El diseño colombiano está viviendo una transformación silenciosa pero contundente. Entre los pliegues de la tradición y las capas del pensamiento contemporáneo, Cubel, la firma liderada por Humberto Cubides, se ha hecho un nombre como una de las expresiones más avanzadas y significativas de la moda nacional. Desde un lugar ajeno a la ostentación, sino desde la memoria y las raíces, Cubel ocupa un lugar de vanguardia con una propuesta que compite al mismo nivel con las grandes capitales de la moda internacional.
El cierre del Bogotá Fashion Week marcó un nuevo hito para la marca con la presentación de la segunda parte de su colección Otoño/Invierno 2025, titulada Entretejidos. Después de un debut en París que dejó clara su capacidad de diálogo con la escena global, Cubel volvió a su país para mostrar una propuesta simbólica. La colección, fiel a su nombre, se adentra en los entrecruzamientos culturales que han configurado las Américas, en especial su relación con Europa, mientras expone las consecuencias del colonialismo. A través de un trabajo textil cargado de gestos históricos, la colección plantea algunas preguntas importantes: ¿Qué se perdió en ese proceso de imposición? ¿Qué posibilidades quedaron truncadas cuando se fracturó la autonomía cultural de los pueblos originarios? ¿Puede la moda, hoy, tejer un nuevo relato?

La técnica artesanal, constante en el trabajo de Cubel, se expresa esta vez a través de tejidos en dos agujas y bordados de alto relieve. Estas prácticas, parte esencial del ADN de la firma, celebran una década de trayectoria de co creación con artesanos. Cada textura, cada hilo grueso entrelazado, parece evocar la forma en que se tejían los canastos usados para cargar alimentos en el campo. A su vez, el acto cotidiano de envolver un textil para cargar a un hijo, como lo hacen las mujeres indígenas, se convierte en un gesto cargado de memoria y afecto, presente en las formas envolventes de algunas piezas.
De esta manera, Humberto Cubides recurre una vez más a los lenguajes que conoce a fondo: lo artesanal, lo simbólico y lo ancestral. Esta temporada, pone en el centro la indumentaria del campo, particularmente aquella que proviene de la región cundiboyacense. A través de sus prendas, el diseñador pretende destacar los procesos históricos de mestizaje que marcaron la forma de vestir en las zonas rurales e indígenas. El poncho, la ruana, las fibras de lana gruesa y el abrigo ceremonial, aparecen resignificados desde una mirada contemporánea. Siluetas deportivas, superposiciones arriesgadas, yuxtaposiciones de texturas y materiales como el paño, evocan formas tradicionales sin perder el filo del diseño de autor.

La paleta cromática avanza desde los tonos tierra hasta los negros profundos, pasando por verdes militares, grises y rojizos, con materiales que combinan cueros, alpaca, lana, tafeta y algodones como el lyocell. Algunas fibras, incluso, imitan visualmente la ligereza de las plumas. En la narrativa que da estructura a la colección aparecen también los mapas, no como instrumentos de orientación, sino como símbolos de poder. Cubides retoma aquí una idea de la curadora mexicana María Emilia Fernández, quien afirmó que un mapa nunca es un lugar. Desde esa premisa, Entretejidos hace una lectura crítica del legado colonial y cómo la cartografía participó en la desarticulación de territorios con historia propia.
El Museo del Traje de Bogotá fue una de las fuentes clave en el proceso de creación, donde el diseñador encontró referencias como la falda campesina, el plisado y los bordados, que fueron adaptados al universo estético de Cubel. El trabajo colaborativo con la etnia Gunadule, liderado por la artesana Rosmery Uribe, dio lugar a bordados inspirados en las molas, haciendo uso de figuras lineales concebidas como símbolos de protección que en esta ocasión trazan un nuevo mapa simbólico de los territorios indígenas.
El sombrero también recibe un lugar de honor en esta colección. Su evolución en materiales, formas y usos es narrada en una colaboración con la marca Woma Hatmakers y artesanas de Sopó, bajo la dirección de Cecilia Alarcón. Esta alianza dio como resultado una serie de sombreros y gorros tejidos que funcionan no solo como complemento estilístico, sino como parte de un relato visual que vincula pensamiento y trabajo, campo y ciudad.


La propuesta se completa con piezas escultóricas inéditas creadas por Valentina Quintero. Desde su práctica artística, que transforma residuos orgánicos en joyas, Quintero construye objetos que documentan lo que ha sido descartado, dolido, silenciado. Aretes, prendedores y brazaletes dialogan con la colección como fragmentos de memoria tangible, articulando una estética de la reparación y la posibilidad.
Desde una aproximación sensible al trabajo artesanal, pasando por la crítica al colonialismo y la valorización de los saberes populares, Cubel ha construído todo un lenguaje que se ha hecho un lugar tanto en la moda colombiana como internacional. La firma está trazando un nuevo horizonte que no se subordina a lo que dicta la industria global, sino que propone desde lo propio, en un trabajo de memoria. Así es como Cubel representa un liderazgo que nace desde la alternatividad, pero que se proyecta hacia el futuro sin renunciar a sus raíces.