Estamos a tan solo días de que estrene Mal de Amores, la próxima serie de Netflix inspirada en la novela homónima de Ángeles Mastretta. Una historia sobre Emilia Sauri, una joven mexicana de finales del siglo XIX, que vive rodeada de amor en una familia liberal y crece a la par de acontecimientos políticos que marcaron al México de ese entonces.
Sin embargo, conforme crece, se ve enfrentada a elegir entre dos amores: Daniel Cuenca, su revolucionario amigo de la infancia y primer amor; o Antonio Zavalza, un hombre leal que está dispuesto a brindarle toda la estabilidad que necesita.
Catalina Aguilar Mastretta, hija de la escritora (conocida por ser la directora de Cindy la Regia, y de algunos episodios de Ginny y Georgia y The Summer I Turned Pretty, así como la primera temporada de Nadie nos va a extrañar), toma está historia y la hace completamente suya, adaptándola de forma inteligente a un formato funcional para la televisión. Y es que es especial, porque la propia Ángeles reveló haber escrito la novela con su hija en la mente. Pues para ella, aunque no es una historia que represente de manera fiel o autobiográfica a su familia, sí que refleja la dinámica con la que creció. Compartiendo que llegó al punto de compartir con los actores grabaciones reales de las sobremesas de sus tíos para que pudieran capturar el ritmo de ellas.
A diferencia de otras narrativas en las que las mujeres se enfrentan a familias que las limitan, Emilia crece con una familia más que dispuesta a verla explorar al máximo su potencial. Así, Aguilar Mastretta presenta una historia que retrata un contexto histórico complejo, atravesado por la guerra, la desigualdad y tensiones políticas que aún continúan resonando en el México actual.
The Hollywood Reporter en Español se reunió con Renata Vaca, quien da vida a Emilia; Cassandra Ciangherotti, que interpreta a la libre tía Milagros; y con la directora para conversar sobre el proyecto, que despilfarra amor desde la forma en que hablan de él. Además, contaron anécdotas sobre los elementos que conservaron del set, lo significativo que resulta traer la historia a la pantalla en este momento, y la sensibilidad con la que tanto su madre como Catalina lograron revivir a los personajes.
Ustedes dan vida a personajes que son bastante interesantes, con personalidades muy fuertes y muy destacables. Entonces, me gustaría saber: ¿qué representa para ustedes la pantalla de los personajes de la novela, tomando en cuenta el contexto social que actualmente estamos viviendo?
CATALINA AGUILAR MASTRETTA (Directora): ¡Ustedes los representan, chavas!
CASSANDRA CIANGHEROTTI (Milagros): Es un privilegio cuando este tipo de personajes llegan, como que uno se siente muy elevado. Luego los empiezas a interpretar y empiezas a darte cuenta de que son personajes arquetípicos, que uno desea tener dentro. Ahí radica mucho su belleza. Cuando lees la novela, empiezas a encontrarte estos personajes y una de las cosas bellas que a mí me sucedió, cuando estaban los actores ahí en el set, yo sentía que estaba como con famosos de verdad. O sea, decía: “Ahí está Josefa, ahí está Emilia, ahí está…”. Porque eso es lo que pasa con los personajes de las novelas. Se vuelven personajes verdaderamente cercanos, que te despiertan algo en tu espíritu interior. Entonces es muy lindo interpretarlos y vivirlos.
Yo, hasta cierto punto, no sé. Cuando hablamos de alguien adelantado a su época, no sé si existen esos personajes realmente. Siento que los personajes son de la época y que hubo mujeres revolucionarias, hubo siempre mujeres que querían cambiar las cosas, que pelearon por el derecho al voto y estaban ahí. Entonces, no sé si estaban adelantadas o estaban conscientes de lo que estaba sucediendo y de los cambios que había que hacer, y tenían la voluntad para hacerlo. Digo, siempre ha habido mujeres fuertes.
RENATA VACA (Emilia): Para mí, un regalo, justo eso que dice Cass. Creo que es como un garbanzo de libras, algo que siempre te encuentras por ahí, que es una joya y que creo que, además, hablando de Emilia específicamente, pocas veces tienes el chance de vivir la vida completa del personaje. Algo que me parece muy poderoso de Emilia es que no es un personaje que sea la superheroína y que nunca la riega. Al contrario, se anima y se equivoca y ama profundamente, y entonces eso la hace la mujer increíble que es. No tiene que ser perfecta todo el tiempo. Y lo mismo con Milagros, Josefa, bla, bla.
C.A.M.: Es un privilegio para mí, justamente lo que dice Cass. He estado toda mi vida leyendo este libro y queriendo traerlo al mundo. En mi cabeza, Cassandra siempre fue Milagros desde que empezó a formarse esto. Y luego encontrar a Renata y encontrar a Diana y decir: “Tenemos aquí estas mujeres que, en efecto, llevo años imaginándome, pero ahora las encarna alguien, las vuelve de verdad y les trae cosas que ellas traen por dentro”. Y el lujo de ser testigo de eso y de moldear para que se volviera la mejor versión de esa familia en nuestra serie, pues la verdad nada más fue la pura diversión.
R.V.: Fue muy divertido.

Sí, desempeñan muy bien sus papeles. Porque se traducen totalmente de cuando lees novelas a cuando las ves en pantalla. Es completamente como te lo imaginas. Así que, ¿cuál creen que es la fortaleza más grande del proyecto?
C.A.M.: Es que suena ridículo y cliché, pero realmente está hecho con mucho amor, desde el principio. Obviamente, con mucho amor de mí, de querer contar una historia que es muy familiar, a la que le tengo amor, obviamente porque la escribió mi mamá, pero también porque me marcó de muy niña. Y las cosas que te marcan a esa edad siempre tienen una cosa especial, como de una esencia única, que pasamos el resto de la vida tratando de perseguir.
Todo el mundo que participó en la serie sentía eso de algún modo. O sea, se enamoró de los personajes, se enamoró de la producción. Nos la pasamos muy bien. Fue una producción difícil, larga, llena de retos complicados, y todo el mundo se levantaba y decía: “¡Ay, es que creo que hoy le voy a Zavalza!”, “¡No, hoy le voy a Daniel! ¡Híjole! ¡Emilia, cómo va a salir de esta!”. De repente estás en un set y el crew, la gente que ilumina, los camarógrafos, están en millones de sets en su vida y ya no están tan involucrados en qué pasa. Nada más es como: “¿Está en foco o no está en foco?”. Nuestro camarógrafo…
R.V.: ¡Lloraba!
C.A.M.: Decía: “¿Cómo va a salir Emilia de esto?”. Y el día siguiente era como: “¡Híjole! ¿Qué es lo que vamos a hacer hoy?”. Estaban muy involucrados con la historia y eso viene de una magia muy única que sí se traduce a la pantalla.
C.C.: Para mí, Catalina, es la cosa que hace este proyecto.
C.A.M.: ¡Ya voy a llorar!
C.C.: Es una cosa como del linaje, te diría. Hay una cosa en las Mastretta que hay una cosa fuerte de estrategia y sensualidad para mover el mundo entero, y tienen esa capacidad de estar en un set y, a través de la estrategia, la sensualidad y el atrevimiento, desde un lugar hiperfemenino, se modifica todo. Eso es lo que permeaba la historia y el set. Es el poder de lo femenino lo que tiene esto y es gracias a estas mujeres que escriben estas historias, que las traducen así, que Catalina, además, le tomó muchísimo tiempo levantar este proyecto, que desde chica dijo: “Esta historia tiene que estar ahí”. Lo que le ha costado, pero es a través de esto, de esta sensualidad, esta elegancia, este atrevimiento…
R.V.: Esta generosidad de abrir los brazos y hacer a todos sentir parte de esta historia. Justamente ayer lo platicamos con Juanpi y con Iván. Todos sentimos que Mal de Amores es nuestro también. Es parte de todos y tiene que ver con esta generosidad que tiene Cata y con esta familia que escogió y que todos nos volvimos. Yo veo a Cass, veo a Rodarte, veo a Diana, veo a Juan Pablo, a Cata, y es gente que voy a reconocer en mí toda la vida ya. Me cambiaron ya para siempre.
Es una sensibilidad que destaca bastante en los proyectos de Catalina. Incluso la intimidad que hay entre los personajes, tanto en las escenas íntimas como el énfasis que hay en el tacto. Para terminar, ¿conservaron algo del set? Si, sí, ¿qué fue y por qué? Y si no, ¿qué les hubiera gustado guardar?
R.V.: Yo me quería llevar la casa de los Sauri. ¡Es hermosa! Me dolió en el alma cuando acabamos y fue como de “bueno, mañana esto se va a destruir”. Y yo, “¿QUÉ?”
C.A.M.: Yo todos los días me robaba un jarabito de la botica, pero literal. Tengo como 30 botellitas en mi casa porque era como: “Ay, está”. Desaparecía un jaboncito, una bla, bla. Traigo puesta la corbata de Emilia, por cierto.
R.V.: ¿Es en serio? ¡Qué emoción!
C.A.M.: Sí, yo me robé muchas cosas. En casa de mi abuelita hay unos cojines de tu cama.
R.V.: ¿Es en serio?
C.A.M.: Sí, sí, sí. O sea, me perseguía Sandra [Cabriada, directora de arte], para decirme “¿hoy que te robaste, Catalina?”.
R.V.: Juan Pablo y yo, cuando justo terminamos de filmar en casa de los Sauri, había unos platitos en el cuarto de Emilia. Entonces Juan Pablo me dice: “Baby, vamos a ver la casa antes de irnos”. Entonces agarramos los platitos y me dice: “Agarra uno”. Y al día siguiente que nos dicen: “¿Alguien vio los platitos?”.
C.A.M.: Esos sí son rentados, había que devolverlos. No te los podías robar.
R.V.: Pero botellitas tengo miles. Tengo una claqueta. Tengo el vestido del beso de Zavalza y Emilia. Lo quiero usar en Halloween.
C.A.M.: ¿Tú qué te robaste? ¿Te robaste algo o no?
C.C.: Yo no me robé nada, pero planificaba cómo me iba a llevar toda la producción a mi casa. Nunca sucedió, pero yo, en mi cabeza, me iba a llevar todo.
C.A.M.: Es que, además, Sandra tiene muy buen ojo. Me acuerdo de repente yo siempre escogía las piezas antiguas de verdad, que estaban rentadísimas y así, súper aseguradas. Entonces, era como: “¿Esta me la puedo llevar?”.
R.V.: Y ella “No, justo esa no”
Mal de Amores estará disponible en Netflix a partir del 2 de septiembre de este año. Mira el tráiler aquí.