La mayoría de las personas asegura saber qué significa “americano”, pero probablemente pocas conozcan el significado de “Pachuco”, ni el nombre del dramaturgo y director que ayudó a introducirlos en la cultura popular.
Para quienes no estén familiarizados con el término (y eso incluye a este crítico), American Pachuco: The Legend of Luis Valdez, de David Alvarado, funciona como una valiosa reivindicación. Más importante aún, esta película bien documentada llega en un momento en el que su tema central —la larga y difícil lucha de los latinos en Estados Unidos por la igualdad y el reconocimiento— vuelve a ocupar los titulares.
Comprender la vida y obra de Luis Valdez es una forma de ampliar nuestra idea de lo que significa ser estadounidense, quizá ahora más que nunca. Ver este documental esclarecedor y entretenido es un buen punto de partida.
Veredicto final
Un generoso homenaje a un gran talento latino.
Lugar de estreno: Sundance Film Festival
Elenco: Luis Valdez, Edward James Olmos, Lou Diamond Phillips, Daniel Valdez y Taylor Hackford
Director y guionista: David Alvarado
Primero lo primero: “Pachuco” era un término utilizado para describir a los mexicoamericanos de las décadas de 1930 y 1940, que usaban llamativos zoot-suits, hablaban su propia jerga y formaban parte de una pequeña, pero notable, escena contracultural en Los Ángeles. “Gatos callejeros con estilo”, así los describe Luis Valdez. Los pachucos fueron popularizados por el dramaturgo gracias a su exitosa producción de 1979: Zoot Suit, que también representó la primera gran oportunidad actoral para Edward James Olmos.
Históricamente, los pachucos simbolizaron un momento en la historia de Estados Unidos en el que los latinos enfrentaban una fuerte discriminación, mientras sus comunidades crecían y luchaban por hacerse escuchar.
Valdez, nacido en 1940 de padres inmigrantes mexicanos, era demasiado joven para haber sido un pachuco, pero su vida estuvo marcada por una necesidad similar de canalizar su propio lenguaje e identidad cultural. Criado por agricultores, cuyo trabajo describe como “literalmente trabajo esclavo”, comenzó a escribir y representar obras desde muy joven, enfocándose en la comunidad chicana en la que creció.
Cuando su ciudad natal, Delano, se convirtió en el epicentro del movimiento laboral encabezado por el activista —y ex pachuco— César Chavez, a mediados de los años setenta, Valdez creó El Teatro Campesino (The Workers’ Theatre), produciendo enérgicas sátiras políticas que acompañaban las demandas de los trabajadores agrícolas por mejores salarios, atención médica y protección sindical.
El documental de Alvarado sigue el ascenso de Luis Valdez: de niño campesino pobre, a prolífico y politizado dramaturgo y, finalmente, creador de éxitos cuando Zoot Suit se convirtió en un sensación teatral en Los Ángeles. Repleto de material de archivo y entrevistas íntimas con Valdez, hoy de 85 años, así como de familiares cercanos y colaboradores artísticos, el documental adopta una forma bastante convencional, salvo por un detalle distintivo: un narrador invisible (interpretado por Edward James Olmos) cuenta la historia de Valdez con la voz de un pachuco, relatando la impresionante trayectoria del dramaturgo con gran desparpajo.
En 1969, Luis Valdez trasladó su compañía a Del Rey y estableció un centro cultural para chicanos que atrajo talentos internacionales, como al director de teatro británico Peter Brook. Con la intención de “crear algo más sustancial para el mainstream”, Valdez comenzó a trabajar en una obra inspirada en los disturbios del Zoot Suit de 1943, durante los cuales, pachucos fueron víctimas de ataques racistas —incluyendo ser despojados públicamente de sus preciados trajes— por parte de militares estadounidenses y otros residentes blancos de Los Ángeles. Edward James Olmos, quien en ese entonces era un cantante local de rock y prácticamente no tenía experiencia actoral, fue elegido como protagonista de la obra, narrando la acción en caló. “Él me dio la voz que nuestra gente necesitaba escuchar”, dice Olmos sobre Valdez.
Cuando Zoot Suit se estrenó en 1978, se convirtió en un “éxito chicano arrollador” que llenó teatros en Los Ángeles durante casi un año. La obra fue invitada a presentarse en el Winter Garden Theatre de Broadway, con un estreno agotado al que asistieron figuras como Mick Jagger y Andy Warhol. Luego llegaron las críticas: Zoot Suit fue destrozada por la crítica neoyorquina, incluido a un reseñista del The New York Times que la calificó como “exagerada y desnutrida”. Otras críticas estaban teñidas de racismo. (“Los estadounidenses blancos se sentirán incómodos”, escribió un crítico).
El fracaso de Zoot Suit en Broadway supuso un duro golpe para Luis Valdez —“los críticos querían dejarme desnudo”, se queja— aunque logró llevar Zoot Suit al cine en 1981, con el mismo elenco de la puesta teatral. Fue su primera incursión detrás de cámaras. Después dirigiría La Bamba, una biopic de bajo presupuesto sobre el músico chicano Ritchie Valens, que terminó por convertirse en un éxito de taquilla y sigue siendo la película latina más exitosa de todos los tiempos.
La parte final de American Pachuco se centra en el desarrollo y producción de La Bamba, incluyendo entrevistas con el productor Taylor Hackford y el actor Lou Diamond Phillips. Este último era un desconocido actor filipino-estadounidense, cuando Luis Valdez decidió elegirlo tras audicionar a más de 600 intérpretes, seleccionándolo a pesar de que no era latino. (“Era producto de una fusión racial”, explica el director).
Lo que hizo que la película funcionara tanto comercial como emocionalmente fue la forma en que Valdez encontró lo universal dentro de lo personal, fusionando su propia historia —incluyendo su conflictiva relación con un hermano mayor— con la de Ritchie Valens y la de otros chicanos que lograron superar la pobreza y el racismo para salir adelante en Estados Unidos.
Considerando el éxito de La Bamba —la película recaudó 54 millones de dólares con un presupuesto de 6.5 millones—, Luis Valdez fácilmente pudo haberse quedado en Hollywood dirigiendo más películas. Nunca llegamos a saber por qué no lo hizo, aunque quizá sus posturas políticas y su identidad cultural no encajaban del todo con la industria.
Al final de este informativo y generoso documental, dejamos al octogenario frente a su máquina de escribir, todavía creando obras y guiones, dando vida a una comunidad, cuyo lento pero seguro ascenso representa, en esencia, el sueño americano.