A los once años, Andee Zeta sintió que la música lo eligió. “Un amigo me enseñó el riff de ‘Come As You Are’ y en ese instante todo cobró un nuevo sentido. Dejé de ser retraído y supe que estaba destinado a algo más grande”, recuerda. Desde entonces, el artista y productor de Manizales ha sabido explorar su visión artística como baterista en algunas de las bandas más relevantes de Colombia, cofundador de Diamante Eléctrico —con quienes ganó tres Latin Grammys y compartió escenario con The Rolling Stones y Foo Fighters—, actor, DJ, productor y creador de comunidades como Sunset Riders Club y The Loopster Sessions.
“No me defino por un solo rol. Me veo como un artista con distintas formas de expresarse”, dice. Esa versatilidad lo ha llevado de ser baterista de rock, a cantar folk y R&B, a la producción de música electrónica y de reggaetón alternativo. Sin embargo, su sonido como solista lo resume en tres palabras: groove, deep, meaningful. “La emoción que más me gusta provocar en el público es la sinergia que convierte un instante en irrepetible”, comenta. “Como DJ descubrí que podía generar en la gente la misma sensación de éxtasis que yo experimento tocando batería: estar totalmente presentes, saborear los sonidos”.
Y esa fue la razón que quizá lo impulsó a explorar un camino en solitario, dejando atrás todo aquello que conocía junto a Diamante Eléctrico y el sentimiento de validación de la industria. “Dar el paso a estar solo me mostró que muchas amistades eran por mi trabajo con la banda, no conmigo”, confiesa. “También me golpeó el ego de la industria: muchas veces el verdadero rockstar no es el artista, sino quienes tienen el poder”. A partir de ese “desencanto”, Zeta fundó sus propias comunidades, espacios donde la música tiene mucha más relevancia que los números de streams. “Decidí no depender de nadie, no perder mi dignidad. Puede que no sea el camino más eficiente, pero es el más honesto para mí”.
Los riesgos, reconoce, también han sido parte del proceso. “Sabía que venía del rock y que muchos lo verían como una traición. Pero ese riesgo me llevó a encontrar mi sonido, a crear Maldito Groove y a desarrollarme como productor de electrónica con Andee Zeta”. Y, aunque disfrute de experimentar con cosas que a simple vista son opuestas, su entorno también influye en su proceso creativo. “Lo primero es el orden. Como músico estoy acostumbrado a que la creación sea inmediata, pero como productor dependes del computador y la creatividad puede diluirse. Por eso disfruto crear nuevos sonidos a partir de samples y considero la mezcla y masterización parte del proceso creativo”.
Su lista de referentes es tan amplia como sus proyectos. De Andrew Loog Oldham, ex mánager de los Rolling Stones, aprendió “el valor de lo orgánico y de la imperfección, porque esa imperfección le da vida al groove”. Con él, pasó de intercambiar correos a grabar en su propia casa. “Grabar con el productor de ‘Satisfaction’ en mi sala ha sido uno de mis mayores logros”, confiesa.

A pesar de contar con un camino ya recorrido en la industria, le sorprende cómo la “energía femenina” responde a su música, y el agradecimiento genuino de su público. Y son estas cosas las que lo mantienen en el camino, incluso después de conquistar Coachella, Austin City Limits y ganar tres Grammys. “Siento que aún no cumplo mi meta: conectar con el público a gran escala, con mi nombre y mi arte. Y aunque lo logre, mi vida perdería sentido sin la música”.
La próxima etapa de Andee Zeta llegará con varios espectáculos por diferentes ciudades de Europa, Australia, Asia, Londres y Estados Unidos. En su agenda también hay nuevos lanzamientos junto a Café de Anatolia y más música con Oldham. “Más que brillar, lo que busco es crear momentos especiales. La música es el puente que nos transporta a lugares valiosos y memorables”.