Desde sus primeras imágenes, En el camino deja claro que la violencia no será un acontecimiento extraordinario sino el paisaje permanente de sus personajes. David Pablos abre y cierra la película con una imagen casi idéntica: uno de sus protagonistas arrodillado en medio del desierto frente a una amenaza inminente. Más que un recurso de suspenso funciona como una declaración narrativa. En el universo que construye el director mexicano, quienes habitan los márgenes nunca pueden darse el lujo de sentirse completamente a salvo.
Veneno (Víctor Prieto) sobrevive prostituyéndose con camioneros en paraderos, moteles y restaurantes de carretera del norte de México. Su vida transcurre entre encuentros fugaces, violencia latente y una necesidad casi desesperada de afecto. Todo cambia cuando conoce a Muñeco (Osvaldo Sánchez), un camionero de mediana edad cuya rutina comienza a resquebrajarse a medida que ambos emprenden un recorrido donde el deseo y el peligro terminan avanzando por la misma ruta.
Aunque parte de la estructura del thriller criminal, En el camino nunca convierte la persecución en su verdadero centro dramático. Las amenazas que arrastran los personajes funcionan como catalizadores de una relación que evoluciona lentamente hasta revelar dos formas distintas de enfrentar la soledad. Veneno responde al mundo desde el impulso y la provocación; Muñeco, desde el silencio y la contención. La película encuentra buena parte de su fuerza precisamente en ese contraste.
Pablos (El baile de los 41, Las elegidas) vuelve a demostrar el interés que ha caracterizado buena parte de su filmografía y es el de observar personajes obligados a negociar constantemente entre el deseo y los sistemas de poder que intentan controlarlos. Aquí esa tensión aparece desplazada hacia la masculinidad. La película evita convertir la orientación sexual de sus protagonistas en el conflicto principal. Lo que realmente pone en crisis es un modelo masculino construido sobre la represión emocional, la autosuficiencia y el miedo a la vulnerabilidad.
La carretera adquiere entonces un valor simbólico. Gasolineras, talleres mecánicos, bares, moteles y estacionamientos conforman un territorio transitorio donde las identidades dejan de responder a las reglas impuestas por la familia o la comunidad. Es precisamente en esos espacios provisionales donde ambos personajes descubren la posibilidad de construir una intimidad inesperada.
El deseo ocupa un lugar central en la película, pero nunca aparece reducido al erotismo. Las escenas sexuales, explícitas pero siempre justificadas dramáticamente, funcionan como una forma de comunicación entre dos hombres incapaces de expresar con palabras aquello que sienten. En ese sentido, Pablos construye una película profundamente física, donde los cuerpos hablan antes que los diálogos.
La fotografía de Ximena Amann resulta fundamental para definir el tono del relato. Los neones de los bares, las luces de los tractocamiones, el polvo suspendido sobre las carreteras y la inmensidad del desierto componen un paisaje que oscila constantemente entre la belleza y la amenaza. Esa geografía visual termina convirtiéndose en una extensión emocional de sus protagonistas.
Víctor Prieto ofrece una interpretación cargada de energía e imprevisibilidad. Veneno puede despertar empatía, irritación y ternura en cuestión de segundos sin perder coherencia. Frente a él, Osvaldo Sánchez encuentra un equilibrio notable desde la economía expresiva. Su Muñeco carga el desgaste de toda una vida en pequeños gestos, silencios y miradas que terminan sosteniendo buena parte del peso emocional de la película.
Por momentos, En el camino evoca cintas como Midnight Cowboy o My Own Private Idaho, aunque evita convertir esas referencias en una dependencia estilística. Pablos encuentra una identidad propia al trasladar esa tradición del road movie íntimo a una realidad mexicana atravesada por la violencia estructural, la precariedad económica y la invisibilidad de quienes sobreviven fuera de cualquier red de protección.
Sin caer en sentimentalismos, la película termina encontrando un espacio para la esperanza. No como una promesa de redención, sino como la posibilidad de que incluso en los territorios más hostiles todavía exista lugar para el afecto, la solidaridad y el deseo de pertenecer.
Veredicto: Una obra sobria, elegante y emocionalmente precisa que combina con naturalidad el thriller, el romance y la cinta de carretera para construir una de las exploraciones más sensibles sobre la masculinidad contemporánea y la intimidad queer dentro del cine mexicano reciente.
Ficha técnica
Título original: En el camino
Dirección: David Pablos
Producción: Diego Luna, Enrique Nava, Inna Payán, Luis Salinas, José Antonio Acosta
Coproducción: Philippe Gompel, Birgit Kemner, Alessandro Pederzoli, Øyvind Stiauren, Andrea Vázquez Morales, Joakim Ziegler
Guion: David Pablos
Elenco: Víctor Prieto, Osvaldo Sánchez, Víctor Manuel Aguirre
Fotografía: Ximena Amann
Edición: Jonathan Pellicer
Música: Andrea Balency-Béarn
País: México
Año: 2026
Duración: 93 minutos
Distribuye: Cinépolis Distribución