Prólogo: El derrumbe del imperio superheroico
Durante más de una década, Marvel y DC dominaron la narrativa cinematográfica global. Los cines se rindieron ante universos interconectados, multiversos imposibles y actores de lujo vestidos con trajes coloridos y estrambóticos. Pero en los últimos cinco años, el castillo de los superhéroes ha comenzado a resquebrajarse. Lo que antes era un fenómeno masivo e imbatible se convirtió en un producto saturado, predecible y, en muchos casos, irrelevante.
Marvel ha perdido su rumbo narrativo. DC colapsó sobre sus propias contradicciones. Hoy, ambos universos buscan redención mirando hacia atrás. Recuperar lo básico, lo emocional y lo humano. En otras palabras, volver a sus raíces.

Capítulo uno – DC: Caos, crisis y la era postcrisis
El Universo Extendido de DC (DCEU) nunca encontró su identidad. Tras el tibio recibimiento de Man of Steel, la animadversión histérica hacia Batman v Superman y el desastre que significó Suicide Squad, las fisuras se hicieron evidentes. El retiro de Zack Snyder en plena filmación de Justice League debido a una tragedia personal y el injerto fallido de Joss Whedon sellaron su destino. El resultado fue un Frankenstein narrativo: tonalmente incoherente, visualmente genérico y emocionalmente hueco.
A esto se sumaron escándalos mediáticos y legales como el de Ezra Miller (el actor que interpretó a Flash), así como las acusaciones de abuso y maltrato dirigidas a Joss Whedon por parte del elenco durante el rodaje de Justice League. Además, una larga lista de proyectos fracasaron por diversas razones. Algunos por su pobre desempeño en la taquilla (como Birds of Prey, Wonder Woman 1984, Shazam! Fury of the Gods y Flash); otros por su pobreza narrativa (como Suicide Squad, Aquaman and the Lost Kingdom y Black Adam). Asimismo, varios más quedaron cancelados o archivados (como Batman, Batgirl, Man of Steel 2, Deathstroke y Justice League 2). Y a esto se le suma las series desconectadas del DCEU y los proyectos independientes y desconectados de todo como las estupendas Joker y The Batman). Todo esto consolidó la percepción de que la marca DC era sinónimo de confusión, improvisación y/o fracaso.
Con la llegada de James Gunn como codirector de DC Studios, junto a Peter Safran, la estrategia cambió radicalmente. Gunn no solo es el cerebro detrás de la exitosa trilogía Guardians of the Galaxy para Marvel, sino también un director que entiende el valor emocional de los personajes marginales y la importancia del tono (sin embargo, esto fue una jugada casi suicida, teniendo en cuenta lo que sucedió con Whedon cuando se importó de Marvel).
En una reciente entrevista a Rolling Stone, Gunn explicó su visión: “Hacemos un pre mortem antes de filmar. Nos preguntamos: Si esto fracasa, ¿por qué habría sido?… Ya no me interesa provocar. Hoy me interesa la empatía, la humanidad”, dijo Gunn.
El nuevo universo DC comenzó de manera no oficial con una brillante “secuela” de Suicide Squad que es todo lo contrario a su infame predecesora, con una serie derivada del Escuadrón suicida protagonizada por Peacemaker, quizás el peor superhéroe del universo DC (ya se anunció su segunda temporada), con la infravalorada pero entrañable cinta de Blue Beetle, y con una estupenda serie animada llamada Creature Commandos, que conecta con Superman, el inicio oficial de su DCU, el cual incluye una versión más vulnerable y humana del Hombre de Acero, quien se encuentra acompañado de Krypto el Super Can, los robots de la Fortaleza de la Soledad y una estética inspirada en los cómics de la Edad de Plata.
El Superman de Gunn es una película contra el cinismo. Gunn apuesta por lo que muchos consideran una herejía contemporánea: la bondad sin ironía y el idealismo sin dobleces que llevó a muchos, como él, a leer cómics. El Hombre de acero de Snyder era un dios distante, antipático, depresivo y casi culpable de existir. Pero ahora, Gunn desarma esos trajes blindados de solemnidad y pesimismo, y ofrece una versión que es política y moderna, pero sobre todo profundamente humana y alegre. Gunn incluso reconoce que Superman debe ser “vencible” para ser interesante. “No me interesa que pueda partir planetas. Quiero que pueda fallar, porque eso lo hace humano”.

Capítulo dos – Marvel: El imperio que perdió su rumbo
Tras el colosal éxito de Avengers: Endgame (2019), Marvel perdió a sus pilares: Iron Man (Robert Downey Jr.), Captain America (Chris Evans) y Black Widow (Scarlett Johansson). El reemplazo fue caótico: Personajes secundarios al frente, actores cansados del mismo rol, una estrategia de saturación con series y películas mediocres y una narrativa imposible de seguir sin diagramas.
Películas como Eternals, Ant-Man and the Wasp: Quantumania y The Marvels fracasaron comercial y críticamente. En televisión, series como Loki, Secret Invasion, Ms. Marvel y Echo sobrecargaron al espectador con tramas intrincadas, ritmo soporífero, pseudociencia vacía y ausencia de cameos. Como señaló Eliana Dockterman para la revista Time: “ver Marvel se convirtió en una tarea, no en entretenimiento”.
El intento de convertir al villano Kang en el nuevo eje central del MCU estuvo plagado de problemas. Su presentación en Loki fue anticlimática, pero en Ant-Man: Quantumania resultó potente. Sin embargo, su actor, Jonathan Majors, enfrentó problemas legales que involucraron violencia y abuso sexual que pusieron en duda su futuro en la franquicia. Esto dejó a Marvel en un limbo: una narrativa central fracturada y la carencia de un antagonista claro.
Los multiversos, inicialmente atractivos, se volvieron enredados, inconexos y agotadores. Como ironizó un crítico: “Se necesita un doctorado en física teórica para seguirle el paso a Marvel”. Mientras tanto, las series de Marvel se han convertido en exposiciones eternas que sacrifican el desarrollo de personajes por tecnicismos y las escenas postcréditos se volvieron una serie de cabos sueltos que quizás nunca se atarán.
Kevin Feige, el líder de Marvel Studios, reconoció que “hubo una sobreproducción que diluyó la calidad”. Ahora se prometen menos series, más historias independientes y una especie de “Marvel Spotlight” que permita a los nuevos personajes respirar sin estar atados a la saga central.
Bob Iger, CEO de Disney, fue aún más claro: “Reduciremos el volumen. Se perdió el enfoque por querer atraer más suscriptores a Disney+. Vamos a priorizar calidad sobre cantidad”. Esto podría significar cancelaciones, menos cameos y un MCU más compacto.
La gran esperanza para Marvel fue Deadpool & Wolverine que no solo juntó a dos de los personajes más carismáticos y queridos, sino que fue el mecanismo perfecto para reiniciar selectivamente el universo Marvel de Fox, anteriormente desconectado del de Disney. La película rompió la cuarta pared como sus antecesoras, jugó con el multiverso y abrió una puerta a los X-Men de forma orgánica. El regreso de Hugh Jackman y el tono irreverente sirvió como catarsis para una audiencia agotada de solemnidad vacía.
Pero la dudosa calidad de las películas de Sony basadas en los villanos de Spider-Man (Morbius, Madame Web, Venom: The Last Dance, Kraven The Hunter), desconectadas de El Hombre Araña y de todo el MCU, empañaron lo logrado por Deadpool & Wolverine. A esto se le suma una cuarta parte de Captain America sin Chris Evans y con muy poca dimensión épica (Captain America: Civil War no es solamente una de las mejores películas del MCU sino una de las cintas más fascinantes del género), así como un New Avengers disfrazado bajo el título de Thunderbolts, que funcionó bien en términos de calidad, pero muy mal en términos de recaudación en la taquilla.
Ahora Marvel apuesta fuerte con Fantastic Four: First Steps como el proyecto que revitalizará su universo. Kevin Feige lo describió como “el retorno al espíritu fundacional de Marvel: familia, ciencia y optimismo”. No se tratará de una historia de origen, pero sí de una nueva etapa, más autocontenida, emocional y centrada en personajes clásicos. Fantastic Four era el cómic favorito de Stan Lee y el iniciador de la “Era Marvel” de los cómics, pero tiene unos terribles antecedentes cinematográficos: una cinta de pésima calidad abortada, dos cintas mediocres para Fox, y un horrendo reboot que junto a The New Mutants representa lo peor de lo peor para Marvel.

Epílogo: Volver a las raíces para no desaparecer
Ambas franquicias parecen converger en un mismo punto: historias más contenidas, más sinceras y menos interdependientes. El regreso a los pilares no es una estrategia nostálgica, sino de supervivencia.
Marvel y DC están saliendo de una crisis profunda. No fue solo fatiga de superhéroes. Fue arrogancia, falta de planificación y olvido del por qué estos personajes y sus historias funcionaban.
Ambos estudios están enfrentando un cambio estructural mayor: Kevin Feige intenta redefinir un universo sin su equipo original, mientras James Gunn hereda un caos que debe ordenar desde cero. Los dos comprenden que los tiempos han cambiado: el público exige historias más humanas, menos fórmulas, y un enfoque que no los obligue a consumir veinte productos para entender uno.
Las plataformas de streaming, que parecían el futuro del género, terminaron por saturar y fragmentar la experiencia. Hoy, tanto Disney como Warner buscan equilibrio entre el cine-evento y la televisión de calidad. La narrativa interconectada sigue viva, pero necesita aire, pausa y foco.
En este nuevo ciclo, Superman y Fantastic Four representan algo más que reinicios: son intentos de recuperar la razón por la que alguna vez creímos en los superhéroes. Gunn lo resume así: “No quiero que todos me apoyen. Quiero contar algo real, que conecte, aunque incomode”.
Y quizá esa sea la lección más clara de este colapso y esta reinvención. Los superhéroes no han muerto. Solo se necesita recordar por qué existieron en primer lugar.