Alejandra Arrieta: Filmar la radicalidad

La directora revive a la pionera del videoarte Pola Weiss en un documental que busca conservar su espíritu experimental.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

marzo 12, 2026

4:56 pm

Cortesía Arcadia

La cineasta mexicana Alejandra Arrieta se propuso reconstruir la vida y obra de Pola Weiss, una de las figuras más singulares del videoarte en América Latina. Activa en las décadas de 1970 y 1980, Weiss exploró las posibilidades expresivas del video cuando el medio aún era visto como una herramienta marginal frente al cine y la televisión. Antes de suicidarse en 1990, nos dejó un trabajo que combinó experimentación tecnológica, performance corporal y una visión profundamente personal de la imagen. 

Pola Weiss documental recupera ese legado desde el archivo, pero también desde una búsqueda formal que dialoga con la estética de Weiss. En lugar de domesticar su radicalidad, la película intenta replicar su espíritu libre, su relación con la tecnología y su apuesta por el cuerpo como territorio artístico y político.

En esta conversación, Arrieta reflexiona sobre el proceso creativo detrás del documental, la vigencia de Weiss en la era de las redes sociales y las lecciones que su figura sigue ofreciendo hoy.

Cortesía Arcadia

Pola Weiss fue una pionera del videoarte en México cuando el medio era visto como una herramienta marginal frente al cine y la televisión. ¿Cómo abordaste el reto de traducir ese espíritu experimental al lenguaje de tu documental sin domesticar la radicalidad de su obra?

Es una buena pregunta. Para mí siempre fue importante mantener esa fidelidad a su espíritu experimental. Nunca pensamos que fuera un documental tradicional, particularmente en la forma. La premisa que usábamos Sabino Alva, el editor, y yo era imaginar que estábamos haciendo “un video de Pola de dos horas”. Trabajamos mucho con su propio archivo. Por ejemplo, los glitches que aparecen en la edición son glitches de Pola. Encontramos entre su material un cassette que ella había titulado Defectos —así llamaba a los glitches, no “efectos”— y era una colección de fallas visuales que Sabino usó durante la edición.

Incluso nos interesaba bajar la calidad del 4K en algunos momentos. Nunca quisimos una fotografía preciosista. Hay material en 720, en 8 mm, en muchos formatos distintos. Queríamos que se vieran las líneas de resolución, el desgaste del material. Eso se siente mucho más en sintonía con la estética de Pola y con nuestra propia admiración por su trabajo.

Viendo tu documental pensaba en el cineasta Stan Brakhage, que al igual que Pola trabajó mucho con la intervención directa en la tecnología audiovisual. Hoy avanzamos mucho en tecnología, pero esa experimentación parece más tímida. ¿Por qué crees que sucede?

Sí, es cierto. Aunque también hay toda una corriente de cineastas experimentales, incluso en México. Pienso en Bruno Varela, Elena Pardo, el colectivo Los Ingrávidos, entre muchos otros. Lo que pasa es que ese tipo de trabajo se ha ido moviendo más hacia el mundo de las artes visuales. 

El cine experimental queda en un lugar un poco liminal: no pertenece del todo al cine tradicional, pero tampoco completamente al campo de las artes visuales. Aun así, es el tipo de cine que a mí más me interesa. Y también era la estética más lógica para contar la historia de Pola y para hacer sentir al espectador lo que ella buscaba provocar. Para Pola era muy importante que su trabajo generara sensaciones. No conceptualizábamos otra forma de hacerlo.

Pola pertenece a una tradición que nos remite a cineastas experimentales como Germaine Dulac o Agnès Varda. En tu documental aparece una exploración muy adelantada de su época: el cuerpo femenino como territorio de vulnerabilidad, pero también de resistencia. ¿Qué lectura propone la película sobre esa relación entre cuerpo, tecnología y autorrepresentación?

Creo que ese es uno de los aspectos en los que Pola estaba más adelantada a su tiempo. No solo se interesaba por el cuerpo como un elemento artístico, sino también como un espacio político. Ella vivía con mucha libertad: en su forma de vestir, de expresarse, de habitar su propio cuerpo. Hoy lo entendemos mejor dentro de ciertos debates contemporáneos, pero en su época eso muchas veces servía para que la tacharan de loca o de rara. Es curioso porque ahora vas a la colonia Roma y muchas chicas se visten como Pola se vestía en los años setenta. Para mí era importante que el documental transmitiera esa libertad. Y ahí vuelve a ser clave la edición: cómo generar sensaciones a partir del archivo, del tratamiento del material, de la postproducción. Todo eso ayuda a que el espectador conecte a un nivel afectivo con el personaje.

Cortesía Arcadia

¿Qué nos dice la historia de Pola sobre la tensión entre creatividad artística y control mediático en el México de los años setenta y ochenta?

La tragedia de Pola tiene algo del mito del artista incomprendido. El contexto en el que trabajaba no estaba listo para entenderla. Además, había un componente de género muy fuerte. Muchas de las cosas que hacía —el trabajo técnico, la manipulación del equipo— se percibían como territorios masculinos. En su archivo se ve cómo producía televisión y radio, y cómo muchas veces se llevaba mejor con los técnicos que con otras áreas. También había mucho más control mediático y una violencia de género mucho más marcada. No es que hoy haya desaparecido, pero esos sesgos influyeron en que su trabajo no fuera comprendido. No solo porque su arte era precursor, sino también por ser mujer.

El trabajo de Weiss parece anticipar fenómenos contemporáneos como los videoblogs, los selfies o la cultura de la autoexposición en redes. ¿Hasta qué punto tu película propone leerla como una visionaria de nuestra relación actual con la imagen?

Sin duda lo era. Anticipó esa relación con las pantallas y con la autorreferencialidad que hoy vivimos todo el tiempo en redes sociales. Pero me gusta matizar esa lectura. Pola no se adaptaba al medio: lo subvertía. Hoy nos adaptamos al filtro, a la duración, al formato. Ella hacía exactamente lo contrario. Entonces sí, anticipó muchas cosas, pero también ofrecía una visión crítica sobre cómo relacionarnos con estos aparatos. Me interesa que su trabajo también se lea desde ahí.

Cortesía Arcadia

Si Pola estuviera viva hoy, ¿dónde crees que estaría trabajando? ¿Con inteligencia artificial, por ejemplo?

Probablemente sí. De hecho, una de las razones por las que decidimos usar inteligencia artificial para recrear su voz fue justamente esa: conceptualmente tenía sentido pensarla experimentando con nuevas tecnologías. Creo que estaría explorando todas esas posibilidades. Aunque también me gusta pensar que Pola era profundamente de su tiempo. Por ejemplo, el hecho de cargar una cámara de ocho kilos en el hombro formaba parte de su forma de trabajar. Bailaba con la cámara. No sé si algo tan ligero como los dispositivos actuales produciría el mismo tipo de arte. Con los años he llegado a pensar algo que dice Cuauhtémoc Medina en el documental: Pola era simplemente irrepetible.

Además de su libertad creativa, ¿qué más puede enseñarnos hoy?

Hay mucho que aprenderle. También hay algo de cautela en su historia. Esa pasión desbordada por crear también tuvo consecuencias muy trágicas. Pero lo que más me inspira de trabajar con su figura es su convicción. Nadie entendía lo que hacía, la llamaban loca, y aun así siguió adelante. Llevó su visión hasta las últimas consecuencias. Y esa determinación, esa fidelidad a lo que uno cree, sigue siendo profundamente inspiradora.

Tráiler:

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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