Más de 1.200 creativos del cine y la televisión, entre ellos directores, actores, guionistas y productores reconocidos a nivel mundial, han suscrito un compromiso en el que se niegan a colaborar con instituciones cinematográficas de Israel a las que acusan de estar “implicadas en genocidio y apartheid contra el pueblo palestino”. La declaración, difundida por la organización Film Workers for Palestine, surge como respuesta a la ofensiva en Gaza y se inspira en el boicot cultural que contribuyó a debilitar el régimen del apartheid en Sudáfrica durante los años ochenta.
El texto señala que el cine tiene un poder significativo para moldear la percepción pública y, en medio de lo que definen como una crisis humanitaria sin precedentes, los firmantes consideran indispensable rechazar la complicidad con actos de violencia. “En este momento urgente, en el que muchos de nuestros gobiernos están permitiendo la carnicería en Gaza, debemos hacer todo lo posible para enfrentar la complicidad en ese horror implacable”, se lee en la carta.
Entre los firmantes se encuentran figuras como Yorgos Lanthimos, Ava DuVernay, Asif Kapadia, Boots Riley, Joshua Oppenheimer, Mike Leigh y Adam McKay. En el ámbito actoral están Olivia Colman, Mark Ruffalo, Tilda Swinton, Javier Bardem, Riz Ahmed, Cynthia Nixon, Gael García Bernal, Josh O’Connor, Melissa Barrera, Ayo Edebiri y Susan Sarandon, entre otros grandes nombres de la industrial.
Olivia Colman, Ayo Edebiri, Josh O’Connor, Yorgos Lanthimos, Mark Ruffalo, Hannah Einbinder, Aimee Lou Wood and Melissa Barrera are among 1,200 industry names vowing not to work with Israeli film companies that are implicated in genocide and apartheid against the Palestinian… pic.twitter.com/3HPqmkP5EI
— Film Updates (@FilmUpdates) September 8, 2025
El documento compromete a los firmantes a no presentar películas ni participar en festivales, productoras, televisoras o cualquier institución cinematográfica israelí que, según sus criterios, contribuya a justificar o encubrir abusos contra la población palestina, o que mantenga alianzas con el gobierno señalado por cometerlos. En el listado de eventos y organizaciones que entrarían en esa categoría se mencionan festivales como los de Jerusalén, Haifa, Docaviv y TLVFest, los cuales han mantenido vínculos con el Estado israelí.
Según las personas que impulsaron esta iniciativa, la mayoría de las compañías de producción y distribución de cine en Israel nunca han respaldado plenamente los derechos reconocidos internacionalmente de los palestinos. No obstante, se aclara que sí existen entidades israelíes que no incurren en esas prácticas, y que se deberán seguir las directrices diseñadas por la sociedad civil palestina para identificarlas.
La declaración insiste en que el boicot está dirigido a las instituciones y no a las personas. “La negativa se centra en la complicidad institucional, no en la identidad”, se precisa, recordando que dentro de Israel también viven alrededor de dos millones de palestinos con ciudadanía israelí. El comunicado cita directamente a cineastas palestinos que han solicitado a la industria internacional “hacer todo lo humanamente posible” para terminar con la complicidad en su opresión y rechazar el silencio, el racismo y la deshumanización.
“Como descendiente de sobrevivientes del Holocausto, me siento angustiado y furioso por las acciones del Estado israelí, que durante décadas ha impuesto un sistema de apartheid sobre los palestinos y que ahora perpetúa un genocidio y limpieza étnica en Gaza”, comentó El guionista David Farr en un comunicado publicado por The Guardian. “En este contexto no puedo permitir que mi trabajo se publique o se represente en Israel”, añadió. Para Farr, el precedente del boicot cultural en Sudáfrica resultó fundamental y cree que hoy debe replicarse con la misma fuerza.
El movimiento remite al colectivo Filmmakers United Against Apartheid, creado en 1987 por directores como Jonathan Demme y Martin Scorsese, que en su momento exigió a la industria estadounidense abstenerse de distribuir películas en Sudáfrica mientras persistiera el régimen racista. Los organizadores aseguran que el ejemplo de entonces inspira la acción actual y la convierte en un deber moral para los artistas.
Hannah Einbinder, actriz y una de las firmantes, expresó: “Lo que hemos presenciado en Gaza en los últimos dos años conmueve la conciencia. Como ciudadana judía estadounidense, cuyos impuestos financian directamente los ataques de Israel, siento que debemos hacer todo lo posible para poner fin al genocidio. Ante el fracaso de nuestros líderes, los artistas deben actuar y rechazar la complicidad”.
El documento no menciona explícitamente la campaña global de boicot, desinversión y sanciones (BDS), pero se considera una de las acciones de mayor alcance en el ámbito cultural desde el inicio de la ofensiva en Gaza. El precedente más cercano fue la carta suscrita en 2023 por más de siete mil autores y trabajadores editoriales, entre ellos Sally Rooney y Viet Thanh Nguyen, que se comprometieron a no colaborar con editoriales israelíes señaladas por prácticas similares.
Este nuevo pronunciamiento se suma a una serie de manifestaciones recientes dentro de la industria del entretenimiento. Hace tan sólo unos meses, un centenar de artistas, entre ellos Joaquin Phoenix, Pedro Pascal, Ralph Fiennes y Guillermo del Toro, condenaron en una carta abierta lo que describieron como silencio cómplice de la industria ante la campaña militar israelí. Además, la Asociación de Actores de Noruega recomendó a sus miembros evitar acuerdos con determinadas instituciones culturales israelíes.
El debate también ha llegado a los cineastas palestinos. Más de 65 de ellos firmaron un documento en el que denunciaban décadas de representaciones deshumanizantes en Hollywood y pedían a sus colegas internacionales que dejaran de trabajar con productoras que “blanquean” o legitiman los crímenes cometidos contra su pueblo. Recientemente, varios creativos de la industria también se unieron para visibilizar el conflicto en el marco del Festival Internacional de Cine de Venecia.
En Venecia, la película The Voice of Hind Rajab, que narra la historia de una niña de cinco años asesinada por fuerzas israelíes, recibió una ovación de 23 minutos tras su estreno. La producción contó con el respaldo como productores ejecutivos de Brad Pitt, Jonathan Glazer, Joaquin Phoenix, Rooney Mara y Alfonso Cuarón.
La iniciativa de Film Workers for Palestine es, probablemente, una de las expresiones más contundentes del mundo del cine contra la guerra en Gaza, en un intento de replicar la presión cultural que en otro tiempo contribuyó a derribar el apartheid sudafricano. Todo esto como parte de un creciente rechazo por parte del mundo entero ante un conflicto que ha cobrado la vida de miles de inocentes.