Diego Klein es más que una cara bonita

“Estoy seguro de que tengo un rango actoral mucho más largo, mucho más grande”, comparte el actor mexicano

Por HARETH PERAZA |

marzo 18, 2026

9:55 am

Eduardo Ramos

En 2016, Diego Klein dio el primer paso en lo que hoy se puede considerar una exitosa carrera en el mundo de la actuación. A una década de aquel momento, el actor mexicano se ha consolidado como uno de los nombres más cotizados en la industria del entretenimiento hispanohablante. 

Klein comenzó el 2026 siendo el protagonista de la serie Amor de oficina, comedia romántica de Netflix. Posteriormente, estrenó en cines Socias por accidente, película donde interpreta al antagonista y donde comparte pantalla con Bárbara de Regil y Angelique Boyer. Además, en junio será parte del remake de Guardián de mi vida, telenovela que implicó todo un reto físico para él. 

A pesar de que es reconocido por su trabajo tanto en series como películas románticas y cómicas, el rango actoral de Diego Klein se extiende a horizontes que las masas aún no han tenido oportunidad de apreciar. Para él, los géneros no son importantes, lo que importa son los personajes, ya que considera que a través de ellos se genera una experiencia catártica y sanadora tanto para el intérprete como para el público. 

En entrevista con THE HOLLYWOOD REPORTER en Español, Diego Klein habla de sus proyectos más recientes, sus motivaciones dentro de la industria del entretenimiento, cómo ha cambiado la forma en la que construye sus personajes después de diez años de carrera y mucho más. 

Diego, tienes un 2026 bastante movido. Comenzaste con el estreno de Amor de oficina, ahora está en cines Socias por accidente, y en junio llegará Guardián de mi vida. ¿Cómo te sientes en esta etapa de tu carrera? 

La verdad es que estoy en un momento muy, muy, muy feliz. Siento que a veces uno está muy abrumado, o a veces no vas a la par de lo que vas haciendo en tu carrera; hay veces que tu carrera va muy bien, pero tú estás pasando por un momento complicado. Pero justo ahorita estoy en un momento en el que estoy muy feliz y muy orgulloso de todos los proyectos que se han ido sembrando y que van pasando.

Te hemos visto en producciones cada vez más importantes, y en Socias por accidente compartiste pantalla con Bárbara de Regil y Angelique Boyer. ¿Qué te llevas de esa experiencia?

Fue un rodaje fácil, un rodaje que fluyó. La verdad es que fue muy lindo trabajar con ellas. Con Bárbara hice una hermandad desde el principio. Y lo que me llevo es lo mismo que venía hablando de la carrera y de lo personal. En este caso, el proyecto es bueno y la experiencia fue muy buena. 

Todo fluyó muy bien. Desde el lado de producción me trataron increíble. La directora tenía muy claro todo. Todas las áreas funcionaban y yo me la pasé muy bien y disfruté mucho el proceso. 

Eduardo Ramos

A pesar de que los tres son de la misma edad, más o menos, sus trayectorias son muy diferentes y empezaron en momentos muy distintos cada uno. ¿Sientes que eso impacta un poco el estilo de trabajo que tiene cada quien? 

Sí, definitivamente. Venimos de distintos lugares. Creo que soy el de la carrera más reciente. Aterricé en México hace cuatro o cinco años. Yo estaba viviendo en Madrid, estudiando teatro y viviendo de hacer teatro en Madrid. Y siento que soy el de la carrera más joven de los tres. Y siento que, por ejemplo, Angelique está consolidada como la reina de las telenovelas, así que es padre poder estar en su primera película. Y Bárbara, por otro lado, ha hecho diferentes formatos. Su carrera es más parecida a la mía. Ha hecho cine, televisión, teatro. Bueno, hasta realitys ha hecho. Entonces, creo que más que de dónde viene la carrera, lo que ha impactado para mí es el tamaño de las carreras de ellas. Que me parece que están con todo. 

Me llama mucho la atención el lenguaje que se usa en la película porque se usan expresiones fuertes, y eso es algo que cada vez se ve más en producciones mexicanas, ya sea para cine o para televisión. Hace unos años, incluso escuchar un “güey” en el cine o en la TV era un escándalo y ahora ya escuchamos prácticamente de todo. Desde tu punto de vista, ¿a qué crees que se deba que haya este cambio de lenguaje? 

Yo creo que a tratar de no satanizar el lenguaje coloquial, a ser un poquito más cercanos. En lo personal, no estoy nada peleado con las groserías. A mí me gustan mucho. No me la paso diciéndolas, pero hay situaciones dramáticas en donde lo que te nace es una grosería. Creo que la actuación, mientras más orgánica sea y más parecida a la realidad, mucho más empatizas con ella.

A mí lo que me pasa es que, cuando veo esas cosas —cuando no son en exceso, sino cuando realmente viene de alguna necesidad— me lo creo más; me creo más la situación. Si no, luego veo al actor queriendo insultar, pero en realidad tiene que hacer una corrección. 

Sí, claro. Termina con esta sensación de documental mal doblado, ¿no? 

Sí, quiere decir, “¡No mames, no seas pendeja!”, como alguna frase de las que dice Bárbara en la película, y en realidad, si no se pudiera expresar eso, diría, “¡Ay, no seas lela!”, y lo escuchas raro porque sientes que no fue la primera palabra que pensó. 

Hace un momento hablabas de tu experiencia en Madrid, que ahí fue donde comenzaste. ¿Sientes que hay algún aprendizaje, alguna técnica que se use en la industria de allá, que tú hayas implementado en la mexicana? 

La verdad es que estuve en una escuela de un método más Stanislavski, y creo que la combinación de ese método, de esa escuela, con el contexto sociocultural que se encuentra Madrid en cuanto a los artistas —a esto me refiero a cosas como tus compañeros de clase— hacía que la competencia actoral fuera muy grande. Siento que allá hay tan pocas oportunidades —es una industria mucho más pequeña que la mexicana— que el actor tiene que estar demasiado preparado. Entonces, estás acostumbrado a un nivel de compromiso mucho más alto, y aquí como es una industria más grande, es más fácil acceder, así que quizá no se produzca tanta competitividad, aunque tampoco quiero decir que no la haya. 

Eduardo Ramos

Háblame también de esta telenovela en la que vas a estar Guardián de mi vida, ¿qué nos puedes adelantar? 

Definitivamente ya sabemos que es un remake, que es una historia que ya se ha contado, que ya ha sido varias veces un éxito. Yo estoy extremadamente contento con el elenco, extremadamente contento con mis triángulos amorosos. Entre Paulina Goto, Roberta Damián, Pedro Baldo, creo que estamos haciendo un equipo padrísimo. Estoy especialmente ilusionado porque siento que se está viendo de mucha calidad. A pesar de ser un formato largo, de telenovela, en donde se graban muchos capítulos, se está cuidando muchísimo, con mucho detalle en todos los aspectos. Y veo un equipo apasionado por lo que hace y siento que eso va a verse en la pantalla. 

Mi personaje, Chava, es un reto para mí, porque definitivamente es un personaje que tiene unos niveles de dones muy cañones. Sabe hacer todo. Es ninja, pero también hace jiu-jitsu, pero también hace box, pero también toca el piano, pero también nada. Es un personaje que tiene muchas virtudes, y que te lo tienes que creer. Lo que me pasó es que tuve que hacer un entrenamiento físico fuerte para que eso se creyera. Creo que fue uno de los retos importantes que viví ahí para esa creación de personaje. 

Creo que es una historia de amor divertidísima, en donde ves esta combinación de agua y aceite, personajes que vienen de dos mundos opuestos, que quizás si los conoces a los dos tomándote una cerveza, dirías, “Estos dos jamás van a estar juntos”, pero hay algo que los ata y que los atrae el uno al otro que es inevitable, y eso es muy bonito de ver. 

Cuando se presentó la telenovela, aparte de hablar del amor romántico, Juan Osorio, el productor, habló sobre cómo la familia era una pieza clave dentro de la trama. ¿Por qué te interesó a ti formar parte de una historia como esta? ¿Qué te motivó? 

Pues yo creo que el equipo, sobre todo, el elenco. Cuando fui a hablar con Juan, el entusiasmo que tenía, ver la pasión que él le quería meter, me gustó mucho. Vi a un productor ilusionado que me pudo transmitir las ganas de contar esta historia, y eso es como la semillita de donde parte todo, de la ilusión. Y cuando vi el elenco y vi los actores, la calidad humana que tenían, pues dije, “Estoy dentro”. 

¿El equipo con el que vas a trabajar es importante para que tú escojas un proyecto? ¿Qué otros factores tomas en cuenta a la hora de determinar en qué producciones vas a participar? 

Soy mucho de instinto. A mí me gusta mucho confiar en lo que siento. Siempre veo el mapa general: el formato, el equipo, el canal, el horario. Entonces, cuando veo que todas las cosas apuntan a que sí, y lo siento, y tengo ganas de saber más de ese proyecto, escucho esa intuición y digo, “Ah, esto es que sí la quiero hacer”. Cuando es un no, todo es más confuso, más enredado, empiezan a haber más contradicciones.

Al final del día se trata de que te sientas seguro del proyecto, ¿no?

Sí, es eso. Buscar seguridad.

Súper. La telenovela es un género que se ha convertido en un emblema del entretenimiento hispanohablante, sobre todo aquí en Latinoamérica. Sin embargo, las generaciones más jóvenes a lo mejor no le prestan la misma atención que a otra clase de producciones. ¿Sientes que es importante mantener vivo este género? 

Es un género que pertenece a la cultura mexicana. Ya está muy integrado en la sociedad. Soy de la idea de que el contenido que se haga, en el formato que sea, lo importante es que busque hacer un bien o impactar a la sociedad de buena manera con sus mensajes. En este caso, yo creo que la telenovela es un formato extraordinario. Aunque la juventud está muy metida en el TikTok, te sorprenderías de la cantidad de chavitos que ven telenovelas. Lo noto porque obviamente a veces en la calle de pronto te paran y dices, “Órale, ¿en qué momento lo vieron?”, y esto pasa en todos los extractos sociales. Al final,  la telenovela entra en todos los Méxicos que existen.

Eduardo Ramos

Me gustaría preguntarte por el romance como género, porque ha sido una pieza importante en tu carrera. ¿Qué es lo que crees que te inclina hacia ese lado de la industria? 

Definitivamente disfruto muchísimo de las historias de amor. Soy un romántico de closet y, a través de mis historias, de mis personajes y todo, puedo expresar esa parte romántica que yo ya tengo y que son los ojos con los que veo la vida. A mí me encanta poder vivir estos romances. 

También siento que fui un gran consumidor. Me gusta mucho ver esas historias. Entonces, me encanta tener el honor de poder hacerlas. No significa que solo quiero hacer romance, pero los disfruto genuinamente porque soy un melodramático también.

Acabas de decir que te gustaría explorar también otros géneros. ¿Hacia dónde te gustaría mandar tu carrera en ese sentido? ¿Qué otros géneros te gustaría explorar? 

Más que pensar en un género, quiero pensar en personajes. Creo que se ha visto una parte de lo que puedo dar, pero también estoy seguro de que tengo un rango mucho más largo, mucho más grande, en donde puedo llegar a explorar personajes tanto más oscuros como más tontos y livianos. Siento que apenas estoy empezando y esto me está ayudando a que quizá más adelante me den la oportunidad de probarme en cosas en la que jamás se me ha visto y que jamás pensarías que yo podría hacer. Eso es lo que más me gustaría.

¿Has pensado en algún concepto en el que te gustaría profundizar con un personaje?

Algo así como Bastardos sin gloria, como el nazi hijo de la chingada. Siento que me gustaría poder explorar eso. Me da mucho miedo y mucho vértigo verme ahí también, pero eso es una gran señal de que ahí hay un buen material para poder.

Eso sería muy interesante, sin duda. Y este año cumples una década de carrera como actor profesional. Tu primera obra fue en 2016. ¿Cómo ha cambiado la forma en la que estudias a tus personajes para buscar comprender sus emociones o su lado humano?

¡Qué cool! Ni me había dado cuenta. 

A veces, yo tenía mucho miedo cuando creaba los personajes. Los creaba desde un sitio de mucha inseguridad, creyendo que no era capaz de llegar nunca al personaje, así que ensayaba de más. Estaba obsesionado. A veces hasta en mi casa me escondía del personaje por miedo a no perderlo. Siento que esas son cosas que a veces nos pasan a los actores. Y últimamente he reflexionado mucho y entendí que una de las virtudes más grandes del actor es la confianza y que construir desde la confianza. Y ahora hago lo contrario. Cuando empiezo a sentir miedo y pienso, “Ay, es que no lo voy a encontrar. Tengo que ensayar”, me digo, “No ensayes. El personaje solito va a llegar”. 

Tengo cierto misticismo con los personajes. Siento que los personajes te escogen, no tú a ellos. Y eso también hace que tenga cierta filosofía y que el proceso de llegar al personaje sea una cosa muy, muy romántica y muy, muy mística. Como de, “Ya iré encontrando al personaje y el personaje irá hablando a través de mí”. Ahora soy más de la idea de fluir y dejar que el personaje vaya saliendo sin yo tratar de acotarlo. Estoy más abierto a ir encontrándolo, con mis compañeros, ir encontrándolo en el set, con el vestuario. No tener prisa por tenerlo ya tan cerrado.

Perfecto. Y háblame también de tus objetivos. ¿Qué es lo que quiere Diego Klein en la industria del entretenimiento? 

Convertirme en uno de los mejores actores de este país. Amo profundamente esta profesión. Creo que le he echado muchas ganas. Llevó muchos años haciendo teatro, mucha preparación. Y digo, yo también estudié filosofía. Soy de la idea de que un actor tiene que estar preparado mentalmente, corporalmente, vocalmente. Había un entrenamiento y yo siempre he sido muy competitivo.

Me gustaría poder contar historias increíbles y poder dignificar personajes que marquen a las personas y poder contar historias que crea que puedan impactar.

Eduardo Ramos

Ahorita que hablas de dignificar personajes, el arte tiene un poder catártico, ¿tú qué experiencia catártica has tenido con un personaje? 

No te puedes imaginar todo el trabajo, toda la catarsis que yo he hecho. No nada más con personajes, sino con el teatro y con la actuación en general.

Soy un güey muy inquieto, soy un güey que tuvo muchos conflictos en su infancia, como ser la ovejita negra, medio incomprendido, muy, muy inquieto, el que se porta mal. Y a través de la actuación, hice una catarsis de mi vida y toda esa inquietud y toda esa explosividad la pude canalizar en un lugar. Entendí vivencialmente lo importante que es el arte para sanar a uno.  Y también me he dado cuenta y he sido testigo de las catarsis que hace el público con tus mismos personajes. Realmente es fundamental el arte para el mundo. 

Por último, Diego, ¿hay algún otro proyecto que tengas en puerta del que te gustaría platicar? 

Tengo una serie de HBO que se estrena este año con Margarita Rosa Francisco, Macarena Chaga y esa es como un Succession mexicana que me ilusiona mucho. Todavía no tengo la fecha de estreno, pero me ilusiona mucho. También tuve el honor de grabar la serie de Señoras mal, que es como el spin-off de Niñas mal y también me ilusiona mucho ver el resultado. 

HARETH PERAZA

Redactor / Community Manager

Redactor y community manager para The Hollywood Reporter en Español. Con una mirada objetiva hacia el entretenimiento, busca desentrañar los procesos creativos y el impacto de cada obra que retrata en sus textos.

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