Durante años, la comedia mexicana estuvo atrapada entre fórmulas televisivas recicladas y películas obsesionadas con repetir el mismo género romántico de enredos. A toda madre intenta escapar de eso con una energía distinta: personajes desordenados, conversaciones atropelladas y una sensación permanente de que todos están improvisando emocionalmente mientras intentan sobrevivir a su propia vida.
Dirigida por Max Del Río, la película junta a Adal Ramones, Hugo El Cojo Feliz y Ricardo Pérez en una historia donde la inmadurez, la amistad masculina y la necesidad desesperada de ofender a las madres terminan convertidos en comedia. La película entiende algo muy real sobre muchos hombres contemporáneos y es que seguimos usando el humor para evitar hablar directamente de lo que sentimos.
En esta conversación dentro del marco del FICG, el director y sus protagonistas hablaron sobre improvisación, química actoral y el reto de trasladar al cine una dinámica nacida desde el caos verbal, amistad, huevos, el Complejo de Edipo y la neurosis generacional.
Quería comenzar agradeciéndoles por esta película, porque me pareció tremendamente refrescante. Estamos viviendo una época muy oscura, y la comedia se está convirtiendo en una especie de prisión donde no se permite ser políticamente incorrecto, cuando la comedia, por su propia naturaleza, lo es.
Una de las cosas que más me interesó de A toda madre es toda esa aproximación o sesgo psicoanalítico. Estamos hablando de meternos con nuestras madres y con la relación que tenemos con ellas.
ADAL RAMONES: En Latinoamérica.

Exactamente, en Latinoamérica. Entonces quisiera que me contaran sobre su percepción.
HUGO EL COJO FELIZ: Pues sí, es como analizar lo siguiente: ¿Por qué se usan tanto las frases “chinga tu madre” o “Vale madres”?
Fíjate que en la comedia afroamericana está todo esto del “your mama is” o “your mama that”.
HUGO EL COJO FELIZ: ¡Exacto! Me acuerdo que luego, entre chistes, esto se vuelve un poco como un psicoanálisis de la comedia. Hablábamos de que tienes que tener a una “mamá real” y a una “mamá de chiste”. A tu mamá de chiste se la pueden coger todos sus amigos y no pasa nada; pero ya a tu mamá real, pues no.
MAX DEL RÍO: A ella se le trata con frases como “Buenas tardes, señora”.
ADAL RAMONES: Fíjate. Seguimos diciendo que es políticamente incorrecto, cuando lo correcto debería ser quitarnos todos esos tabúes. Este es un rescate, es como un boomerang. Aventamos este boomerang de “ya no puedes hablar de esto, no puedes hablar de eso”, y ya viene de regreso otra vez.
Porque es casi una necesidad intrínseca, ¿no? Es una necesidad de decir: ¿Por qué me voy a poner ya tantas trabas? El mundo me pone trabas y además me pongo yo unas más. “No hables de esto”, “¡Uy! No puedes decir esto”, etcétera, etcétera. Entonces ya sonamos casi como esos maestros medievales con la regla en la mano listo para golpear al que diga algo incorrecto.
Recuerdo cuando era un preadolescente. De repente un sacerdote contó un chiste y dije: “¡No mames! ¿Estos cuates también cuentan chistes?”. Se lo conté a mi papá y él me dijo: “¡Uy!, ¡Pues son iguales a ti y a mí, cabrón!” O sea, no hay una diferencia. Pero seguimos insistiendo en ponernos estas barreras.
Precisamente, filmar A toda madre me gustó porque se arriesgó al nivel donde tenía que hacerlo. Ahí, justo en la orilla del precipicio. Por eso es una gran comedia que arranca carcajadas. Dos pasos más adelante y nos caemos todos. Estuvo súper medida, exacta.
MAX DEL RÍO: Yo igual creo que el humor ahora, con todas estas cancelaciones y “funadas”, sirvieron para educar y para enseñar que hay cosas que está mal decir. Entonces creo que ahora estamos haciendo comedias donde eso ya lo entendemos. Y es que ya entendemos qué está mal…pero nos vale (risas).
Usualmente en las comedias los protagonistas son antihéroes. No son modelos a seguir, sino todo lo contrario.
MAX DEL RÍO: Claro, sí. El personaje hace chingaderas. El personaje de Adal dijo algo del Teletón que jamás diría el Adal real.
ADAL RAMONES: ¡Exacto!, lo dice Randy Ramses. ¡Demándenlo a él! (Risas).
Nadal, ¿De dónde sale Randy?
ADAL RAMONES: Pues mira, ellos tenían la idea de buscar a un famoso, una celebridad de la música, un personaje del que Hugo fuera un fan. Totalmente un fan.
HUGO EL COJO FELIZ: Bueno, más por la conexión con mi padre.
MAX DEL RÍO: Tenía que ser algo que no pudiera evitar, como ir a una fiesta. Si te dicen: “vamos a una fiesta”, diría que no… pero si va él, OK.
Volviendo a la pregunta, el personaje era como: si no es fulanito, que sea Adal siendo Adal. Pero yo venía de participar en Hasta que la boda nos separe, en donde hice de Adal. Pero también hice otra interpretación de mí mismo en un mundo alterno, en la serie Ojitos de huevo. Era Adal, pero como un millonario, ¿no?
Entonces dije: No, ya no más Adal, busquemos otra cosa. Y ahí alguien soltó un comentario: “Oye, ¿y si fueras, no sé, medio famoso también, un rockero o algo?”. Empezamos a alucinar con los tatuajes, el rollo, el sombrero. Fue algo muy Enrique Bunbury, pero tatuado, viejo y decadente, ¿no? (Risas).
Un cantante que vivió todos los excesos. Estuvo en la cima por una canción y eso es lo que le queda a este hombre totalmente descompuesto. Entonces se aprovecha que este güey le lame la suela y los droga. O sea, tan sólo hablar de fentanilo…
HUGO EL COJO FELIZ: Sí, nombrarlo, porque ni siquiera entendíamos cómo se consume el fentanilo. Claro, si te das cuenta, en la película dicen “los fentis” como si fueran dulces de Halls, y creo que no funciona así. Creo que no investigamos nada (risas).
RICARDO PÉREZ: No investigamos nada.
ADAL RAMONES: Solamente quisimos burlarnos del rollo, de la palabra “fentanilo”.

Pero fíjense, aquí en el FICG estuvo Darren Aronofsky, el director de la respetada Requiem for a Dream. Y si uno en verdad piensa, la cosa es absurda; a nadie por ser adicto a las metanfetaminas, lo someten a una terapia de electroshocks.
ADAL RAMONES: En el drama, a eso se le llama licencia poética, ¿no? (risas).
MAX DEL RÍO: Sí, bueno, como director yo sí investigué. Sin embargo, la investigación fue poca (risas). Busqué “fentanilo” en Google, y salían unas pastillas azules y eso fue lo que apareció en pantalla. Pero, según creo, el fentanilo se combina con otras cosas.
RICARDO PÉREZ: Se usa para rebajar otras drogas, creo.
De todas maneras, probablemente Randy, con todo lo que consumió, no hubiera sobrevivido.
ADAL RAMONES: Nunca se dice que está muerto. No me maten, por favor (risas).
No, no creo que esté muerto. Yo creo que sobrevivió.
ADAL RAMONES: Vive en el corazón de todos nosotros (risas)..
HUGO EL COJO FELIZ: Depende también mucho de si los ejecutivos quieren un spin off. Tal vez así lo revivan.
Quería preguntarles también por sus influencias. Veo cosas de South Park, de Dave Chappelle y de los hermanos Wayans dentro de su película. Pero, ¿qué más hay ahí?
HUGO EL COJO FELIZ: Pues estamos inspirados, cada quien a su forma. Por ejemplo, Max, desde el guión, deja ver sus inspiraciones. En su dirección también tiene un estilo muy marcado. Y creo que, pues, cada quien en su interpretación le puso algo de su propio bagaje.
MAX DEL RÍO: Sí, yo quería que se sintiera como una comedia “dosmilera”, sin tanta pretensión, como estas pelis de Will Ferrell. Creo que una vez lloré viendo Step Brothers.
He visto cosas como Dancer in the Dark y no lloro, pero viendo Step Brothers fue que terminé llorando. Me preguntaba: “¿Qué pedo? ¿Cómo lograron que me conmueva algo que nunca me creí?”. Entonces me dije: “Quiero hacer algo así, donde algo que nunca te creíste te pueda conmover”.
ADAL RAMONES: Es increíble, porque hay elementos como el famoso Don Huevo, con el que te dices: “Dudo que alguien haya tenido un huevo como figura de acción y que siga jugando con él por años”. De hecho, me encanta cuando lo rompen y no está podrido. Lo lógico sería que el huevo estuviera podrido, pero es más bonito, estético y “vivo” si sale amarillo.
Si saliera negro y podrido, dirías: “¡Qué bien que lo rompieron!”. Pero lo que nos rompieron fue el corazón, y el corazón está perfecto en la comedia. Entonces hay un montón de simbolismos muy, muy lindos. Y volvemos a películas como Porky’s.
Si, como las películas de Cheech & Chong
ADAL RAMONES: Exactamente. Cheech & Chong. Películas que de repente decías: “¡Pero eso no existe, no puede ser posible que hayan sobrevivido a esto!”. Pero en nuestro mundo, sí.

Y donde además se irrumpe en canciones, que, a propósito, me parecieron maravillosas.
RICARDO PÉREZ: Sí, por ejemplo, la canción del final, la de A Toda Madre, la acabamos haciendo en un peloteo rápido. Y ver ese cierre ya realizado es una poesía. Es como una película de Bollywood. Podemos musicalizar y llevarlo después a ese nivel, con una coreografía. Que además es muy curioso, porque “El Cojo” interpreta a una persona que no está coja; o sea, él no sale como el “cojo feliz”, ¿no? Aquí no tiene problemas de movilidad.
Y yo estaba recién operado de la rodilla, entonces fue todo un reto ese final, en el que teníamos que pasar por el pasillo de la iglesia y dar vueltas.
Bailando como norteño, ¿no?
MAX DEL RÍO: Exacto. Y decíamos: Qué cagado que lo están haciendo el “cojo feliz” y el nuevo “cojo triste”. Y Ricardo, que acababan de operarlo y estaba en su peor momento de la rodilla, y los dos bailando.
ADAL RAMONES: ¿Sabes qué es increíble? Cuando comienza la rola, mandan dos personas con trompetas. Así, de lo más surrealista. O sea, por eso en la comedia se permite esa licencia en la que dices: “Estoy ofreciendo un boleto extraño a la gente que lo va a comprar, porque todo tiene este matiz de “nos vamos a lo surrealista”. Y lo compras. En el momento en que te ríes, ya dices: “OK, así es como entro a la película”.
HUGO EL COJO FELIZ: Compras la convención.
Creo que ese es el punto: Esta es una película tremendamente surrealista. Tiene mucho de psicoanálisis. Tiene esos elementos simbólicos que parecerían sacados de Luis Buñuel y Salvador Dalí, con los huevos y todo lo demás. Tiene enanos, mujeres del cine de Federico Fellini, voluptuosas, con sobrepeso y generosas en carne. Es escandalosa, no en el sentido del ruido, sino de que todo lo que dice genera un sacudón. Y más en estos tiempos.
Yo quería preguntarles por la percepción de las nuevas generaciones ante una comedia como esta, si ustedes se han dado cuenta de cómo los jóvenes de hoy están percibiendo A toda madre.
HUGO EL COJO FELIZ: Esta es la primera vez que la mostramos en público. Tuvimos una función previa de edición. Hicimos una pequeña proyección de la maqueta.
ADAL RAMONES: Y se vio como un focus group.
MAX DEL RÍO: Pero hasta ahí.
ADAL RAMONES: Bueno, ¿les digo lo que he sabido yo? Las mujeres se ríen más de los chistes que van directo a ellas. O sea, hay un chiste sobre su órgano sexual que es algo como que parece un cerebro. Y se han reído mucho.
Me consta. Tenía una mujer al lado que se atacó de la risa en ese chiste.
RICARDO PÉREZ: Creo que hoy es refrescante lo descarado. Porque también, hablando de la juventud, la década anterior estuvo empujando mucho lo políticamente correcto.
Exacto.
RICARDO PÉREZ: Y dejaron a otro sector completamente insatisfecho y cansado de pretender. Porque está bien buscar un avance social, pero cuando llegamos al punto de pretender ser mejores de lo que realmente somos, se vuelve sumamente refrescante escuchar una conversación quitada de penas, ver una producción sin filtros.
Y creo que los riesgos que toma Max con esta película premian mucho, porque llega a diálogos y escenas que prácticamente hoy ningún estudio te podría dar luz verde sin el miedo de pensar que los van a cancelar. Entonces, esos picos de momentos incorrectos que, incluso para nosotros —siendo los involucrados y los comediantes—, nos resultan incómodos, el poder lograrlos y que no pasen por esa clásica podadora corporativa —por la que todos esos picos suelen pasar para darles su machetazo— también es parte de lo que nos sorprendió.
Ayer, en la función, la gente se atacaba de risa; parecía que había personas en el público que decían: “¡No manches! ¡Cómo dejaron ese chiste!”
ADAL RAMONES: Ayer la vi por primera vez y estaba Hugo al lado mío. Y claro, tú estabas adelante. No paraba de decir “¡No mames!”; o sea, me salía naturalmente: “¡Ay! ¡No mames, cabrón!”. Pero riendo y riendo.
Creo que en el camino se pueden quedar muchas películas que no deciden arriesgarse. Dices: “Oye, no va muy bien esta peli, le hubieran dado por este lado”. Creo que ahí hay tela de dónde cortar. Incluso Max quitó un montón de cosas porque la película se podía haber ido más larga, y quitó cosas hilarantes, igual por el tiempo. Pero quedaron cosas increíbles.
Yo sí me considero de otra generación, no me espanto de nada, pero batallé mucho para decir lo que quería decir. He batallado mucho en mi vida, no en esta película, pero en mi vida sí dije: “¿Por qué no puedo decir eso?”. Ahora me sale con una pinche naturalidad. Soy de otra generación, completamente.
Sigo viendo películas y series nuevas y digo: Hay que avanzar, hay que evolucionar. Tienes que avanzar en la comedia, porque si no, te quedas —con todo respeto, y que en paz descanse— en el cine de Alfonso Zayas y todo eso. Y dices: Tienes que ir a donde va todo, ¿no?
HUGO EL COJO FELIZ: Con el “cebollazo” ya no estabas. Justo te usamos de referencia. Adal fue uno de los que nos enseñó. Él llegó a decir palabras que no se podían decir en televisión abierta.
RICARDO PÉREZ: Incluso encontrar la manera en la que la pudiera decir, salirse con la suya. O sea, “chingue su…”, es algo que tuviste que hacer para ver: ¿Cómo me salgo con la mía? Y poder decir cosas en donde no te dejan.
HUGO EL COJO FELIZ: Y con anunciantes. O sea, como que esa valentía también la agarramos de ti, ese espíritu. No nos podíamos echar para atrás, y mira a dónde llegó.

Hay dos cosas que me parecen muy interesantes. Lo primero tiene que ver con Step Brothers. Estaba pensando también en I Love You, Man y en este tipo de películas. Creo que A toda madre es una película que trata sobre el male bonding, esa amistad masculina que soporta todas las agresiones, todos los enfrentamientos, hasta los golpes.
ADAL RAMONES: He escuchado que desde la psicología se afirma que si no lo haces, que si en algún momento no llegas a los golpes y lo superas, no son tan verdaderos los amigos.
En los momentos difíciles se fortalece la amistad.
ADAL RAMONES: Es increíble, porque Max —y entre los creativos— buscó un remate increíble que yo adoré, porque no sabía que estaba ahí. Cuando ya están en el final, Ricardo dice algo que traiciona toda la película y yo digo: “¡Hijo de tu p$&a madre! ¡Qué buen cierre!”.
Como si fuera una película de terror.
ADAL RAMONES: Al final de cuentas, es algo así como “sí la amo, sí me encanta tu mamá… pero te chingué, ¡cabrón!”.
Hay varios videoclips incluidos en la película que me encantaron. Está el videoclip de Padre e hijo: la corbata, la afectación… es una burla a ese tipo de cine y a la cultura de los videos caseros. Y luego viene algo que yo considero una joya —se lo decía yo a Max, porque no había visto la película—: toda la narración en off y la sincronización de labios con humo, contando el plan, muy de una heist movie. Entonces va contando el plan: llegó la pizza, el rollo le toco el dedo, agarro la champaña… y digo: “es una joya, cabrón”. La parodia está muy bien hecha, muy bien lograda.
Ese plan me recordó también a La Venganza de los Nerds.
ADAL RAMONES: Si, a La Venganza de los Nerds y a Porky ‘s.
MAX DEL RÍO: Me encantan las comedias de esa época. De los ochenta a los dos mil. Son pocas las películas que disfruto tanto, ¿sabes? Me encantan, disfruto mucho de esas pelis. Y creo que A toda madre surgió porque quería hacer una de esas.
Y me imagino que también ustedes la disfrutaron muchísimo.
RICARDO PÉREZ: Sí, pues lo que me gusta es que escenas como la del Cojo con Bombón se sentían casi como grabar Jackass o algo así. Yo me reía detrás de cámara de algo que está haciendo mi amigo, ¿sabes? O sea, se sentía muy de verdad.
ADAL RAMONES: ¡La escena del baño!. Me acuerdo que Max me dijo: “¡Déjate ir, cabrón!”. La escena del baño es eso: “Dale con toda, cabrón!.
RICARDO PÉREZ: De esa escena tuvo que cortar un montón.
HUGO EL COJO FELIZ: Toda la producción vió a Adal prender la máquina que ha ido puliendo a través de tantos años, y entender por qué está donde está. O sea, ya me había tocado alguna vez —la primera vez que grabé STANDParados, cuando él era el presentador— verlo llegar, que le dijeran más o menos de qué iba a hablar y convertirlo en: “ahora sí van a ver a Adal trabajando”.
Eso nos volvió a suceder. Como que todos nos quedamos de: “Nadie diga nada. Déjenlo”.
ADAL RAMONES: Pero te digo que estos cabrones tenían todas las antenas puestas, a cada cosa respondían. Entonces me daban más y no parábamos.
RICARDO PÉREZ: Nos inventábamos los diálogos. Eran cosas que apenas habíamos peloteado. Entonces sí, también para el cojo y para mí, aguantarnos la risa de cosas que estaba haciendo Adal —que no sabíamos qué iba a hacer en esa escena— creo que fue de lo más divertido.
ADAL RAMONES: Hubo mucha libertad y creo que confiaron mucho en nosotros.
MAX DEL RÍO: A mí siempre me dicen: “¿por qué solo haces una o dos tomas?”. Y les digo: “porque me gustan mucho las primeras”. Pero esas de Adal, por ejemplo, la del cuarto, creo que las hice como 5 veces. Pero la verdad, desde la primera salió bien; nada más era de: “otra vez por seguridad”.
HUGO EL COJO FELIZ: Sí, Max tiene un estilo de dirigir en el que dice: “me gusta cuando los actores están casi intentando hacer reír el uno al otro”, como una onda tipo Last One Laughing. “Tú eres la víctima, te voy a poner tetas hasta que te cagues de la risa”, y no rompernos con el diálogo. Es ese flow de: “¡Te voy a hacer reír, cabrón!”
Ahora que ustedes lo mencionan, toda la película tiene un ritmo que parece un trabajo de relojería. A toda madre nunca decae, en términos de mantenernos riendo y dentro de la historia. Pero, al mismo tiempo, está esa improvisación, esa libertad y sentido de la anarquía que tienen las grandes comedias. La cosa no se ve mecanizada, sino muy orgánica y humana.
HUGO EL COJO FELIZ: Sí, tiene que ver con la dirección de Max.
MAX DEL RÍO: Lo digo es: El guión lo “tallereas” hasta que ya por sí solo da risa, y luego vas al set y buscas los mejores chistes. Casi todo lo que sí da risa no es del guion; el guion es como una base.
Como si fuera jazz, una estructura, y sobre esa se improvisa.
RICARDO PÉREZ: Sí, yo creo que ese es un valor que tiene Max y algunos otros grandes directores cuando trabajan con comediantes. Hay quienes entienden que no tienen necesariamente al mismo animal que un actor, y que si le das tantita rienda suelta, te puede dar un diálogo alterno, una reacción distinta a lo que tenías pensado. Y ahí puede salir magia.
Como lo hizo Tom Shadyac con Jim Carrey en Ace Ventura…
ADAL RAMONES: Estos son riesgos que han tomado hasta directores como Martin Scorsese. Tienen a Don Rickles en Casino. O lo que dicen que fue filmar Caddyshack, todo un desmadre.
RICARDO PÉREZ: Creo que esa confianza que nos tuvo Max para dejarnos bailar, y de ahí escoger lo que más le haya gustado, es saber utilizar a su favor esta parte extra que tenemos. Tal vez, si hubiera sido un actor de formación puramente actoral, sería distinto.
MAX DEL RÍO: La verdad, todos ustedes me dan risa. O sea, sí le decía a Ricardo que estaba nervioso, que me pusiera La Cotorrisa. El Cojo igual. Y Adal, obviamente, de toda la vida. Pero, o sea, Ricardo y el Cojo, incluso antes de conocerlos, ya me daban risa.
ADAL RAMONES: Y si supieras más sobre su vida íntima, más risa te daría (risas). Tengo que aclarar algo: El pene que agarro es totalmente falso. Tengo que aclarar eso porque la gente se va a ir solo con eso (risas).
HUGO EL COJO FELIZ: La verdad, yo quería que no lo aclararan para que existiera la leyenda de que posiblemente era real.
MAX DEL RÍO: Justo me senté a editar y le quería quitar tiempo. Pero terminé metiendo minuto y medio más. Le volé un buen trozo a la escena del baño y luego dije: “¡Hey! le voy a dejar un minuto y medio más”.

Adal, tú mencionabas a Zayas; y yo estoy pensando en César Bono, el enano Tun Tún, Luis de Alba ¿Se consideran ustedes como una extensión de esa tradición?
ADAL RAMONES: Yo te voy a decir una cosa: A veces es más la crítica no preparada, o cierto público que cree que los comediantes estamos desconectados. Pero hay una base y unos pilares que son inamovibles.
Cómo lo digas —tu timing, tu tono de voz, tus matices— puede variar, pero hay una mecánica de la comedia: Poner el plato, desarrollar el rollo y tirar el gag final. O sea, hay una estructura que difícilmente puedes cambiar.
Entonces, yo creo que las bases son las mismas; el asunto es el estilo de cada quien. Y yo sí creo que nos complementamos bastante, bastante. Creo que engranamos increíble porque estamos usando el mismo idioma
Es como una evolución.
ADAL RAMONES: Es una tradición. Si yo llegara con el rollo de “me gustaría hacer dramático esto”, rompo el desmadre; el cuate que quiere filosofar rompe el ritmo. Van a una velocidad a la que tengo que sumarme.
Y Max tenía que organizar ese timing. Por ejemplo, la del baño, que tiene tanto movimiento de cámara, debía mantener el mismo ritmo para poder armarla; si no, rompíamos todo el asunto.
HUGO EL COJO FELIZ: Con respecto a conectar con obras de antecesores del mundo de la comedia, yo creo que, con mala intención, hay gente que ve distintas agrupaciones o movimientos culturales dentro de la comedia como si fueran árboles separados. Para mí, todos somos parte de un mismo árbol genealógico.
FOTO 2 Hugo El Cojo Feliz (Cortesía de FICG)
Una misma comunidad.
HUGO EL COJO FELIZ: Sí, tal vez seas de una generación siguiente, pero tienes el ritmo del abuelo, la cadencia de la tatarabuela. Entonces creo que, al mismo tiempo, todos estamos entrando por puertas que otros abrieron antes. Y aunque haya disparidades en cómo lo vemos o en cómo lo entregamos, es un mismo árbol genealógico en el que, generación con generación, se han ido quedando las cosas que se han descubierto y comprobado sobre qué nos hace reír y qué es lo que impregna culturalmente a Latinoamérica en cuanto a la comedia.
ADAL RAMONES: Por ejemplo, está este grupo que se logró, pero también hay otros grupos… Yo soy un idólatra de Monty Python. De repente los ves y dices: ¡Se están burlando del cuate que no tiene pierna!, ¿te acuerdas? El cuate todo el rato está saltando: “¡No me ponen ni una silla para que me siente!”. Y dices: “Es una burla”, y fue a finales de los sesenta.
Ellos dicen: “Me burlo de tu discapacidad”. Y los sacaron en la BBC. Luego piensas: “¿de qué estamos hablando?”. O sea, no estamos descubriendo el hilo negro, sino que todos abrevamos de ese mismo riachuelo.
Bueno, creo que ya no tenemos más tiempo. Yo quisiera agradecerles por su película. Creo que su película da mucha luz en estos tiempos tan oscuros. Espero que el público la reciba como yo la recibí: Con un sentido de liberación, mucha risa, y entendiendo que la comedia es algo muy difícil. Cuando se logra, es toda una maravilla.
ADAL RAMONES: Esto es más liberador que un par de Alka-Seltzers.
Exactamente. Muchísimas gracias por acompañarnos.