Gabriel Mascaro: “O Último Azul es una película sobre la posibilidad de reinventar la vida en la vejez”

El cineasta brasileño conversa con The Hollywood Reporter en Español sobre la construcción de una historia que enaltece la libertad, la resistencia y la resignificación de la vida

Por KARLA LEÓN |

mayo 7, 2026

1:21 pm

Cortesía

“El futuro es para todos”, proclama una voz desde el cielo infinito de Brasil. Estamos en el Amazonas, rodeados de una atmósfera distópica que llena de elogios a las personas mayores por haber entregado su vida al país, pero lo que parece un panorama ideal, pronto se derrumba frente a la exigencia de que paren sus vidas, que no saboteen la productividad de los jóvenes y que cedan a la voluntad de un Estado que, llegado el momento, les trasladará en jaulas móviles hacia “La Colonia”. 

Este es el planteamiento inicial de O Último Azul, el coming-of-old-age de Gabriel Mascaro, ganador del Oso de Plata en la Berlinale y distinguido en Guadalajara con el Premio a Mejor Largometraje Iberoamericano. La cinta sigue el viaje de Tereza, interpretada por la virtuosa Denise Weinberg, en su búsqueda de libertad, mientras, de alguna manera, resiste frente a un sistema que le dicta no solo abandonar su autonomía y sus derechos, sino también su placer por la vida, su sabiduría, y su futuro.

Guillermo Garza

Entre paisajes selváticos, un río inmenso que parece no tener principio ni final y una naturaleza que abraza y convive con depredadores constantes, Tereza se descubre a sí misma a través de una serie de aventuras, despojadas de cualquier visión romántica, para revelar la falta de empatía y la invisibilización a la que son condenados los adultos de la tercera edad. 

En entrevista con The Hollywood Reporter en Español, Gabriel Mascaro profundiza en su búsqueda por construir un viaje narrativo en torno a la libertad, la representación de la vejez y la resignificación de los roles de las personas mayores en el cine, además reflexiona sobre el séptimo arte como un acto político y la llegada de O Último Azul a los cines mexicanos este 7 de mayo.

Guillermo Garza

O Último Azul es una fusión de muchas problemáticas que adolece el mundo: desde los regímenes autoritarios y la crisis ambiental, hasta el desinterés sistemático por las personas de la tercera edad, ¿qué detonó ese interés por contar todo esto en un viaje en el que se busca o aspira la libertad?

Cuando mi abuela tenía 80 años, mi abuelo murió. De la nada, ella comenzó a pintar. Me enamoré de ese sentimiento, de la forma en la que comenzó a alimentar su vida. Fue un momento de resignificación que me marcó profundamente. 

Todo eso que se desarrolló me movilizó a investigar películas sobre protagonistas mayores. Descubrí que hay muy pocas y, en general, son sobre la finitud de la vida, enfermedades terminales o sobre un amigo que está muriendo, por otro lado, están llenas de nostalgia, del pasado y de la juventud que no vuelve más. Son personajes desconectados del presente. 

Mi segundo descubrimiento fue que los géneros de cine que hablan sobre personajes que descubren la vida están concentrados en películas sobre jóvenes, no sobre mayores. Si pensamos en una distopía, se habla de jóvenes, de rebeldes; si pensamos en un coming of age, imaginamos a la juventud en las escuelas o en la universidades; si pensamos en una road movie o en una aventura, sabemos que no habrá viejos.

Hay un montón de prejuicios que, indirectamente, hacen que el cine no permita a estos cuerpos mayores ser protagonistas de sus propios descubrimientos. Es peor si pensamos en una mujer. Es una locura total. O Último Azul empieza con esta reflexión y decidí desarrollar una narrativa más propositiva, jugar con los géneros. El motor dramático pasa a ser casi como una ruptura y pensé en una mujer mayor para ser la protagonista de una película que, en otras circunstancias, no le habrían permitido hacer. Ese fue un poco el punto de partida: jugar con la tradición, las historias, los géneros y reivindicar la capacidad de esta mujer mayor para conducir su propio destino.

Una de las virtudes más lindas de O Último Azul es que Tereza siempre está mirando hacia el futuro.

Sí, es verdad. Y, sin anticiparlo, también tiene elementos distópicos. Para mí, el caracol de baba azul representa la fantasía, la utopía. Apunta a la posibilidad de una nueva vida que puedes imaginar.

Guillermo Garza

Denise Weinberg ofrece una interpretación poderosa y sensible. ¿Cómo supiste que era la actriz ideal para dar vida a Tereza? En ese sentido, has mencionado que concebiste el cuerpo envejecido como un “cuerpo de resistencia”. ¿Cómo desarrollaste esa idea dentro de la construcción del personaje y a lo largo de su viaje? 

En algún punto del scout, me fui confrontando con una realidad muy triste. No sé cómo funciona en México, pero en Brasil, la primera generación de actrices y mujeres mayores fue presionada por la industria para ocultar su vejez y sus arrugas. Los referentes de belleza femenina, en el mainstream, son muy específicos. 

Conocí a Denise Weinberg en el teatro. Fue una experiencia muy especial encontrar a una actriz que, además, es directora de teatro, dramaturga. Tiene un talento increíble. No conocía tan de cerca su trabajo, pero fue una experiencia muy singular. Ella es una actriz muy especial y, hoy por hoy, no podría imaginar a nadie más que a Denise en ese papel. 

Pero no escribí pensando en alguien. Por lo general, no escribo imaginando actores y actrices, porque tengo miedo de frustrarme si no consigo trabajar con ellos. En este caso, fue un descubrimiento muy hermoso, y otro de los grandes aciertos fue encontrar a Miriam Socarrás, actriz cubana, quien interpreta a Roberta. Su presencia funciona de manera muy especial dentro de la historia, porque cuando pensamos que esta mujer será liberada por un joven o por un hombre, en realidad conecta con una mujer aún más grande que ella. Es entonces cuando empieza a sentirse cómoda para experimentar nuevas cosas en su vida.

Durante la proyección, una de las escenas que más conmovió al público fue su baño con el agua del río. Evoca placer, otro aspecto anulado en las personas de la tercera edad. En ese sentido, la Amazonia no solo es un escenario, también parece convertirse en un personaje más. ¿Cómo influyó este espacio en la narrativa y en la identidad visual de la película?

Fue importante pensar en este río como un espacio capaz de contener la película. Tereza tiene la virtud de verse a sí misma, pero también de encontrarse. Es un proceso que acompañan las curvas sinuosas del río. Se convierte en un espacio de fantasía muy singular, casi mítico, y ayuda a jugar con esa idea de travesía, de boat movie, de road movie. Es un viaje profundamente trascendental, una jornada que se atraviesa de manera muy particular y aislada. Por ejemplo, está el personaje de Cadu, interpretado por Rodrigo Santoro, que se queda aislado por un tiempo con una sustancia psicotrópica amazónica que no conocíamos. O Último Azul cobra una fuerza especial al situarse en este contexto del río.

Guillermo Garza

Otro elemento importante es el simbolismo de los animales.

Es interesante pensar en la conexión que nuestra protagonista tiene con un pez. Hay algo en ese encuentro, en el color y en las aletas, que le resulta familiar, casi como un reflejo. Tereza observa a ese pez blanco y encuentra una fuerza. Es un poder que dialoga con su vejez. Curiosamente, la protagonista quiere volar, y el pez se llama Vía Láctea. Para mí, O Último Azul es una película sobre una mujer mayor que quiere volar y que, al final, descubre que puede hacerlo mucho más alto de lo que creía posible.

También es una película que se logró gracias a la comunidad.

El cine brasileño está muy concentrado en la región de São Paulo y Río de Janeiro. Casi no se presenta la oportunidad de mirar hacia otros sitios, pero ahora sucede algo muy especial con el cine en otras regiones de Brasil. En la película pude trabajar con más de 20 actores y actrices de la ciudad de Manaos, una región al norte del país y la locación principal del rodaje. Contar con Denise Weinberg como nuestra protagonista, con el gran Rodrigo Santoro y, además, trabajar con más de 20 actores y actrices locales fue muy importante y especial. Es una forma de conocer a otros talentos de la región. 

Guillermo Garza

Aunque la historia parte de una premisa distópica, también tiene una carga profundamente humana y esperanzadora. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre la denuncia social y la dimensión emocional?

La verdad es que intenté hacer una película con un registro latinoamericano. Aunque sea distópica, también tiene una capa más fantasiosa, más como de realismo, y también cuenta con elementos un poco absurdos. La historia empieza con la protagonista bailando para la cámara y ese momento es como si estrechara las manos con el público para vivir una aventura. Intentamos jugar con esa capa del realismo latinoamericano que, para nosotros, es importante mostrar a nivel internacional, no solo por representar la realidad, sino por su capacidad de fabular otras realidades. La idea de crear a Tereza con la capacidad de inspirar libertad, siendo una señora mayor, es muy especial. Es una fantasía total.

¿Piensas tu cine como un acto político?

Sí, creo que todo lo que hacemos es un acto político, por lo tanto, mi cine tampoco está distante de eso. Es un cine que confía en que transformar la sensibilidad también puede generar un cambio político, muchas veces más profundo de lo que imaginamos. Es muy importante pensar en la transformación a través de la sensibilidad, de las referencias que nos inspiran. Hacer una película con una mujer que nos inspira libertad, a sus 80 años, es algo muy significativo, incluso político.

Guillermo Garza

Y también es un acto de resistencia, una forma de sobrevivir al sistema. Ahora que hablamos sobre la lógica social de que las personas mayores dejan de ser valiosas cuando ya no producen, ¿cómo crees que se podría resolver esta deuda histórica en el cine con respecto a la representación de la vejez?

Espero que O Último Azul pueda inspirar más guiones y películas. Que se puedan aprovechar a los actores y a las actrices con más experiencia, porque están en un momento importante de su carrera. En esta etapa, empiezan a disminuir las ofertas de trabajo, y por eso creo que esta película puede reforzar la importancia de que los guionistas continúen escribiendo personajes interesantes, inteligentes, intrigantes y contradictorios para intérpretes mayores. 

Es fundamental que puedan aprovechar ese momento de mayor experiencia porque, con frecuencia, reciben proyectos pobres y estereotipados. Es una reflexión que también surge del contacto con ellos; expresan cierta tristeza al ver cómo sus personajes se vuelven cada vez más limitados.

Después del reconocimiento en la Berlinale y en Guadalajara, ¿cómo ha cambiado tu relación con la película y qué significa para ti que llegue al público mexicano?

Lo esperaba mucho. Toda mi filmografía ha contado con equipos creativos mexicanos. En Buey neón, mi primera película, tuve la presencia de Diego García, un maravilloso director de fotografía mexicano. En O Último Azul, trabajamos la dirección de fotografía con Guillermo Garza y la música con Guillermo Guerra, además, sumamos sonidistas y diseñadores de sonido mexicanos. Reunimos a un gran equipo de creativos que hizo posible la película. 

Finalmente llega a México y es una alegría muy grande, porque más allá del circuito de festivales, el estreno en cartelera tiene otra fuerza: la forma en que la película encuentra al público. Será muy especial ver a la película conectar con la cinefilia mexicana.

KARLA LEÓN

Redactora de Cine y Televisión

Karla León es redactora de cine y televisión en The Hollywood Reporter en Español. Su labor periodística se distingue por entrelazar los procesos creativos, el contexto sociopolítico y el futuro de la industria.

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