A punto de cumplir 40, Natalia Plascencia vive un momento que se siente como la cosecha de un largo recorrido. La actriz llega al Festival Internacional de Cine de Morelia con dos películas en competencia (Vainilla, de Mayra Hermosillo, y Las locuras, de Rodrigo García) que marcan un punto de madurez en su carrera y consolidan su presencia dentro del cine de autor latinoamericano.
Formada en Madrid en el Estudio para el Actor de Juan Carlos Corazza, Natalia ha construido su trayectoria con paciencia y coherencia, movida por un interés profundo en las historias que retratan la complejidad humana. En esta conversación con THE HOLLYWOOD REPORTER en Español, ella nos habla sobre el significado de este momento en su vida profesional, su vínculo con las directoras y directores con los que ha trabajado, la búsqueda de papeles que la desafíen y su visión sobre la transformación de la industria cinematográfica para las mujeres.
¿Cómo describirías el momento que estás viviendo en tu carrera con tu presencia en el Festival de Cine de Morelia?
Es un momento que se ha cocinado a fuego lento. Llevo 15 años siendo actriz, tengo 40. Es el primer momento en donde se me juntan varios trabajos que del tipo que siempre soñé hacer. Presentarlos en los marcos de los festivales que más me gustan. El FICM es mi festival más amado en México y con el reciente estreno de Vainilla en Venecia, siempre fue un sueño porque es el festival más antiguo del mundo. Estoy viviendo cumpliendo 40 y viviendo muchos sueños que se han venido cocinando muy lentamente.
Pero ya dieron sus frutos. Muchísimas felicidades. Ya llegaron. ¿Cómo es para ti el estar participando con dos proyectos en este festival?
Es bonito porque vamos a tener mucha gente conocida, tanto de la industria como de la familia, los amigos. Será un momento para compartir estas dos grandes películas con seres muy cercanos. Además tiene una gran exposición a nivel internacional que puede servir como una plataforma para llegar a otras latitudes así que estoy emocionada de mostrar estos trabajos con gente cercana que forma parte de mi vida y gente que quiero mucho de la industria. También, tengo ganas de que los proyectos viajen un montón.
Sí, claro. ¿Y hubieras imaginado llegar a este punto en tu trayectoria? Imagino que luego la desesperación o un poco las carreras que nos agarran, nos hacen perder la fe. ¿Tuviste algún momento así en tu carrera?
Creo que es una carrera que nunca es estable y siempre tenemos que estar encontrando herramientas para no hundirnos. Definitivamente ha habido un montón de momentos en los que parece que no va a salir y que tienes que cambiar el rumbo. Y, por supuesto, que me he planteado muchas veces hacer otras cosas, pero cuando has elegido bien tu oficio, es muy difícil que a pesar de que las circunstancias no sean las más favorables para tu vida, no puedes dejarlo. Es un oficio que te elige a ti, y una vez que te das cuenta, creo que no hay marcha atrás. Aunque creo que podríamos abrir el abanico a múltiples cosas que podemos hacer.

A mí me causa mucho la intriga, porque me gusta escuchar estas historias. ¿Cómo fue que llegaste a la actuación?
Creo que lo traía desde niña. Yo hacía los shows familiares siempre, obras de teatro, espectáculos. Ya estaba la pulsión ahí. Estudiaba sociología y tuvimos un par de clases que determinaron mi rumbo, porque en ese par de clases me di cuenta que lo que me interesaba era estar contando las historias. Tenía mucho que ver con cómo el cine ha colonizado las mentes, o sea, cómo Hollywood colonizó el mundo entero con una manera de ver las cosas, con ciertos valores. También teníamos una clase de análisis de cine y ahí descubrí a Bergman. Como no me veía trabajando como socióloga, fue cuando me reconecte con esta necesidad de interpretar personajes, de escribir historias. Dejé la carrera y me fui a estudiar teatro.
Qué lindo. Me estabas contando que te gustaba mucho formar parte de películas como Vainilla y Las locuras. ¿De dónde viene este interés que tienes sobre estas temáticas?
Aunque son temáticas bastante distintas, creo que lo que me gusta de estas historias es que tienen personajes reales y están muy alejadas del cliché. Tanto Rodrigo García como Mayra Hermosillo saben de lo que están escribiendo en sus guiones, conocen el tipo de personas sobre las que están escribiendo y eso hace que sea una historia que a mí ya me interese porque quiero hablar de realidades que nos hagan reflexionar sobre el rumbo que estamos tomando como seres humanos, ya sea en nuestros padecimientos, en nuestros dolores o en nuestras locuras.
¿Qué fue lo que más te atrajo del guión de Vainilla?
Me atrajo mucho la idea de que fuera un universo únicamente de mujeres porque refleja la realidad de tantas mujeres en este mundo donde los hombres no ejercen la paternidad. Me atrajo todo, pero por puntualizar era esa una de las cosas que me atraían muchísimo del guión y otra era que Mayra me estaba ofreciendo interpretar a su tía, que la quiso muchísimo. Una mujer sumamente carismática, sumamente torpe con la vida, pero al final un personaje increíble. También trabajar en un equipo tan amoroso que se estaba formando, hubo mucho cariño a Mayra y a la historia.
Qué cómodo que, en una industria tan dominada por los hombres, pudieras encontrar ese espacio. ¿Cómo fue para ti ese primer encuentro con Mayra como directora?
Muy natural, muy casual, tomándonos un café de amigas. Me contó la historia que estaba escribiendo y yo le dije que por favor me dejara formar parte. Después de varios meses, me dijo que me daría el papel de Limbania. Yo ya conocía la historia y era el personaje que más me gustaba.Todo ha sido muy casual, muy casero, muy cercano. Ella y yo somos casi hermanas.
¿Ya se conocían de antes?
Sí, fue mi primera amiga en la Ciudad de México. Nos conocimos hace 10 años haciendo castings de comerciales, buscándonos un lugar, las dos de provincia, ella de Torreón y yo de Guadalajara. Estábamos un espacio en esta industria que a veces no te deja entrar tan fácil. Éramos dos actrices en busca de personajes, de historias. Antes de Vainilla ya habíamos hecho un cortometraje que se llama Me quedo aquí, también bastante personal porque habla de los condicionamientos mentales en un ser querido, la cual es una temática que me toca personalmente. Lo hicimos en pandemia. Vainilla es nuestro segundo trabajo y se viene un tercero.
¿En serio?
Sí, Mayra está escribiendo una película que se llama Cuchita. Sería la protagonista. Es la historia de una actriz frustrada que acepta el rol de ser standing de una actriz famosa. Va a hablar bastante de ciertas cosas de la industria que no son agradables para ella.
Son como nuestra Sofía Coppola y Kristen Dunst mexicanas.
¡Si! Me encanta.
Y, bueno, hablando un poco más sobre Las Locuras, ¿cuáles fueron los desafíos que tuviste al interpretar a tu personaje en este drama?
Yo interpreto a Soledad, que es una profesora de teatro. El reto estaba en defender su aparente violencia, ya que de cierto forma la ejerce, en específico, con una de sus alumnas, interpretada por Natalia Solián. Tener ese lugar de respeto frente a los alumnos, siendo tan cercanas las edades, fue complicado. Colocarse en un lugar en donde se perciba que los demás ya te respetan, era un reto de un personaje que tenía una profundidad magnética, como muchos de los profesores y profesoras de teatro, que tienen un magnetismo muy potente. Defender esa violencia, porque fue una decisión entre Rodrigo y yo, que también la cuestionara a ella, que no fuera nada más ejercida a una de sus alumnas, sino que delatara también la fragilidad de mi personaje.
Claro, qué importante. ¿Y cómo dirías que fue este encuentro con Rodrigo García, el director de esta película?
Fue muy agradable. Ya nos conocíamos de familia. Eso hace que el trabajo sea muy cercano, porque no hay que romper ningún hielo. Se llega directamente a ese ambiente de confianza que existe. Aunque fue muy breve, porque son muchos personajes en la historia, es una película muy coral, fue breve nuestra llamada, concretamos muy rápido lo que queríamos del personaje y descubrimos cosas en el camino también. A pesar de la pequeña participación, los dos nos llegamos a sorprender de las cosas que pasaron y de lo que fuimos encontrando.
¿Qué fue lo que más te sorprendió?
Ay, es que sería contar demasiado de la historia. Pero me sorprendió ver como un personaje que tiene tanta armadura frente al sentir, se pudiera despojar de esa protección al ver una mirada de fragilidad en su igual.
¿Qué tipo de papeles o historias te gustaría explorar en el futuro?
Me gustaría interpretar a personajes que me sorprendan a mí misma de la capacidad que tengo de ser humana en todo el ramo. Sorprenderme de cómo puedo estar sintiendo o defendiendo o dejándome permear como nunca lo he hecho. Papeles que amplíen mi rango como ser humano en este plano. Bien metafísica yo (ríe).
Está genial. Y aquí, volándonos muchísimo, ¿con cuáles directores, directoras o actrices, actores te gustaría trabajar? Alguien que sea tu mayor sueño.
¡Qué difícil pregunta! Se me viene a la mente uno que es contemporáneo, Giacomo Abruzzese, es italiano, hizo una película que se llama Disco Boy y tengo unas ganas tremendas de trabajar con él. También con Emerald Fenell y Luca Guadagnino. Hablando de actrices diría que Aimee Lou Wood, Franz Rogowski, Nahuel Pérez y Zendaya.
Me estás contando que llevas 15 años trabajando como actriz. ¿Cómo has visto que la industria del cine en México ha cambiado en los últimos años, especialmente para las actrices?
Tengo dos opiniones encontradas. Una tiene que ver con las plataformas y la presión que están ejerciendo para producir un tipo de contenido, que es el que está pidiendo el click de su plataforma. Por un lado, esa parte puede permear la creatividad en cuanto a las historias. Específicamente con las actrices me parece que estamos en un gran momento donde se están abriendo nuevas historias a contar sobre el universo femenino, cada vez hay más directoras. Estamos viviendo un gran momento para nosotras, para la humanidad. Hacía falta nivelar la balanza porque todas las historias estaban escritas y dirigidas desde una perspectiva demasiado masculina y la balanza estaba desequilibrada. Es un gran momento para las actrices, directoras, creadoras, guionistas, porque lo estamos logrando juntas. Ha sido una lucha de muchas mujeres atrás que ya no viven y que lucharon por este lugar que estamos teniendo ahora y nosotras lo estamos sosteniendo muy bien, seguimos abriendo camino. Por un lado la presión de las plataformas, que me parece ya están casi siendo las dictadoras de lo que tiene que suceder con las narrativas, pero por otro lado cada vez somos más historias de mujeres, dirigidas por mujeres, encabezadas por departamentos con más mujeres.

Lo he notado, cada vez que veo una película en los créditos veo más nombres de mujeres y es hermoso. Me encanta, me encanta verlos. ¿Cuáles son tus próximos proyectos o metas dentro de la actuación para lo que sigue? Ya nos contaste que tienes un proyecto con Mayra Hermosillo, pero ¿hay otras cosas que tengas planeadas?
Habrá una tercera temporada de Doc, una serie que filmé recientemente en Bogotá y también Cuchita, que estamos empujando el proyecto para encontrar financiamiento. A futuro me gustaría trabajar en muchos países, trabajar en historias de otras latitudes, abrirme a nuevas posibilidades y ser invitada a historias que nunca imaginé. No me gustaría quedarme en el mismo lugar, me gusta explorar.
Explorar cada vez más, me encanta. ¿Hay algo más que quieras agregar?
Sí, hace rato que hablé de Rodrigo García me quedé con ganas de decir que me parece que es un director extremadamente feminista sin decirlo. Tiene una sensibilidad especial y siempre está contando historias de mujeres porque nos conoce muy bien y nos describe muy bien, le admiro mucho. Y sobre Mayra Hermosillo, también toda mi admiración por su tenacidad, su claridad y por esta ofrenda que hizo en esta historia que es la historia de su vida. No sé si en algún lugar quepa esto, pero les honro mucho a ambos.