Pese a estar basada en hechos reales, La captura, conocida internacionalmente como Facing El Chapo, tiene todos los ingredientes de una buddy cop movie. Arturo Carmona es un policía veterano, su esposa espera otro hijo, el dinero no alcanza y acepta el turno nocturno para mejorar sus ingresos. Como parte del cambio recibe a Héctor Rosales, un compañero cuya llegada despierta sospechas antes de convertirse en el único hombre en quien podrá confiar.
Carmona, interpretado por Alfonso Herrera (El baile de los 41), carga además con la culpa de un procedimiento que terminó en tragedia. Rosales, encarnado por Noé Hernández (Miss Bala), debe demostrar su honradez dentro de una institución donde desconfiar de los colegas es una forma de supervivencia. El director Chava Cartas construye su amistad mediante el trabajo: ambos se observan, miden sus reacciones y aprenden a protegerse antes de reconocerse como amigos.
Durante una patrulla en Los Mochis, Sinaloa, persiguen un automóvil robado y descubren que sus ocupantes son Cholo Iván (Juan Pablo Cruz García) y Joaquín “El Chapo” Guzmán (Héctor Kotsifakis de El señor de los cielos). El capo había escapado meses antes de la prisión del Altiplano y acababa de huir de un operativo militar. Para los dos agentes, capturarlo no representa el final de la noche, sino el comienzo de una pesadilla.
La película está inspirada en dos crónicas de Héctor de Mauleón sobre los policías que participaron en la detención del 8 de enero de 2016. Sus identidades verdaderas permanecen protegidas, por lo que Carmona y Rosales son construcciones dramáticas. No se trata de un docudrama ni de una reconstrucción definitiva, sino de una versión posible de las horas durante las cuales dos agentes ordinarios quedaron a cargo del criminal más buscado de México.
Cartas comprende que El Chapo no pierde su poder al ser esposado. Desde el asiento trasero de la patrulla reconoce las necesidades de sus captores, les ofrece dinero y les recuerda que su organización puede llegar hasta sus familias. Kotsifakis evita interpretar al narcotraficante como una celebridad extravagante: lo presenta golpeado y exhausto, pero todavía capaz de dominar una situación mediante la palabra.
El dilema recuerda a The Rip, protagonizada por Matt Damon y Ben Affleck, donde el hallazgo de una fortuna pone en duda la integridad de un grupo de policías. En ambos casos, la corrupción no aparece como una vocación criminal, sino como una tentación alimentada por las deudas, el miedo y la certeza de que hacer lo correcto no garantiza ninguna recompensa. Carmona puede entregar al capo y continuar dentro de un sistema que apenas le permite sostener a su familia, o aceptar una oferta que resolvería sus problemas económicos.
La duración de 91 minutos beneficia a la película. Cartas no intenta explicar la historia completa del Cártel de Sinaloa ni convertir la captura en una superproducción llena de explosiones. Encierra el conflicto dentro de una patrulla, algunas carreteras y unos espacios donde cualquier vehículo puede pertenecer a los hombres de Guzmán. La acción aparece en momentos precisos y conserva la vulnerabilidad de dos policías mal equipados para custodiar a un hombre respaldado por un ejército.
La fotografía nocturna de Beto Casillas reduce el campo de visión y convierte el territorio en una amenaza. La música de Víctor Hernández Stumphauser incorpora sonidos semejantes al cascabeleo de una serpiente, asociando al prisionero con un peligro que permanece quieto mientras espera el instante para atacar. Las escenas familiares amplían el riesgo, aunque por momentos enfatizan demasiado en el trauma y en todo lo que Carmona puede perder.
Herrera evita convertirlo en un héroe sin dudas. La recompensa ofrecida por Guzmán representa una casa, estabilidad y futuro, no una prueba abstracta de honradez. Hernández dispone de menos información biográfica, pero convierte la reserva de Rosales en parte del suspenso: durante buena parte de la película no sabemos si Carmona debería confiar en él.
La figura de Guzmán ya había sido examinada por trabajos como Cuando conocí al Chapo: la historia de Kate del Castillo, sobre el encuentro de la actriz y Sean Penn con el fugitivo, y el episodio que Drug Lords dedicó a su imperio criminal. Estos documentales no son fuentes directas de La captura, pero forman parte de una tradición que ha convertido al narcotraficante en protagonista y, en ocasiones, en celebridad. Cartas invierte el punto de vista y concentra la atención en quienes debieron detenerlo.
En Contraataque, Cartas ya había explorado la guerra entre fuerzas mexicanas y organizaciones criminales. Aquí abandona la escala militar de aquella cinta y encuentra mayor tensión en el miedo de dos hombres que no saben si los refuerzos vienen a salvarlos o a silenciarlos.
La captura no alcanza la elegante crudeza de Sicario ni la intensidad emocional de End of Watch, su referente más evidente en la relación entre compañeros. Tampoco lo necesita. Su eficacia reside en transformar un episodio histórico conocido en una prueba moral y en recordar que capturar a un criminal no basta cuando su dinero y su miedo ya han penetrado las instituciones encargadas de custodiarlo.
Veredicto: Un thriller breve y tenso sobre la integridad.
Ficha técnica
Título: La captura
Título en inglés: Facing El Chapo
Dirección: Chava Cartas
Guion: Bernardo Esquinca
Basada en: Dos crónicas de Héctor de Mauleón
Reparto: Alfonso Herrera, Noé Hernández, Héctor Kotsifakis, Juan Pablo Cruz García, Paola Fernández, Gerardo Trejoluna, Antonio Fortier, Allan Durell, Fernando Cuautle, Isaac Bravo, Santiago Colores, Daniela Torres, Alejandra Vázquez de León, Berenice Mastretta
Fotografía: Beto Casillas
Música: Víctor Hernández Stumphauser
Edición: Alberto J. Baixauli y Sam Baixauli
País: México
Año: 2026
Duración: 91 minutos
Distribución: Netflix