Crítica: Batman Azteca: Choque de imperios

El superhéroe murciélago es llevado al México prehispánico en un largometraje que, a pesar de no ser perfecto, logra su cometido desde el primer momento

Por HARETH PERAZA |

septiembre 19, 2025

1:23 pm

Warner Bros./DC Studios/Ánima Studios

DC Studios tiene a su fanáticos acostumbrados a buenas películas animadas, ¿Batman Azteca: Choque de imperios continúa la tradición? Dirigida por Juan Meza-León, el largometraje, hecho en colaboración con Ánima Studios, traslada la icónica historia del superhéroe murciélago al México prehispánico, aunque al mismo tiempo desarrolla su propio universo. No se trata de un Bruce Wayne —Bruno Díaz, en Latinoamérica— que llega a Tenochtitlán, sino de un Batman completamente único, Yohualli-Coatl. 

A diferencia de la mayoría de largometrajes animados de DC Studios, Batman Azteca llegó a la pantalla grande, aunque únicamente en México. Normalmente, esta clase de cintas van directo a DVD o, en este caso, directo a streaming. El furor por esta adaptación del superhéroe murciélago fue tan grande que el estudio vio necesario llevarla a las carteleras aunque fuera por un corto periodo de tiempo. 

La película comienza en un pequeño pueblo en lo que hoy llamamos Veracruz. Allí conocemos a nuestro protagonista, Yohualli-Coatl, un joven que perdió a su madre y por eso siente cierto despropósito y enojo hacia la vida. Vive junto a su padre, Toltecatzin, el líder de la aldea y de quien algún día Yohualli espera heredar su papel. La vida en el pueblo era pacífica hasta que llegan tres carabelas con una cruz izada en lo alto. Aquí irrumpen en escena Hernán Cortés y su tripulación, quienes tienen el objetivo de dirigirse a Tenochtitlán para hacerse de todo el oro que puedan. Sin embargo, Toltecatzin no iba a dejarles el camino fácil, por lo cual deciden acabar con su vida, dejando a Yohualli-Coatl huérfano y con la necesidad de ir a Tenochtitlán para sobrevivir. Allí se encuentra con Acatzin, un viejo amigo y servidor de la familia, quien lo entrenará para convertirse en el mejor guerrero, y comenzar un camino de venganza y justicia. 

Si bien parece que la trama parte de la historia tradicional de Batman que todos conocemos, lo cierto es que se toma ciertas libertades que le dan un valor único. A lo largo del filme, Yohualli-Coatl tiene un conflicto interno con el dios Tzinacan, quien es el dios murciélago para los mexicas. El protagonista culpa a la deidad por no proteger a su familia a pesar de los altares, sacrificios y rezos que hacían en su honor. Esto es algo que Batman nunca había experimentado y le da una capa extra de profundidad. 

Por supuesto, la principal diferencia entre esta y el resto de cintas sobre el superhéroe murciélago se encuentra en su ambientación, la cual está muy bien lograda. No solo se trata de llevar a Batman al México prehispánico, sino también a todo su universo, incluyendo a sus villanos. Hernán Cortés no solo es el tipo malo que viene en un barco a robar oro, ya que aquí se le convierte en una versión de Dos Caras, con todo y su moneda. Esto encaja como anillo al dedo con el personaje, principalmente por las intenciones que va mostrando conforme avanza la historia.

También vemos apariciones de El Guasón, a quien se le conoce en este mundo como Yoka, un sacerdote al servicio de Moctezuma (tlatoani de Tenochtitlán) que tras ser abandonado por sus deidades entra en la locura. Hiedra Venenosa también hace acto de presencia como una especie de figura mística conectada con la naturaleza. Pero no todo se trata de villanos. Otros personajes icónicos del universo de Batman también aparecen en esta historia. Destaca en sobremanera el rol de Acatzin, quien toma el papel de Alfred al ser este mayordomo que al mismo tiempo entrena a Yohualli-Coatl. Aunque tampoco podemos menospreciar a Jaguara, una ladrona al más puro estilo de Robin Hood basada —obviamente— en Gatúbela. 

Warner Bros./DC Studios/Ánima Studios

Cabe resaltar que esta no es la primera vez que Batman es llevado a nuevas culturas. Anteriormente, el personaje fue llevado al Japón feudal con Batman Ninja y a la Ciudad Gótica del Siglo XIX en Gotham by Gaslight. Si bien no es la primera vez que el personaje aparece en una realidad alterna, sí es la primera vez que lo único que se traslada es el concepto y la historia. A diferencia de otras producciones con una premisa similar, Batman Azteca: Choque de imperios crea a su propio protagonista desde cero, dejando completamente fuera el nombre de Bruce Wayne. 

Debido a lo anterior, se enfrenta a un reto sumamente grande al intentar desarrollar un universo prácticamente nuevo en menos de 90 minutos. Tiene una gran ventaja en que es la mezcla de dos mundos bastante conocidos, como son la historia de Batman y el México prehispánico. Sin embargo, introducir al mismo tiempo los elementos característicos de ambos en tan poco tiempo hace que el ritmo sea sumamente veloz, lo cual no es del todo bueno. Hay ciertos detalles de la historia que se dan por sentados, y esto genera huecos narrativos. El ejemplo más claro es la relación entre Yohualli y Jaguara, ya que de la noche a la mañana pasan de amigos a amantes, lo que para el espectador se siente muy forzado. Algo similar sucede con el conflicto que Yohualli tiene con el dios Tzinacan, aunque en este caso simplemente se hubiera podido profundizar más en la resolución del conflicto, ya que se da de una forma muy apresurada. 

La película peca en no saber cómo tratar a su audiencia porque así como da cosas por sentadas, también hay detalles que quiere explicar de formas sumamente obvias. Desde el inicio de la cinta, Yohualli-Coatl sufre de pesadillas en las que se enfrenta a un gran toro y, en el momento en el que tiene una de sus últimas batallas contra Hernán Cortés, el español tiene un toro ilustrado en el peto de su armadura. En este punto ya parece bastante obvia la relación, pero la película opta por mostrar un flashback al sueño que el protagonista tuvo al inicio. Puede que esto funcione en una película para niños, pero Batman Azteca: Choque de imperios no fue pensada para ese público. 

Más allá de la narrativa, donde la cinta realmente logra resaltar es en todo lo que tiene a su alrededor: efectos, animación, sonido, etcétera. Uno de los elementos que se deben destacar es la actuación de todo el reparto. La película no solo juntó un elenco que impone en cuanto a nombre, sino también en desempeño. Desde Horacio García Rojas, quien da vida a Yohualli-Coatl, hasta Álvaro Morte, quien encarna a Hernán Cortés, demuestran el poder que tienen sus voces y cómo pueden transformarlas para dar vida a nuevos personajes. 

Hay películas animadas en las que, al escuchar la voz de un personaje, inmediatamente identificas quién está detrás. Sin embargo, en Batman Azteca: Choque de imperios esto no sucede a pesar de las figuras que conforman el elenco. El ejemplo más claro es Omar Chaparro, quien interpretó a Yoka, la nueva versión del Guasón, ya que realmente logra mostrar una faceta de su rango vocal que nunca se había visto, y con la cual pudo darle al personaje una personalidad única. 

En cuanto a la animación, la película se apega a las técnicas tradicionales 2D, lo cual, en un mundo poblado por animación por computadora, se siente fresco y bien logrado, en gran parte gracias a la fluidez de los movimientos de los personajes. También es importante destacar el manejo de colores, ya que no solo se trata de que se vean bien estéticamente, sino también de capturar la esencia del México prehispánico, lo cual consiguen rotundamente, sobre todo gracias a los contrastes entre los colores vivos de los mexicas y los opacos de la armada española. 

A pesar de sus imperfecciones, Batman Azteca: Choque de imperios logra su cometido, ya que nunca intentó ser una obra maestra de la cinematografía moderna. El objetivo de Juan Meza-León, más allá de entretener a la audiencia, estaba en la reivindicación del pasado y las raíces mexicanas, y ese efecto se encuentra presente en todo el largometraje. A través de su mezcla de colores, el diseño de los escenarios y el uso de los elementos de la cultura mexica, el filme por un momento deja de lado todo lo que es Batman y se convierte en algo propio.

Hay a quienes no les pueda gustar eso, pero es lo que la cinta siempre pretendió hacer. No es la historia de Bruce Wayne o Bruno Díaz, sino que es la historia de un superhéroe nuevo que parte del concepto del murciélago utilizado por Batman. 

HARETH PERAZA

Redactor / Community Manager

Redactor y community manager para The Hollywood Reporter en Español. Con una mirada objetiva hacia el entretenimiento, busca desentrañar los procesos creativos y el impacto de cada obra que retrata en sus textos.

SUSCRÍBETE A NUESTRAS EDICIONES

Vive la experiencia completa de The Hollywood Reporter en Español, sin límites y todos los días, en sus versiones impresas y digitales.

MÁS DE HOLLYWOOD REPORTER EN ESPAÑOL

Lo más Popular

newsletter

Suscríbete para nuevas noticias de Hollywood Reporter en Español directo en tu bandeja de entrada

Al proporcionar su información, acepta nuestros Términos de Uso y nuestra Política de Privacidad. Utilizamos proveedores que también pueden procesar su información para prestar nuestros servicios. // Este sitio está protegido por reCAPTCHA Enterprise y se aplican la Política de Privacidad y los Términos de Servicio de Google.

Deberías leer

Síguenos