Cartagena suele aparecer asociada a la fiesta y a los precios altos. Esa imagen existe, pero no alcanza para explicar lo que pasa hoy en la ciudad. A comienzos de este año, Portia Hart fundó Nuestra Cartagena, un colectivo que reúne diecisiete proyectos locales con la intención de mostrar un panorama más amplio. Trece de ellos están dirigidos por mujeres con trayectorias poco habituales en la industria turística.
En sus primeros meses la iniciativa gestionó más de diez visitas de prensa internacional. Ese esfuerzo permitió que la ciudad apareciera en medios como The New York Times, Forbes, The Telegraph, OK Magazine y Harper’s Bazaar. También consiguió portadas impresas en Aire de Aeroméxico y en Reforma México. Para las integrantes del colectivo, esta visibilidad responde al interés de contar una historia que rara vez aparece en la narrativa turística dominante.
La chef Carmen Ángel, fundadora de Grupo Carmen, explica ese punto con una frase clara. Dice que mucha gente imagina a Cartagena como un destino de rumba o de turismo de baja calidad, incluso dentro del país. Señala que en la ciudad están surgiendo negocios independientes que trabajan desde otras lógicas y que buscan mostrarlo sin exageraciones.

Las trayectorias dentro del colectivo incluyen una abogada que dejó los bufetes de Cali para dedicarse a la pastelería experimental, una gemóloga formada en China que hoy dirige la joyería más antigua de la ciudad, una periodista inglesa que lidera un programa de reciclaje y una banquera belga convertida en hotelera que aplica principios de yoga a su forma de gestionar equipos. Hart describe esa diversidad con otra observación contundente. Afirma que las mujeres colombianas son creativas y líderes naturales y que en el país se ha sentido más aceptada como empresaria que en Europa.
La iniciativa nació también como reacción al aumento del turismo barato y del turismo sexual que ha afectado la imagen y el tejido social de Cartagena en los últimos años. Las fundadoras sostienen que buscan recuperar la reputación de la ciudad y fortalecer un modelo en el que el turismo genere beneficios para quienes viven allí. Hart resume esa intención al afirmar que quieren que las voces locales se escuchen afuera y que los visitantes vengan con la intención de aportar y no solo de aprovechar.

La artista cartagenera Diana Herrera Ordosgoitia acompaña el proyecto con retratos de las mujeres del colectivo en su trabajo diario. Las imágenes buscan mostrar una Cartagena que no siempre aparece en la mirada del visitante y que las integrantes de Nuestra Cartagena quieren posicionar en la conversación pública.
Con ese conjunto de esfuerzos, Nuestra Cartagena intenta abrir una conversación distinta sobre el futuro del turismo en la ciudad. No buscan reemplazar la imagen de fiesta ni negar lo que existe, sino ampliar el cuadro con historias que también forman parte del tejido local y que rara vez ocupan espacio en la agenda internacional.
