Felipe Vargas: el sacrificio y el terror detrás de Rosario

El director colombiano nos habla sobre cómo se entrelazan el palo, el sacrificio y la desconexión cultural en una historia de horror y herencia.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

septiembre 10, 2025

4:49 pm

Cortesía de Imagem

El director Felipe Vargas creció en una familia atravesada por la espiritualidad y el misticismo. Entre médiums, santería y una fascinación temprana por el cine de horror, su imaginario creativo se fue poblando de rituales, prótesis caseras y bañeras llenas de sangre artificial. Ese universo encontró su cauce en sus primeros cortometrajes y en Rosario, su primer largometraje, que combina la tradición afrocaribeña del palo con las posibilidades del género de terror. La película, protagonizada por Emeraude Tobia y con actuaciones secundarias de David Dastmalchian y Paul Ben-Victor, fue filmada en Bogotá y Nueva York, y se mueve entre la herencia cultural, el sacrificio personal y el desarraigo de la migración.

En esta entrevista, Vargas habla de la génesis del proyecto, las influencias cinematográficas que lo marcaron, la manera de representar respetuosamente una religión viva, el papel del subtexto en el género y cómo convirtió a Nueva York en un personaje más de la película.

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Empecemos con la génesis de este proyecto. Rosario toca unos temas que parecen ser el signo de los tiempos en el terror actual. Pienso, por ejemplo, en películas recientes como Weapons que abordan la brujería. ¿De dónde surge tu fascinación por estos temas y cómo se conecta con esta película?

Pues mira, para mí fue muy natural. Vengo de una familia muy espiritual. Mis tías eran médiums, mi abuela estaba metida en temas de santería. Yo crecí alrededor de un mundo místico, y eso marcó mucho mi perspectiva. Específicamente, esta película nace de mi investigación sobre el palo, una tradición que comencé a explorar profundamente hace dos años. Colaboramos con expertos en la cultura y en el folclore, y lo que me interesaba era combinar esa exploración con un género que siempre me ha fascinado: el terror. Desde niño hacía películas de horror caseras, amarraba prótesis a mis perros, llenaba la tina de mis papás con sangre. En Rosario pude unir esas pasiones en un solo proyecto.

Esa fascinación por el terror tiene también que ver con influencias, con directores que seguramente te marcaron. ¿Qué cine de terror está detrás de Rosario?

Parte de la idea era hacer una película que partiera de algo poco visto en pantalla, que tuviera un anclaje en la tradición del palo. Pero también quería hacer un homenaje al terror de otras épocas. Me inspiraron los colores y la energía de los 70 con Mario Bava y Dario Argento; la vibra juguetona y caótica de Sam Raimi en los 90; y las películas clásicas mexicanas de los 40 y 50. Todo eso me parecía vital para crear una obra que tuviera personalidad, que no fuera monocromática o solemne, sino que respirara el espíritu lúdico del terror sin dejar de ser respetuosa con la cultura que retrata.

Para muchos lectores, el palo es un terreno completamente desconocido. Para contextualizar la película, ¿podrías contarnos qué significa esta tradición y cómo la incorporaste en Rosario?

El palo es una religión verdadera, muy interesante, porque es un sincretismo que mezcla elementos africanos, el catolicismo latino y tradiciones caribeñas, incluso taínas. Esa combinación le da una fuerza única. En esencia, es una práctica que gira alrededor del sacrificio: se cree que el sacrificio puede traer bendiciones o maldiciones. Esa palabra, “sacrificio”, fue central en mi acercamiento a la historia. Para mí resultaba fascinante cómo algo tan poderoso podía articular la narrativa de la película y el destino de los personajes.

Trabajamos para que la representación fuera lo más auténtica posible. Hicimos investigación en Nueva York y también en Colombia, hablamos con expertos y practicantes. Fue muy importante que los objetos, los rituales, los cánticos y las texturas se sintieran reales. Eso sí, hubo que cambiar algunas palabras en los rezos porque no queríamos traer ninguna maldición al set. Había un respeto profundo hacia la tradición y hacia la comunidad que la practica.

Tú lo cuentas con un respeto enorme, pero me doy cuenta de que, desde afuera, muchas veces hablamos de brujería en un tono que puede sonar peyorativo. ¿Cómo lograste mantener ese equilibrio en la película, evitando la caricatura?

La palabra “brujería” puede ser reductora, incluso irrespetuosa, porque muchas veces viene de una mirada colonial o religiosa que sataniza prácticas distintas. Lo que me interesaba era narrar desde adentro, no desde afuera. Por eso, en la película, la protagonista entra a un mundo que le es ajeno. Ella se ha americanizado, ha dejado atrás sus raíces y, al encontrarse con la tradición de su abuelo, comienza a descubrir una parte perdida de sí misma. Esa transformación, que es tanto espiritual como identitaria, fue algo que yo mismo experimenté. En cierto momento me encontré preguntándome quién era mi abuela, quiénes eran mis ancestros, y ese descubrimiento cambió la manera en que entiendo mi herencia.

Emeraude Tobia en Rosario
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Viendo Rosario pensaba en lo que decía George Romero, que las mejores películas de terror siempre esconden un subtexto. Tú ya mencionabas el sacrificio, el desarraigo… ¿qué mensaje profundo está en el corazón de esta película?

Para mí, la única razón de hacer cine de terror es llegar a algo más emocional y profundo, algo que resuene en la gente. El miedo es un lenguaje muy comunitario: lo que asusta a uno puede asustar a todos, porque toca fibras colectivas. En el caso de Rosario, el subtexto es doble. Por un lado, están los sacrificios personales: los que hace la protagonista para avanzar en su carrera y que la llevan a desconectarse de su cultura. Por otro lado, los sacrificios de nuestros padres y abuelos, que dejaron atrás muchas cosas para darnos mejores oportunidades. Es una reflexión sobre lo que se gana y lo que se pierde.

Esa idea conecta mucho con la experiencia migratoria. Yo mismo, como inmigrante en Estados Unidos, viví esa sensación de haber dejado atrás un mundo para abrirme camino en otro. Entonces la película es, al mismo tiempo, un cuento de terror y una meditación sobre la identidad, la herencia y la pregunta inevitable: ¿a qué costo llegamos a dónde estamos?

David Dastmalchian en Rosario
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En Rosario la protagonista es Emeraude Tobia, pero también aparecen en papeles secundarios dos actores estadounidenses de gran trayectoria: Paul Ben-Victor y David Dastmalchian. ¿Cómo lograste incorporarlos en el proyecto?

Fue un privilegio enorme contar con ellos. Y además, llegaron de maneras muy distintas. Con David fue casi una coincidencia. El productor de la película solía jugar Dungeons & Dragons con él durante la pandemia, se hicieron amigos y lo invitó a Colombia. Le dijo: “Mira, vente una semana, comes unas arepitas y rodamos”. Y David aceptó. Fue increíble, porque es un actor que admiro muchísimo, y había hecho poco antes Late Night with the Devil, que para mí es una de las mejores películas de terror de los últimos años.

Paul Ben Voctor
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Paul Ben-Victor fue otra historia. Es un actor de carácter con una carrera vastísima, ha estado en más de 250 proyectos, y se toma cada papel con una seriedad absoluta. Para el personaje que interpreta en Rosario, Marty, decidió que debía tener una cojera, y se ponía cosas en el zapato para caminar de esa manera. Además, le dio un acento muy particular, muy trabajado. Es un actor que viene del mundo de Nueva York, y esa conexión con la ciudad era vital porque la historia transcurre allí. Fue muy especial verlo meterse de lleno en ese universo.

Justamente quería preguntarte por la representación de Nueva York en la película. Me llamó la atención porque es una ciudad que aparece decadente, claustrofóbica, casi como un protagonista más. Y sin embargo, la mayor parte del rodaje fue en Bogotá. ¿Cómo construiste ese contraste?

Sí, la gran mayoría la rodamos en Bogotá, aunque también filmamos algunas escenas en Nueva York. La idea era mostrar un lado distinto de la ciudad, un rincón olvidado, un espacio marginal que contrastara con el mundo de Rosario, que es sofisticado, hecho de vidrio, acero y rascacielos. Nueva York debía ser otro personaje, uno que reflejara tanto la opulencia como la decadencia.

Lo interesante es que, cuando un colega que había estado en Nueva York recientemente vio la película, me dijo: “Esa es la ciudad que se siente ahora, esa es la atmósfera que tiene hoy”. Para mí fue un gran logro escuchar eso, porque aunque yo sabía que habíamos rodado gran parte en Bogotá, él sintió realmente a Nueva York en la pantalla. Eso era lo que buscábamos: capturar no la postal turística de la ciudad, sino su energía cruda, su lado sombrío, ese espacio que podía dialogar con los temas de la película.

Felipe, y ahora que Rosario ya está terminada y estrenada, ¿cuáles son tus siguientes pasos?

Acabo de filmar mi segunda película, se llama Hive. Es otra vez terror, pero un terror distinto: es daytime horror, horror a plena luz del día, bajo el sol. La historia sigue a una niñera que pierde a un niño en un rodadero de un parque, y a partir de ahí todo comienza a escalar en este suburbio aparentemente tranquilo. La protagonista es Xochitl Gomez, a quien vimos en Doctor Strange, y que acaba de ganar en Dancing with the Stars. Estoy muy emocionado de mostrar esa película, que se estrenará en la plataforma Tubi el próximo año.

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ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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