Las cumbres nevadas de los Alpes suizos se tiñen de luz mientras el aire desciende con suavidad por los valles. En medio de ese silencio casi intacto, rendido ante la inmensidad del paisaje, Carolina Miranda se concede una pausa en su tiempo libre, con la ligereza y la determinación de quien sabe que pronto regresará a México para adentrarse nuevamente en los foros de grabación e iniciar un recorrido de al menos cuatro producciones que la acompañarán hasta el final del año.
En 2025, regresó como Camila Román a la segunda temporada de Perfil Falso, una de las series más exitosas de Netflix. Después personificó a Abril, una azafata, en El hilo rojo y, más tarde, se puso en la piel de Cristina Otegui, la antagonista de Velvet: El nuevo imperio.
Pero entre luces y cámaras, la vida actoral de la mexicana no solo ha estado marcada por los múltiples retos interpretativos que ha enfrentado con una pasión distintiva y una disciplina inquebrantable, sino también por un destino que, cada cierto tiempo, le recuerda que pertenece a las pantallas y a los escenarios.

“Nunca pensé en actuar”, confiesa Carolina a The Hollywood Reporter en Español. Su infancia no auguraba una carrera artística, pese a que su madre insistía en hacerla imitar a las figuras de los programas de la época. “Tienes dotes de actriz; tienes que presentarte en festivales”, le repetía. Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire hasta que, al terminar la preparatoria, decidió dejar Irapuato y mudarse a la Ciudad de México para estudiar actuación.
“Ingresé al CEFAT, la escuela de actuación de TV Azteca, y permanecí allí casi cuatro años. Comencé a trabajar en proyectos mientras continuaba con mis estudios y, la verdad, fue muy difícil vivir sola, entender la ciudad y empezar de cero, aunque también resultó profundamente gratificante. Tampoco imaginé que este sería mi estilo de vida. Hasta que hice Los Rey, mi primer proyecto, entendí que no quería apartarme de esta carrera”, admite.
Junto a Ofelia Medina y Fernando Luján, Carolina obtuvo su primer protagónico juvenil a los 22 años. “Yo no estaba buscando una audición. Caminaba por los pasillos de TV Azteca, entre una clase y otra, cuando me dijeron que había un casting y que podía participar. Primero les respondí que no sabía actuar, que apenas llevaba dos meses estudiando; pero después pensé: ‘Hagámoslo’”.
Carolina recuerda que todas las emociones contenidas por vivir lejos de su familia y enfrentarse a las exigencias de la ciudad influyeron en la intensidad con la que defendió al personaje de Fina frente a la cámara. “De pronto, estás en una edad en la que te independizas, estudias y apenas te alcanza para la comida, la gasolina y todo lo que tienes que hacer”, explica, mientras evoca el momento en el que decidió abandonar la actuación por primera vez.

“Extrañaba mucho a mi familia, extrañaba mi vida en Guanajuato. Pero cuando estaba a punto de agradecerles a los directores de la escuela y explicarles que me retiraba, a tan solo unos meses de haber entrado, me avisaron, antes de que pudiera decirles algo, que tenía un personaje en Los Rey y que sería mi primera telenovela”. Carolina meditó que lo mejor sería quedarse con el proyecto y no regresar a casa con las manos vacías.
Los Rey ha sido uno de los proyectos más retadores de su carrera. La conocida frase: “Rómpete una pierna”, utilizada en el mundo del teatro y las artes escénicas para desear buena suerte, cobró sentido un mes antes de comenzar las grabaciones, cuando la intérprete sufrió un accidente que le dislocó la rótula. “Pensé que no lo iba a lograr. Inicié una rehabilitación y, por así decirlo, me rompí la rodilla para empezar la telenovela lo antes posible. Desde entonces, estoy huyendo de la actuación y no me suelta”, dice entre risas.
En ese momento, Carolina también entendió que el destino, de una u otra forma, tenía sentido. “Esta carrera exige mucho empuje y resistencia. Tienes que tener una coraza muy fuerte, porque está basada más en el ‘no’ que en el ‘sí’. Después de la novela, hice una audición para un proyecto en TV Azteca. Dos días antes de empezar a grabar, con todo estudiado y preparado, me dijeron que mi lugar lo ocuparía otra actriz. Así que decidí irme a vivir a Veracruz, porque pensé que no servía para la actuación, que no era lo mío. De pronto, ese ‘no’ se convirtió en Señora Acero”.
El papel de Vicenta Acero marcó un antes y un después en la carrera de Carolina Miranda. Sin embargo, antes de consolidarse, atravesó otro momento de incertidumbre, acompañado incluso por la idea del retiro. “Muchas veces nos frustramos, pero cuando aprendemos a creer en el destino y en que las cosas tienen un porqué, la vida se vuelve más ligera y tomamos mejores decisiones en nuestra carrera. Ahora tengo quince años de trayectoria. Señora Acero me cambió la vida; cuando estuve en Colombia quise regresar a México porque ya había pasado mucho tiempo fuera, y resulta que Perfil Falso es un éxito que ya suma tres temporadas. Siempre busco huir y, de una u otra forma, el destino está tan marcado que me devuelve a donde pertenezco, y lo agradezco infinitamente”.

El primer episodio de Señora Acero se transmitió el 23 de septiembre de 2014. Las dos primeras temporadas narraron la vida de Sara Aguilar, una ama de casa que se convierte en narcotraficante para proteger a los suyos. Luego llegó el turno de Carolina, quien dio vida a una joven que ayuda a los migrantes a cruzar la frontera entre México y Estados Unidos. También conocida como “La Coyota”, Vicenta Acero implicó interpretar a una mujer fuerte y aguerrida, cualidades que no solo se reflejaron en la actriz durante un exhaustivo proceso de audiciones, sino también en los más de 245 episodios que protagonizó.
“No me gustaría decir que es el papel más importante de mi carrera, porque he tenido muchos y tampoco me gustaría pensar que ya lo hice; quiero más”, enfatiza. “Señora Acero impulsó mi carrera a nivel internacional; la serie se transmitió durante tres temporadas en Estados Unidos y en toda Latinoamérica. Me dio la oportunidad de hacer mi primer protagónico. El escritor, Roberto Stopello, estuvo al pie del cañón, luchando para que yo fuera su señora Acero; la producción quería a alguien con más nombre y mayor proyección. Yo no tenía nada y él apostó por mí hasta el final. Es una historia tan bonita la que se cuenta después de este proyecto”.
A partir de ese momento, recuerda, se abrieron las puertas para intérpretes menos conocidos o sin una base sólida de seguidores. Bajo la premisa de que el talento, casi siempre, es lo que atrapa al público en pantalla, Carolina Miranda se entregó a Señora Acero con esfuerzo y “lágrimas de sangre”. Más tarde, llegaron otras producciones que consolidaron aún más su carrera, entre ellas ¿Quién mató a Sara?, la serie de Netflix que se posicionó como número uno a nivel mundial.

Creada por José Ignacio Valenzuela, la historia de suspenso sigue a un hombre que descubre que la muerte de su hermana es mucho más compleja de lo que imaginaba. Mientras desentraña secretos familiares e intenta reconstruir el pasado para conocer la verdad, se enfrenta a mentiras, traiciones y a una versión desconocida de quienes creía conocer mejor que nadie. Durante tres temporadas, Carolina interpretó a Elisa Lazcano y compartió escenas con Manolo Cardona, Ginés García Millán, Eugenio Siller, Alejandro Nones y Ximena Lamadrid.
“Ese proyecto me despuntó, fue una locura”, medita. Meses después, participó en La mujer del diablo, Infelices para siempre, Tierra de esperanza, Todas menos tú y la segunda temporada de Mujeres asesinas. La serie, creada por Marisa Grinstein en Argentina y adaptada en México por Alicia Luna, narra historias reales de mujeres conducidas a cometer asesinatos por circunstancias sociales y personales.
Un solo episodio, arduas jornadas de caracterización y la complejidad interpretativa de Esmeralda enmarcaron uno de los proyectos más trascendentales de su trayectoria y le permitió reconocer nuevas virtudes del quehacer actoral. Bajo la dirección de Pepe Castro y el guion de Francisco Casasús, Carolina se puso en la piel de una joven con un futuro prometedor en la abogacía. En la universidad conoce a Alex, un hombre encantador que la introduce en el mundo de las adicciones y, con el tiempo, la involucra en una organización criminal hasta convertirla en asesina.
Para interpretar a Esmeralda, la actriz se sometía a procesos de transformación física que duraban entre tres y cinco horas, tiempo en el que le aplicaban tatuajes completos, moretones y cicatrices. Decidida a experimentar un cambio similar al de Charlize Theron en Monster, inició un método para alcanzar la profundidad del personaje: únicamente escuchaba música de metal para provocarse una especie de crisis y, posteriormente, se dirigía al set. Allí mantenía una comunicación mínima para no perder la intensidad de la historia y, por momentos, se aislaba para concentrarse.
El mayor aprendizaje de Mujeres asesinas fue el impacto emocional. Carolina no solo reafirmó su capacidad para desentrañar la esencia de los personajes, sino también la importancia de dar voz a cada historia y, con ello, comprender los distintos procesos psicológicos y humanos que atraviesan muchas mujeres.

“Me deconstruí completamente e hice que dejaran de verme como una niña linda. En su lugar, me convertí en una mujer con muchos problemas, con un gran dolor interno y totalmente deshecha. Volví a demostrar que no necesitas fama, una carrera muy prestigiosa o empezar desde pequeño para interpretar un papel así. Hay muchas herramientas con las que puedes transformarte; somos un ente que ya viene así de fábrica, pero al final, los actores estamos hechos para los cambios, y en Latinoamérica nos falta creer en eso. Podemos generar nuevos personajes, no solo caer en los clichés o los estereotipos que tenemos marcados como personas. No quiero decir que sea fácil de interpretar, pero sí resulta más cómodo. Mujeres Asesinas fue un reto, pero también un regalo”, asegura.
Carolina logró desprenderse de la identidad de Esmeralda veinte días después de finalizar el rodaje. “Tuve que tomar muchas sesiones de meditación y terapias psicológicas para estar en paz y, al mismo tiempo, recuperar mi corporalidad, porque utilicé tics nerviosos y guturales. Así pude entender que todo estaba bien y que la ficción no me pertenecía”. En el aire, ronda la pregunta sobre si buscará papeles similares.
“Es difícil mantener una carrera a partir de personajes así, porque no es común tener la oportunidad de interpretarlos”, reflexiona. “Claro que me encantaría explorar más esos territorios. De pronto, me dicen que tengo suerte de trabajar papeles tan variados, pero la realidad es que hago muchos cursos y especialidades en creación y desarrollo de personajes, para que cada uno sea muy diferente al anterior y no solo se sustente en lo físico o en la caracterización. En Señora Acero fui una mujer fuerte, aguerrida, luchadora y llena de acción; en Perfil Falso me preparé como bailarina; y en Tierra de esperanza estudié melodramas y todo lo relacionado con las caballerizas. He tenido muchas transformaciones”.
El reconocimiento a su labor ha ido más allá de las palabras y del aplauso del público. En noviembre de 2019, ganó el Premio Arlequín a la Creación y Desarrollo de Personajes. “Como actores, tenemos que procurar que cada papel sea complejo, no desde la situación en la que estamos, sino desprendiéndonos de toda nuestra corporalidad, de nuestra forma de estar, pararnos y hablar. Cada uno de mis personajes tiene un tono vocal distinto, e intento realmente deshacerme de mí para reconstruir a alguien más. Eso es lo más bonito de la actuación”, recalca.
A mediados de 2025, obtuvo la distinción a la Mejor Actuación de Habla No Inglesa en los Gracie Awards por el papel de Esmeralda. El galardón fue entregado por la Alliance for Women Media Foundation (AWM), un organismo que reconoce las contribuciones destacadas de creativas en los medios, así como los contenidos y programas creados por, para y sobre mujeres. Cinco meses más tarde, recibió una nominación a la Mejor Interpretación Femenina en los Emmy Internacional por el mismo personaje.
Horas antes de la gala, Carolina explicó que formar parte de estos premios simbolizaba el esfuerzo y el sacrificio de muchos años, y aunque hoy su sentir no difiere mucho de esta idea, reconoce que los reconocimientos son un gran recordatorio de lo que se logró en el pasado. “No podría decir que es lo más importante ni que es lo mejor que te puede pasar por haber trabajado duro. Cuando miramos atrás, vemos fotografías, videos o nuestros diplomas, y eso es lo que nos hace recordar quiénes fuimos, dónde estábamos en ese momento y qué anhelábamos entonces. Es también una especie de agradecimiento posterior. Creo que son hermosos, no tanto por lo que valen o por cómo lucen en los escritorios, sino por los anhelos y el agradecimiento que evocan”.

Ahora mismo, la actriz confiesa que su brújula profesional está guiada, en gran medida, por la intuición. Cada vez que recibe un casting o una propuesta directa, necesita sentir una conexión casi física con el proyecto; una primera lectura que le erice la piel. Cuando se permite escuchar y percibir esa reacción inicial, se visualiza habitando al personaje, imaginando su voz, sus gestos y su forma de moverse. Solo entonces, cuando todo parece tomar forma de manera natural, decide dar el sí.
Pero aplicar métodos en la selección de sus personajes no es lo único que ha hecho de Carolina Miranda una de las actrices más virtuosas de su generación. Algunos meses después de comenzar la carrera de actuación, la intérprete desarrolló su propia técnica de interpretación. “Es una técnica que creé más por intuición que por lógica. No tenía dinero para salir a comer o ir a fiestas, así que me encerré mucho tiempo en mi casa y me involucré de lleno en la actuación. Pensé que si iba a vivir este proceso, por lo menos lo haría bien”, rememora.
“Pensé en cómo actuar para no lastimar los recuerdos, la memoria o la imaginación del futuro. Como actores, es natural ir directamente a un recuerdo para llorar, o visualizar un futuro agresivo o doloroso para conectar con la emoción. A mí me dolía demasiado hacerlo de esa manera. Por eso, diseñé una técnica que no dependiera de esos recuerdos, sino que fuera más sensorial, más ligada al flujo de aire y a la respiración. Comencé a estudiar con doctores, cardiólogos y especialistas en el funcionamiento del diafragma, porque cada persona tiene un sistema respiratorio distinto. Entendí que el cuerpo entra en una especie de crisis cuando falta el aire, cuando sientes que estás en esa línea delgada. A partir de eso, logré crear un método basado en las emociones básicas, sin necesidad de dañar el sistema neuronal ni recurrir a los recuerdos, al futuro, a la ansiedad o la depresión. Muchos actores caen en esos estados precisamente por jugar con las emociones. Dicen ‘corte’ y tú sigues llorando”.
Carolina Miranda se ha desarrollado frente a las cámaras y sobre los escenarios. Cautelosa, revela que aunque domina a la perfección los sets de grabación, aún lidia con el pánico escénico. “Nadie me cree”, señala con diversión. “Piensan que no es así porque he sido locutora y conductora. Cuando estoy en el teatro sufro mucho, pero sé que te da las mejores sensaciones al ver al público tan cerquita; aplaudiendo, llorando, riendo y sorprendiéndose con tu trabajo. Es la conexión más real y disfrutable que existe. A la fecha, voy a cualquier obra y me dan unas ganas inmensas de llorar cuando todo el público se pone de pie y aplaude. No se equipara con mil comentarios en redes sociales”.
La iluminación se atenúa en la habitación mientras la intérprete habla del interés mediático que ha despertado dentro y fuera del entorno digital. “Me acuerdo mucho de Señora Acero por los migrantes. Viví cosas hermosas con el personaje porque yo iba a Los Ángeles, a Miami y a Nueva York a hacer la promoción de la serie, y las personas se salían de sus trabajos, corrían hacia mí, me abrazaban y lloraban. Decían que se sentían escuchados y que sus vidas eran narradas desde algún punto de la ficción. Es muy linda la empatía que generas con el público”, pausa.
“En general, mi público son mujeres, algo que me llena de orgullo, amor y una gran responsabilidad. Hay que ser muy consciente, sobre todo en redes sociales, de lo que dices, haces y comunicas; del tipo de mensajes que transmites y de cuánto odio puedes llegar a fomentar. Al final, tus seguidores te ven todo el tiempo y te conviertes en un ejemplo. Me encanta que mi audiencia sean las mujeres porque siempre he luchado por ellas, mucho antes de ser actriz. Es una responsabilidad muy grande saber qué le estamos enseñando a la sociedad con nuestros actos, con nuestra forma de responder, con nuestros problemas”.

Durante los últimos dos años, Carolina ha vivido entre el esfuerzo, el caos y la soledad que acompañan a las locaciones y a los sets de grabación. Entre Argentina, Colombia, Estados Unidos y México, ha tejido una añoranza frecuente por su gente, por su familia. “Lo más difícil llega cuando estoy sola en el camerino, pero la felicidad me invade al interpretar vidas que no son las mías. No podría decir que la actuación me ha traído más tristezas que alegrías, porque amo lo que hago. Es una carrera muy fuerte y de muchos sacrificios; no tienes tiempo y, muchas veces, no puedes mantener una vida normal y estable. Eso es un hecho”.
Y aún así, manifiesta, no cambiaría la ecuación. Más allá de sus quince años de carrera como actriz, Carolina Miranda se reconoce como una mujer que disfruta del confort de un hogar y que, cada día, conserva su esencia soñadora. “No puedo olvidar que antes no me dedicaba a esto y que, en el futuro, quizás tampoco lo haré. No por eso voy a dejar de ser alguien. Eso es algo que los artistas debemos tener muy presente, porque es muy difícil cuando los proyectos ya no son tan continuos. No puedes perderte y sentir que ya no vales porque no te dedicas a esto. No puede representar todo en tu vida”.
Para este año, Carolina Miranda aguarda el estreno de la tercera temporada de Perfil Falso, a la que describe como una de las más complicadas. Además, se reunirá nuevamente con Manolo Cardona para protagonizar Memorias de un sinvergüenza, un dramedy que filmó en Colombia. En abril, comenzará las grabaciones de un nuevo proyecto, pero antes podremos verla encarnar a una versión joven de Silvia Pinal en la película documental El escandaloso encanto de los egos rotos.
“Aún no sé cuándo se estrena, pero fue hermoso grabar este proyecto y tener la oportunidad de encarnar a Silvia en su juventud. Tuve la fortuna de platicar con ella; fue una locura interpretar a una mujer así, a partir de lo que fue y de su propia historia. Fue una aparición breve, pero muy significativa. Un mes después de que terminé de grabar, Silvia falleció”, comparte.
“Alimentas tu mundo a partir de todos los demás”, puntualiza Carolina sobre el significado de la actuación en su vida. “Me ha enseñado la capacidad emocional que tenemos en torno a la empatía. El actor siempre trabaja desde el otro; incluso en un monólogo, la emoción nace del intercambio, de escuchar y reaccionar. Cuando compartes escena, todo parte de lo que te da tu compañero, y ahí es donde el texto cobra verdad. Lo más valioso que me ha dejado esta profesión es la posibilidad de entender a la gente. Observo mucho: cómo se mueven, cómo piensan, cómo sufren, qué les duele. Sin esa mirada atenta, ningún personaje sería posible. Esa empatía me ha llevado al punto de cargar con historias ajenas y llegar a casa afectada por lo que otros me confían. No puedo vivir la vida de todos, pero es hermoso conectar con la sensorialidad y las emociones de los demás. Solo así comprendes que existe un mundo más grande que el tuyo”, finaliza.
Lo cierto es que Carolina continuará viviendo múltiples vidas a la vez, resultado de un destino que parece tener siempre la última palabra. Para ella, la actuación es la suma de todas las veces que decidió volver a los foros, a las cámaras y al vértigo creativo que la desafía y transforma. Quizá no se trate de huir o quedarse, sino de entender que hay caminos que siempre conducen al lugar al que se pertenece. El suyo, inevitablemente, sigue estando frente a la luz.
Créditos:
Fotografía por Mario Alzate @marioalzatee
Producción Ejecutiva por Diego Ortiz @xciegox
Producción de campo por Bibiana Quintana @bibianaquintana
Lead Stylist: Ana Carolina Gonzalez Bortot @008anadmoda800
On-Set Stylist: Lucine Ayanian @lucine_a
Assistant Stylist 1: Masha Mir @mashamir__
Assistant Stylist 2: Grace @grace.w.w
HMUA: Linda Belkahla Soleta @linda.belkahla @stylecouncilagency
Assistant Producer: Ana Carolina Gonzalez Bortot @esynstudios