La documentalista afrocolombiana Ángela Carabalí dirige Soñé su nombre, un largometraje que parte de la desaparición de su padre en Colombia. Décadas después de su ausencia, un sueño en el que él le pide que lo busque la lleva a iniciar una investigación personal que termina convirtiéndose en película.
En el documental, Carabalí y su hermana emprenden un viaje hacia el territorio donde su padre fue visto por última vez. Mientras recorren distintas regiones del país, reconstruyen quién era él, se acercan a las comunidades que lo conocieron y exploran las huellas que deja la desaparición forzada en las familias.
En entrevista con The Hollywood Reporter en Español, la directora habla sobre el origen de la película y sobre la decisión de contar su propia historia desde el cine documental. También comparte cómo fue realizar el viaje con su hermana, los encuentros que tuvo durante el rodaje con madres buscadoras y otras personas que siguen buscando a sus familiares, y el papel que tuvieron los sueños dentro de esa búsqueda. A lo largo de la conversación reflexiona sobre esa dimensión espiritual que muchas familias encuentran en el proceso de buscar a quienes han desaparecido.
¿Cómo estás Angela? Mucho gusto.
Mucho gusto, Julieta. Estoy muy contenta de estar aquí conversando contigo hoy. Saber que estás en otro país, que también nos hermana por el tema de la desaparición forzada, es para mí muy relevante.
Quería platicar contigo de eso, de tu cinta. Me gustaría iniciar con cómo te sientes hoy hablando de tu trabajo como cineasta, sabiendo que tu película forma parte de una narrativa tan íntima y tan personal como fue la desaparición de tu papá.
Me siento contenta de poder hablar de una historia que me ha dolido mucho y que sé que se ha replicado en muchas otras personas, tanto en Colombia como en Latinoamérica. En América realmente, principalmente de centro hacia el sur. Encuentro esto como una posibilidad de poner un tema sobre la mesa que a veces se cree que es algo del pasado. También es una oportunidad para generar una comprensión más empática y humana de lo que es la desaparición forzada y los efectos que genera en las personas que nos quedamos a la espera. Si bien hay algo desafiante porque activa dolores muy personales, familiares y colectivos, también está la motivación de que no se invisibilice una problemática como esta y de que más personas entiendan su dimensión.
Me eché un clavado por quién eres y por tu trabajo. Vi que tienes una maestría en cine documental porque cuando escuché del proyecto y vi un cachito de la película. Mientras la veía me pregunté por qué habías decidido hacer un documental. Muchos cuentan estas historias a modo de ficción, otros de cortometraje. Al ser un tema que ha estado presente a lo largo de tu vida, me gustaría saber por qué tomaste la decisión de hacerlo en cine documental. Si fue por la maestría o si la maestría vino derivada de todo esto que viviste. ¿Podríamos indagar en eso?
Soy documentalista. Tengo un máster en fotografía documental y una maestría en cine documental. Esa es mi manera de relacionarme con el mundo y por esa razón Soñé su Nombre termina siendo un documental. De hecho es un documental expandido que se desarrolla en diferentes plataformas. La principal es la película, que es un largometraje. Luego tenemos un libro infantil ilustrado en el que dos personajes de la película adquieren una vida y se desarrolla una historia a partir de ellos. También tenemos una canción que está en plataformas digitales que se llama Te Llevo en mi Corazón. A esa canción le hicimos un video musical y luego esa canción es la base para una videodanza interactiva pensada como una experiencia para un museo interactivo. Esa es mi forma de conectarme con el mundo y por esa razón el documental, en sus expansiones y sus lenguajes particulares, es donde me encuentro más cómoda para construir este relato familiar. La situación fue dada. Mi padre se comunica conmigo a través de un sueño y yo termino siendo personaje protagónico. En un momento no lo quise e intenté contar esta historia desde las voces de otras personas que han sido afectadas por esta problemática, hasta que descubrí en la maestría que mi historia era suficiente y relevante para ser la línea narrativa de una película.

Todos tenemos nuestra historia de por qué terminamos haciendo lo que hacemos. ¿De dónde viene tu interés por el cine documental?
Viene de la fotografía documental. Desde que estaba en la universidad ingresé a un grupo de interés de fotografía de estudiantes. Me regalaron mi primera cámara y empecé a hacer registros de los elementos más simples de la cotidianidad. Me pareció una fuente de inspiración muy grande. Luego mi abuela materna, que vivía en una finca alejada en la zona rural, en una casita muy hermosa que se fue consumiendo al igual que ella, terminó siendo mi primer trabajo documental fotográfico. Lo hice durante seis años. Ahí descubrí que lo que quería contar ya estaba hecho por otros. No tenía que crear personajes de cero porque las personas que conocía, acercarme a su historia, a sus objetos, a su espacio, ya era para mí un material y una experiencia suficiente. Quise ser la persona que pudiera narrar esas historias desde múltiples formatos.
Qué interesante. En este documental haces un viaje con tu hermana. ¿Cómo fue para ustedes hacerlo, sabiendo que iba a haber un tema de descubrimiento que quizá daba miedo? ¿Qué conversaciones desencadenó para ustedes?
En un principio mi hermana no estaba muy convencida de que el sueño pudiera ser una pista clave para encontrar a mi papá. Estaba bastante escéptica del tema onírico. Poco a poco fuimos adentrándonos las dos en ese universo, porque yo también me sentía un poco avergonzada de considerar que un sueño iba a movilizar toda mi vida, un proyecto y a más gente. Se fue dando, se fue revelando la verdad a través de diferentes ideas. El viaje generaba para nosotros un temor muy grande porque íbamos a un lugar que es una zona bastante compleja a nivel de orden público. También porque íbamos a remover una historia que llevaba oculta o invisibilizada durante muchos años y porque íbamos a remover heridas que cada una tenía y que todavía no había transitado. De pronto en la individualidad o en la soledad las habíamos transitado a nuestra forma. Había bastante incertidumbre sobre lo que nos pudiéramos encontrar, sobre cómo iba a ser. No era nada fácil. Afortunadamente nos rodeamos de un equipo muy lindo, muy cercano, muy talentoso y cariñoso que nos permitió hacer ese viaje juntos.
Qué lindo. ¿Cómo le explicaste que harían un viaje que desencadenó a partir de un sueño que tuviste? Entiendo que soñaste que estaba él y que te mandó ese mensaje de que lo buscaras. Me gustaría conocer un poco más sobre ese proceso porque creo que es algo muy especial del proyecto.
En el año 2016, finalizando ese año, en Colombia se firma el acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc. En ese momento todos los medios de comunicación hablaban de ese gran acontecimiento. Se hablaba de las víctimas, de las violencias que habíamos vivido, de la importancia de tener una comisión de la verdad y de esclarecer todos estos crímenes. A partir de ahí yo estaba muy impactada, participando de ese momento, y tuve ese sueño con mi padre. Ya había tenido varios sueños en mi infancia. Era el mismo sueño que se repetía año tras año, pero no le prestaba atención. Era otro sueño. Al haberlo tenido en ese momento en particular creo que se activó en mí una conciencia social y política que no tenía antes. Eso hizo que el sueño tuviera un eco diferente de los que había tenido en mi infancia, también por la madurez que tenía en ese momento. Ahí es cuando le cuento a mi hermana que tuve un sueño, que sentía que iba a ser nuestro próximo proyecto. No sabía muy bien cómo podía desarrollarse. Siempre tiro algunas ideas, algunos conceptos, pero no tenía la menor idea de a qué iba a desembocar todo. Así es como se origina. Luego empezamos a leer y cuando comprendí la dimensión colectiva y entendí que la desaparición forzada era un delito de lesa humanidad en Colombia, descubrí que eso sí o sí se tenía que contar. Al inicio el sueño no tenía tanto protagonismo y poco a poco lo fue adquiriendo cuando nos fuimos conectando más con las comunidades étnicas, los pueblos afro e indígenas. Mi padre fue un hombre afrodescendiente que fue desaparecido en una zona indígena. Cuando me fui acercando a ellos fui entendiendo que el sueño tenía un nivel de relevancia, protagonismo y respeto en las comunidades.
Claro.
Cuando estábamos rodando la película me encuentro con las Madres Buscadoras y les cuento del sueño. Ellas me decían que sí, que así es, que ellos se comunican a través de los sueños. Para estas personas era algo normalizado. Luego en la película descubrí que otra persona también tuvo un sueño. La verdad se vuelve una ruta, una vía de comunicación con el que ya no está y adquiere un valor realmente relevante en mi vida. Ahora lo tengo en otra dimensión.
¿Se volvió a comunicar contigo después de ese proceso?
Cuando estábamos haciendo la película hubo varias comunicaciones. Al final de la película hay una nueva que fue una gran sorpresa para todas. Después de que se cierra la película ya no se volvió a comunicar. Como que ya cumplió su misión.
Qué lindo que hayas seguido tu intuición. Imagino que tu papá puede estar tranquilo, que cumplió con sus mensajes. Me alegra que hayas podido ayudarlo.
De hecho es algo de lo que ahora hago conciencia. No estaba conectada con mi intuición. Me avergonzaba un poco parecer mística. Ahora lo soy. Estoy conectada con mi intuición, estoy conectada con el mundo espiritual.
Siguiendo esa línea de los sueños que tuviste y de la comunidad que encontraste en las Madres Buscadoras, que te dijeron que a ellas también se les comunican de la misma manera, ¿cómo fue para ti ese proceso espiritual de aceptar esta comunicación?
Siempre hubo desconfianza. Se fue volviendo más claro cuando iba conversando con las mujeres, con las Madres Buscadoras, con mi abuela, con las mayoras de la comunidad indígena Nasa. Ahí todo tomó una relevancia. Fue rodando la película que todo tomó un sentido cada vez más claro. A partir de ahí para mí hay una conexión especial, pero no es que cada noche sueñe algo y vaya a preguntarme qué significa. Nunca más volví a soñar después de la película. Es más fácil salir adelante cuando los pueblos se unen y cuando podemos superar nuestras diferencias por un bien común. La unión que hubo entre mi padre y el pueblo indígena Nasa, siendo él un hombre afrodescendiente, me inspiró mucho. El hecho de que ellos, en medio de sus diferencias y de procesos que no son perfectos, estén unidos, estén resistiendo y organizados, fue para mí una fuente de fortaleza. Me hizo ver que se puede seguir adelante incluso con heridas difíciles de sanar y en condiciones hostiles. Unidos es más fácil seguir adelante.

¿Qué referencias tuviste de proyectos o audiovisuales? ¿En qué te inspiraste para seguir esta línea narrativa durante el documental?
A nivel de imagen también fue algo que se fue dando. Yo esperaba grabar con un clima muy soleado y un día, cuando pude ir con un equipo de rodaje a la zona para hacer un primer acercamiento, encontré un clima muy distinto, de tempestad. Estaba muy desanimada y aun así decidí grabar. Luego vi la película Tempestad de Tatiana Huezo y fue como descubrir algo muy potente. Claro que me inspiró Tempestad, sus paisajes y su manera de tejer los relatos desde la voz. También me inspiró el trabajo de Petra Costa en Brasil, su película Elena, que le hace a su hermana, y Al filo de la democracia. Otra referencia fue Albertina Carri con Los Rubios, una película que se da muchas libertades creativas para ahondar en la desaparición de sus padres durante la dictadura en Argentina. También hay un referente muy fuerte en Estados Unidos que se llama Strong Island, de Yance Ford, que habla de cómo dentro de una familia ocurre un crimen, asesinan a su hermano, un hombre afroamericano, y cómo esa historia familiar permite hablar de todo un sistema con dinámicas de exclusión y discriminación hacia la población afroamericana. Fue muy inspirador ver cómo desde el seno de la familia, desde una historia tan íntima, se puede conectar con un problema colectivo. Vi muchísimas cosas. Como esta fue mi tesis de maestría, hice un estudio muy detallado del cine latinoamericano en primera persona, de historias familiares. Vi muchísimos referentes hasta encontrar mi propia voz.
Me encanta que, en su mayoría, sean mujeres. Eso le da un toque especial a tu perspectiva. Ahora, hablando más de la intimidad del tema. Son asuntos complicados y delicados que no todo el mundo sabe manejar. Hablarlos requiere un esfuerzo distinto. Me gustaría saber qué criterios tuviste para decidir qué mostrar y qué mantener en privado. Si hubo algo que quisiste conservar solo entre tu hermana y tú. ¿Cómo fue ese proceso de elegir qué enseñar y qué no?
No fue un proceso difícil. Se grabó bastante y había situaciones que eran para la familia, para vivirlas con mi madre. Hubo tres días de rodaje, dos con mi madre durante la conmemoración de víctimas de desapariciones forzadas. Solo tomé la parte que tenía que ver conmigo. Lo de mi madre parecía que era algo que debíamos vivir solo ella y yo. La cámara permitió que ese momento ocurriera después de todos estos años en que mi padre estuvo desaparecido. Había otras cosas que eran exclusivamente para mí y otras que sí eran para la película. También fue fácil porque tuve ayudas espectaculares de asesores y expertos que veían los cortes que yo hacía y me decían qué sobraba o qué valía la pena revisar. A partir de ahí fueron saliendo decisiones. Nunca he tenido problema en cortar algo que hice con mucho esfuerzo si la película no lo necesita. Con ese criterio práctico se iba o se quedaba. Escuché mucho a las personas en las que confiaba y me aportaron mucho para decidir qué era para mí, qué era para la familia y qué era para la película.
Qué importante. Para cerrar, retomando lo del sueño que me llamó mucho la atención. ¿Cómo te hace sentir haber sido la vocera de la historia de tu padre? Él te habló y tú fuiste la persona que le dio ese espacio para seguir existiendo a través de la película, para inmortalizar su historia. ¿Cómo te hace sentir eso como cineasta?
En un principio no entendía la dimensión de que mi padre me hubiera hablado a mí o que me hubiera buscado a mí. Ahora lo entiendo mejor, pero antes no lo percibía así. Yo soy la menor. Somos siete hijos de diferentes madres. Al ser la menor sentía que no tenía el conocimiento que tenían mis hermanos sobre él, ni la fortaleza que podían tener ellos. No entendía muy bien por qué era yo. Ahora descubrí que soy narradora de historias. Trabajo con mi hermana. Su fuerte es la escritura, el mío la imagen, y juntas hacemos audiovisual y cine. Tal vez yo era la persona que podía amplificar sus sueños. Él soñaba con lograr proyectos productivos y fortalecer los procesos de soberanía alimentaria en los pueblos afro e indígenas. Quizás sintió que eso no se había terminado y que con la película podía ampliarse esa idea de que los pueblos puedan trabajar juntos y producir lo que comen.
Qué lindo. Ángela, ¿algo más que quieras agregar?
Estoy muy contenta con esta conversación. Las preguntas me parecieron muy lindas, profundas. Que te hayas interesado tanto en los sueños le da una dimensión especial a esta conversación. Después de hablar de la película encontré algo que me impresionó mucho. Una persona de la fundación de Erika Bautista, que trabaja con familiares de personas desaparecidas, me contó que la primera persona encontrada en Colombia después de haber sido dada por desaparecida fue localizada a través de un sueño. Eso me impresionó aún más porque dudé del mío durante muchos años. Luego fui a la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas y se acercaron a mí. Me dijeron que la búsqueda también es espiritual y que para ellos el sueño puede ser una fuente de información válida. Pasó mucho tiempo para que ese tipo de cosas se institucionalizaran. Yo no lo sabía y seguí una búsqueda distinta. Para ellos también es válida. Por eso ahora tengo muy claro que toda búsqueda es sagrada y espiritual, y que cada quien la hace de la forma que siente que debe hacerla.