Sofía Espinosa sobre su regreso a Cannes tras casi 20 años

La actriz habla sobre cine independiente, procesos creativos y el corazón de ‘Seis meses en el edificio rosa con azul’, su nueva película junto a Bruno Santamaría Razo

Por JULIETA CHÁVEZ |

mayo 19, 2026

2:33 pm

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Sofía Espinosa es una actriz, guionista y una de las voces más sensibles del cine mexicano contemporáneo. A casi dos décadas de su primera visita al Festival de Cannes con el cortometraje Ver Llover, ganador de la Palma de Oro, la actriz regresa al festival como parte de la 65ª Semana de la Crítica con Seis meses en el edificio rosa con azul, la nueva película de Bruno Santamaría Razo.

En esta conversación, Sofía reflexiona sobre lo que significa volver a Cannes después de tantos años, el proceso íntimo y colaborativo detrás de la película y la manera en que ha transformado su aproximación a los personajes a lo largo de su carrera. También habla sobre los retos del cine independiente en México y Latinoamérica, la importancia de los festivales para darle vida a las películas y el tipo de historias que hoy la siguen moviendo como actriz y creadora.

Primero, si quieres, empezamos con ¿qué significa para ti este regreso al festival en una cinta como la de Bruno?

Ay, pues la verdad es muy emocionante. Empecé mi carrera muy joven y tuve la gran fortuna de viajar a Cannes con Elisa Miller, con el cortometraje Ver Llover, cuando tenía 16-17 años. Y fue una experiencia alucinante. Ahora, de algún modo, reafirma mi camino. Creo que a lo largo de estos 20 años que llevo de carrera como actriz, siempre estoy buscando este tipo de proyectos, películas profundas, bonitas, que tengan algo que decir. Creo que he tenido la suerte de seguir haciéndolas, y esta película con Bruno es una película que significa mucho para mí, que tuvo un proceso muy especial, de mucho tiempo, y que arranque su vida en el Festival de Cannes me encanta, porque eso significa que la gente la va a ver, que va a tener una vida, que va a dar una buena vuelta en festivales, y eso a veces cuesta mucho trabajo. A veces uno hace películas que quiere muchísimo y que casi nadie ve, y eso es muy doloroso. Ahora creo que estamos empezando con el pie derecho y eso me llena de alegría.

Qué lindo. ¿Qué fue lo que te atrajo inicialmente de este guión y del personaje que interpretas?

Pues mira, Bruno, yo lo conozco desde antes. Él, además de ser director, también hace fotografía, hizo un par de documentales previos a esta, que es su primera ficción, y ya me gustaba mucho su trabajo. Creo que es un artista, la verdad. Y cuando se acercó conmigo con esta idea que traía de Seis Meses en el Edificio Rosa con Azul, de entrada me emocionó el proceso al que me invitaba a formar parte. Fue una peli en la que nosotros estuvimos en contacto dos, tres años quizá antes de filmarla, intercambiando ideas, hablando de los personajes, hablando de nosotros, de la vida. Como que fue realmente un proceso muy rico de intercambio creativo con el director. La peli trata de una familia en los años 90. Por un lado, el niño, Bruno, está descubriendo su sexualidad y teniendo sentimientos muy fuertes hacia su mejor amigo, y su vida está cambiando porque él está creciendo. Y por otro lado, a la familia les llega esta noticia de que el padre tiene VIH. Entonces, bueno, es de qué manera acomodan esa noticia y qué hace la familia para sobrellevar este momento. La familia lo que hace es tratar de atravesarlo a través de la fiesta, de la música. Entonces, no sé, creo que la historia en sí es muy hermosa. Y el personaje, que es Diana, es la mamá, un personaje muy especial, que tiene mucha energía, que justo es la que creo que los lleva a esta fiesta. Como este constante “¿qué vamos a hacer para estar bien y para salir adelante?”. Fue muy rico trabajar en ello.

Claro, ¿y cómo describirías a Diana y su desarrollo a través del largometraje?

Hablábamos con Bruno de que era un poco una mamá pulpo. Esta sensación de que resuelve todo. Ella da clases de aeróbics en un deportivo y, en el momento que les cae la noticia, tiene que encontrar el modo de sostener a su familia emocional, pero también económicamente. Entonces empieza a dar clases de aeróbics en su casa, pone una fonda. Además, es mamá de las que hacen de todo, le lleva compras a los vecinos. Es un personaje muy divertido, muy fuerte, pero al que también le están pasando un montón de cosas. Fue interesante trabajar en todo este recorrido emocional y, al mismo tiempo, encontrar el modo de que sigamos adelante. De “no está pasando nada, vamos a seguir adelante, todo va a salir bien”. Fue un buen reto, distinto a todo lo que he hecho, la verdad.

Si me imagino. ¿Cómo conectaste tú con esa narrativa mucho más emocional y personal, y de cierta forma también más íntima de tu personaje durante el rodaje?

Tiene mucho que ver con el trabajo con Bruno, primero. Creo que nunca hay tiempo para realmente construir un personaje de la mano de tu director, y aquí lo hubo. Y también con el resto del equipo. El papá es Lázaro Gavino, que también es muy curioso. Yo trabajé con él en mi primera película, en La Niña en la Piedra, y diez años después hicimos Los Crímenes del Mar del Norte, y ahora diez años después hicimos Seis Meses. Entonces, de algún modo tenemos una historia cinematográfica. Y hubo un trabajo muy cercano con toda la familia, con Jade, que es el actor que interpreta a Bruno. Hubo trabajo con los niños, entre nosotros, ensayos, muchas charlas. Y creo que ese tiempo hizo que las cosas fueran cayendo en el cuerpo y en el alma, y entonces iba pasando lo que tenía que pasar. También esta peli tiene mucho que ver con los recuerdos del mismo director sobre su infancia. Entonces ahí había un diálogo muy cercano.

Ay, qué lindo. Y ahora, justo ya tienes bastantes años de trayectoria, ¿cómo crees que ha cambiado tu aproximación con los personajes que interpretas desde que iniciaste hasta ahorita?

Hay una parte que se siente muy parecida, sobre todo en las películas. Yo empecé con Marisa Sistach, con Elisa Miller, y fueron procesos intensos y largos, de mucho ensayo y mucha conversación. Y siento que cada vez es más difícil tener ese tiempo, cada vez tenemos más prisa. Las plataformas, las series, los contenidos, todo es como “bueno, sí, estas son tus escenas, este es tu personaje, resuélvelo como puedas y llegamos a filmar”, y el tiempo es dinero. Y siento que justo este tipo de pelis permiten que los procesos sigan siendo cuidadosos, amorosos. Por supuesto, he ido ganando seguridad en mí misma y me gusta mucho apostar a dejarme dirigir. Quizá eso es algo que ha cambiado. Más que tratar de hacer las cosas bien, es “bueno, ok, ¿qué propones? Construyamos este personaje juntos y a ver qué pasa”. Dejarme sorprender un poco más, dejarme guiar por el otro, por mi compañero de escena, por mi director. Para mí son los proyectos más ricos actualmente y pocas veces existe esa oportunidad. Entonces, cuando la hay, yo creo que me entrego a “venga, vamos a jugar a esto con las reglas que nos están poniendo”. He aprendido a disfrutar más los procesos.

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Aparte eso es importantísimo. Porque los rodajes son pesados, entonces hay que encontrar también ese balance. Justo está ligada a mi siguiente pregunta, qué es: ¿cuáles son los desafíos más grandes que te has encontrado al encarnar mujeres con trayectorias internas tan ricas como las de esta cinta?

Me ha tocado interpretar mujeres que atraviesan procesos evidentemente muy dolorosos, incluso trágicos. He tenido personajes que viven situaciones muy difíciles, emocionales, económicas. Me ha tocado morir en varios proyectos o estar cerca de morir. Me ha tocado ser víctima de distintas situaciones en distintos proyectos. Y creo que, en esta peli en particular, lo interesante es que el conflicto no está en la superficie. O sea, sí hay algo que sabemos que está pasando, pero es cómo trabajas esas capas más profundas, en donde quizá estás tratando de ocultar lo que te está pasando. Pero eso no quiere decir que no esté pasando, porque ese fue el reto. Uno en la vida muchas veces trata de ocultar sus emociones. A veces creemos que actuar es mostrarlo todo. Y creo que, en este tipo de personajes complejos, existe esa posibilidad de “bueno, le está pasando esto ahora, ¿cómo lo escondemos?”. Pero evidentemente se ve, porque si pasa, se ve. Y eso fue muy interesante de trabajar.

Sí, sí me imagino. ¿Y hay alguna directora, actriz, actor o director que te haya inspirado en tu forma de construir los personajes que haces?

Sí, un montón. Desde chiquita crecí viendo, en México, a Laura Almela, me parece una actriz espectacular. Arcelia Ramírez, me ha tocado trabajar también en distintos momentos de la vida con ella, y la sigo viendo y me encanta lo que hace. Hay actores atrevidos y valientes, también Daniel Giménez Cacho, que de pronto dices “ay, qué padre esto que está haciendo”. Bueno, con Bruno, parte de nuestra preparación y conversaciones tenían que ver con ver películas que nos gustaban. Hay un montón de pelis de ese estilo que me inspiran muchísimo. Me gusta ver películas, me gusta conversarlas, me gusta entender cómo se construyeron, no solo los actores de modo individual, sino el todo. Esta es una peli que, al final, habla de una familia. No es un personaje que camina y vas viendo lo que le pasa a ese único personaje. Es un conjunto que atraviesa un momento. Y me gustan ese tipo de películas que espejean un poquito con lo que estamos haciendo.

Claro. Y ahorita al inicio mencionabas que era importante que estuvieran llegando a Cannes porque los hacía iniciar con el pie derecho y le daba más visibilidad al proyecto. ¿Qué opinas tú del estado actual del cine mexicano y latinoamericano también, y del paso que está teniendo ahorita por festivales tan grandes como lo es Cannes?

Pues yo creo que siempre hemos tenido cineastas y artistas enormes en este país, la verdad. Creo que el cine mexicano en Cannes ha estado presente desde hace muchos años. En la pandemia siento que pasó algo extraño y muchas películas no encontraron salida. Muchas películas llegaron a plataformas, pero sin pasar antes por el cine. A mí me pasó con varios proyectos. Y creo que estar volviendo a agarrar esta fuerza de “bueno, seguimos estando en los festivales de cine más importantes, más reconocidos”, hace que sigan viendo a México. Muchas veces se cree que el cine mexicano autoral es necesariamente violento o toca temas que, por supuesto, son importantes y reflejan nuestra realidad. Pero creo que es muy interesante también cuando hay otro tipo de miradas, como la de la película de Bruno, que siento que habla de otra cosa. Es una mirada infantil, mucho más genuina, muy honesta. Es una peli que te conmueve. Y creo que ese tipo de historias también son muy abrazadas por el público en el mundo.

Sí, pues sí. Aparte hay muchísimos proyectos padrísimos que a veces salen, a veces no. Y aparte el tema de la distribución también en el país es complicado.

Sí, sí, sí.

¿Tú cómo crees que estos festivales han cambiado tu perspectiva como actriz o el impacto que han tenido en actrices como tú desde tu primera visita hasta ahorita?

Hacer cine se divide en un montón de etapas. Está la primera, que es cómo me acerco al proyecto, cómo empiezo a cocinar y construir este personaje. Después es el rodaje, que es este momento que cada vez estoy más segura de que hay que disfrutarlo, gozarlo, entregarse y tomar riesgos. Y después viene este momento extraño en el que no sabes muy bien qué va a pasar con la película, cómo quedó. Como que el actor queda un poquito afuera de esos procesos. Y, sin duda, cuando las películas llegan a estos festivales, es muy emocionante ver, primero, cómo lo recibe la gente que quizá tiene contextos muy distintos, porque viven en países y tienen culturas y hábitos muy distintos. Y cómo te hacen sentir que el cine es algo universal, que las emociones humanas son universales y que las historias que contamos al final pueden llegar muy profundo y muy lejos. Sin duda, como actor, si tienes ese tipo de plataformas, también la gente se entera de qué es lo que estás haciendo. A mí me pasa que siento que estoy trabajando un montón y, como son proyectos que no llegan muy lejos por el tema de distribución, es como si no los hubiera hecho. Es muy extraño, porque dices “no, pero yo sí hice esta película y quedó increíble”, y es muy doloroso que no pase nada con ellas. Al final uno hace las películas para que la gente las vea y lo más rico de llegar a los festivales es tener ese intercambio con el público. Aquí sí va a pasar y eso es increíble

Sí me imagino la frustración también de los actores, que deben de sentir de “ah, me gustó todo este proyecto y no llegó”, ¿verdad?

¡Sí!

Y ahora, ¿cómo ves tú el futuro de las actrices en el cine latinoamericano independiente?

Yo veo que hay muchas colegas queridas y admiradas que están trabajando en distintos países. Siento que el cine latinoamericano y, de pronto, también el cine español, cada vez tienen más intercambio cultural y más intercambio actoral también. Y eso me gusta, me resulta muy interesante. Me encantaría poder colaborar más con el cine que hacemos en Latinoamérica y en distintos países. Creo que sí es un buen momento en ese sentido. Al final, este momento de tantas cosas también hace más difícil hacer cine independiente, porque los fondos cada vez son menores. Cada vez es más difícil hacer una película, terminarla, distribuirla. Pero veo que cada vez hay más historias que contar. Se terminan haciendo y hay mucho talento, entonces creo que va a seguir sucediendo.

No, sí, hay talento de sobra en este país, lo cual es increíble. ¿Y qué sueños tienes para los próximos años en tu carrera?

Pues quiero seguir haciendo este tipo de cine que amo, que amo ver, que amo hacer. Quisiera, como te decía hace un momento, poder explorar posibilidades también en otros países. Participar en proyectos internacionales es algo que me gustaría mucho por la experiencia y el intercambio, que me resulta muy atractivo. También yo escribo. He sido guionista en un par de películas con mi pareja, con Max Zunino. Y tengo también ahí un par de proyectos que quiero desarrollar, en los que quiero participar desde atrás y, probablemente, también como actriz. Pero sí, creo que es un momento en el que hay que diversificarse y poder participar de distintas maneras en los proyectos, porque hay mucha competencia y hay pocos fondos. Entonces creo que entre más diverso y más posibilidades me pueda abrir, mejor.

Sí, claro. ¿Y quieres contarnos algo de estos proyectos que estás preparando o todavía no es el momento?

Pues todavía no, no tengo demasiado que contar, pero pronto espero que sí.

Estaremos al pendiente. Y ya para finalizar, si pudieras resumir el corazón de Seis meses en el edificio rosa con azul, ¿cuál sería?

Creo que es una película honesta, luminosa y original.

Ay, me encanta. ¿Algo más que quieras agregar, Sofía?

No, pues nada, espero que muy pronto la podamos ver de este lado también y escuchar los comentarios de todos.

JULIETA CHÁVEZ

Redactora

Redactora editorial en The Hollywood Reporter en Español. Ha entrevistado a directores, actores y líderes de opinión, con un foco especial en mujeres, arte contemporáneo y temáticas de género.

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