David Pablos y Víctor Prieto sobre la importancia de ver cine en salas

Un desglose por la evolución del filme, desde la elección de actores y su paso por festivales internacionales hasta su próximo estreno en pantalla grande

Por JULIETA CHÁVEZ |

mayo 28, 2026

2:46 pm

Cortesía

En el camino, de David Pablos, no ha dejado de hacer ruido desde su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Venecia

Su conmovedora historia, que presenta a Veneno y Muñeco, dos hombres que viven un romance oculto mientras viajan por las peligrosas carreteras de México, le valió al director mexicano el Premio Orizzonti y el Queer Lion, además del Ojito a Mejor Actor para Víctor Prieto en el FIC Morelia.

A días de su esperado estreno en cines, The Hollywood Reporter en Español pudo sentarse con Pablos y Prieto a hablar sobre la gratificante experiencia de llevar el cine mexicano a espacios internacionales, la mecánica de trabajo con actores nuevos y naturales, la magia de encontrar una familia durante el rodaje y la importancia de apoyar las producciones nacionales cuando están disponibles en cartelera. 

Primero que nada, felicidades por esta nueva película. ¿Cómo fue que ambos desarrollaron la historia y los personajes, destacando estos contrastes entre la violencia y lo masculino?

DAVID PABLOS: Bueno, yo empecé con esta idea hace, en realidad, algunos años. Pero fue una idea que dejé guardada en mi cajón sin saber cuándo la iba a filmar. Fue en 2022 cuando pensé “ya es hora de retomar este proyecto”. Siempre, durante todos estos años, cuando viajaba en carretera y veía las cachimbas o veía los trenes, decía “algún día voy a hacer esta película, pronto”. Hasta que en 2022, por varias razones, sentí que ya estaba listo para contar esta historia, para hacer este guión.

Sucedió de manera muy natural, fue muy fácil y muy espontáneo dar forma a esta historia. Contrario a los otros proyectos que he filmado, en donde suelo hacer una escaleta y enumerar los eventos dramáticos de la película, esta vez empecé con los personajes. Yo tenía muy claro quiénes iban a ser mis personajes principales y ese fue el punto de partida. Dejarlos que se conocieran, que interactuaran y empezar a ver hacia dónde iba la historia. Eso fue muy liberador, pero también muy reconfortante a nivel creativo, ver cómo, a partir de una claridad de los personajes, la historia solita se iba desarrollando. Por primera vez experimenté dejar que los personajes te lleven. Y algo había en este proyecto era que, desde el principio, la gente empezó a conectar mucho. Incluso con el primer borrador de guión había algo que se respiraba en este proyecto que hizo que muy fácilmente la gente fuera conectando. 

¿Qué hay de ti, Víctor?

VICTOR PRIETO: Al principio no comprendía muy bien cómo era interpretar un personaje, cómo era la actuación. Después de varios días y semanas, que fueron casi dos meses de un taller que nos dio la coach Patricia Ortiz, conforme iba avanzando el tiempo en el proceso, fui conociendo más sobre la vida en este mundo de traileros, de estos personajes y de cómo se tenía que preparar. Entonces, de alguna manera, conecta también con parte de mi vida y de mi historia. Así es como comienzo a fluir e interpretarlo.

Respecto a esto que mencionas sobre tu vida y tu historia, ¿qué fue lo que encontraste en común con Veneno?

V.P.: Lo que encontré fue ese deseo de querer ser libre, de querer expresarse, de querer ser quien es sin que lo juzguen o sin importar que lo juzguen. Esa herida que también tiene con el papá es algo con lo que yo, de alguna forma, también conectaba. Más que nada fueron esos dos temas.

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Claro. David, recuerdo que me comentaste que mucha de la película se grabó con actores naturales también. También tomando en cuenta que este fue tu debut como actor, Victor. ¿De qué manera describirían la experiencia de trabajar tanto con ellos, que eran actores naturales, como con Víctor, que apenas estaba debutando? 

D.P.: A mí me gusta mucho trabajar con actores naturales. Creo que en todas mis películas he trabajado con actores naturales. De hecho, yo creo que el mundo real siempre va a ser una mezcla en cine, porque hay caras que cuentan una historia por sí mismas, que tienen una profundidad, una textura y una esencia muy poderosas. Yo sabía que, por el tipo de película que iba a ser y por el tono de esta película, originalmente pensé que todo el reparto iba a ser de actores naturales, sobre todo porque íbamos a filmar en Juárez y yo quería retratar esos acentos, esas personalidades y esa forma de vida del norte.

Me estaba mentalizando en que primero había que vivir procesos largos, hacer un casting muy largo, de seis, siete u ocho meses. Una vez que encontré a todo el reparto, evidentemente mi prioridad fueron los protagonistas, pero también el resto de la gente que está en la película. Con todos ensayé, con todos nos dimos la posibilidad de llevar un mini taller para que entendieran cómo es el proceso de un set y cómo tienen que desenvolverse en él.

Afortunadamente, y digo afortunadamente porque la vida me brindó esto, decidí que otro de los personajes principales, que es Muñeco, fuera interpretado por un actor, Osvaldo Sánchez. Y Osvaldo, en realidad, fue nuestra mano derecha, no nada más con Víctor sino con el resto del reparto. Él, de alguna manera, fue jalando hilos para mover a todos los intérpretes de la película. Lo que más sucedió en la preparación fue trabajar la relación entre Víctor y Osvaldo, que hubiera confianza, que se conocieran. Viendo todos los videos de los ensayos, en retrospectiva es hermoso cómo Osvaldo estuvo todo el tiempo al servicio de Víctor. Todo el tiempo estuvo haciendo cosas para ganar su confianza, para ayudarlo a soltarse y para ayudarlo a entrar a la ficción. Ahí hubo una generosidad enorme por parte de Osvaldo.

Entonces, yo creo que el secreto para una colaboración exitosa con actores naturales es, primero, un casting muy largo, y luego, vivir procesos. Con un actor natural es imposible hacer casting y llevarlo al set al día siguiente. Eso es un crimen, debería prohibirse. Lo que es muy bonito con Víctor es el proceso. Hubo cambios muy contundentes, tanto en cómo él iba entrando a la ficción cada vez con mayor facilidad y soltura, como también a nivel personal. Yo siempre he dicho que cómo llegaste al casting y cómo saliste el último día de rodaje de la película son dos personas distintas.

V.P.: Sí, totalmente diferente. Para mí al principio sí era algo nuevo, me daba miedo y también vergüenza, pero fui conociendo y, gracias a Osvaldo fueron ganando mi confianza. Paso a paso, prácticamente como un niño aprendiendo a caminar, así me llevaban ellos. Fui conociendo, fui aprendiendo, hasta que finalmente ya entendí todo, conocí todo y me gustó. Se me hizo impresionante y jamás me imaginaba que esto funcionara así.

¿Y crees que puedas darnos ejemplos de cosas que hizo Osvaldo para que tú te sintieras cómodo? ¿Alguna anécdota que tengas?

V.P: Recuerdo que en un ensayo estábamos los dos. Se trataba de sacar esa emoción fuerte, de miedo, de que estoy corriendo peligro, de querer pedir auxilio. Entonces recuerdo que Osvaldo como que me atacaba, pero no lo hacía brutalmente, o sea, cuidaba esa parte. Solamente me llevaba al cansancio extremo físico y a la desesperación, pero sin hacerme daño. Era muy profesional en ese aspecto, me ayudó mucho. No sé cómo pasó que, cuando menos pensé, ya estaba en un estado de emoción muy fuerte. Hasta yo me sorprendí porque dije “¿cómo logró Osvaldo sacar esa emoción tan fuerte de mí sin que yo reaccionara violentamente?”. Porque sí era una emoción fuerte. Entonces sí, lo hizo muy profesional.

D.P.: Como tú dices, él tuvo mucha consciencia de ti y fue muy cuidadoso contigo. Acabo de volver a ver ese video. Fue como una hora así, de que te perseguía y te sostenía y te tenía presionado.

Qué increíble. ¿De qué describirían ustedes su relación, ahora que tienen esta relación como director y protagonista después de haber trabajado tanto tiempo juntos?

D.P: Pues es que yo lo veo como mi hijo ya. (ríe)

¿Cuántos años tienes, Víctor?

V.P.: Tengo 24 años.

D.P.: Estoy muy joven para ser su padre, bueno, eso me digo yo. Pero es que, ¿sabes? Con todos los chicos que he trabajado en mis películas, con las niñas de Las elegidas también, guardo una relación de mucho afecto, de mucho cariño. De hecho, todas estas niñas me decían “padre” en Noruega hace diez años y me siguen diciendo así. Es que se generan lazos muy profundos y no es necesariamente que Víctor y yo hablemos diario ni mucho menos, pero sí se crean lazos, conexiones que son muy fuertes porque vivimos un proceso creativo que nos marcó, que nos determinó y eso se queda para toda la vida. Por lo tanto, como además yo vi el proceso de Víctor y lo vi crecer, fue muy hermoso que saliera esa joya. Yo vi al diamante en bruto, pero esa joya iba a salir a la luz. Me siento muy orgulloso de Víctor. Yo siento mucho cariño, mucho respeto, mucha admiración y gratitud.

Increíble. ¿Y cómo es para ti, Víctor, que la escuela de dirección, por así decirlo, de David Pablos sea tu alma mater en la actuación?

V.P.: Para mí significa mucho. Yo sigo pensando que no pude haber caído en mejores manos. Es un gran director. Yo también lo considero como papá, como papá David. Veo también sus emociones, cómo se emociona cuando vamos a lugares a presentar la película. Es muy bonito, de verdad, cómo se crea el ambiente. Te voy a decir que un ambiente familiar en el rodaje porque de verdad todos se comportaron muy bien, todos pusieron mucha pasión y sobre todo David y Osvaldo. A Osvaldo lo considero también como un hermano. Nosotros creamos como una hermandad, y el papá David. La verdad, es muy bonito, es muy bello y estoy muy orgulloso de haber estado en este proceso, participar en este proyecto y de trabajar con David.

D.P: Me hace muy feliz que me acompañen a los festivales de cine en los que se puede, que también viajen, que descubran otros contextos, otras culturas, que convivan con gente en estos espacios, que perciban el trabajo que hicieron y luego que vean cómo es recibido el trabajo que hicieron. Todo eso es muy nutritivo, te hace aprender muchas cosas y es una experiencia de vida muy bella.

Me imagino. Porque aparte, no sé si te imaginabas lo de Venecia. ¿Cómo lo vivieron como equipo?

V.P.: Pues la verdad es que no me imaginaba tanto. Terminando el rodaje yo dije “se va a estrenar aquí en México”, o sea, va a ser algo normal, sencillo. Jamás había estado en una presentación así. Entonces, mi primera vez, cuando me dicen que en Venecia, yo dije “wow”. Nunca había viajado a Venecia. Fue mucha la emoción, tanto por viajar a Venecia como por presentar también la película y que me vieran personas que no son mexicanas, internacionalmente ya. Estaba muy feliz y sí, como que todavía batallaba para procesarlo.

D.P.: ¿Estabas, el día de la función de Venecia, en el estreno, más nervioso o más feliz?

V.P.: Yo creo que el día del estreno estaba más nervioso.

¿Sí? ¿Por qué?

V.P.: Porque no sabía cómo iba la gente a recibir la película. Yo creo que la mayor parte de mis nervios son a la hora de presentar y ver la reacción del público, que eso es lo que a mí me importa mucho. Y también me conmueve ver cómo las personas reciben la película.

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Claro. ¿Qué significó para ti, David, haber llevado a todo tu equipo a un espacio tan grande y haber cumplido estos sueños o darles estas experiencias?

D.P.: En ese sentido me sentí muy feliz de que Osvaldo, de que Víctor me acompañara. Obviamente parte de la producción estaba también ahí en Venecia. Eso es enorme y es muy hermoso. Pero yo estaba, yo creo, más nervioso que Víctor. Yo era el más nervioso de todos porque al final, como director, todo lo bueno y lo malo recae sobre ti, sobre tus hombros. Y yo sabía lo que significaba esa presentación también. Yo sabía el nivel de exigencia del festival y del público y de los críticos. Van los críticos más importantes, los más mordaces, los más duros. Yo sabía todo lo que representaba esa función, así que llegué con una mezcla de emociones en donde quizás, la que permeaba sobre todo, era el nerviosismo. Era hacer una catarsis enorme al ver la película en pantalla grande con público. Yo estaba hecho un atajo de nervios desde la mañana, desde un día antes. Afortunadamente dormí bien porque me tomé mis tecitos de pasiflora y de manzanilla y mis flores de Bach y no sé cuántas cosas. Dormí bien, pero evidentemente había una adrenalina muy fuerte. 

Pero lo que me pasó es que, una vez que finalmente empezó la película, creo que yo los primeros 15 o 20 minutos estaba en un desorden emocional y psicológico muy fuerte. Pero ya después de arrancar la película, como a los 20 minutos, empecé a entrar y empecé a disfrutarla y me dejé ir. Y eso era sinónimo también de que el público estaba entrando en la ficción, de que estaban en la pantalla, estaban viviendo la película. Y para cuando terminó me sentí bien, me sentí contento. Y luego fue muy bello ver a Víctor y a Osvaldo tan conmovidos. Creo que fue una recepción muy hermosa, la mejor recepción quizás que hubiéramos podido desear. Y más allá del premio, fue ese momento, lo que significa y cómo se sintió esa conexión.

Es lo que quería preguntar, ¿cuál fue el contraste de cómo se sentían antes de que todo sucediera hasta después de que pasó y ganaron tantos premios?

D.P.: Para mí fue muy shockeante porque además nuestro estreno fue dos días antes de que cerrara el festival y fuera la premiación. Así que yo apenas estaba digiriendo todo, yo apenas estaba digiriendo mi función el primer día. Ya nos habían avisado que nos iban a dar el Queer Lion, entonces yo iba en camino hacia la premiación cuando nos dijeron “sí tienen que quedarse mañana a la premiación, les van a dar algo”. Nunca nos quisieron decir qué era lo que nos habíamos ganado, solo sabíamos que teníamos que estar. Entonces imagínate, yo estaba apenas digiriendo la función cuando me dicen “te ganaste un Queer Lion” y luego el decir “te vas a ganar otra cosa”. Fue como una montaña rusa de la que no bajé hasta que acabó la premiación.

Incluso después de la premiación organizan una cena con todos los ganadores en el hotel. Todavía en esa cena yo no entendía qué estaba pasando. Tenía mi premio al lado y estaba en la mesa con todo mi equipo y seguía sin entender qué había pasado. Ese día además me tocó compartir el elevador con [Jim] Jarmusch. Los dos íbamos con nuestros leones. 

¡Wow!

D.P.: Le decía a Jarmusch “no entiendo qué acaba de pasar” y él me decía “yo tampoco”. Nos reímos los dos y yo le decía “ya tengo mucha hambre, ya quiero cenar”.

Qué especial memoria.

D.P.: Yo creo que hasta que no regresé a México y pasaron un par de días es que empezó a aterrizar todo y de repente entender lo que había pasado.

V.P.: Igual para mí también fue shockeante. Yo la verdad no procesaba lo que estaba pasando, no procesaba la situación. Yo solo sabía que estaba en Venecia y es todo. No procesaba. Cuando nos dijeron que habíamos ganado, no me caía el veinte, no procesaba. Estaba yo en mi mundo. Ya cuando regresé a México empecé como que poco a poco a procesar y me empezó a entrar como todas esas emociones, cuando empecé a entender en un solo momento, cuando ya regresé aquí a México. Y sí fue muy impactante, sí, me volví a conmover todavía también cuando regresé.

Me encanta. Y ahora ya para finalizar, ¿qué fue lo que a ti, David, te atrajo más de trabajar tanto con Víctor como con Osvaldo en el momento en que elegiste a los personajes?

D.P.: Mira, lo primero que yo entendí de Víctor y de Osvaldo es que ellos tienen un mundo interno que los hace entender con profundidad a los personajes. Ellos conectan con los personajes y no significa que sean los personajes, pero entienden bien a esos personajes, y tiene que ver ahí con historias de vida, con experiencias de vida, con personalidades también. Yo podía ver en ambos, tanto en Víctor como en Osvaldo, que los personajes están muy vivos en ellos. Y ambos son personas con mucha complejidad y profundidad. Y ambos además hacen un gran equipo.

Curiosamente lo tuve desde el principio porque los seleccioné primero por separado. Yo ya sabía que iba a ser Víctor realmente después de un proceso largo también. Cuando vi a Osvaldo sabía que iba a ser él. Y hay algo que… la intuición es de verdad lo más sabio. La intuición me decía “ellos dos van a estar muy bien juntos” y así fue. Pero ante todo era primero ver que ellos eran capaces de llegar a esas profundidades de los personajes, porque no cualquiera. Fue un rodaje muy difícil, y algo más difícil que el rodaje, fue llevar a los actores en todo momento a esos lugares.

Yo le decía a Patricia Ortiz, que fue la coach actoral, “qué guión tan más difícil de escribir”. Me decía “sí, te aventaste lo más complejo”. No hay una sola zona fácil en esta película porque todo el tiempo se están moviendo muchas cosas, porque todo el tiempo es muy complejo lo que sucede con ellos, entre ellos. Y ese fue el reto más grande, llegar a donde el guión pedía que llegáramos a nivel emocional.

Claro. Y tú, Víctor, es importante siempre ver representadas en el cine tanto temáticas LGBT, como las violencias y masculinidades. ¿Qué aprendizajes te dejó como actor, y tal vez como persona, toda esta experiencia?

V.P.: Primero, para poner en contexto, yo me consideraba una persona cero expresiva. Soy una persona muy seria, callada. Entonces esto me dejó como aprendizaje el entender que expresarse no es malo, expresarse está bien. Es bueno ser como uno es, es bueno ser libre, es bueno no tener vergüenza ni pena o miedo hacia las personas por lo que vayan a decir en un futuro. Yo creo que ese fue mi mayor aprendizaje de esto.

¿Algo más que quieran agregar?

D.P.: Solo agradecerte, agradecerte la entrevista y el espacio. Disfruto mucho hablar de esta película y ojalá la gente que vea esta entrevista vaya a ver nuestra película a salas de cine, eso es muy importante. Voy a insistir mucho en que ese primer fin de semana es fundamental para la vida de la película. Así que ojalá que puedan verla ese primer fin de semana de estreno.

V.P.: Primero que nada, pues sí, darte las gracias por la entrevista e igual invitar a las personas, a toda la gente de México, a que nos apoyen, vayan y vean la película en cines. Y espero que la reciban con un fuerte abrazo.

Tal vez les gustaría agregar algo sobre el tema de la distribución y el cómo es la vida de las películas en el cine mexicano, ¿qué representa para ustedes ahorita que están teniendo este camino en pantalla?

D.P.: A ver, yo sí creo que hacer cine es un gran acto de resistencia por todo lo que implica, porque es muy complicado hacer una película. Aunque suene como un disco al decirlo, hacer una película LGBT en el cine es más difícil todavía. 

Me emociona mucho que esta película se pueda ver en pantalla grande. Yo sigo siendo un gran admirador de la experiencia en colectivo, en una sala oscura con un público. Seguiré luchando porque esa experiencia no muera. Así que me alegra poder llegar a pantallas y espero que la vida de la película en pantalla se pueda lograr lo más posible. No es fácil la situación de distribución, hay cosas que esperemos sigan cambiando, pero yo siempre aposté para que esta película pudiera verse en pantallas.

V.P.: Yo quiero agregar que esperemos que esta película sea un éxito, que la gente la reciba muy bien, para que todo este tipo de cine mexicano que habla sobre todos estos contextos sea más visto, sea más proyectado y pueda llegar a muchos lugares.

Cortesía

JULIETA CHÁVEZ

Redactora

Redactora editorial en The Hollywood Reporter en Español. Ha entrevistado a directores, actores y líderes de opinión, con un foco especial en mujeres, arte contemporáneo y temáticas de género.

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