Athina Rachel Tsangari, cineasta griega conocida por ser parte del Greek Weird Wave y por su mirada única sobre las dinámicas sociales, el poder y la resistencia, ha forjado una carrera caracterizada por una constante exploración de lo humano a través de lentes profundamente visuales y filosóficas. Su colaboración con Yorgos Lanthimos, su colega y amigo cercano, ha sido crucial en su desarrollo artístico, siendo parte fundamental de sus primeros trabajos como Chevalier y Attenberg.
La influencia de Lanthimos se percibe en la forma en que Tsangari descompone las estructuras sociales y las relaciones humanas, creando mundos donde la tensión y la extrañeza se convierten en puntos de reflexión. En Harvest, su más reciente proyecto basado en la novela de Jim Crace, Tsangari continúa esta tradición de examen de los sistemas de control, la pertenencia y el progreso, a través de una estética única que recuerda a las obras de su colaborador y mentor.
¿Cómo defines los rituales de poder en Harvest y qué revelan sobre la autoridad, la tradición y la resistencia dentro de las comunidades cerradas?
Bueno, la ceremonia de los cráneos en la piedra es algo que aparece como una breve mención en la novela de Crace. Como muchas de las cosas en la película, es algo que surge de una narración onírica del protagonista Walt (interpretado por Caleb Landry Jones). Pero sentí que ritualizar el poder es tan poderoso porque es algo tan abstracto y omnipresente. Cada una de mis películas trata de examinar el poder, de una manera muy sutil y casi quirúrgica. En este caso, me parecía importante mostrar cómo el poder, de manera casi atómica, se expresa a través de la creación de límites, la imposición de dolor. A través de la violencia, nos sometemos a este poder o lo resistimos, dependiendo de cómo usamos literalmente nuestros cuerpos y el mundo natural.

En Harvest, la naturaleza tiene un aire muy sereno y calmado, pero con una tensa quietud. ¿Cómo construyes esta atmósfera sin caer en los convencionalismos del cine de género?
Es una excelente pregunta. No quería hacer una película de época al estilo de un drama de vestuario inglés, aunque la historia transcurre a finales del siglo XVI. Decidí trasladar la historia al oeste de Escocia, donde comenzaron las Scottish Clearances. Para mí, es una historia contemporánea, sobre todo porque trata de la tierra, este bien increíble que seguimos perdiendo, no solo en pequeñas parcelas como en esta comunidad, sino a nivel global. Harvest es una película más gestual que cualquier otra cosa, y es a través de los sentidos que intento mostrar la pérdida de este Edén que nos pertenece y cómo los humanos lo traicionan.
En tu película veo influencias de películas como Dogville de Lars Von Trier y Zama de Lucrecia Martel en tu trabajo. ¿Ves tu trabajo en diálogo con estas obras?
Absolutamente. Acertaste. Lucrecia Martel es una de mis grandes heroínas del cine, y Zama fue fundamental al principio de la escritura del guion. Y sí, Dogville también influye. Aunque no comparto completamente la idea de que Harvest sea minimalista. Creo que esta película es más maximalista en su enfoque visual y narrativo. Las películas que mencionas, junto con el cine de Pasolini y McCabe & Mrs. Miller de Robert Altman, forman parte de nuestra autobiografía cinematográfica. Aprendemos de nuestros héroes y seguimos tomando prestado de su vocabulario.
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¿Qué motiva tu cine a lo largo de tus películas, como Attenberg, Chevalier y ahora Harvest? Hay temas recurrentes como los rituales, las dinámicas grupales y el género. ¿Qué preocupaciones filosóficas guían tu trabajo?
Los temas que mencionas definitivamente están presentes. Sin embargo, cada vez que voy a hacer una película, nunca digo que voy a hacerla sobre el género o sobre el control. Para mí, la preocupación central siempre ha sido el control sobre el cuerpo físico, porque el cuerpo es el último lugar de resistencia. Ya sea en su aspecto animal o en su forma más “máquina”, en el caso de los hombres en Chevalier o las mujeres en Attenberg, la intersección de estos aspectos me interesa mucho.
Tu cine es muy sensorial, como el de Andrea Arnold, con imágenes luminosas y composiciones formales que parecen deliberadamente reservadas. ¿Qué referencias fotográficas guiaron tus elecciones visuales?
Trabajo combinando cosas para crear lo que espero sea un caos fértil. Desde lo formalista, como los pintores flamencos, hasta lo romántico, como Turner, que es un pintor que adoro. Estudié su iluminación y cómo captura la atmósfera del paisaje, algo que quise reproducir en Harvest. Estoy más interesada en la falta de enfoque en la imagen, en la difusa difuminación que permite que las formas, los cuerpos y los problemas no estén claramente definidos. Me parece que esta ambigüedad es esencial en la película.

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Finalmente, ¿qué preguntas sobre el impacto de la modernidad en la vida rural y la memoria colectiva esperas que Harvest plantee?
La idea de progreso es muy compleja. No creo en una dicotomía entre lo bueno y lo malo. El progreso, como lo entendemos, está vinculado al neoliberalismo y, aunque está relacionado con el capitalismo, es más amplio. En la película, personajes como Jordan son simplemente personas que creen en un futuro mejor, lo que para mí refleja la promesa del progreso, que no siempre es tan clara. Al final, el pequeño acto de resistencia que se muestra con la siembra de semillas, aunque sea completamente absurdo y autodestructivo, es lo que me interesa. Quizás el progreso está en esos gestos pequeños pero significativos.