“Es imposible no hablar sobre violencia cuando el mundo se cae a pedazos”, Astrid Rondero y Fernanda Valadez

Las directoras de Sujo hablan sobre su apuesta por un cine que nos ayude a mirar y confrontar nuestra realidad, sus nominaciones a los Premios Ariel y sus próximos proyectos cinematográficos

Por KARLA LEÓN |

agosto 19, 2025

11:01 am

Crédito: Cortesía

“¿Quién te contó esas historias?”, le pregunta Sujo (Juan Jesús Varela) a Nemesia (Yadira Pérez), en medio de una oscuridad envuelta por pavesas que titilan al viento e intentan iluminar una casita que subsiste en Tierra Caliente, Michoacán. “Nadie, ahí estuvieron siempre”, le responde. En pocos días, este lugar, arropado por la maleza y un cielo estrellado, se convirtió en el refugio de un nuevo huérfano por la violencia, condenado a repetir el destino de su padre, un sicario. 

En Sujo, Astrid Rondero y Fernanda Valadez retoman la dolorosa crisis de violencia que abordaron en Sin señas particulares —y que también atraviesa Los días más oscuros de nosotras—, y se unen para construir una historia que nos hace preguntarnos constantemente: ¿Es posible sobrevivir a un entorno impuesto por el crimen organizado? ¿Se puede alterar un destino que parece escrito? ¿Qué papel jugamos quienes observamos desde la periferia?

Las respuestas de las cineastas mexicanas se desarrollan a través de la vida de Sujo, un niño que crece, juega, anhela, experimenta y se transforma como un acto de resistencia. “En todos los países existe esta dicotomía: una lucha por estos grandes ideales sobre la educación, la igualdad, una vida justa y, al mismo tiempo, cosas tremendas que hacen que muchos chicos sean arrojados hacia los márgenes de la violencia”, cuentan Astrid y Fernanda a The Hollywood Reporter en Español

Sujo —que obtuvo el Gran Premio del Jurado en la Competencia Mundial de Cine Dramático de la 40.ª edición del Festival de Cine de Sundance— plasma, además, temas universales como la masculinidad, la banalización del espectáculo, el desplazamiento forzado y la migración. Así, el cine de Astrid y Fernanda confronta, pero también ofrece una mirada profundamente humana, mientras demuestra su compromiso por contar historias que trascienden más allá de la pantalla. 

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Después de participar en más de 60 festivales internacionales —como San Sebastián, Toulouse, Sofía y Palm Springs—; obtener tres premios en el Festival de Morelia (Mejor Película, Dirección y Guion); y recibir una candidatura a Mejor Película Iberoamericana por la Academia de Cine de Brasil, Sujo sumó 13 nominaciones a los Premios Ariel, incluyendo Mejor Película, Dirección, Fotografía, Edición y Música.

Juan Jesús Varela —nominado anteriormente por Sin señas particulares—, Alexis Varela y Jairo Hernández, todos actores guanajuatenses, también figuran entre los seleccionados. En esta edición, Astrid Rondero destaca como la directora con más postulaciones, seguida por Fernanda Valadez. De cara a la gala, ambas realizadoras ya trabajan en el desarrollo de sus próximas películas.

“Hay una insistencia por distraernos con otras cosas, mientras el mundo y el país se caen a pedazos. Es imposible no hablar de la violencia cuando pensamos en un país como este”, afirma Astrid. “Para nosotras, el cine es preguntarnos por el mundo, por todo aquello que amamos, pero también por lo que nos preocupa e inquieta. En ese sentido, nuestro cine siempre va a ser una búsqueda por cuestionar y entender”, complementa Fernanda. 

Desde uno de los estudios que vio nacer el guion, la música, los personajes y los primeros cortes de Sujo, las cineastas mexicanas comparten su visión en torno al cine que nos ayuda a confrontar la realidad, las lecciones que les dejó esta producción, y las historias  que contarán en el futuro.

¿Por qué es importante contar la historia de la violencia que vive nuestro país, desde la perspectiva y la experiencia de los que se quedan?

Astrid Rondero: Es una pregunta que también nos hacemos mucho: ¿Para qué seguir hablando de la violencia? Creo que nos respondemos a través de nuestras propias biografías: queremos seguir haciendo un cine que nos ayude a mirar y confrontar nuestra realidad, pero también nuestra participación dentro de ella.

El cine es un lugar seguro y nos da la oportunidad de imaginar otros caminos, que es un poco lo que pasa con Sujo. En la película están todas estas mujeres que intervienen en la vida del personaje, y surgen preguntas como: ¿Qué es lo que uno sí puede hacer por la vida de los otros?

Los que habitamos México somos los que nos quedamos. Los rastros de la violencia que hemos vivido, en los últimos 20 años, son muy palpables en las nuevas generaciones; ellos son los hijos, los descendientes, los huérfanos. Para Fernanda y para mí era muy importante, particularmente en Sujo, hablar de los otros protagonistas que no vemos en las narrativas actuales que retratan la situación del país.

Pasa también con Sin señas particulares, con esta madre que está habitando un territorio de violencia y que va en busca de su hijo. Esos personajes no son los más tratados cuando se plasma esta crisis, pero son ellos en los que podemos encontrar los daños reales de la violencia en México.

Fernanda Valadez: Los daños, pero también la resistencia. Creemos que en la resistencia está la esperanza. Lo vimos mucho cuando hablamos con jovencitos de las comunidades rurales en Guanajuato, donde filmamos. La resistencia tiene muchas formas: aquellos que se resisten al crimen organizado; aquellos que migran, no nada más a Estados Unidos, sino a otras ciudades; las mujeres que se quedan y enfrentan de manera consciente, frontal y muy solidaria la violencia. Esos son los personajes que retratamos en la película.

Resulta muy simbólica y significativa la forma en la que las mujeres sostienen y transforman a Sujo. ¿Qué las llevó a construir el relato de esta manera?

Fernanda Valadez: Esta película estaba destinada a ser la segunda de Astrid como directora. La manera en la que trabajamos es que una dirige, la otra produce y coescribimos, pero con Sujo logramos nombrar esa colaboración que ya venía sucediendo. Muy generosamente, fue ella la que tomó la iniciativa para animarnos a que este trabajo en conjunto fuera completo y reconocido.

Cuando empieza a escribir el guion, tenía la inquietud de integrar, hablar y contar —como nos lo prometimos hace unos años, cuando éramos jóvenes cineastas— historias de mujeres. No de forma prototípica, sino de aquellas que no se parecen a los clichés del cine y la televisión. El personaje de Sujo llegó a implantarse y Astrid decía: “Es que es la historia de un chico”, pero nos fuimos dando cuenta que en la historia de este chico, como mujeres también teníamos el derecho de preguntarnos por la masculinidad. Ante los ojos de las mujeres que pueblan la historia —que de alguna manera es como estar nosotras mismas desdobladas—, hablar de todas esas redes de resistencia al crimen organizado, a la violencia, y hacerlo a través del cariño y del amor, que también son formas de resistencia. 

Sujo es una película más universal porque aborda temas como la masculinidad, la banalización de la violencia, la educación, la búsqueda de oportunidades y la migración. ¿Cómo se integraron estos tópicos al guion?

Astrid Rondero: Sujo es un personaje que se nos ocurrió al estar en contacto con los chicos de las comunidades en las que filmamos. Es difícil no conmoverse con esto tan verdadero de la juventud. Muchos de ellos sienten que el mundo está a sus pies porque son jóvenes, y tienen ansias de vivir, de expresar ideas y cumplir sueños, pero al mismo tiempo viven una realidad aplastante. Hay ciertas zonas rurales donde la penetración del narcotráfico es total, y no nada más en un sentido cultural, sino también práctico. Parece que son las alternativas de trabajo más evidentes o las únicas que hay.

Por esa sensación de lo esperanzador y trágico que puede ser crecer como un hombre de ciertas circunstancias en este país, fue que se nos ocurrió contar esta historia, que es casi una epopeya. Entre todo, lo que me pareció más revolucionario fue el momento en el que Sujo llegó a la UNAM. Que un chico se pueda sentar en el salón de clases de una institución tan significativa —por tantas generaciones luchando a favor de la educación gratuita—, nos dio la convicción de que también existe este otro México de las grandes esperanzas; a pesar de la violencia.

Sujo es una historia universal, porque en todos los países existe esta dicotomía: una lucha por estos grandes ideales sobre educación, igualdad, una vida justa y, al mismo tiempo, cosas tremendas que hacen que muchos chicos sean arrojados hacia los márgenes de la violencia.

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Es interesante cómo lo representan a través de muchos simbolismos; desde un vistazo al mural de los 43 normalistas, hasta elementos de realismo mágico.

Fernanda Valadez: Nos dimos la oportunidad de usar lo onírico y lírico para expresar las emociones, las relaciones de los personajes y, muy particularmente, una etapa de la vida de Sujo. La idea original de Astrid era inspirarnos en las historias y las novelas de crecimiento del siglo XIX, que utilizan la figura del huérfano para hablar de una crisis social o una época.

Utilizamos los capítulos de forma libre. Al inicio, acordamos plasmar un poco la sensación de un thriller, que es la etapa en la que conocemos al padre, él muere y el niño queda huérfano. La infancia, junto a su tía, es una etapa de crecimiento y de formación espiritual. En la perspectiva del niño se ve lo misterioso y maravilloso que es el mundo. A través de eso, se forma un hombre distinto, un hombre que se relaciona de una manera más empática y más amorosa con los demás y, en general, con la vida. Ahí es donde entra eso mágico y místico; otra forma de educación no escolarizada de los personajes. Fue importante retratarlo con esa magia que existe durante la infancia.

También suman al personaje de Susan, para contrastar dos situaciones en torno al desplazamiento por la violencia.

Astrid Rondero: Se habla mucho de la migración hacia el norte —nosotras mismas lo hemos hecho—, pero poco sobre el desplazamiento forzado por la violencia, que es un fenómeno muy fuerte en el país. Fer fue invitada a una ponencia y ahí conoció a Sandra Lorenzano, una escritora muy importante y una gran pensadora sobre los temas de la violencia y el arte. Curiosamente, ella es argentina, se refugió en México a los 16 años y es maestra de la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM.

Fer supo de inmediato que Sandra representaba todo eso que queríamos plasmar en Susan, y que en un inicio no sabíamos cómo abordar. Esa conversación que tiene la película con la realidad no hizo más que nutrirla.

Fernanda Valadez: Era importante que Susan tuviera una experiencia análoga de violencia y desplazamiento, y que eso le permitiera conectar con Sujo, a través de las barreras de edad, clase y género. En México, tenemos una historia muy rica sobre cómo se ha recibido a muchos exiliados por la dictadura en España, e Iberoamérica en general, y es un guiño que quisimos aportar a la película con este personaje.

¿Cómo impactó la complejidad temática en el desarrollo narrativo, emocional o técnico de Sujo?

Astrid Rondero: El rodaje fue un proceso realmente gozoso y maravilloso. Tuvimos todos los apoyos en el estado, pero también vivimos eventos tristes, producto de la realidad del país. Nos sentimos inspiradas, muy convencidas, y lo mismo sucedió con los actores. Los chicos son de allá, y los vimos empoderados, contando con sus herramientas y descubriendo sus capacidades interpretativas.

Lo más desgastante fue el proceso posterior. La exhibición, por ejemplo. Al final de las funciones, escuchamos historias terribles y conversaciones muy fuertes que nos conmovieron. Hay algo muy duro que todos experimentamos como mexicanos y eso nos hizo darnos cuenta de lo que queríamos hacer con esta película. Además, nos confirmó que este tipo de cine es necesario. Esa convicción fue lo que nos dio la energía para llevar Sujo a muchos lugares.

Una persona me preguntó si no sentía extraño que las sesiones de preguntas y respuestas se convirtieran en espacios catárticos, porque usualmente no hablamos de los personajes o de cómo se filmaron algunas cosas. Me decía: “¿No les gustaría que su cine provocara hablar de cine, en lugar de centrarse en los dramas terribles que vive el país?”. La respuesta es no. El cine que queremos hacer es un cine intenso, que nos permita hablar de nuestra realidad.

En esta ocasión, un cine que se complementa con la música.

Fernanda Valadez: Cuando conocí a Astrid, a principios de sus veintes y a mediados de los míos, me hizo entender cómo una persona puede desarrollar tantas capacidades artísticas y creativas en distintas áreas. Ella tiene un gran amor y pasión por la música —su abuelita era concertista de piano—, pero lo había mantenido en privado.

La pandemia fue un periodo que alargó el financiamiento y el desarrollo de Sujo, además, tuvimos que esperar a que la UNAM retomara sus actividades. En esos días, trabajamos el guión, lo reeleímos e investigamos, y por las tardes, Astrid hacía música y se sentaba con alguno de sus sintetizadores o con el piano y tocaba. Sin proponérselo, toda esa música se vinculó con la historia de Sujo, incluso, le ponía títulos relacionados con los paisajes emocionales de la trama. Pasó el tiempo, logramos financiarla y la filmamos.

La edición la trabajamos a cuatro manos. Generalmente, yo hago los primeros cortes y Astrid, que es más precisa, los afina. Se me ocurrió usar la música que compuso en uno de los cortes. A ella le daba pena, pero la convencí y siguió componiendo piezas para la película. Fue muy satisfactorio, porque integró toda esta parte creativa e íntima que yo sentía que tenía que estar en Sujo.

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Sujo ha llegado a más de 60 festivales internacionales, ¿qué dice la gente allá afuera sobre la película?

Astrid Rondero: Tuvo un recibimiento muy cálido. A nosotras nos sorprendió el premio que logramos en Sundance, porque sentíamos que era una película menos impactante que Sin señas particulares, que tiene un cierre y un giro de tuerca muy fuerte. Sujo es, en ese sentido, menos ostentosa.

La gente la ha recibido como una historia de crecimiento, que puede ser equiparable con diferentes circunstancias. En Estados Unidos, mucha gente se conmovió con la idea de que puedes repetir los errores de tu padre o de tus antepasados. Finalmente, hay algo de esta esperanza, de nuestra individualidad, del libre albedrío, que nos hace creer que podemos cambiar ese destino.

Eso nos llevó a algo que no habíamos conseguido con Sin señas particulares: recorrer una ruta de festivales en la que compartimos espacio con películas que, prácticamente, eran ganadoras de Cannes u otras competencias y selecciones. Sujo fue una película que tuvo un gran significado para muchas personas, especialmente en territorios a los que no habíamos llegado antes, como Asia o Medio Oriente. La idea de una persona que tiene el derecho a decidir sobre su vida resonó con ciertas culturas. Es algo que compartimos los países que vivimos o entendemos esta adversidad, porque pareciera que nuestro origen es nuestro destino y no tenemos hacia dónde caminar.

No podemos pasar desapercibidas las 13 nominaciones a los Premios Ariel.

Fernanda Valadez: Estamos muy contentas. Nosotras somos parte de la Academia Mexicana de Cine, y por supuesto que nos da muchísima felicidad, pero la mayor satisfacción es el reconocimiento al equipo, especialmente, a los tres actores y Yadira, una actriz talentosísima que no había recibido una nominación. Su carrera ha estado muy ligada al teatro. Ximena Amann, directora de fotografía, también está nominada.

Los Premios Ariel es el momento ideal para voltear a ver al equipo y al talento, no tanto a nosotras. Juan Jesús ha tenido un camino de profesionalización que no es prototípico; no es egresado de una universidad o una escuela de cine. Es un chico que hizo Sin señas particulares, lo nominaron y ha continuado en talleres de formación. Él está convencido de que su vocación es la actuación. Ha hecho otras películas, videoclips, y Sujo es su primer protagónico.

Además, nos da la posibilidad de convocar al público para que vean la película y se genere la conversación que queremos entablar. En esta época de crisis para las salas de cine, también celebramos al cine mexicano y su independencia, no solo en términos de producción, sino de lo que significa impulsar un contrapeso frente a las narrativas imperantes. El mundo no es el que se cuenta en las plataformas o en la televisión, es muy complejo, diverso y duro, pero también tiene cosas muy bellas que deben señalarse. 

¿Qué aprendizajes les dejó Sujo?

Fernanda Valadez: Fue una película compleja y difícil de hacer. Nos enseñó, específicamente, que la actuación y la cocreación de los personajes es independiente al contexto y la formación de los actores. A nosotras nos encanta trabajar con actores profesionales, la educación y la capacitación son muy importantes, pero la creatividad es una cosa inherente. El trabajo que hicimos con los chicos, muy apoyado por Teatro de los Sótanos —compañía que hizo la capacitación y formación de niños y adultos— reveló, por ejemplo, cosas nuevas sobre la repetición: el “coco” del cine.

Cuando trabajas con actores no profesionales, existe el prejuicio de que tienes que confiar en la primera o segunda toma para capturar la emoción. En esta película pudimos comprobar que no es así. Juan Jesús, incluso los niños chiquitos, como Kevin Aguilar, disfrutaron la repetición porque les ayudó a aprender y explorar. Entendimos que no importa de donde venga un actor o un colaborador.

Astrid Rondero: En mi caso, tenerle fe a lo que hacemos. Sujo se desarrolló contra viento y marea, y se enfrentó a un montón de películas grandes y vistosas. Si tienes una historia potente y quieres comunicar algo importante, el mensaje sí va a ser escuchado.

Sin señas particulares y Sujo son un claro ejemplo de que aún faltan muchas historias por contar sobre la violencia, específicamente, bajo esta mirada y perspectiva. ¿Es un tema que buscarán abordar nuevamente?

Astrid Rondero: Nos lo hemos preguntado mucho. Ahorita estamos en el ping pong. Fer tiene un proyecto, que también estoy coescribiendo, pero se lo llevó para trabajarlo aparte y próximamente lo voy a releer. Es el que está más cerca y es una especie de divergencia, porque aborda muchas cosas que se viven en las otras películas, pero no necesariamente están ligadas a la violencia. 

Yo estoy batallando un poco con una historia que sella esta terna de películas. Es un proyecto que no me deja en paz para escribir otras cosas. Tiene que ver con la violencia, pero desde la perspectiva del trabajo periodístico. Para Fer y para mí, la presencia de la figura del periodista es esencial, porque gracias a ellos existe Sin señas particulares y Sujo.

Si te soy sincera, a veces es desalentador el prejuicio que hay en México en torno a estas historias. Hay una insistencia por distraernos y divertirnos con otras cosas, mientras el mundo y el país se caen a pedazos. Desgraciadamente, somos muy necias y muy probablemente seguiremos hablando de la violencia, tal vez no en un proyecto inmediato, pero sí en uno siguiente. Es imposible no hacerlo cuando pensamos en cómo está el país. Por otro lado, tenemos otra película de un género distinto que nos entusiasma mucho y esperemos que se concrete. 

Fernanda Valadez: Para nosotras, el cine es preguntarnos por el mundo, por todo aquello que amamos, pero también aquello que nos preocupa, inquieta y confronta. En ese sentido, nuestro cine siempre va a ser una búsqueda por cuestionar y entender. Efectivamente, no será en la película más inmediata, o no en el contexto de la violencia por el crimen organizado, pero sí por lo que somos, por este caos y este mundo tan complejo en el que vivimos.

KARLA LEÓN

Redactora de Cine y Televisión

Karla León es redactora de cine y televisión en The Hollywood Reporter en Español. Su labor periodística se distingue por entrelazar los procesos creativos, el contexto sociopolítico y el futuro de la industria.

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