Vanesa Restrepo: “Ser yo es maravilloso y por fin lo estoy entendiendo”

La actriz colombiana regresa al país para interpretar a la directora de una prisión oceánica en The Black Demon: Atlantis

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

agosto 28, 2026

2:07 pm

Cortesía de El Comercio

Bogotá está situada a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar y a centenares de kilómetros del océano, pero allí fue construido el mundo de The Black Demon: Atlantis: una prisión de máxima seguridad levantada bajo las aguas del Pacífico y amenazada por el regreso de un megalodón. El artificio resulta tan descomunal como revelador de las nuevas capacidades de la industria audiovisual colombiana.

La producción necesitó siete semanas de preparación, un rodaje de 27 días y la construcción de un enorme tanque de agua dentro de una bodega. También utilizó instalaciones de TransMilenio y diferentes locaciones bogotanas para crear la arquitectura brutalista de Atlantis, una prisión marítima en la que los rituales, los secretos de sus reclusos y una criatura surgida de las profundidades terminan provocando el caos.

Carmen Cabana (Cortesía de American Cinematographer)

La película marca el debut como directora de largometrajes de la venezolana Carmen Cabana, directora de fotografía con créditos en producciones como Narcos, Ms. Marvel, Resident Evil, High Fidelity y Rosario. El elenco internacional está encabezado por Jack Kesy, Julio César Cedillo, Harold Torres y Vanesa Restrepo, mientras los equipos técnicos y las cabezas de departamento son colombianos.

Para Restrepo, la filmación representó también un regreso aplazado. Nació y creció en Medellín, pero comenzó su formación actoral en México después de graduarse como ingeniera industrial. Posteriormente estudió en Nueva York y Los Ángeles, desarrolló su carrera fuera de Colombia y, pese a haber presentado audiciones anteriormente, nunca había trabajado profesionalmente como actriz en su país.

En The Black Demon: Atlantis interpreta a Carmen Reyes, directora de una prisión de máxima seguridad concebida como centro de rehabilitación. Es el principal personaje femenino de una película dominada por espacios cerrados, combates, escenas acuáticas y una amenaza gigantesca. El papel le permitió regresar a Colombia convertida en aquello que alguna vez le hicieron sentir que no podría ser: una mujer capaz de ocupar el centro de una producción internacional sin tener que disculparse por su cuerpo, su nacionalidad, su voz o su manera de comprender el mundo.

Durante una conversación desde una de las locaciones del rodaje en Bogotá, Vanesa Restrepo habló sobre su personaje, los desafíos de filmar una historia marítima en los Andes, su formación en psicología, la violencia de los estereotipos físicos y la importancia de combatir los abusos sin convertir la lucha contra la violencia de género en una confrontación entre mujeres y hombres.

Cortesía de Vanesa Restrepo

Después de desarrollar buena parte de tu carrera fuera de Colombia, ¿qué descubriste sobre tu identidad como actriz al regresar para participar en una producción internacional filmada en tu propio país?

Me fui de Colombia en 2007 para vivir en México y desde entonces nunca me he desconectado del país. Nací y crecí en Medellín, dentro de una familia muy paisa, pero desarrollé toda mi carrera fuera. Nunca había trabajado en Colombia como actriz.

Cuando salí del país estaba estudiando Ingeniería Industrial. Me gradué, trabajé como ingeniera y mi vida no tenía ninguna relación profesional con la actuación. Comencé a estudiar actuación en México y después continué mi formación en Nueva York y Los Ángeles. Había intentado trabajar varias veces en Colombia, pero las cosas no se habían dado.

Cuando me dijeron que había obtenido este personaje y que la película se realizaría con una producción colombiana, sentí una emoción inmensa. Mi mamá vino a visitarme al rodaje y mi papá también estuvo aquí. Incluso he subido varios kilos desde que llegué porque mi manera de alimentarme en este momento es completamente nostálgica: la almojábana, el pan de yuca, el chocolate y el café. Estoy aprovechando para reencontrarme con todo.

También es muy hermoso comprobar que Colombia posee actualmente la calidad y la infraestructura necesarias para prestar los servicios de producción de una película de este tamaño. Estamos hablando de una producción de Hollywood filmada completamente en el país. Uno de los representantes de SAG-AFTRA visitó el set y nos explicó que era una producción realmente grande.

Todos los días llego y encuentro un equipo colombiano. Me siento completamente en familia. Además, pertenezco al elenco principal, soy la única colombiana dentro de ese grupo y tengo el personaje femenino central. Todo eso me llena de orgullo.

Black Demon Atlantis (Cortesía de Vertigo Releasing)

¿Cuál es la premisa de The Black Demon: Atlantis y quiénes participan en la película?

Tenemos un elenco internacional encabezado por Jack Kesy, quien protagonizó Hellboy: The Crooked Man. También está Julio César Cedillo, actor mexicoamericano que participó en la primera The Black Demon. Es el único integrante de aquella película que regresa para esta historia y su personaje resulta muy entrañable.

Harold Torres interpreta a Diego Núñez. Es un actor extraordinario y también un gran compañero. Tenemos a Paul Duke, quien encarna a un caníbal. Es belga, posee una preparación física impecable y un gran dominio del combate escénico. La fisicalidad que utiliza para construir al personaje resulta perfecta. También participa Daniel Bernhardt, quien posee una enorme experiencia en el cine de acción.

Todos han trabajado con el apoyo de los coordinadores y especialistas colombianos. Hemos filmado escenas de acción muy exigentes dentro de unos escenarios extraordinarios. Detrás de mí, por ejemplo, se encuentra construida una parte de la prisión.

La película puede considerarse una secuela, pero la historia es diferente y no es necesario haber visto la primera para comprenderla. Por eso no se titula sencillamente The Black Demon 2. Funciona como una nueva historia dentro de una posible saga.

Todo sucede en Atlantis, una prisión de máxima seguridad construida en medio del océano. Su estructura funciona como un iceberg: sobre el agua solamente puede verse una pequeña plataforma de acceso, pero debajo existe una construcción enorme.

Interpreto a Carmen Reyes, la directora de la prisión. Ella concibió el lugar como un centro de rehabilitación para hombres condenados por crímenes graves. Jerry Simms, el personaje de Jack Kesy, es un agente que llega desde el exterior para investigar una serie de delitos. Chato, interpretado por Julio César Cedillo, se encuentra recluido dentro de la prisión, al igual que Diego Núñez, el personaje de Harold Torres.

María, la hija de Chato, también ocupa un lugar importante dentro de la historia. La joven actriz que la interpreta es, además, hija de Carlos Osorio, el diseñador de producción que concibió Atlantis. Lo hermoso es que ella consiguió el personaje mediante una audición realizada a través de su agencia, junto con muchísimas otras niñas. Carlos no intervino en el proceso y terminó encontrándose con su hija dentro del mismo proyecto. Es una película con mucho corazón.

Jaguar Bite está encargada de los servicios de producción en Colombia. Aunque estamos filmando en Bogotá y la historia ocurre en medio del océano, para eso existen los estudios y la infraestructura cinematográfica. Fue construido un tanque gigantesco y estamos trabajando con equipos subacuáticos. Jack incluso tuvo que certificarse como buzo.

Llegar al país con una producción de esta envergadura constituye un sueño. Siempre había querido actuar aquí y espero que, después de esta experiencia, pueda volver a hacerlo. Ver todo lo que el equipo colombiano está logrando es motivo de un orgullo enorme.

Carmen Cabana (Cortesía de Golden Globes)

La directora Carmen Cabana desarrolló inicialmente su carrera como directora de fotografía. ¿Cómo influyó esa experiencia en su manera de dirigir una producción de acción, terror y efectos acuáticos?

Carmen llegó para revolucionar completamente la película. Es una directora de fotografía con una trayectoria extraordinaria y conoce profundamente su oficio. Mucho Más Media y Highland Film Group, con Javier Chapa, le abrieron las puertas para dirigir este proyecto.

Trabajar en un set con Carmen Cabana es una de las mejores cosas que pueden ocurrirle a una actriz, a un actor o a cualquier integrante del equipo. Carmen resuelve todos los problemas sin perder nunca el equilibrio. No sé cómo lo consigue, pero posee tanto conocimiento que nada se le escapa. Parece omnipresente dentro y fuera del set. Es la cabeza perfecta para esta producción.

No quiero especular sobre lo que habría sido la película sin ella, pero sí puedo afirmar que Carmen la está llevando a otro nivel. Está consiguiendo que se sienta mucho más potente y grande de lo que permitiría imaginar su presupuesto. Hace maravillas con el apoyo de unos productores que confían en ella, poseen una mentalidad abierta y le han concedido libertad creativa.

Carmen tiene un ojo extraordinario. También humaniza el rodaje: saluda a las personas, recuerda quiénes son y hace que todos se sientan reconocidos. Para mí fue fundamental que defendiera mi elección. Carmen dijo: “Quiero a Vanesa; ella es mi Carmen Reyes”. Sostuvo esa decisión frente a todas las consideraciones comerciales que habrían podido llevar a la producción hacia otra actriz.

Vanesa Restrepo (Cortesía de Milenio)

Eres ingeniera industrial y actualmente estudias psicología, dos disciplinas que parecen pertenecer a mundos muy diferentes. ¿Cómo dialogan esas formaciones con tu manera de construir personajes?

Los actores tenemos nuestro cuerpo, nuestro cerebro y nuestra historia al servicio del personaje. Siempre he pensado que mientras más conocimiento introduzca en mi mente, más herramientas tendré como actriz.

Mientras más ágiles sean mi cuerpo y mi pensamiento, mientras más recursos emocionales posea y mejor haya trabajado aquello que me ocurrió, más posibilidades encontraré para crear. Los traumas continúan formando parte de mi historia, pero, cuando han sido procesados, dejan de ser solamente una carga y pueden convertirse en herramientas.

Comencé a asistir a terapia cuando tenía 20 años y salí de Colombia. Medellín es actualmente una ciudad muy diferente, pero la sociedad paisa en la que crecí era bastante conservadora. Ir a terapia todavía podía interpretarse como señal de que alguien estaba mal o “loco”. Existían muchos prejuicios alrededor del psicoanálisis y de la psicoterapia.

Cuando viajé a México mediante un intercambio estudiantil, una de mis primeras decisiones fue comenzar terapia. Mientras algunas personas se preguntaban qué estaría haciendo una joven de 20 años viviendo sola en otro país, yo sentía que finalmente podía buscar ayuda sin que me interrogaran ni me juzgaran. Tenía una enorme curiosidad por comprender de dónde procedían mis heridas, mis dolores y mi manera de pensar.

He utilizado mi propia mente como un laboratorio. Eso me ha ayudado a comprender mejor el espectro emocional de los seres humanos. Tuve una vida atravesada por experiencias muy diversas y viví situaciones muy dolorosas durante mi infancia. Después de trabajar esas heridas, puedo agradecer la vida que tuve, aunque jamás desearía que otra persona atravesara lo mismo.

Reconozco también el privilegio de haber accedido a terapia, desarrollar una conciencia sobre mi historia y recibir educación. Mi mamá insistió en que debía prepararme porque sabía que vivimos en un mundo inclinado hacia el machismo y que para una mujer puede resultar mucho más difícil acceder a determinadas oportunidades.

Toda esa experiencia me ha permitido construir una caja de herramientas bastante amplia. Cuando debo crear un personaje, puedo buscar dentro de ella aquello que necesito.

Black Demon Atlantis (Cortesía de Vertigo Releasing)

A lo largo de tu carrera, ¿cuál ha sido el desafío más difícil que has debido enfrentar como actriz?

Los prejuicios. No ha sido un personaje específico, porque para quienes amamos este oficio los personajes son regalos. Actuar significa seguir haciendo aquello que hacía durante la infancia, pero ahora de manera profesional. Continúo jugando a vivir las vidas de otras personas y puedo experimentar situaciones que serían imposibles o ilegales en la realidad. La actuación es una forma maravillosa de catarsis.

Lo más difícil han sido los prejuicios y la sensación permanente de no ser suficiente. Este proyecto llegó para enseñarme que ser yo es una chimba. Por fin estoy viviendo y comprendiendo algo que durante muchos años no sentí, porque parecía que ser yo siempre estaba mal: preguntaba demasiado, era muy contestona, estaba muy gorda o demasiado flaca, y siempre aparecía alguien dispuesto a decidir qué debía modificar.

Comencé a modelar para pagar la universidad. Cuando tenía 18 años, la propietaria de una agencia en Medellín me entregó una lista de las cirugías que supuestamente necesitaba. Incluía alargarme el fémur cinco centímetros para ser más alta, a pesar de que mido 1,72 metros. También debía modificar mis caderas, someterme a liposucciones y ponerme implantes.

Aquello golpeó profundamente mis inseguridades. Me miraba al espejo y me preguntaba por qué había nacido así. Llegué a sentir que ser yo era algo terrible. Cuando lo recuerdo todavía me conmuevo, no por la mujer que soy actualmente, porque hoy me siento plena, amo lo que hago y agradezco mi cuerpo, mi familia, mi país y mi educación. Pienso en aquella niña y en las mujeres jóvenes que todavía deben convivir con esas inseguridades y exigencias.

Fueron muchos años sintiendo que tal vez el mundo sería un lugar mejor sin mí. Yo no quería morir porque siempre me ha gustado profundamente estar viva, pero llegué a pensar que perjudicaba a los demás o que no tenía nada valioso que entregar. Aquello que antes me reprochaban —preguntar, responder y pelear— me ha permitido actualmente defender causas en las que creo.

Con la doctora Aracely Puru creamos en México la fundación Kizuna, dedicada a cuidar la salud mental de mujeres víctimas de violencia de género. Contamos con abogados, psiquiatras y psicólogos. Ella me ayudó a reconocer que ser quien soy puede ser algo hermoso y también a identificar ciertos patrones en mis relaciones. A partir de esa experiencia nació mi interés profundo por estudiar Psicología.

¿Consideras que la presencia de más mujeres detrás de las cámaras está modificando los personajes femeninos y las relaciones de poder dentro de la industria?

Las mujeres están ocupando espacios de poder dentro del cine. La cosificación no ha desaparecido, pero está siendo cuestionada gracias a la presencia de directoras capaces de ofrecer nuevas perspectivas sobre lo que significa ser mujer y habitar este mundo.

Es importante aclarar que no se trata de una lucha contra los hombres. Tengo una pareja hermosa, amo profundamente a mi papá y al esposo de mi mamá, a quien considero otra figura paterna. Muchos de mis mejores amigos son hombres. No estamos hablando de una guerra de mujeres contra hombres, sino de una lucha contra la violencia.

Si quienes ejercen la violencia son hombres, debemos actuar contra ellos; si son mujeres, también. Sabemos que las proporciones no son equivalentes, pero el propósito debe ser enfrentar el abuso, la discriminación y las ideas que los permiten.

En la actuación he debido encontrarme con prejuicios relacionados con el cuerpo, la nacionalidad y la pertenencia. Podían decirme que no era suficiente porque vivía en México, pero había nacido en Colombia; que no era mexicana, aunque llevara casi 20 años en el país, dominara el acento y hubiera interpretado principalmente personajes mexicanos.

En Estados Unidos encontré una apertura diferente porque es un país construido por migrantes, con personas de muchos colores, orígenes e idiomas. Sin embargo, ser latina y hablar con acento también puede limitarte a ciertas clases de personajes. Eso está cambiando, aunque el cambio no haya terminado.

Sofía Vergara abrió caminos para muchas latinas, pero inicialmente también tuvo que luchar contra el estereotipo de la mujer sensual. Poco a poco han aparecido otras posibilidades. Ahora vemos a mujeres latinas ocupando el centro de grandes películas de acción.

Con The Black Demon: Atlantis siento que finalmente tengo un lugar dentro de la industria. Agradezco profundamente la apertura de Carmen Cabana y de los productores porque existían muchas razones comerciales para no elegirme. Soy colombiana, pero no estaba radicada en Colombia; la audición llegó mediante mi representante en Los Ángeles y mi contratación implicaba condiciones internacionales, traslado y alojamiento. Tampoco soy una actriz con millones de seguidores capaces de garantizar una cantidad determinada de entradas.

Habría sido más sencillo contratar a una figura más conocida o con mayor presencia en las redes sociales. Sin embargo, apostaron por mí. Carmen sostuvo que yo era su Carmen Reyes. Eso me permite comprobar que la industria sí está cambiando y que una actriz puede ser elegida por aquello que posee como intérprete, no por todo lo que otros consideran que debería modificar para merecer el papel.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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