Crítica: Drácula: Una historia de amor

El director de El perfecto asesino nos entrega un Drácula que es más parodia involuntaria que reinvención del mito. Toda una payasada gótica

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

agosto 19, 2025

9:22 am

MUBI

A pesar de lo que su bello afiche pudiera sugerir, Luc Besson, el director de La Femme Nikita y El perfecto asesino no reinventa a Drácula sino que lo disfraza con bellos colores, gestos amanerados y decorados exquisitos. Su Drácula aspira a la opulencia barroca y a la melancolía romántica, pero termina siendo una payasada torpe de referencias gastadas. El guion, acerca de un amor trágico, repite la estructura y muchos de los recursos visuales de la versión de Francis Ford Coppola (que al igual que El quinto elemento, no es el clásico que muchos insisten en afirmar). El resultado es una película sin sensualidad, elegancia o coherencia.

El protagonista encarnado por el excéntrico Caleb Landry Jones (quien colaboró con Besson en la irregular DogMan), aparece enterrado bajo kilos de maquillaje, taconazos imposibles y un vestuario púrpura que evoca a un Prince decadente y que roza la autoparodia. Su interpretación (miradas reptilianas, voz afectada y movimientos coreografiados) parece diseñada para una convención de fans de Tim Burton, pero sin la gracia, la mordacidad o la originalidad estética del cineasta estadounidense.

Zoë Bleu como Mina y Matilda De Angelis como María cumplen con el cliché de damiselas y vampiras sin aportar nada memorable, mientras Christoph Waltz, como cazador de vampiros, oscila entre el aburrimiento. el buen humor y el cinismo (por lo menos no llega a ser tan sobreactuado como Anthony Hopkins en el «clásico» de Coppola). No hablemos de la historia que parece querer justificar los pecados del director y que se acerca más a la terrible saga de La momia con Brendan Fraser que a la novela de Bram Stoker.

Visualmente, el filme quiere ser un festín y casi lo logra. castillos barrocos, ferias parisinas reconstruidas en estudio, vestuarios con más presupuesto que propósito. Pero todo está dispuesto con una levedad y amaneramiento que acaban ahogando la historia. La mano de Danny Elfman en la música, lejos de aportar frescura, refuerza la sensación de estar ante un mal imitador de Tim Burton: cuerdas lúgubres, coros góticos y un subrayado constante que suple lo que la narración no logra transmitir por sí misma.

Al igual que con su espantosa versión de Juana de Arco, Besson parece convencido de que basta con empapar a su protagonista de romanticismo y tragedia para actualizar el mito. Pero lo que consigue es una postal vacía, ajena a cualquier lectura contemporánea del personaje. El resultado es un melodrama gótico que ni asusta, emociona o fascina: solo arranca risas incómodas en momentos que se suponen solemnes. Muestra de ello son esas espantosas y ridículas gárgolas, mitad Gremlins y mitad Ghoulies, que no alcanzan siquiera a ser un homenaje a la divertida serie animada de los años noventa.

El Drácula de Besson, más cercano a Leslie Nielsen en la parodia de Mel Brooks que a Bela Lugosi en el clásico de Tod Browning, es la prueba de que la forma sin sustancia puede ser letal para un mito. Entre la sobrecarga visual, el tono ridículamente serio y la sensación permanente de déjà vu, lo único que logra Besson es recordarnos que no todos los vampiros merecen ser resucitados. Se recomienda revisar la reciente Nosferatu de Robert Eggers para comprender todo lo que está mal con este vampiro de pacotilla.

Tráiler: Drácula (Dracula: A Love Tale) – Trailer Oficial Subtitulado al Español

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ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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