Crítica: Adiós al amigo

El western colombiano existe, y tiene nombre: “Panela Güepstern”

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

agosto 8, 2025

10:03 am

Cineplex

Iván David Gaona, ingeniero civil de formación y cineasta empírico de corazón, regresa con fuerza al largometraje tras su fallida ópera prima Pariente (2016), una cinta que, aunque prometedora, se perdió entre el costumbrismo, el neo noir y el barroquismo de su historia. Ahora, con Adiós al amigo, su segundo largo, entrega un trabajo mucho más pulido y ambicioso, pero sobre todo, más suyo. Esta vez, Gaona impone sin miedo sus propias reglas. Lo que entrega es un “Panela Güepstern”, una especie de película de vaqueros criolla, filmada en su tierra natal (Güepsa, Santander), con actores naturales y escenarios reales (como lo ha hecho desde sus entrañables cortometrajes como Los retratos y El tiple), que no pretende parecerse a nada, pero que al mismo tiempo lo homenajea todo.

La cinta, ambientada en 1902, en el ocaso de la Guerra de los Mil Días, pone en el centro a Alfredo Duarte Amado, un soldado desertor interpretado con notable presencia por Willington Gordillo, evocando a William Holden, Charles Bronson, Franco Nero y Clint Eastwood. Lo acompaña Benito Pardo, un retratista sediento de venganza (Cristian “Beco” Hernández). Juntos recorren una tierra baldía, habitada por brujas, fanáticos religiosos, militares descompuestos y otros desadaptados. A medida que avanza la travesía, el grupo crece para incluir a un showman que se hace llamar el Conde de Cuchicute (Salvador Bridges), a Eccehomo (Julio Valencia) su ayudante afro, así como a la Señora Lucía (Marina Olarte), hasta encontrarse con una figura histórica: el general Rafael Uribe Uribe (Suetonio Hernández), cuya violenta muerte fue retratada en El drama del 15 de octubre (1915), el primer largometraje colombiano, hoy desaparecido. Este guiño no es gratuito: Gaona sabe de dónde viene y hacia dónde quiere empujar el cine nacional.

En cuanto al reparto, Adiós al amigo se sostiene sobre actores naturales güepsanos. No buscan actuar, sino ser, y eso se nota. Desde los indígenas silenciosos (miembros de la comunidad de los Yamaleros de los llanos orientales) liderados por Jesucristo (Rodrigo Santamaría), hasta los villanos de piedra como el General Casablanca (Heriberto Palacios) y Rodrigo Duarte, el perturbado hermano de Alfredo (Hugo Gordillo), todos se suman a esa atmósfera entre lo teatral y lo documental, entre el pastiche y el retrato social. La apuesta le sale. No hay sobreactuación sino presencias. 

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La estética contribuye a esa coherencia. El estupendo vestuario de Diana Oliva y la fotografía de Andrés Hernández están cuidados al detalle, con colores polvorientos, texturas reales y una luz que oscila entre lo mágico y lo desolado (así como un hermoso blanco y negro que resalta al Cañón de Chiocamocha). 

Mención aparte merece la música de Edson Velandia, compañero de batallas de Gaona desde los tiempos del colectivo Miles Broncas. Velandia entiende que en la Guerra de los Mil Días se luchaba al ritmo de tamboras y metales, y compone una banda sonora que mezcla el clarín de batalla con ritmos populares y música clásica, logrando un acompañamiento sonoro que no adorna, sino que empuja y le da una dimensión épica a cada escena.

Eso sí, no todo es perfecto. Por momentos, el ritmo se vuelve exasperante. Hay tramos donde la acción se diluye y uno desearía, como buen amante del spaghetti o del chorizo western, un poco más de bala, pólvora y tensión. Pero Adiós al amigo no busca la espectacularidad fácil, sino construir una identidad. A veces quiere ser The Good, the Bad and the Ugly, pero es más interesante como una película que habla de lo que es Colombia: un país de muertos, venganzas heredadas, héroes dudosos y memoria incompleta.

El título mismo es un guiño cinéfilo a Adieu l’ami (1968), cinta de culto protagonizada por Alain Delon y Charles Bronson. Pero aquí no hay estrellas internacionales. Lo que sí hay es un director que entendió que no necesitaba importar fórmulas sino que podía reinventarlas desde el polvo de su propia tierra.

Adiós al amigo es, sin duda, una de las mejores películas colombianas recientes. No por perfecta, sino por valiente. Porque no pide permiso para existir. Porque Iván Gaona, al igual que Simón Mesa Soto (Un poeta), no hace cine para los festivales sino para sí mismo. Y ese, tal vez, sea su mayor acierto.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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