De acuerdo con el periódico británico ‘Financial Times’, MUBI, la plataforma de streaming conocida por su compromiso con el cine de autor y la diversidad cultural, acaba de recibir una inversión de 100 millones de dólares del fondo estadounidense Sequoia Capital. La operación eleva el valor de la plataforma a mil millones de dólares, lo que la convierte oficialmente en un “unicornio” dentro del mundo tecnológico y audiovisual.
Sin embargo, la noticia genera preguntas importantes sobre el futuro de la plataforma, ya que Sequoia Capital no es un inversor cualquiera. Se trata de uno de los fondos más poderosos de Silicon Valley, con una fuerte presencia en el sector tecnológico-militar de Israel. Desde octubre de 2023, en medio de la ofensiva sobre Gaza, Sequoia retomó operaciones en ese país y desde entonces ha financiado varias startups relacionadas con la defensa y ciberseguridad.
Uno de sus socios, Shaun Maguire, se ha posicionado públicamente a favor del gobierno israelí, defendiendo la ofensiva militar y promoviendo una visión que vincula la tecnología con el poder geopolítico. En una entrevista con el periódico financiero israelí ‘Globes’, realizada en 2024, Maguire expresó su “profundo optimismo” sobre la economía tecnológica de Israel, calificando a Tel Aviv como uno de los principales centros del sector a nivel mundial, solo por detrás de Nueva York y California. Además, ha manifestado su apoyo a figuras como Donald Trump y ha criticado a la ONU por denunciar los crímenes de guerra en Gaza.
MUBI ha construido su reputación como un espacio libre para el cine, con una curaduría que prioriza películas independientes, voces marginales y miradas críticas. Su catálogo incluye cine de Medio Oriente, África, América Latina y otras regiones que no suelen tener espacio en las grandes plataformas. Por eso, aceptar una inversión de un fondo tan comprometido con la industria militar israelí plantea un dilema: ¿Podrá la plataforma seguir defendiendo una línea curatorial libre de presiones políticas o económicas?
Aunque la plataforma ha dicho en varias ocasiones que no tiene una agenda ideológica, que su objetivo es simplemente mostrar buen cine. Pero en tiempos de guerra y censura, esa neutralidad puede volverse frágil. Elegir qué historias se cuentan y cuáles se dejan fuera es también una decisión política.
En un momento en que Gaza sufre ataques constantes, y en el que muchas voces palestinas están siendo silenciadas, es legítimo preguntarse de qué lado se coloca cada actor cultural. La inversión en MUBI no solo representa un movimiento financiero, también marca una problemática ética, donde se cuestiona qué tanto puede estar el cine al servicio del capital que financia la guerra.