Baz Luhrmann ha construido una filmografía reconocible por su ambición visual y su apuesta por la música como motor narrativo. Con una filmografía conformada por Strictly Ballroom, Romeo + Juliet, Moulin Rouge!, Australia, The Great Gatsby y Elvis, su cine combina melodrama, espectáculo y una puesta en escena de alto voltaje emocional.
Después de su película biográfica sobre Elvis (2022), Luhrmann vuelve al artista con EPiC: Elvis Presley in Concert, su primer largometraje documental. La película, estrenada en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre de 2025, se construye a partir de material nunca antes visto y descubierto durante la producción del filme anterior, incluyendo rollos de 35mm, 16mm y 8mm correspondientes a la etapa de Las Vegas del cantante.
Con EPiC, Luhrmann se desplaza de la cinta biográfica estilizada a la exploración de archivo, dejando que la voz de Elvis Presley estructure la experiencia. El resultado reafirma una constante en su trayectoria: El espectáculo como vehículo de una emoción directa y expansiva, ya sea en la ficción o en el documental.
El director nos habló sobre el hallazgo del archivo, el proceso de montaje y la persistencia de ciertas obsesiones creativas en su obra.

Sus películas, de Strictly Ballroom a Elvis, comparten una identidad emocional y estilística muy marcada. ¿Reconoce obsesiones recurrentes que atraviesan toda su filmografía?
Cuando era más joven cometí el error de analizarme demasiado. Me volví excesivamente consciente de lo que hacía. Con el tiempo entendí que solo hay una manera en la que puedo contar historias: la mía.
No es algo que planifique deliberadamente, pero cuanto más se acerca una película a la forma en que contaría una historia en una cena, más auténtica resulta. Si yo relatara algo frente a amigos, probablemente sonaría como una de mis películas.
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Después de dirigir el largometraje de ficción Elvis, ¿qué lo llevó a regresar al personaje en formato documental?
Fue casi accidental. Mientras trabajaba en la película de ficción, escuché sobre unos rollos míticos almacenados en las minas de sal de Kansas City, donde MGM conserva sus negativos.
Cuando abrieron la bóveda dedicada a Elvis, encontramos 65 cajas de material: 35mm, 16mm y 8mm. Era extraordinario. Con la ayuda del equipo de Peter Jackson restauramos el material. Luego apareció una grabación de audio en la que Elvis hablaba de manera muy franca.
Eso cambió el enfoque. Siempre hay alguien contando quién fue Elvis. Nos preguntamos: ¿y si dejamos que él mismo cuente su historia? La música funciona como una especie de paisaje onírico alrededor de su voz. Así nació EPiC.
En la película hay momentos de gran precisión, como un destello en la mirada del coronel Parker o la intensidad en el rostro de una fan. ¿Cómo construye esos instantes?
El momento con el coronel surgió revisando el material cuadro por cuadro. Un flash iluminó sus ojos por una fracción de segundo. Al ralentizar la imagen, ese instante adquirió una fuerza inesperada.
No sabemos qué pensaba en ese momento. Tal vez algo trivial. Pero esa ambigüedad resulta poderosa. En lugar de imponer un significado, decidimos permitir que el público experimentara la misma incertidumbre que nosotros. La sugerencia puede ser más efectiva que la explicación.

¿Cómo entiende hoy el legado de Elvis, especialmente frente a las nuevas generaciones?
Para algunos sigue siendo profundamente relevante. Para otros, sobre todo los más jóvenes, es una imagen simplificada: el traje blanco, una referencia cultural más.
Lo que estoy viendo es un redescubrimiento intergeneracional. Abuelos llevan a sus nietos y esos niños descubren que detrás del ícono hay una figura compleja. Eso me parece significativo.

La música en su cine suele mezclar épocas y comprimir el tiempo. ¿Qué lo impulsa a trabajar de esa manera?
La música tiene la capacidad de condensar el tiempo y provocar emociones que las palabras por sí solas no logran. Crecí rodeado de ópera, donde música, drama e imagen se combinan para intensificar la experiencia humana.
Me atrae esa amplificación emocional. Mezclar épocas musicalmente permite que la esencia emocional de una historia trascienda su contexto temporal.
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¿En qué está trabajando ahora?
Estoy concentrado en Jeanne d’Arc. Es un proyecto que me entusiasma profundamente. Más allá de eso, hay nuevas ideas en desarrollo, pero aún es pronto para hablar de ellas. Por ahora, mi foco está puesto en Juana de Arco.