Todo se puede convertir en comedia con Ricardo O’Farrill

El comediante mexicano reflexiona sobre el proceso creativo detrás de Corto circuito, el poder de las risas y lo que le depara el futuro

Por HARETH PERAZA |

septiembre 12, 2025

6:31 pm

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Los últimos años han sido sumamente duros para Ricardo O’Farrill. De ser una de las figuras más aclamadas de la comedia en México, pasó a ser un referente de lo que no debes de hacer. El abuso de sustancias llevó a O’Farrill a un brote psicótico que dejó una huella imborrable en su historia. Sin embargo, hoy Ricardo está de regreso y en uno de los mejores momentos de su vida y carrera. Con Corto circuito, su nuevo show, no solo cuenta cómo fue su experiencia saliendo del hoyo, sino también que ya hizo las paces con ello. 

Una vez termine la gira de Corto circuito, Ricardo O’Farrill no volverá a tocar el tema de sus adicciones y su rehabilitación sobre el escenario. De cara al arranque de su paso por México, el comediante se reunió con THE HOLLYWOOD REPORTER en Español para conversar sobre el proceso creativo detrás del show y lo que significó poder estar en paz con su pasado y consigo mismo. 

El show Corto circuito ha pisado muchos lugares y se ha presentado frente a miles de personas, ¿cómo se siente poder presentar el show y el mensaje que tiene detrás con el público?

Han sido tantas fechas —desde que empecé a probar el material, a recorrer Europa, luego Sudamérica, Centroamérica, hasta por fin pisar México— que el show ha podido resignificarse. Antes parecía una apología, una explicación de por qué hice esas cosas y lo mal que estuve, como si se tratara de una constante disculpa, pero Corto circuito evolucionó a, “Esto es lo que aprendí, escuchen esta anécdota muy chistosa”. No tienen que ser adictos o tener un familiar adicto para relacionarse con el dolor que vive el ser humano y con esta anécdota de un adicto que, como muchos otros, siempre está encontrando nuevos fondos que tocar. 

Mi mamá lo vio recientemente y me dijo, “Pensé que iba a llorar todo el show. Lo has resignificado de tal manera que me pude reír de esos momentos tan dolorosos que viví en primera fila; que ví en primer lugar. Ví como te llevaban, como te amarraban y pude reírme de eso, en vez de estar llorando al recordarlo”. Entonces, creo que se ha hecho un buen trabajo dándole un nuevo significado al contenido. 

¿Qué crees que te ha llevado a hacer estos cambios en los que el show pasó de ser una disculpa a ser una experiencia con la que te encuentras en paz?

Creo que la repetición de atravesarlo. Como comediante, me atrevo a decir que tengo la bendición de tener un trabajo en el que puedo tomar una historia y estar obligado a convertirla en comedia porque yo no puedo darte una plática motivacional en el escenario. ¡Tengo que ser chistoso! Pagaste por ver a un comediante. Soy un bufón de los de antes y te necesito hacer reír. 

Recuerdo que cuando estaba haciendo los primeros show probando material le dije a mi terapeuta, “Me está lastimando mucho hacer este show. No sé si pueda aguantar toda la gira sintiendo tanto dolor”, y me contestó, “Qué bueno que te duela. Síguelo diciendo y que te duela más”. Con el tiempo comprendí que no se trataba de algo masoquista, sino de sabiduría antigua del budismo, que es el maestro dolor y lo que enseña: como adicto, en vez de evadir el dolor con placer, atraversarlo como lo hacía el ser humano cuando no había distracciones. 

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Ahora que mencionas esto, se me viene a la mente Payaso de Franco Escamilla, un show que comienza siendo bastante cómico, pero que termina en una nota sumamente sensible. ¿Qué te llevó a optar por este lado mucho más cómico y no por lo emocional?

Sí había una versión de Corto circuito en donde la gente lloraba y se sentía bien. Hacía una pausa emocional que —y es lo bonito de estar en un escenario— no es falsa, la estás viviendo. Eso es lo que vivió Franco y no sé cómo se sintió llorar tantas veces durante la gira, por como se quiebra en el especial, que obviamente, al ser la grabación, lo estás sintiendo muchísimo más. 

Si bien existía esa versión emocional, luego descubrí otra que acortaba más el camino y en la cual la gente se reía, y dije, “Ya tengo un show, que es Falacia, donde logro en un momento hacerte llorar. En este me voy a clavar en el objetivo de hacerte reír incluso en el momento más vulnerable, que es cuando le prometo a mi papá que ya no voy a consumir”. Ese era el momento sensible y una noche encontré una manera muy estúpida y chistosa de hacerlo y dije, “Prefiero este aplauso tronado en este momento a la pausa que, en cuanto a ritmo del show, me está quitando tiempo”. Así que opté por el camino de hacer reír, aunque eso no quita que tenga un mensaje. 

Esto me lleva a pensar en el papel que juega la audiencia en Corto circuito. Hay shows, como Traumas de Nacho Redondo, donde tiene un papel protagónico y otros en los que no es tan importante, ¿qué rol juega la audiencia en Corto circuito?

Reírse. El texto está hecho de tal manera que te puedas identificar en lo que es atravesar un momento de dolor y saber que las cosas no van a volver a ser iguales desde que empiezas a vivirlo. 

El show empieza con una pregunta abierta al público: ¿el ser humano necesita de la miseria ajena para sentirse mejor? Y hay un estruendoso “¡Sí!”, y a través del viajezote que viví, les digo que encontré otra perspectiva porque nadie porque nadie tiene las respuestas, y menos yo. No tengo las respuestas, pero sí un punto de vista que pude entender a través de todo lo que viví. A pesar de que es una compilación de anécdotas chistosas de un adicto necio, termina con una curva de aprendizaje que para mí fue muy importante. Se trata de la gran diferencia de tiempo que existe entre el momento en el que el ser humano dice, “Listo. Estoy bien”, a cuando realmente lo logra, y el qué hacer en ese hueco para realmente lograrlo porque parece que no lo vas a lograr. Es una manera de tomar la mano de cualquier que lo necesite y decir, “Sí lo vas a lograr”.

¿Con esto en mente, cómo fue el proceso de escribir Corto circuito?

Lo escribí desde el mayor punto de dolor. Estaba desesperado por estar bien y una mañana me desperté con la idea de que quizás contar mi historia en Word me ayudaría a sentirme un poco mejor. Curiosamente, fue un día que vino mi mejor amigo a la casa y se me olvidó decirle que también venía mi mamá. Pero eran tan regulares las visitas de ambos en esa época que estuvieron aquí sentados en los dos sillones que tengo enfrente y me vieron tan movido por querer bajar todo, que se quedaron aquí. Entonces, les leía los chistes y les preguntaba, “¿Esto está chistoso?”, y me contestaban, “Sí, eso está chistoso”. Luego volvía a escribir y otra vez les preguntaba y me decían, “No, eso está muy lejos de ser chistoso”. Fue todo un día de escribir un texto que, si reviso hoy en día, sé que es muy distinto a lo que estoy presentando ahora, pero que me sirvió de un mapa inicial para tener claro el camino de lo que quería contar, que era mi vivencia para ver si podía ayudar a una persona, hacerle creer que las cosas van a estar mejor o, en el mejor de los casos, invitarlo al mundo de la sobriedad, lo cual es bastante difícil de lograr. 

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La comedia tiene un poder catártico que puede pasar desapercibido, ¿cuándo te diste cuenta por primera vez, incluso antes de Corto circuito, de que la comedia tiene esta capacidad sanadora?

Lo tenemos todos y lo hemos vivido en el momento cuando estamos contando un día caótico o una anécdota dolorosa y la persona que te está escuchando se quiebra y te dice, “Discúlpame, pero es que me da mucha risa lo que me estás contando”. Es una catarsis muy bonita que demuestra que del enojo a la comedia hay una línea delgadita que muchas veces la gente no nota, pero como comediante, al estar obligado a hacer reír, ese enojo lo tomas y lo tienes que convertir instantáneamente en comedia. El público lo puede entender directamente a raíz de momentos en los que el caos te da risa o la risa en un mal momento. 

Con estos cambios en tu estilo de vida, me imagino que también ha cambiado cómo vives los minutos antes de salir al escenario, ¿hoy en día, cómo son estos instantes antes de que Ricardo O’Farrill haga reír al público?

Se volvió hermoso porque ahora confío en mi cabeza. Tengo la claridad de que, si bien la gente puede argumentar que existe el marihuano funcional, no hay nada más bello que confiar en tu mente. Cuando mencionaste a Nacho Redondo, recordé que él es una de las personas que cuando consumía le pregunté, “¿Cómo le haces para no estar nervioso?”, y me decía, “Man, yo me sé el texto. Yo lo escribí”. Ahora vivo eso que Nacho me relató. Confío enteramente en mi cabeza porque ahora tengo una mejor memoria y está comprobado científicamente que mis conexiones cerebrales funcionan mejor. Así que el momento antes del show es muy tranquilo. 

El cierre de la gira de Corto circuito será la última vez que hables de todo el proceso que viviste sobre el escenario, ¿qué le da tanto poder a esta presentación?

Cuando empecé con un programa de comida que se llama Ñam ñam extravaganza, de repente me empezaron a invitar a concursos de comida o me mandaban comida a mi casa y decía, “Tengo un programa de comida, pero no soy el de la comida”. De igual manera, no quiero ser “el de las adicciones”. Si una clínica me invita a dar una plática o si me invitan a prevenir a la juventud, por supuesto que lo voy a hacer, pero no quiero que esto sea mi esencia o con lo que se me reconozca. Yo sé que es una huella, que cualquier persona está invitada a hacer chistes sobre el tema y que cualquier persona está en su derecho de no olvidarlo y recordarme así, pero no quiero ser el que ande motivando. Esta es una etapa de mi vida muy bonita, pero quiero que mi siguiente show sea una sarta de estupideces. 

¿Desde el punto de vista técnico, cómo sientes que ha cambiado la forma en la que escribes? ¿Hacia dónde se dirige tu próximo show?

Estoy en una época en la que quiero volver a atreverme a picar aquello que dicen que no se puede picar. Ya estoy presentando un texto donde muestro esta historia que espero ayude a alguien y que habla de la vulnerabilidad, pero lo próximo que quiero es hacer un análisis sobre cómo antes el ser humano era feliz sin tener nada e irónicamente ahora somos infelices teniéndolo todo, y en ese puente molestar. Ser Chris Rock con el riesgo de ser abofeteado, el bufón con el miedo a que le corten la cabeza y pasarme de la raya. 

HARETH PERAZA

Redactor / Community Manager

Redactor y community manager para The Hollywood Reporter en Español. Con una mirada objetiva hacia el entretenimiento, busca desentrañar los procesos creativos y el impacto de cada obra que retrata en sus textos.

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