Marcel Ruiz creció en los sets de grabación y, desde entonces, vive por y para contar historias. Consolidó sus primeros pasos frente a las cámaras con producciones como Más allá de la esperanza y One Day at a Time, donde compartió créditos con Isabella Gómez, Justina Machado y la gran Rita Moreno. Al pertenecer a una familia de artistas, directores y músicos, su creatividad lo llevó, de forma natural, a querer experimentarlo todo dentro del séptimo arte.
Summer of Three es el primer largometraje que escribe y produce junto a su padre, Carlitos Ruiz-Ruiz. La dupla consolida un coming-of-age ambientado en Puerto Rico. Ruiz interpreta a Javi, un joven de 17 años que regresa a la isla para asistir al funeral de su abuelo, pero no logra conectar con sus raíces ni superar emociones que creía haber dejado atrás.
Cuando conoce a Luife (Paolo Schoene) y Kiki (Kiki Montilla), su vida se transforma por completo ante la posibilidad de experimentar la libertad, el primer amor, la amistad verdadera, los duelos y el sentido de pertenencia. Todo, en medio de un país en constante transformación y una generación que navega entre preguntas sobre el futuro.

Con tan solo 22 años y graduado de Columbia, Marcel Ruiz se perfila como una de las miradas creativas más propositivas del nuevo cine latinoamericano. En 2007, a los tres años, asistió al estreno de Lovesickness, la ópera prima de sus padres, en Tribeca. Ahora, aunque se niega a ser partidario de los patrones generacionales, recoge en este mismo festival los galardones a Mejor Guion y Mejor Interpretación (junto a Montilla y Schoene), dentro de la categoría de Narrativa Estadounidense.
En entrevista con The Hollywood Reporter en Español, Marcel comparte el desarrollo de Summer of Three junto a su padre, la construcción de Javi y la química del reparto, los nuevos aprendizajes que le dejó colocarse detrás de las cámaras, el arte como medio para retratar la situación sociopolítica de Puerto Rico, su deseo de dirigir, la importancia de la música en su vida y el futuro de una de las cintas más destacadas del año.
Summer of Three es una gran película, trae un nuevo respiro al cine latinoamericano. ¿Cómo te sientes con todo lo que está sucediendo con ella, por ejemplo, los reconocimientos en el Festival de Tribeca?
Súper agradecido. Cuando trabajas en algo durante tanto tiempo, casi como una escultura que vas tallando poco a poco, le pones tanta energía, pensamiento y amor, que verlo hacerse realidad de una manera que supera las expectativas siempre es lo más lindo. Eso es lo que inspira a seguir creando arte, cine o lo que sea.
Este viaje ha sido muy lindo, no solo por poder compartir estos sentimientos y logros con la familia, los actores y todo el equipo que formó parte del proyecto durante tanto tiempo, sino también con una audiencia que, finalmente, puede vivir la experiencia de ver la película en una pantalla grande, junto a gente que no sabe nada de ella ni de nosotros. Estoy agradecido por esta experiencia.
Escribes esta película junto a Carlitos Ruiz-Ruiz, tu papá. ¿Cómo inician la construcción de esta historia?
Supe que quería hacer esto desde chiquito, pero alrededor de los 15 años me interesó escribir y hacer cosas detrás de la cámara. Naturalmente, al ver todos los proyectos que tenían mis padres, y en los que estaban trabajando, quise colaborar con ellos. No fue hasta hace algunos años que estudié escritura y pude desarrollar este músculo un poco más.
Empecé a rebotar ideas con mi padre sobre diferentes proyectos y algo que nos inspiraba mucho era representar la juventud de Puerto Rico en pantalla. Es algo que se conoce alrededor del mundo, que se refleja mucho a través de nuestra música, pero que no lo vemos tanto en nuestro cine. Yo quería poner mi granito de arena y plasmar mi perspectiva sobre este mundo. Esa fue la meta.
Quisimos reflejar la nostalgia de crecer en Puerto Rico. En mi caso, mi experiencia yéndome del país, volviendo cada verano, especialmente después del high school. Comparamos eso con las historias y experiencias de mi padre y de toda su generación. Queríamos que fuera timeless, y una cápsula con la que mi generación y otras se pudieran identificar.
Tengo entendido que desarrollaron la historia durante tres años. ¿La película siempre siguió el mismo rumbo?
Casi cumplimos tres años desde que empezamos a trabajar la idea, pero realmente el guion de la película se escribió bastante rápido. Yo diría que fueron varios meses, quizá tres, los que tomó escribirla, pero a partir del primer draft seguimos editando hasta el día en que filmamos. En el set reescribimos escenas y encontramos otras formas de hacer crecer la historia a través de improvisaciones durante los ensayos de las noches previas.
No necesariamente tomó un rumbo diferente, porque uno siempre está encontrando ideas nuevas a través del proceso de exploración, pero lo que sí es que nosotros hicimos un outline del libreto antes de empezar a escribir el diálogo, y en ese outline llegamos hasta tres cuartos del guion. Cuando empezamos a escribir, no sabíamos cómo iba a terminar la película. No me acuerdo si eso fue a propósito o no, pero cuando conoces la historia tan bien y estás tan metido en ella, llega un momento en que la misma narrativa te dice hacia dónde necesita ir o cómo necesita cerrar. Eso ayudó a no tener que forzar algo específico desde el principio y encontrar lo que salía naturalmente. Nunca se trata de una respuesta correcta o incorrecta, sino más bien de una intuición.

¿Qué tanto hay de Marcel en Javi? Además de su evidente amor por el básquetbol.
Definitivamente, eso es lo que más hay. En la película, la importancia de la familia y la amistad se desarrolla a partir del punto de vista de Javi. Es algo que yo priorizo bastante en mi vida; para mí es importante compartir mi tiempo y energía todos los días.
Tratamos de inspirarnos bastante en mi punto de vista, no tanto en mi personalidad, en mi historia o en mis experiencias, sino en esa perspectiva de alguien que se siente fish out of water (fuera de lugar). Alguien que quizá no encaja del todo cuando está en Estados Unidos, pero tampoco cuando regresa a Puerto Rico, por más que ese sea su hogar. Yo he tenido esa experiencia desde chiquito, así que entiendo bastante bien lo que significa ser ese tipo de persona que observa desde lejos y puede adaptarse rápidamente a diferentes situaciones.
Esa sensibilidad, ese amor por la familia y la amistad, y la manera en que Javi interactúa, a veces un poco torpe y tímido, definitivamente tienen algo de mí. Más que nada, muchas anécdotas de distintas interacciones que he tenido a lo largo de los años en Puerto Rico; he ido coleccionando ideas, líneas y personajes. Todo eso, definitivamente, viene de nuestro entorno más inmediato, tanto del mío como del de los demás escritores.
Además, haces una mancuerna maravillosa con Kiki y Paolo. ¿Cómo evolucionó su relación durante el rodaje? ¿Cómo lograron construir una química tan especial?
Sí, eso es verdad, uno como actor nunca tiene la suerte de poder desarrollar una química y una amistad así fuera de la pantalla. Me ayudó un montón conocer a Kiki. Nosotros crecimos juntos, ella nunca había actuado, pero cuando escribimos este personaje nos inspiramos bastante en ella. Cuando audicionamos el personaje nos preguntamos: “¿Qué pasa si Kiki la interpreta? ¿Estará interesada?”. Y fue perfecto, porque su trabajo y su enfoque no es el de una actriz convencional. Lo construyó más desde la intuición y desde lo que ella podía traer de su propia vida. Al final del día, eso es lo que uno quiere de la actuación, un trabajo tan natural como ese.
Paolo Schoene, quien interpreta a Luife, audicionó e hizo un gran trabajo desde el principio. Cuando lo conocimos, tuvimos un chemistry test entre los tres, y desde que entró al cuarto supimos que él era Luife. Antes de filmar, tuvimos poco más de un mes para ensayar, hacer improvisación, ir a la playa y janguear como amigos.
Cada personaje es tan diferente, pero cobra vida desde la página. Cuando lo ves tomar forma y empiezas a darles una voz, es adictivo. Nos divertimos tanto y nos la pasamos tan bien, frente y detrás de la cámara, que no se sintió como trabajo. Queríamos seguir pasando tiempo juntos, y no porque el rodaje nos obligara a hacerlo. Siento que, al mismo tiempo que estos personajes vivían esa experiencia y construían una amistad tan bonita, nosotros también estábamos experimentando algo muy similar fuera de la pantalla.
Estoy súper agradecido de haber podido tener eso porque, como dijiste, se nota en el trabajo. No solo hizo que todo fuera más disfrutable, sino que ayudó a que se sintiera natural. Ningún día en el set fue estresante; al contrario, fue divertido. Además, pudimos disfrutar todo lo que Puerto Rico tenía para ofrecer y los lugares donde filmamos. Y sí, claramente no podríamos ser más cercanos. Eso tampoco siempre pasa. A veces, tienes una buena relación con tus castmates, pero cuando termina el proyecto cada quien sigue su camino. Con nosotros fue diferente, yo hablo con ellos todos los días.
¿Cómo fue la experiencia de ser dirigido por tu papá? Sé que te dirigió desde muy pequeño en comerciales, pero una película juega en otra liga.
Fue una gran experiencia. Una de sus grandes fortalezas es trabajar la actuación, gracias a eso, puede guiar tanto a actores como a personas sin experiencia. Además, sabe cómo hacerte sentir cómodo dentro de cualquier universo y llegar a esa naturalidad. El proceso se sintió muy libre y nunca nadie se sintió juzgado. De hecho, a veces sentía que quería más ajustes. Como actor, uno siempre quiere notas y puede sentirse un poco inseguro sobre su trabajo, especialmente cuando no te dicen mucho. Le preguntaba: “Papá, ¿está bien como lo estoy haciendo?”, y él me respondía que sí, que estaba muy contento con el trabajo. Todo se sintió muy intuitivo; nos dejó encontrar, probar y explorar. No fue rígido, y eso ayuda a que, como actor, puedas arriesgarte y experimentar.
Al final, más allá de que se trate de una película y de algo nuevo que estamos haciendo juntos, dirigir siempre es lo mismo, no importa dónde. En ese sentido, no se sintió tan nuevo porque llevo toda mi vida trabajando con él. Donde sí hubo novedad fue en la escritura, la producción, todo lo que hay alrededor del negocio de la película y los aspectos técnicos. Fuera de los 18 días de filmación, esa fue probablemente la parte más retadora, porque no siempre era tan creativa.
Trabajamos en cosas que se extendieron durante mucho tiempo, pero siempre recordamos, antes que nada, que somos familia. Eso fue algo importante para ambos: seguir cultivando esa relación y no permitir que el trabajo la afectara. Yo soy hijo único y siempre he sido muy cercano a mi mamá y a mi papá. Algo bien lindo es que este proceso nos ha acercado todavía más.

Compartiste en un texto que en algún momento no te sentiste conectado con la actuación porque es algo que sucedió de manera natural. El rol de productor y guionista, por el contrario, es algo que llevas buscando desde hace tiempo. ¿Qué descubriste sobre ti mismo, como creativo, durante todo este proceso?
Es interesante porque, aunque hubo momentos en los que no conectaba tanto con la actuación, seguía sintiendo el impulso de escribir, producir y estar detrás de la cámara. Creo que tuvo que ver con que la experiencia que estaba teniendo como actor me hacía sentir que no tenía mucho control ni una voz creativa, y yo siempre he sentido la necesidad de aportar ideas y de hacerlas realidad, ya sea en el cine, la música, el diseño o la moda. La producción y la escritura me permiten sentirme de esa manera. Pronto será la dirección.
Con el tiempo, aprendí que esa misma mentalidad podía aplicarla a la actuación. Antes, sentía cierta falta de autonomía cuando actuaba, pero escribir y producir me ayudó a entender que podía acercarme y abordar cada personaje desde otro lugar, que puedo ir más allá para atraer ideas y colaborar no solo con el director, sino también con todos los departamentos de un proyecto. Eso es algo que he aplicado en los trabajos que llegaron después de Summer of Three y ha hecho que el proceso sea mucho más divertido.
Aprendí que la actuación es sumamente creativa, es decir, esa creatividad se puede lograr de manera intencional, así que puedes tener más control del que imaginas. Puedes convertirte en tu propio director y escritor, incluso, cuando tu función principal es actuar. Ese aprendizaje me dio mucha confianza y me hizo entender que, por más grande que parezca un obstáculo, siempre existe la posibilidad de superarlo.
Las películas requieren una enorme cantidad de trabajo y energía, especialmente si son independientes, pero además de todo lo que aprendí al hacerla, de principio a fin, me quedo con la idea de que la disciplina y la constancia dan resultados. Uno tiene que aprender a recibir notas, a equivocarse y a seguir adelante. Y cuando finalmente vives experiencias como presentar una película en Tribeca, verla con una audiencia o recibir premios, entiendes que las metas rara vez se cumplen exactamente como las imaginabas. A veces, llegas al lugar con el que soñaste, pero de una manera completamente inesperada. Creo que esa capacidad de sorprenderte es lo que te inspira a seguir creando, persiguiendo nuevas metas y soñando con lo próximo.
Una de las primeras escenas de la película nos recibe con la frase: “Vemos nuestro futuro. Está libre de colonizadores”. Luego, Kiki nos regala reflexiones tan profundas como “Aquí hay un montón de dolor, pero también está lleno de amor”. ¿Por qué era importante para ustedes poner esos acentos sociopolíticos en el Puerto Rico que Javi explora?
Sumamente importante, porque es la realidad. Si vamos a retratar a un Puerto Rico joven y contemporáneo, entonces esa identidad sociopolítica y todo el peso de nuestra historia forman parte de ello. Es una conversación que se vuelve cada vez más fuerte y más presente, especialmente entre las nuevas generaciones, que se están educando sobre el momento que vive la isla, pero también acerca de los más de 500 años de nuestra historia.
Es algo único de nuestra generación. Crecimos con esa conciencia y esa dualidad constante: el amor profundo por la isla y, al mismo tiempo, el dolor que implica tener que dejarla atrás o verla transformarse frente a nuestros ojos. Están quienes se van y están quienes sienten que la están perdiendo al ver cómo se venden sus playas, sus casas e incluso parte de su idioma.
Para nosotros eso es muy importante y, personalmente, creo que el arte no solo puede educar y generar conciencia, sino también provocar cambios. Pero además, si una película funciona como una cápsula del tiempo y como el retrato de un momento específico de nuestra isla y de nuestra generación, entonces queremos que incluya todo aquello que es relevante y que forma parte de nuestra realidad. Si queremos que los jóvenes y la gente de Puerto Rico se sientan identificados, tenemos que hablar de las cosas que son parte de su día a día. Por eso era un tema tan importante para todos nosotros.
Otro de los conceptos interesantes de la película es la muerte. Al igual que Javi, yo creo que muchos no sabemos cómo lidiar con ella.
Me identifiqué muchísimo. Nunca lo he dicho, pero ese diálogo es mío. No fue intencional, fue algo que pasó de manera natural mientras escribíamos el guion. Uno se puede identificar o relacionar porque, alrededor de esa edad, comenzamos a tener experiencias cercanas a la muerte. Recuerdo que durante una lectura del guion, una persona que nos estaba haciendo un poquito de script doctoring o el DP dijo: “Wow, creo que esta película realmente trata sobre la muerte”. Y fue como descubrir algo que siempre había estado ahí. A veces, en el arte y en el cine, las metáforas aparecen mientras haces la obra, no antes.
En este caso, la muerte también puede leerse como una metáfora relacionada con Puerto Rico: la sensación de perder la isla o de perder a quienes se van, como ocurre con Javi. Más allá de eso, la presencia de la muerte nos hizo enfocarnos en aquello que nos hace sentir vivos, como el amor, la familia, la pérdida. Queríamos explorar esas experiencias que están en el centro de nuestra humanidad, de nuestro crecimiento y de nuestra manera de entender el mundo. Y ahí existe un contraste muy interesante: aquello que te hace sentir profundamente vivo, también suele confrontarte con la muerte. A veces puede ser algo muy doloroso, pero también puede unir a las personas y recordarles lo que realmente importa. Al final, es un coming-of-age que busca conectar con algo universal, sin importar de dónde venga quien la vea.

Platicamos sobre tu faceta como actor, productor y guionista. También me hablas de la dirección, un camino que parece cada vez más evidente en tu carrera. ¿Te gustaría dar ese paso con un largometraje o comenzarás con los cortometrajes?
Lo que venga primero, porque tengo ideas para los dos. Hace unos meses escribí un cortometraje que me gustaría hacer. No quiero hacer proyectos solo para cumplir, sino por práctica, y una de las mejores formas es hacer un cortometraje. Pero, honestamente, lo que venga primero. Me alegra tener la suerte de no dedicarme únicamente a la dirección, porque ese camino también puede ser muy duro. No es una meta fácil y el trabajo de un director implica tiempos muy distintos. Un actor puede hacer, mínimo, dos películas al año, mientras que un director hace, quizá, una cada dos años. Entiendo lo retador que puede ser, así que también tengo la fortuna de poder esperar hasta sentirme listo y realmente inspirado para dar ese paso.
Así que sí, cuando llegue la oportunidad y sienta que es el momento adecuado, me encantaría hacerlo. Y entre un cortometraje o un largometraje, lo que venga primero. Aunque sí me gustaría hacer un cortometraje, porque creo que es una herramienta sumamente importante para aprender.
¿Y adentrarte en otros departamentos? En Summer of Three fuiste supervisor musical.
Sí, la música es sumamente importante en mi vida. Crecí en una familia donde siempre estuvo muy presente. Mi abuelo y mi abuela son músicos y, al venir de Puerto Rico, la música tiene una importancia aún mayor. La riqueza musical de la isla es tan grande por la manera en que ha recibido influencias de distintas partes del mundo y por cómo luego las proyecta de vuelta. Eso sigue ocurriendo.
A mí no nada más me importa mucho la música, también me inspira, por eso la adapto al cine. Además, si vamos a representar a Puerto Rico, la música tiene que estar presente. Si utilizáramos música que no corresponde a esa realidad, la gente que conoce el país no conectaría con la película ni se sentiría identificada con ella, por eso era tan importante hacerlo bien en términos musicales. Poder ser parte de este proceso fue muy chulo; me apasionó construir el soundtrack y la experiencia sonora de la película.
¿Summer of Three seguirá su recorrido por el circuito de festivales o pronto la vamos a poder ver en cines?
Ahora mismo no tengo una respuesta para eso, pero estamos muy abiertos a cualquier oportunidad que le sirva a la película. Sé que la meta final es que el mundo entero la pueda ver. Todo lo que sucede en medio de eso, como los festivales y los premios, son experiencias lindas, la cereza del pastel. Siento que Summer of Three llega en el momento correcto; hay una audiencia muy grande allá afuera que quiere verla y va a conectar con ella. Estoy segurísimo. Me encantaría poder anunciar muy pronto que podrán verla en sus casas o en el cine.
En estas últimas dos semanas, la experiencia de poder hablar con tanta gente que ha visto la película ha sido una de las partes más divertidas. No solo porque te permite aprender más sobre tu propio trabajo y encontrar nuevas formas de analizarlo, sino también porque te das cuenta de que creaste algo para conectar con los demás y que eso realmente está sucediendo. Todo ha sido más grande que nuestras expectativas. No solo puertorriqueños, sino también latinoamericanos de distintas partes del mundo, han logrado verse reflejados en la historia. He visto a personas que no conocen la isla o que ni siquiera hablan el idioma disfrutar mucho el viaje y la experiencia de la película. Hay algo para todos.

Has dicho que Summer of Three es una carta de amor a Puerto Rico. ¿Qué significa en tu trayectoria y en tu filmografía?
Significa todo. Representa un antes y un después en mi vida y en mi carrera. Encontré una nueva conexión con la actuación y una nueva relación con mi trabajo. Es casi como si hubiera descubierto un truco de magia que me devolvió la emoción y me estoy divirtiendo un montón. He trabajado en este mundo desde muy pequeño, pero después de esta película sentí que todo volvió a empezar. Fue como un año cero.
Sucedieron muchos cambios a nivel personal. Me gradué, tuve mis primeras experiencias en el set sin mis padres y, por primera vez, descubrí hacia dónde quería dirigir mi carrera. Ha sido un proceso muy emocional y siempre voy a recordar este momento como un nuevo comienzo, como el instante en que tuve claridad sobre el camino que quería seguir.
Poder vivir todo esto representando a Puerto Rico y a mi generación lo hace aún más especial. Siempre he querido ver en pantalla historias que reflejen a los jóvenes boricuas de hoy, y creo que todos los puertorriqueños compartimos esa pasión por poner nuestra bandera en alto. Es algo que llevo conmigo en cada proyecto y una prioridad que aprendí de mi familia, de mi mamá y de mi papá. Por eso era tan importante sentirme representado en esta película y poder formar parte de una historia hecha por y para nuestra gente.
También me llena de orgullo haberlo logrado junto a un equipo completamente puertorriqueño, tanto delante como detrás de cámaras. Y más allá de lo que significa para nosotros, me ilusiona pensar que proyectos como este puedan impulsar una nueva ola de cine puertorriqueño, del mismo modo en que nuestra música ha logrado abrirse camino y llegar al mundo entero. Si esta película ayuda, aunque sea un poco, a que surjan más proyectos desde la isla, entonces significa todo para mí.
Este momento se siente muy genuino; se siente como una decisión que nació de mí y no como algo que simplemente llegó por casualidad. Es un nuevo comienzo y, aunque empezar de cero a veces puede dar miedo, también es emocionante. Al final, creo que uno tiene que seguir tomando riesgos y persiguiendo aquello que realmente le entusiasma.