricio Calderón Rico, sigue a Jesús, conocido como Chucho, un joven bailarín exótico que lleva una doble vida. Después de sufrir un ataque con arma blanca, su rutina cambia por completo y se ve obligado a detenerse. Durante su recuperación, recibe la visita de su madre, Alma, quien viaja para cuidarlo por unos días. Ese encuentro, que en apariencia es cercano, revela la distancia emocional entre ambos y deja ver cuánto desconocen el uno del otro.
La película explora esa intimidad desde un lugar sensible, con una mirada que pone el foco en la identidad, la vulnerabilidad y los vínculos familiares. El papel principal está a cargo de Vladimir Rivera, quien también participó en la creación de las coreografías, retomando su formación como bailarín para construir un personaje más auténtico. De igual forma participa Teresa Sánchez, quien da vida a Alma. Detrás de cámara, el proyecto reúne a un equipo que apuesta por una propuesta cuidada en todos sus elementos, desde la fotografía de
Rodrigo Calderón García llevó la fotografía, mientras que Nina Guadarrama Olhovich el diseño sonoro, junto a Pablo Betancourt y Gabriel Reyna, con música de José Manuel González Izquierdo y dirección de arte de Mara Ugalde.
La producción corre a cargo de Colectivo Colmena, junto con Araceli Velázquez y Daniel Loustaunau. El colectivo se ha ido consolidando dentro de la escena independiente con proyectos como Chicas tristes y Rebeladas, posicionándose como una de las productoras emergentes más activas del momento.
Antes de su llegada a Cannes, La miel inmaculada ya había tenido presencia en festivales internacionales en ciudades como Berlín, Nueva York y La Habana, y continuará su recorrido en Europa con una próxima exhibición en París.