Dear Killer Nannies: Criado por sicarios: La infancia bajo fuego

Los actores John Leguizamo y Juanita Molina, así como sus creadores Sebastián Ortega y Sebastián Marroquín, nos hablan sobre la responsabilidad de contar una historia real desde la mirada de un niño

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME y PABLO MONROY |

abril 7, 2026

3:57 pm

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El estreno de Dear Killer Nannies: Criado por sicarios, basada en la vida de Sebastián Marroquín (nacido como Juan Pablo Escobar Henao), ha reactivado el debate sobre cómo representar una historia marcada por la violencia sin caer en su glorificación o romantización. Con John Leguizamo interpretando a Pablo Escobar y un elenco que incluye a la actriz Juanita Molina, quien interpreta a Angie, la sicaria convertida en niñera, la serie propone un cambio de perspectiva al contar todo desde la mirada de un niño que creció sin elegir ese entorno. En esta conversación, los creadores de la serie Sebastián Ortega y Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar), así como Juanita Molina y John Leguizamo, hablan sobre memoria, responsabilidad y los límites entre la realidad y la ficción.

Sebastián Ortega – Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar)

Es complicado contar historias reales desde la ficción, más en este contexto tan delicado, y cuando se tiene un objetivo como el suyo, que es que no se repita algo así, ¿cómo navegaron esta triple posición entre memorias personales, la memoria histórica y la construcción dramática?   

Sebastián Ortega: Primero, se tuvo que hacer un trabajo de investigación. En nuestro caso de juntarnos los dos frecuentemente para hablar durante muchas horas y así poder entender realmente lo que atravesó él como niño. Porque solamente él puede contar esta historia y solamente él estuvo tan cerca de su padre durante tantos años. Él fue la última persona en hablar con su padre antes de que lo mataran, y estuvo ahí siempre presente. Para mí, como productor, tener la posibilidad de contar con su relato era fundamental. 

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): Para mí, ni hablar, contar con Sebas me ayudó a conciliar esa realidad que viví y poder adaptarla a la ficción sin caer en el error de glorificar a mi padre, o de invitar a otros a que puedan llegar a comprender, erróneamente, que ese es el camino hacia el éxito. Poder conciliar eso se complementó muy bien con mi voz en off, que expresa ese sentimiento mucho más íntimo, real y personal. Creo que ahí el relato deja de ser ficción en algún punto y pasa a tomar unos tintes de realidad tremendos. 

Este es un proyecto que implica una gran responsabilidad, lo sabrán mejor que nadie, pero ¿cómo abordan ese tema de cargar con una responsabilidad tan grande de contar una historia tan delicada? 

Sebastián Ortega: Yo creo que, pararse del lado de la verdad es una garantía, porque claramente la historia del padre no tuvo un final feliz. Me imagino que sería mucho mejor que pudiera estar libre y disfrutando del hijo si no hubiese cometido las malas decisiones que cometió a lo largo de su vida. Y para el hijo poder estar disfrutando de la presencia del padre. Pero parándose desde el lado de la verdad y viendo los resultados, queda más que claro que ese no es el camino. 

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): En mi caso, la cruda verdad es a la que yo me dedico no solo en este proyecto puntual, sino en todos en los que he participado para dejar un mensaje inequívoco y sin medias tintas de que aquí no hay nada bonito para imitar y no hay nada que valga la pena seguir. No pueden salir buenas ideas ni buenos proyectos de tanta maldad. 

Sé que realizas muchas actividades de prevención del delito y este tipo de series siempre suelen abrir el debate de la romantización del crimen. Entonces, ¿cómo darle la vuelta y convertirlo en una historia y una herramienta de consciencia y no en un producto que ayude a repetir estos ciclos?  

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): Para mí tiene que ver con que, en primer lugar, mi padre no es el protagonista, soy yo. Pero no es la persona que estás viendo ahora, es ese niño, ese pequeño que después se convierte en adolescente, que trata de superar una gran cantidad de situaciones que no tiene idea de cómo manejarlas. Entonces creo que ahí es en donde hay un cambio muy fuerte en la perspectiva. 

Sebas, de una manera muy talentosa, pudo manejarlo con mucho respeto y cuidado por el mensaje que estamos dejando. Es cierto algo que decía Sebas, y es que a lo largo de la serie no ves ni siquiera un kilo de cocaína, es decir, no estamos ni aplaudiendo, ni romantizando, ni empujando a otros a que entren a esas actividades ilegales porque somos muy conscientes del nivel de peligrosidad y de la responsabilidad que nos ocupa frente al mensaje que queremos dejarle a la sociedad. 

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Muchos actores han interpretado a Pablo Escobar y a veces ha sucedido que lo hacen de una manera empática, Esto no es lo que querían lograr en este caso. ¿Cómo fue la aproximación al casting y cómo seleccionaron a John Leguizamo como Pablo Escobar? 

Sebastián Ortega: En realidad, en un principio pensábamos que iba a ser un actor colombiano. Pero gracias a Dios la gente de Disney analizó el proyecto antes de que empezáramos a grabarlo y vieron que tenían entre manos algo muy potente, y decidieron traer un actor de un alto calibre como lo es John Leguizamo, quien además es de origen colombiano, y así nos regalaron esa posibilidad de poder contar con él y su talento. 

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): En mi caso, tuve la oportunidad de hablar con él, compartir, mostrarle videos caseros de mi padre, contarle cómo era él en la cotidianidad, hablarle de detalles íntimos para que él pudiera interiorizarlos en su personaje. Pero nunca desde el punto de vista de querer hacer un personaje carismático, y que otros quisieran seguir su legado criminal. Creo que siempre hicimos énfasis en eso y John lo pudo percibir con claridad. 

¿Qué preguntas o curiosidades tenía él sobre tu padre?

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): Quería saber cómo era. Fue muy limitado el tiempo que tuve para hablar con él, creo que no lo dejé ni hablar. Lo dejaba preguntar, pero rápidamente le decía: él caminaba así, así trataba a las personas, le mostré videos caseros en momentos que estábamos conversando. Creo que eso le pudo ayudar a él a entender quién era el verdadero Pablo Escobar. 

¿Qué tanto fue un proceso de reconstrucción de memorias y qué tanto fue un proceso de enfrentarte con cosas que tal vez habías querido olvidar?

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar):  Para mí fue una mezcla de las dos cosas. Fue reconstrucción y enfrentamiento, pero más que nada, fue empezar a pensar cuál era el efecto que cada uno de estos momentos creados desde la ficción iba a causar en los jóvenes principalmente, ya que ellos son el futuro de nuestra humanidad y a quienes no les queremos sumar más proyectos donde lo único que se ha hecho es glorificar la actividad criminal de mi padre. 

Nos contabas que parte de esto te hizo recordar cosas eran las conversaciones con Janer Villarreal, quien te interpreta en la adolescencia. 

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): Claro, él tiene un nivel de profundidad en las conversaciones y preguntas que se salen del estándar al que estoy acostumbrado a escuchar, pues siempre enfrentamos las mismas historias y los mismos hechos. Yo creo que justamente es tan evidente que estamos hablando de una perspectiva totalmente novedosa, que te das cuenta cuando yo tengo que pensar una respuesta, y con Janer las tenía que pensar porque no me sabía ninguna de las preguntas que me hacía. Estábamos abordando una parte de nuestra intimidad y de nuestra vida que nunca nadie había querido tocar. 

Se tratan traumas o miedos muy concretos, como la parte del hombre quemado. 

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): Te voy a contar una anécdota sobre eso. Cuando mi esposa me acompaña, porque Sebas nos hace el honor de mostrarnos como va su trabajo, mi esposa queda en shock con esa escena, y me dice “¿Cómo es posible? Eso nunca sucedió, eso no es así, no es el papá que yo conocí.” Y yo le dije, “Llevo 30 años contigo y nunca te había contado esto, pero así sucedió”. Es decir que, a pesar de la intimidad con tu propia esposa, que es tu confidente, y con quien no deberías de tener ningún secreto, aun así, las personas más íntimas de mi propia familia no estaban enteradas de las historias que yo viví. 

¿Y qué se siente hacerlo público?

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): Es duro. La verdad yo no siento ningún orgullo en mostrar ese nivel de violencia, pero siento que estamos dejando un testimonio de una historia muy difícil de enfrentar para todos. Al final, es una historia de redención, es una historia que busca a través de la resiliencia, dejar un mensaje de esperanza para la juventud. 

La serie trata muchas dualidades, y una de ellas es el cariño y admiración que tú tenías por tu padre y luego darte cuenta de lo que hace. ¿Hay algo todavía de ese cariño que queda? Y si es el caso, ¿cómo ponerlo en la serie cuando el objetivo es no idealizarlo?

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar): Justamente yo creo que eso se ve en el trato, en los abrazos que mi padre me da, que es exactamente igual a como yo lo viví en mi cotidianidad. Tampoco se trataba negar como se vivía en ese círculo íntimo en la familia, creo que el amor no nos quita el conocimiento. Es decir, yo soy muy consciente del daño que mi padre le hizo a la sociedad y a nuestra propia familia, por supuesto, con sus acciones y consecuencias. Pero siento que ese amor también me permitió hablar con libertad de lo que él hizo y lo que no, y yo no esperé a que mi padre muriera para recriminarle lo que hizo, se lo dije en vida y no me guardé nada. Entonces siento que tuve la oportunidad de decirle todo lo que sentía, pero tampoco se trataba de negar ese ambiente cálido que se vivía al interior de la familia.

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Juanita Molina – John Leguizamo – Janer Villarreal

¿Cómo se sintieron viendo los primeros episodios en la pantalla grande? 

Juanita Molina: Fue una sensación que creo que ninguno esperaba, porque ya habíamos visto la serie, pero haberla visto en pantalla grande, yo no sé si los otros lo sintieron, pero había una energía dispuesta, distinta. Creo que, por estar tan metidos en el proyecto, a veces se olvida tomar distancia. Ayer fue el día de tomarla y ver la crudeza de la historia que estábamos contando. 

Janer Villarreal: Fue muy confrontativo, recuerdo. Justamente estábamos hablando de eso ahorita, verlo en pantalla chica y ahora en pantalla grande, genera una sensación interna confrontativa y muy fuerte. Creo que esa fue la sensación que perduró en los tres capítulos. Y también hay otra sensación muy bonita, y es que por más crudo que pudo llegar a ser, el público tuvo una aceptación muy buena. 

¿Pueden darme una breve introducción de sus personajes? 

Janer Villarreal: (Juan Pablo) es un personaje atravesado por la violencia, lleno de muchas contradicciones humanas, y esas mismas contradicciones hacen que sea precisamente lo más sincero y lo más humano que se ha podido mostrar en pantalla. Es un personaje que se ve confrontado a lo largo de la historia por sus decisiones, y sus decisiones son las que lo llevarán a un nuevo camino, a sobrevivir, a encontrarse con lo que más añora y ama, que es la tranquilidad de una vida en paz.

Juanita Molina: Angie es la energía femenina dentro de este mundo de hombres. Es una chica que vive en un grupo de hombres. Ella empieza a ser parte de este mundo sin medir a lo que esto va a llegar. Yo definiría el viaje de Angie como un viaje de conciencia. Es un personaje que también deambula muchas contradicciones, entre ser maternal y poder ser tierna y amorosa, pero puede ser muy oscura, violenta y agresiva. Siento que su viaje es el de parar, observar, y empezar a cuestionarse el entorno del que ella ya es parte.

John, ¿qué te motivó a interpretar a Pablo Escobar en un momento en el que su figura ya ha sido ampliamente representada y sigue generando tanto dolor?

John Leguizamo: Tú sabes que han hecho muchas versiones de Pablo. Parece que todo actor latino o norteamericano tiene que hacerlo: Benicio del Toro lo hizo, Javier Bardem lo hizo, Wagner Moura lo hizo. Entonces esta era mi oportunidad de hacerlo mejor que cualquiera de ellos, menos Andrés Parra, el colombiano, claro, porque para mí ese es el referente más auténtico.

Yo creo que les gané a los otros porque estudié la voz, los manierismos, la psicología de Pablo para hacerlo lo más preciso posible. Pero lo que más me gusta de esta serie es que, aunque Pablo es una figura fascinante —el gánster más rico de la historia, alguien que pasó de la pobreza en Latinoamérica a acumular una fortuna inmensa—, aquí no se trata solo de eso.

Lo interesante es que contamos con Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar) como consultor. Él habló con los guionistas, así que no estamos viendo diálogos inventados, sino palabras vividas, cosas que realmente ocurrieron. Cuando leí los guiones, sentí una emoción muy fuerte porque todo se sentía real.

Justo toda la historia está atravesada por esa dualidad muy marcada, que obviamente se refleja más en la figura de los nannies, pero Juanita, ¿cómo abordaste esa tensión entre la ternura y la violencia en tu personaje? 

Juanita Molina: Creo que me anclé mucho en las relaciones, porque yo siento que uno muestra ciertas partes de su personalidad, depende de con quién se está relacionando. Entonces, era fácil en ese sentido de que cuando estábamos con el niño. Los niños siempre invitan a eso: juego, diversión, ternura. Hicimos todos un vínculo muy especial con los niños fuera de set, y eso nos facilitaba llegar al set a jugar y a reírnos. Y ya teníamos todas las otras escenas en donde la historia se empieza a abrir y podemos empezar a ver de qué manera se enfrentan ellos al trabajo, a sus propios problemas, a sus propios cuestionamientos. Entonces, ahí era la oportunidad para poder deambular entre esas otras cosas. 

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¿Cómo abordaste esa dualidad de Pablo Escobar como narcotraficante y, al mismo tiempo, como padre?

John Leguizamo: Fue muy interesante porque Sebastián me dio muchos detalles. Me dijo que su padre hablaba en voz baja, siempre calmado. También me explicó que en la Colombia de los años 80 los padres no besaban a sus hijos, no les decían que los querían, no los abrazaban, y mucho menos en público.

Pero Pablo, como vivía con la muerte siempre cerca, sí lo hacía. Lo besaba en público, lo abrazaba, le decía que lo amaba. Y eso, de alguna manera, cambió la forma en que muchos hombres se relacionaban con sus hijos en Colombia. Ahí es donde está el matiz: los asesinos no son blanco o negro, son grises. Puedes ser un criminal y al mismo tiempo ser cariñoso. Y entender eso es clave.

Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar) compartió unas palabras muy bonitas de tu trabajo con él, que estabas muy interesado en platicar con él y en que te compartiera a fondo sus vivencias. ¿Cómo fueron esas pláticas? ¿Qué te interesaba saber sobre él para construir tu personaje? 

Janer Villarreal: Bueno, sí, hubo una intención constante de conocer el relato desde su voz, que creo que le da una profundidad distinta porque se entiende desde otro punto. Intenté llevar mi trabajo desde ahí, pude fácilmente trabajar con el guion, las entrevistas que había visto, los documentales que había visto, lo que pude haber leído, pero no quise quedarme con eso. Quise también llevar mi trabajo hacia un punto donde se sintiera mucho más cercano al relato original y siempre tuve la ayuda de él para tener una charla, para hacer cualquier pregunta y creo que le dio una profundidad distinta a mi trabajo, acompañado también de la relación con los directores, con mis compañeros, lo que significa atravesar esa historia en el contexto que se creó en el set.

¿Conversaste con él sobre sus vivencias con los nannies

Juanita Molina: No, nuestro puente era Janer en ese momento. Yo vine a conocerlo acá en Francia.

Desde una mirada psicológica, se ha dicho que Pablo Escobar podría ser un sociópata. ¿Qué opinas?

John Leguizamo: Yo creo que sí. Los sociópatas pueden tener dos lados que no se conectan. Él podía sostener un imperio matando a miles de personas inocentes, y al mismo tiempo ser amoroso, divertido, cercano con su familia y su entorno. Eso, para mí, es un sociópata.

En la serie, tu personaje funciona casi como una presencia constante, incluso cuando no está en pantalla. ¿Cómo trabajaste esa energía?

John Leguizamo: No fue fácil, porque ya hay muchas interpretaciones previas. Yo tenía que estudiar el acento, los gestos, pero también poner algo mío, mi propia interpretación. Con la ayuda del guion, los directores y el propio Sebastián Marroquín, traté de construir un Pablo que fuera un hombre violento, sí, pero también un hombre seguro de sí mismo, tan poderoso que podía permitirse ser suave, amoroso, incluso dulce. Eso es fascinante: se necesita ese nivel de poder para romper con ciertas ideas tradicionales de masculinidad.

¿Cómo trabajaste esas escenas más contenidas, donde no hay violencia explícita?

John Leguizamo: Yo soy padre, así que entiendo ese amor. Es algo muy poderoso, probablemente lo más importante en mi vida. Y hay algo que se dice mucho sobre los criminales: que no deberían tener familia, porque eso los vuelve vulnerables. Creo que eso fue lo que le pasó a Pablo. Se volvió vulnerable. Tenía que esconderse para protegerlos, incluso usarse como señuelo para que no los atacaran a ellos.

Es muy fuerte: amas a tu familia, pero no puedes estar con ellos porque tu presencia los pone en peligro. El hijo, por ejemplo, no podía ir al colegio con normalidad. Los otros niños le tenían miedo. Terminó creciendo rodeado de sicarios que hacían de niñeras, que se volvieron su familia. Pero Pablo no podía controlarlos del todo, y eso llevaba a situaciones extremas.

Entonces surge la pregunta: ¿cómo procesa un niño todo eso? ¿Cómo lo entiende? Ahí es donde ocurre la ruptura. Y eso es lo que más me interesó de la serie: entender por qué el hijo no siguió los pasos del padre, cómo logró romper con ese legado.

¿Con qué nivel de responsabilidad se llega a aceptar un proyecto como éste? Que obviamente toca una temática fuerte para países como Colombia u otros que lo han vivido.

Janer Villarreal: Pues la responsabilidad para realizarlo primeramente tiene que ser bastante grande, porque no habla de un tema fácil, habla de un tema que toca heridas y cicatrices que no han sanado completamente y ahí está la responsabilidad. Puede llegar a ser muy confrontativo, muy juzgado dentro de algunos contextos, pero creo que dentro de lo difícil que puede llegar a ser, en el verlo está la verdadera esencia de este proyecto, que llega a ser incluso un espejo frente a nuestra propia humanidad y que habla de temas muy incómodos y sienta y establece una conversación permanente sobre la relación que tenemos con la violencia. 

Porque para atravesar y sanar ese dolor interno, hay que atravesar justamente ese dolor desde un lado incómodo, desde un lado donde sabemos que va a lastimar un poco, pero sin la intención de lastimar, solamente para reconocerlo. Y creo que, reconociéndolo, se hace conciencia y se sensibiliza a una sociedad, ojalá en el futuro, mucho más empática, mucho más, valga la redundancia, consciente del dolor y de la violencia. 

FOTO – Cortesía

Y desde el planteamiento que se les hizo, ¿qué diferencias notaron entre este proyecto, y algunos otros que glorifican la violencia o el crimen? 

Juanita Molina: Pues creo que el punto de vista era todo lo que hacía que esta historia no fuera una historia sobre narcotráfico. Nosotros siempre hemos dicho que esta es una historia de cómo a un niño le toca vivir bajo un contexto que él no escoge, y de cómo al final uno es quien decide qué hace con la maleta que le tocó cargar. Es una historia que sí pasa en un contexto muy difícil, en una época muy difícil para Colombia, pero la serie no va de eso, entonces creo que, desde ahí, esta serie no es una más, sino que presenta un punto de vista que nunca se había tocado. 

Janer Villarreal: Eso es. Es una serie contada a través de los ojos de un niño. Es la historia de un niño que vivió y normalizó su vida sin darse cuenta, porque no la eligió. Porque no conocía otra cosa, no conocía lo que era normal. Para él eso era lo normal y creció creyendo eso y se dio cuenta que en su futuro iba a vivir las consecuencias de ese mundo que normalizó. 

Y tuvo que crecer rápido, lo sacaron de su infancia. 

Juanita Molina: Imagínate, cada vez que yo veo la serie, pienso que cuando todo eso empieza a pasar, la serie juega con estos dos tiempos, pero en el presente él tenía 15 o 16 años, ¿quiénes eran ustedes cuando tenían 15, 16 años? Son muchas las cosas que te obligan a madurar muy rápido.

El personaje vive bajo esta amenaza constante, con el peligro en su día a día.

Janer Villarreal: Peligro constante, con la muerte al lado. 

¿Cómo trabajaste tú esa tensión entre el miedo, pero también el tener que mostrarse fuerte? 

Janer Villarreal: Algo que siempre pensé fue en la sensación de constante pérdida. Creo que es un personaje llevado desde ahí y era uno de mis ejes principales para poder trabajar las escenas en todas las etapas. Porque es un personaje que se ve desde etapas tempranas a expensas de perderlo todo; perder a su padre, perder la cercanía con su familia, perder a sus familiares. Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar) me contaba algo muy interesante y es que él normalizó la sensación de la muerte dentro de sus amigos porque hoy podía fácilmente tener a su amigo y la otra semana no, “¿Qué pasó? No, él ya no está. Murió”. 

Esa sensación de pérdida constante es muy dura, muy incómoda. Habitarlo desde ahí siendo una persona bendecida y privilegiada con un contexto familiar bastante tranquilo, fue muy retador. Pero creo que puntos de eje, como el que te estoy mencionando, me daban a mí una mirada muy distinta de por dónde se sentiría eso que quiero o que siente el personaje. No tengo que vivirlo para que se vea, pero la sensación interna se exterioriza y muestra algo que es cercano, que intenta acercarse a lo honesto. 

John, ¿qué lugar ocupa este papel en tu carrera?

John Leguizamo: Es uno de los mayores retos que he hecho. Siempre quise interpretar a Pablo, porque soy colombiano y quería ofrecer una versión distinta. Fue muy difícil: por el idioma, el acento, por todo lo que ya se ha hecho antes. Pero me gustan los retos difíciles.

ANDRÉ DIDYME-DÔME y PABLO MONROY

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