Crítica Spider-Man: Brand New Day: Tom Holland desnuda su alma en una entrega de superhéroes que equilibra la autorreflexión con la acción

Zendaya y Jacob Batalon regresan junto a las nuevas incorporaciones a la franquicia —Sadie Sink, Jon Bernthal y Mark Ruffalo— en la entrega sobre el trepamuros dirigida por Destin Daniel Cretton

Por DAVID ROONEY |

julio 28, 2026

10:44 am

Sony Pictures

El éxito de taquilla de 2021 Spider-Man: No Way Home trajo consigo una acumulación de villanos del pasado del superhéroe, multiplicando por tres al protagonista para equilibrar la balanza y abarcar toda la era cinematográfica moderna de la franquicia de Marvel, que se remonta al inicio del Raimiverse en 2002. Cinco años después, Spider-Man: Brand New Day replantea todo eso para mostrarnos a un Peter Parker más introspectivo, sumido en un aislamiento marcado por las heridas emocionales tras su decisión de sacrificarse para salvar al mundo borrando de la memoria colectiva cualquier recuerdo de su existencia.

Dirigida con adrenalina y sentimiento —aunque no siempre con un manejo ideal del ritmo— por Destin Daniel Cretton, y escrita por los guionistas Chris McKenna y Erik Sommers (que repiten en el cargo), esta nueva y entretenida entrega tiene el acierto de dejar de insistir tanto con el maldito multiverso. En su lugar, pone en primer plano la humanidad que siempre ha sido la mayor fortaleza de Spidey, aunque con una dosis extra de angustia. Pero que no cunda el pánico: eso no significa que el hombre del traje rojo y azul con diseño de telaraña (¡ni se te ocurra llamarlo leotardo!) se pase el tiempo lamentándose en el diván de un psicoanalista o devorando manuales de autoayuda.

Spider-Man: Brand New Day

Conclusión: Tu amigable vecino Spider-Man ha crecido. 
Elenco: Tom Holland, Zendaya, Sadie Sink, Jacob Batalon, Jon Bernthal, Tramell Tillman, Mark Ruffalo, Liza Colón-Zayas, Michael Mando, Marvin Jones III, Marisa Tomei
Dirección: Destin Daniel Cretton
Guionistas: Chris McKenna, Erik Sommers, basado en el cómic de Marvel de Stan Lee y Steve Ditko
Clasificación: PG-13 
Duración: 2 horas y 35 minutos

Naturalmente, sigue dedicando gran parte de su tiempo a luchar contra villanos y frustrar crímenes; destaca especialmente una amenaza de magnitud casi sin precedentes, en la que unos juegos mentales telepáticos permiten a un malvado incomprendido saltar de un cuerpo anfitrión a otro cual ágil embaucador, todo ello acompañado de unos efectos visuales de imagen congelada tan originales como alucinantes. Cualquiera en Nueva York podría ser la amenaza, incluidos aquellos que se erigen en guardianes de la paz.

Los tráileres ya han revelado la presencia de Mark Ruffalo como Bruce Banner, quien ahora enseña física a estudiantes universitarios que, en su mayoría, solo quieren oír hablar del gigante verde, que no es precisamente alegre. No es de extrañar que, allá donde va Bruce, le siga Hulk. Lo mismo ocurre con un magnífico Jon Bernthal en el papel de Frank Castle, alias The Punisher, quien se comporta como si él y Spider-Man fueran viejos “amienemigos”, algo que resultará un tanto confuso para aquellos de nosotros que no tenemos un conocimiento exhaustivo de los cómics.

Sin embargo, hay otros dos crossovers del UCM —uno proveniente de Avengers y otro de X-Men— que van más allá del simple guiño a los fans para aportar, respectivamente, toques bienvenidos de humor mordaz y un peligro impredecible. Las normas de cortesía sobre spoilers me impiden mencionar a esos personajes o a los actores que los interpretan, aunque probablemente ya inunden las redes sociales para cuando se publique esta crítica. Pero, si quieres intentar adivinar de quiénes se trata: uno utiliza un baño público ruso en Brooklyn como cuartel general de una forma bastante hilarante, y el otro fue descrito a menudo por el Profesor Xavier como su alumno más talentoso. Ya sabes de quiénes hablo.

Sin embargo, el hilo conductor —al menos hasta que se desata el caos absoluto— es la crisis de identidad de Peter Parker; esto permite a Tom Holland, que aquí ofrece su mejor interpretación hasta la fecha, explorar nuevas facetas emotivas en su cuarta aventura en solitario bajo el traje. Se trata de un Spider-Man que carga con un gran peso y cuya vulnerabilidad se ve acentuada por la pérdida: llora la muerte de su querida tía May (Marisa Tomei) y sufre al ver desde la distancia cómo el amor de su vida, MJ (Zendaya), y su mejor amigo, el entusiasta Ned Leeds (Jacob Batalon), siguen adelante con sus vidas sin guardar recuerdo alguno de él.

Peter ensaya obsesivamente el discurso de reencuentro que ha preparado para MJ —”Nos conocíamos. Estuvimos juntos”—, con la intención de explicar que la única forma de evitar una tragedia era hacer que todos olvidaran. Sin embargo, reavivar la chispa resulta complicado, incluso a medida que se reincorpora poco a poco a las vidas de MJ y Ned, poco después de que estos se gradúen del MIT y regresen a Nueva York.

En sus momentos más sombríos, Peter intenta conciliar su soledad con una nueva responsabilidad que él mismo se ha asignado: “vivir a solas con la verdad”. Sin embargo, su angustia mental está alterando el equilibrio de su ADN híbrido; primero mediante dolores de cabeza paralizantes y, gradualmente, a través de una lucha interna a medida que su faceta arácnida comienza a imponerse sobre la humana. Esto también afecta gravemente su control sobre la capacidad de lanzar telarañas, tanto en su método orgánico original como en la versión tecnológica creada por Tony Stark.

Mientras permanece alejado de su círculo íntimo, Spider-Man se ha dedicado a reducir la delincuencia a niveles históricamente bajos, ganándose el aprecio de la detective DeWolff (Liza Colón-Zayas, de The Bear; es un placer verla), con quien mantiene una amistad telefónica marcada por las bromas. Sin embargo, se enfrenta a un desafío mayor cuando responde a una alerta sobre un tanque secuestrado que avanza descontroladamente por la ciudad, dirigiéndose a la sede de Damage Control.

Esa persecución a gran velocidad y con enorme destrucción es una de las varias secuencias de acción trepidante ejecutadas de forma impresionante por Cretton, el director de fotografía Brett Pawlak y un equipo de especialistas de primer nivel. La llegada del tanque coincide con el traslado a una prisión de máxima seguridad del criminal mutante conocido como Scorpion (Michael Mando), a quien vimos por última vez blandiendo su cola blindada en Spider-Man: Homecoming. ¿O acaso Scorpion es solo una pista falsa, bajo el influjo de una fuerza más oscura?

Ese encuentro le da a Spider-Man una muestra del fenómeno del control mental que será el motor principal de la acción, descrito como algo más cercano a la “posesión” por un informante astuto que menciona de forma sugerente la fanfiction erótica gay que Spidey ha inspirado. (¿Quizás Sony debería comercializarla para ampliar su público?). Mientras está en Damage Control, Spidey conoce al director del centro, Bill Metzger (Tramell Tillman, sereno y autoritario), quien revela que están estudiando a los villanos capturados y su armamento, con el objetivo de reutilizar ese conocimiento para las fuerzas del orden.

Una de las historias de éxito de Metzger es La Mano (The Hand), un grupo de ninjas rudos vestidos de rojo cuya energía destructiva, supuestamente, se ha reconducido hacia fines más útiles. Pero no te confíes demasiado. Este grupo permite a Cretton revisitar un terreno similar al de su entretenida primera película en el UCM, Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos, ofreciendo secuencias de lucha con cables —desafiando la gravedad y con coreografías espectaculares— al estilo wire-fu.

Todo esto avanza de manera satisfactoria, a pesar de algún que otro momento de ritmo lento y de los habituales giros argumentales excesivamente enrevesados. Por mucho que la película disfrute de la emoción de ver a Spidey balanceándose entre rascacielos con un manejo errático de sus lanzatelarañas, son las escenas más íntimas con MJ y Ned las que aportan la carga emocional.

La dinámica de este trío —y la de Holland, Zendaya y Batalon en sus respectivos papeles— se ha cultivado con esmero a lo largo de cuatro películas y aquí da sus frutos con momentos verdaderamente conmovedores que harán que a algunos fans se les humedezcan los ojos. Asimismo, la camaradería algo áspera entre este Spider-Man más maduro y el rudo justiciero Frank aporta una dosis extra de emotividad.

La tensión alcanza su punto álgido cuando se revela la identidad del personaje de Sadie Sink; inicialmente impulsada por la furia, el desprecio y una gran maestría en la manipulación, finalmente se descubre que comparte mucho con Peter en lo que respecta a haber sufrido una pérdida devastadora. Sin desvelar demasiados detalles sobre el papel, la convincente actuación de la estrella de Stranger Things aporta una nueva faceta a un personaje conocido y añade una dolorosa historia de fondo que motiva sus acciones, lo que tal vez allane el camino para futuras apariciones.

Además de los actores, el mayor activo de Cretton para equilibrar el tono entre la emoción y la ternura es la excelente banda sonora de Michael Giacchino, que intercala pasajes melancólicos —que evocan la inquietud interior de los personajes— con un acompañamiento de acción más vibrante.

Queda por ver si esta nueva entrega logrará igualar el récord de la franquicia establecido por No Way Home, que recaudó 1920 millones de dólares en la taquilla mundial. No obstante, debería ofrecer a los fans lo que buscan, lo cual ya es un buen comienzo. Y, aunque Holland aún no ha confirmado su intención de seguir interpretando al personaje, un simpático guiño en la escena postcréditos —que involucra una aplicación creada por Ned— respalda el mensaje final: “Spider-Man volverá”. Además, Brand New Day difícilmente suena a despedida.

DAVID ROONEY

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