Claudio Aluzzi, actor, guionista y productor mexicano-italiano, concibe el cine como un medio para liberarse y entregarse plenamente a la experiencia de vivir. A través de su filmografía, explora temas como la identidad, la vulnerabilidad y el crecimiento personal. En Self Love, cortometraje que escribió junto a Anton Chernonog, interpreta a Vinny Caruso, un escritor exitoso que, momentos antes de una entrevista en vivo, se enfrenta a su propio diálogo interno.
Celebrado en distintos festivales internacionales, Self Love le otorgó el premio a Actor Revelación en Matera, así como nominaciones en Seattle y menciones honoríficas en Roma. Este proyecto enfatiza su dualidad como escritor e intérprete, una combinación que impulsa una de sus más grandes pasiones: contar historias. “La actuación me da la oportunidad de jugar, ser alguien más y explorar nuevas emociones. Escribir es un proceso que me hace conectar con el pasado y todas mis experiencias de vida”, dice a The Hollywood Reporter en Español.
Desde Los Ángeles, Aluzzi comparte sus inicios en el séptimo arte, las virtudes que encuentra en cada uno de los roles que asume dentro de la industria, el éxito de Self Love en el circuito de festivales y cómo el cine se ha convertido en una herramienta de liberación y, sobre todo, en un medio para cumplir sus sueños.

¿Cómo logras transitar entre la escritura del guion y la personificación de los papeles que escribes?
Al principio me costó un poco de trabajo, porque entra mucho el tema del ego. Cuando escribes un personaje para ti, sobre todo cuando estás empezando, quieres tener la oportunidad de lucirte un poco más o alejarte de la vulnerabilidad. Lo que empecé a hacer fue imaginarme a otro actor interpretando el papel.
El proceso de escribir a Vinny Caruso junto a Anton Chernonog, que es el director del corto (Self Love), fue un proceso de mucha vulnerabilidad. La historia habla acerca de nuestras inseguridades, de la voz interior que te da en la torre y que de pronto te está saboteando. Los dos nos abrimos mucho y conectamos. Una vez que terminamos el guion, tuve que cambiar el chip y entender que a partir de ese momento ya no era un escritor, sino un actor en el set.
Anton me dijo: “Tienes que meterte en este rol y ya no puedes pensar si puedes cambiar un diálogo o una situación”. Cada uno asumió su lugar y fue muy padre adentrarme, primero, en la dinámica de dos escritores que se retroalimentan, y después entrar en el papel de actor. En ese momento, asumes la visión del director y confías plenamente en él.
En ocasiones, el guion cambia una vez que pasa a las manos del director. ¿Qué tan complicado es ese desapego?
Confío plenamente en él y en su visión, porque también compagina muy bien con la mía. Desde el momento en el que le presenté el primer borrador, supe que íbamos a trabajar muy bien juntos. En el set se soltó todo, porque entendimos que estábamos contando una historia. Todo el equipo tuvo el mismo propósito y confiamos en que haríamos un trabajo genuino. Una vez que dejamos el ego a un lado y nos centramos en el mensaje, todo se volvió más fácil.

¿Cómo es Claudio Aluzzi como guionista? ¿Cómo empieza a gestar una idea?
Creo que como escritores, o como cualquier otro medio artístico, tomamos mucho de nuestras vidas para crear. Cada historia se vuelve una metáfora acerca de lo que hemos experimentado y eso me parece interesante, sobre todo, cuando encuentras un concepto que es tan universal como el de la voz interior, porque es algo con lo que todo el mundo se puede identificar o ha tenido una experiencia relacionada. Me encanta contar historias que nacen de esos lugares; historias que llegan con un propósito: invitar a las personas a cuestionarse distintas cosas.
En este caso, que se cuestionen por qué se hablan tan feo a ellas mismas y, si existe la posibilidad, volverse amigas de esa voz. El proceso surgió al leer a Eckhart Tolle, quien habla mucho de eso. Él plantea la pregunta de si esta voz somos nosotros o si es algo más. También trae el concepto de ponerle nombre a esa voz y verla como si fuera algo más, para así controlarla mejor y decirle, en el momento en el que nos hable, que ya no más. Si me vas a decir puras cosas malas, mejor no digas nada, y hagamos las paces. Todo eso despertó esta idea y así se creó el primer borrador.
A lo largo de tu filmografía, has desarrollado temas relacionados con la identidad, la vulnerabilidad y el crecimiento personal. ¿De dónde parte la necesidad de contar historias sobre esto?
Nuestra generación tiene muchísimas herramientas de crecimiento personal. Estamos en un mundo en el que podemos encontrar respuestas sobre lo que nos pasa, ya sea a través de autores increíbles en libros o en Internet. Somos una generación que va a terapia y que está en este proceso de evolución. Me parece que, en los últimos diez años, ha habido un despertar colectivo sobre la conciencia y todo el mundo está viendo hacia adentro. La pandemia también trajo eso. De ahí parte el querer contar esas historias. Son temas que me apasionan muchísimo. Personalmente, he podido crecer y sanar ciertas heridas, y el haber tenido una experiencia tan positiva me hizo querer compartirlo con los demás.

Self Love está circulando por festivales, ¿cómo te sientes con las nominaciones y premios que ha recibido?
Ha sido increíble. Abrimos en Matera y ahí fue donde gané el Premio a Actor Revelación. Lo comparto con todo el equipo, porque mi actuación fue influenciada, muchísimo, por la dirección de Anton, la réplica de Caleb, la música de Iván, la edición de Pietro y la cinematografía de Toly. Todo es un proyecto colaborativo y me encanta que todos podamos recibir un reconocimiento por ello. Al final, los premios te abren ciertas puertas y espero que sea para todos en el equipo.
Lo que más gusto me da es ver que la gente se siente identificada. Se nos acercan después de la proyección y nos platican sobre su voz, las cosas que les dicen. Ahí mismo, se cuestionan por qué sucede esto y eso me llena muchísimo. Estamos empezando el circuito y el corto ha sido reconocido en todos los festivales, no ha pasado desapercibido. Me emociona porque sabemos que, probablemente, esto significa que poco a poco va a ir llegando cada vez más lejos.
Vinny Caruso parece un personaje bastante complicado.
Sí, pero también me emociona. Hay tantas cosas tan personales en ese personaje, y nunca me hubiera imaginado que sería un proceso tan sanador. A la hora de escribir, no estaba pensando en actuar, pero una vez que estuve en el set y mi amigo, que personificó a esta voz interior, me gritó insultos que me pegaron durísimo, porque son muy personales y parten de mi propia experiencia, entendí muchas cosas. Me dijo cuáles eran mis inseguridades más fuertes, mis heridas más profundas y eso me dio mucha perspectiva de cómo me hablo a mí.
Tienes enfrente de ti a alguien que te dice todo esto y decides que nadie más te puede hablar así. Eso forma parte de los propósitos que teníamos con esto, pero en lo personal, fue súper sanador porque, aunque yo pensé que ya lo había interiorizado, y por eso lo estaba escribiendo, a la hora de interpretarlo cerré un círculo. A partir de ahora, ya no tengo excusas para hablarme así, estoy consciente de eso y tengo las herramientas para cambiarlo.

¿Te identificas más con algún rol en específico?
Son cosas que disfruto de forma diferente. Me encanta contar historias. A lo mejor, es algo muy básico, porque toda la industria lo dice, pero es así porque todo es un proceso muy colaborativo. Entender una historia, un guion o una estructura me ha ayudado muchísimo como actor. Para mí, actuar es darme la oportunidad de jugar muchísimo, quitarse las máscaras y ser alguien más o explorar ciertas emociones que a lo mejor no expresas normalmente o muestras de cierta forma. Eso me parece muy liberador, es como conectar con tu niño interior.
Escribir es un proceso que te hace conectar con todo tu pasado y todas tus experiencias. La actuación también puede ser muy personal, pero para mí la escritura es súper, súper personal y súper íntima. Son cosas muy distintas. No podría escoger entre una y la otra. También me encanta interpretar papeles que no escribí y escribir cosas que no son para mí. Crucemos los dedos para que pueda hacer esas dos cosas toda la vida, porque lo disfruto muchísimo.
¿Te gustaría dirigir?
¡Claro! Lo primero que hice lo dirigí a los 14 años. Fue algo experimental, pero, por accidente, tuvo un alcance muy grande. Es una historia graciosa. Estaba con mis amigos y tenía ganas de hacer una película para impresionar a una niña. La hicimos, y estuvimos rodando durante seis meses, solo los fines de semana porque íbamos a la escuela. Era un relajo armar los llamados porque, de pronto, no llegaba un actor al que su mamá no lo había podido llevar y tenía que reescribir todo el guion.
Subimos cosas a redes y se hizo una expectativa muy grande del proyecto. Terminamos estrenando en el cine para 400 personas. Una locura. En este proyecto no actué, solo dirigí y es algo que me apasiona muchísimo. No obstante, ahorita estoy en una posición en la que estoy absorbiendo mucho de la gente con la que trabajo. Me encantaría hacerlo en un futuro, pero con más experiencia en el set, con más experiencia como actor, escritor y productor porque, al final, la dirección es una mezcla de todo. Tienes que masterizar todas esas áreas y, eventualmente, lo haré. Estoy contento con la actuación y con la escritura, pero sí sé que es parte del camino que voy a seguir en algún momento.

¿Y escribir un largo?
Hacer un largo es uno de mis sueños. Estoy muy contento porque las piezas de ese rompecabezas se están juntando, sobre todo, por todo lo que está pasando con Self Love. Con este proyecto, Anton y yo nos dimos cuenta que hacemos muy buena mancuerna como escritores, así que nos aventamos a escribir un nuevo guion que explora cosas muy interesantes. Las piezas se están uniendo y ya platicaré más en su momento.
Con respecto a la actuación, ¿qué otros papeles te gustaría interpretar?
Me encantaría explorar todas las facetas que pueda de mí mismo y de otras personas, pero hay un papel que me mueve muchísimo, y que forma parte de El Alquimista, de Paulo Coelho. El libro habla sobre los sueños y ese tema me pone la piel chinita. El personaje de Santiago va en búsqueda de un tesoro y tiene muchísimos aprendizajes en el camino. Quiero interpretarlo en algún momento de mi vida, pero no puede ser algo muy lejano porque él tiene más o menos mi edad.

¿Has pensado en desarrollar una historia similar?
La verdad es que en mucho de lo que escribo y pinto, porque también soy artista plástico, hay muchos conceptos que vienen de la mano con eso. Particularmente, la idea de cumplir un sueño, como lo plasma el libro. Coelho dice que un sueño es lo que hace a la vida interesante, y eso me mueve muchísimo. Eso también me inspiró a venir a Los Ángeles. Son conceptos que se van colando en todo lo que hago.
¿Cómo ha sido encontrarte y desenvolverte en la industria de Los Ángeles?
Ha sido muy emocionante. Tenía un amigo al que le gustaba mucho el tarot y hay una carta de un arlequín que está al borde de un precipicio, a punto de dar un paso, y mirando hacia el cielo. Es la carta del Loco. Él me decía que cuando tomas oportunidades así, no sabes lo difícil que va a ser el camino y, probablemente, si lo supieras, no lo tomarías; por eso él da el paso hacia el abismo sin darse cuenta. Me decía: “Inevitablemente se va a caer, pero esa es la única forma en la que va a aprender a volar”. Eso lo relaciono con el haberme venido a estudiar actuación y producción.
Es un mundo en el que convergen muchas ideas y, una vez que estás ahí, poco a poco te das cuenta de cómo es la industria realmente, sobre todo por lo que sucede ahora. Tenemos esa noción de que es como en los ochenta y noventa, pero ha cambiado. Es emocionante conocer gente que está en lo mismo que tú y nunca sabes a quién te vas a encontrar cuando sales por un café. Me motiva también regresar a México y hacer cosas entre los dos países. Entre más mexicanos podamos abrir camino acá, más oportunidades se pueden abrir en nuestro país.