“¿Esta es la cruda realidad?”, escribió Jennifer Lawrence en noviembre de 2016, cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Desde entonces, la actriz estadounidense ha manifestado su preocupación por temas como la inmigración y los derechos de los grupos históricamente marginados, y ha instado a las personas a “no tener miedo y hacer ruido”. En días más recientes, su apertura la llevó a alzar la voz sobre Gaza en el Festival de San Sebastián, donde recibió el Premio Donostia.
Lawrence estrenó Die, My Love, cinta que protagoniza junto a Robert Pattinson. Bajo la dirección de Lynne Ramsay, la cinta es una adaptación de la novela homónima de Ariana Harwicz, y retrata a una mujer atrapada en el amor y en una crisis psicológica. A la par, explora la maternidad como una experiencia en la que convergen lo sublime y lo desgarrador, pero también como una crisis de identidad.

Como parte de la promoción de la película, Lawrence habló con The Interview, podcast de The New York Times, sobre su encuentro con este personaje, su próximo proyecto junto a Martin Scorsese y sus nuevas intenciones con respecto a su postura política. “Estoy en una especie de recalibración complicada. Soy artista y, con el ambiente actual, con lo fácil que algo puede salirse de control, no quiero ahuyentar al público de las películas solo porque no les gustan mis opiniones políticas”, expresó.
“No sé realmente si debería hacerlo”, meditó durante la charla. La intérprete recordó lo caótica que fue la primera administración de Donald Trump y cómo, en ese entonces, sintió que corría de un lado a otro sin rumbo, intentando comprender lo que estaba ocurriendo. “Hemos aprendido, elección tras elección, que las celebridades no tienen ninguna influencia real en la forma en que la gente vota. ¿Qué estoy haciendo? Solo comparto mi opinión sobre algo que lo único que hará es echar más leña a un fuego que está consumiendo al país. Estamos tan divididos”, aclaró.
Y continuó: “El arte puede cambiar las conciencias, incluso, el mundo. Quiero proteger mi oficio, para que la gente todavía pueda adentrarse en lo que hago. Si no puedo decir algo que aporte paz, que baje la temperatura o que apunte a una solución, simplemente no quiero ser parte del problema. No quiero empeorarlo. Hay grandes actores con carreras increíbles, que han hecho cosas asombrosas y grandes contribuciones, y de pronto, la mitad de Internet o el país ya no los soporta. No quieren ver su cara por ningún lado y eso me pone muy triste. Es muy injusto”.
En San Sebastián, Jennifer Lawrence reaccionó tajante frente aquellos que evitan voltear a ver las crisis sociopolíticas actuales: “Cuando ignoras lo que sucede al otro lado del mundo, no pasará mucho tiempo antes de que también suceda en tu entorno. Desearía que la gente mantenga el enfoque en quiénes son los verdaderos responsables, en los que sí pueden hacer algo. No permitan que los artistas paguen por las acciones de otros”.
Ahora, su posición es distinta. “Trataré de expresarme y mostrar mi postura política a través de mi trabajo”, aseguró. La actriz de Los juegos del hambre, Los juegos del destino y ¡Madre! recordó Bread and Roses, un documental producido por su compañía Excellent Cadaver y dirigido por la cineasta Sahra Mani, en el que se retrata la vida de mujeres afganas tras el regreso de los talibanes al gobierno de Afganistán. Otra de sus producciones es Zurawski vs. Texas, largometraje sobre los derechos reproductivos.
“En realidad, muchas de las películas que llegan a mi productora son expresiones del panorama político. Siento que esa es la forma en la que puedo ser útil, es decir, generar conciencia o hacer algo”, enfatizó. Die, My Love llegará a los cines en México este 6 de noviembre.