Con más de una década de trayectoria, Lucía Gómez-Robledo ha construido una filmografía que transita entre el teatro, el cine independiente y el streaming, eligiendo siempre personajes que desafían su propia naturaleza. En Quebranto, la nueva serie de Disney+ que se estrena el 15 de agosto, asume uno de los retos más importantes de su carrera: dar vida a una villana calculadora en el centro de una familia marcada por secretos, violencia y una lucha silenciosa por el poder.
La ficción, encabezada por Tini Stoessel en su regreso a la actuación, se adentra en un territorio donde el drama familiar se mezcla con el suspenso criminal. Para Gómez-Robledo, el corazón de la historia late con un pulso “shakesperiano”. Patriarcas con un gran legado, disputas de sucesión y vínculos de sangre corroídos por la ambición son los núcleos de la historia. En ese campo de juego de lealtades convenientes y movidas engañosas, Victoria, su personaje, es la única mujer de una familia que no le concede nada sin que ella no decida hacerlo por cuenta propia.
Lejos de la frialdad y estrategia que definen a Victoria, la actriz habla de este papel como una oportunidad para explorar un tipo de poder poco frecuente en personajes femeninos. Un poder que no pide permiso, sino que se impone. Un ejercicio que le permitió experimentar un universo emocional completamente opuesto al suyo, atravesando dilemas morales que, en la serie, se desarrollan desde diferentes puntos de vista a medida que vamos conociendo un poco más de dónde viene cada uno de los personajes.
Rodada entre México y Argentina bajo la dirección de Bernardo de la Rosa, Quebranto reúne a un elenco internacional que incluye a Otto Sirgo, Antonio de la Vega, Rafael Ferro, Daniela Peña y Sebastián Silveti. Este último, amigo de Gómez-Robledo desde hace ya varios años, da vida al hermano de Victoria en la serie. “Nunca habíamos trabajado juntos”, comenta, sin embargo, asegura que su amistad quizá ayudó a que el director hallara en ellos los intérpretes perfectos para dichos papeles. “Yo creo que se siente y se ve en pantalla cuando hay una química especial”.
Quebranto supuso una oportunidad para sumergirse en un relato que la puso frente a frente con una persona completamente desconocida, que incluso dio pie a que Gómez-Robledo se hiciera preguntas sobre la moral, la ambición y el costo de sobrevivir en un mundo que no perdona.
¿Cómo estás? ¿Qué tal va el 2025?
Medio raro, la verdad. Ahora estoy muy contenta, ahorita ando muy, muy ocupada. Empiezo ensayos de una obra de teatro, muy emocionada con el estreno de Quebranto y otro estreno que tengo en octubre.
Quiero ahondar en Quebranto, ¿qué nos puedes contar de la producción?
Se estrena el 15 de agosto. ¿Pues qué les puedo contar? Yo lo veo como un drama, diría yo, que “shakesperiano”. Se trata sobre una familia muy complicada, con muchos secretos, y sobre alguien que viene de fuera como el personaje de Tini, que no entiende nada, que la tienen que guiar un poquito para entender lo que está pasando. La verdad que para ser un drama la pasamos muy bien haciéndolo, nos divertimos mucho y siempre pasa, como en una película de terror o de este tipo, son en las que uno más se divierte.
Disfruté muchas cosas de esta producción, los amigos que hice, lo increíble que es trabajar con Bernardo de la Rosa, que es un director divino. Es una producción en la que se siente mucha paz y mucha amistad entre todas las partes. En ese sentido fue una producción muy admirable de sentir tanto compañerismo y tanto apoyo. Y en esta ocasión me tocó ser la mala y fue algo que disfruté muchísimo. Es divertido sentir el poder de esos papeles.
¿Cómo describirías a tu personaje Victoria? ¿Qué te atrajo a asumir este rol?
Uy. ¿Qué me atrajo? Todo. Desde el proceso de casting me acuerdo que fueron callbacks muy espaciados. Entonces yo ya daba el proyecto por terminado, como que ya no me iba a tocar. Y recuerdo perfectamente una de las primeras pruebas, yo estaba en un hotel sin luz. Les decía: “esto es lo mejor que puedo hacer, perdón”. Y la segunda vez ya conocí al director y me di cuenta que Victoria es totalmente distinta a mí. Eso me gustó mucho. Es seria, es calculadora, también la tiene muy difícil porque está en una familia donde es la única mujer, entonces se tiene que ir ganando el respeto. Se tiene que ganar su lugar pues no se lo van a dar por mucho que sea parte de esa familia. No le van a dar nada que ella no vaya a buscar sola. Entonces su universo es un poco más frío por todo lo que ha vivido.
Pero me gusta mucho la frialdad y la practicidad con la que ella ve el mundo. Me parece peligroso y muy seductor porque pues yo vivo en conflicto todo el tiempo y ella no. Y la seguridad con la que ella se maneja en un mundo que no es amable. Eso me encantó y fue muy emocionante, en el mismo proceso de casting, coincidir con Sebastián Silveti, que nos conocemos y somos amigos de hace muchos años. Nos estuvimos acompañando en el proceso, si nos enterábamos de algo sobre el proyecto y bueno, nos tocó finalmente ser hermanos, que fue lo máximo.
Siempre es más fácil trabajar con personas que de pronto ya conoces.
Sí, se sintió todo muy natural. Nunca habíamos trabajado juntos, estudiamos en la misma escuela, pero no al mismo tiempo. Entonces nos conocíamos desde hace tiempo, un poco entrecortadamente, pero creo que se siente y se ve en pantalla cuando hay una química especial.
¿Cómo trabajaste a tu personaje desde las temáticas por las que transita la serie? Quebranto es un poco una historia que se va desarrollando al igual que sus personajes y pues hay muchos momentos de tensión, hay momentos de drama, hay momentos donde hay disputas morales. Pero cada personaje, como en la vida real, está marcado por un trasfondo, por una historia.
Yo creo que vivimos en un mundo de lo bueno, lo malo, pero pues todos conocemos y sabemos muy bien que hay gente que no tiene esa brújula, ¿no? Que la perdió en el camino o que simplemente no es algo con lo que crecieron. Recuerdo que cuando empezamos el proyecto les dije que en familia casi todos han luchado por los derechos humanos. Entonces es muy chistoso porque vengo a encontrarme con un universo totalmente distinto. Mis valores definitivamente no son los valores de estos personajes, pero creo que es muy terrible pensar en un personaje juzgándolo o solo querer hacer personajes que según nosotros sean buenos o sean malos.
A mí lo que me gustó de, digamos, “lo malo”, es que tiene mucho poder y eso en personajes femeninos, llámense “muy buenos”, no siempre lo tienen. Entonces como que tiene un lado muy masculino. Incluso desde el vestuario, tiene muchos trajes, muchos sacos. Victoria es femenina, pero también muy masculinizada en muchas cosas. Fue transitar el mundo por un momento con un par de pantalones que yo no necesariamente tengo en mi vida.
Eso fue lo atractivo. Ya que sea una cosa buena o mala para la sociedad, es otra historia. Pero lo que a mí como actriz me divirtió y me gustó es el tratar de encontrar por qué ella es como es. ¿Qué le pasó en su camino? Creció en esta familia con una brújula un poco desviada, por así decirlo. De mucha violencia. Y en ese sentido no hay buenos, ni malos. Creo que realmente depende mucho de cómo y dónde crece cada quien.
Me llamó la atención que dijiste que la serie tiene un tono muy “shakesperiano”. ¿A qué te refieres con eso? Justamente tú vienes de una formación teatral muy sólida. ¿Cómo llega esta formación y visión tuya al terreno del streaming?
Yo creo que no hay un camino. O sea, hay actores que no necesitan pasar por la escuela y que nada más trabajando, aprenden. Creo que lo principal de un actor es trabajar la empatía. Creo que ese es nuestro trabajo de todos los días y en ese sentido no necesariamente tienes que pasar por la escuela. A mí en lo personal me sirvió mucho pasar por la escuela, por dos motivos: porque me encanta, porque soy muy ñoña. Y también porque era muy tímida y yo necesité años para irme abriendo y soltando. Yo creo que el teatro es otro nivel y si puedes hacer todo lo que requiere este formato, puedes llevarlo a la pantalla, para una cámara.
Y es una familia “shakesperiana” en el sentido de que tienen al patriarca que es el abuelo, interpretado por Otto Sirgo. Es una eminencia y una lindísima persona. Entonces tienes esa figura que es la que lidera a la familia y cómo al final todo el problema gira en torno a cómo va a ser esa sucesión, ¿no? Y muchas obras de Shakespeare se desarrollan en ese sentido: muere el rey y luego los hijos se pelean el reino. Lo que es un conflicto familiar mundano, en Shakespeare toma dimensiones enormes y siento que en esta serie también pasa lo mismo. Porque no es cualquier familia y porque no es cualquier patriarca, ni sus hijos, ni sus nietos. Todos tienen una complejidad muy particular y una relación muy especial con ese abuelo, buena o mala.
Llevas poco más de una década de carrera como actriz, ¿cómo has visto evolucionar la industria? ¿Qué crees que ha cambiado y que de pronto qué historias te gustaría ver ahora?
Yo soy parte de una generación que llegó con el cambio. Digamos que mi normalidad es este nuevo mundo de las plataformas. Yo nunca he trabajado todavía con alguna televisora clásica, de toda la vida. Me encantaría, pero lo único que conozco hasta ahora es el streaming, el teatro y el cine independiente. Entonces no sé lo que es un mundo de regalías. Tampoco te puedo decir ahorita cómo lo veo, ni puedo proyectar a dónde va. Claramente se mueve mucho.
Lo que sí he aprendido es que hay que ser propositivo. Hay posibilidades reales para proponer proyectos, para escribir. Es una industria que creo que permite que uno llegue a proponer y eso me emociona mucho. Eso sí, me enorgullezco mucho de mi industria y de lo que ha logrado el cine en los últimos 15 años. Es increíble. Sólo deseo que haya más personas, historias que las incluyan, que las representen y mucha más diversidad.
Sí, definitivamente ya no dependemos del mercado anglo, sino que finalmente vemos hacia adentro, a nuestras propias historias.
Sí, obviamente el mundo angloparlante es global, pero nuestra industria es enorme. Pero no es fácil compararlos, quizá solamente con números. El cine que se hace en América Latina, que se hace en español, lo que se puede hacer en otros idiomas más allá del español, me emociona muchísimo. Lo consumo y creo que no necesariamente por un tema de nacionalismo, sino porque está bien hecho.
Tal vez está más conectado con nosotros. Está hecha en un lenguaje que es mucho más cercano a nosotros, realidades que tal vez nosotros hemos visto o incluso hemos vivido.
Claro, claro. Y que también nos muestra un sinfín de realidades que no conocemos. O sea, es difícil hablar por un continente tan diverso y complicado como lo es América Latina. Y en México tenemos mucha suerte de ser un punto de partida para muchos proyectos en la región.

¿En qué otros proyectos te encuentras trabajando? ¿Qué otros planes hay para lo que resta del 2025?
Justo ahorita voy a empezar a ensayar una obra de teatro y llevo muchos años sin hacer teatro. Entonces estoy muy contenta. Se va a estrenar en octubre, va a estar una temporada muy corta, y se llama Cómo suicidarse y no fallar en el intento. Es una comedia muy oscura pero muy divertida. Y ese mismo mes tengo un estreno de una película que grabamos hace tres años, que ha estado en festivales y que se llama Una historia de amor y guerra. Es una película de amigos queridísimos, una película de muchas aventuras porque la empezamos a filmar en 2016. Se cayó el proyecto por muchos motivos, se recuperó en 2019, luego llegó la pandemia, etcétera. Entonces es una película de la que estamos todos muy orgullosos que vaya a salir por fin en cine. Es una locura de película, muy arriesgada en muchos sentidos y de la cual yo soy personalmente fan.
En noviembre voy a filmar una película que me tiene emocionadísima. Es de los guiones más increíbles que he leído en mucho tiempo. Entonces sí, ahorita estoy muy motivada con la creatividad y de estas cosas nuevas que se vienen. Emocionada también por ver Quebranto. Quisieron mandarme los episodios antes, pero la verdad quiero esperar a que salga.