La espera terminó. El soborno corporativo de Amazon por 75 millones de dólares, perdón, el documental Melania ha llegado a los cines, donde sin duda se exhibirá ante las mayores audiencias que el Partido Republicano pueda comprar. No es que se hayan molestado en incluir a ese bastión del liberalismo conocido como la ciudad de Nueva York. En la primera función del día de estreno, en el AMC Empire Theater de la calle 42, apenas había tres personas más. Dos de ellas eran críticos de cine, ya que no hubo funciones de prensa y nos vimos obligados a pagar nuestra ofrenda a la primera dama como cualquier otro espectador.
Decir que Melania es una hagiografía sería insultar a las hagiografías. La película se desvive de tal manera por su protagonista, que uno casi se siente antipatriótico por no deshacerse en elogios. Está dirigida de forma apropiada por Brett Ratne, cuya carrera en el cine de ficción se descarriló en 2017, tras numerosas acusaciones de agresión sexual que él ha negado. Pero, como muchos personajes poco recomendables vinculados a Donald Trump, al parecer ha recibido su perdón.
Veredicto final
Realmente no me importa, ¿y a ti?
Fecha de estreno: Viernes, 30 de enero
Director: Brett Ratner
El documental, que recorre los 20 días previos a la investidura presidencial de 2025, comienza en Mar-a-Lago, donde primero vemos los tacones de Melania, luego la parte posterior de su cabeza y, finalmente, su rostro (todo un juego de insinuación). Sube a un jet privado con la marca Trump al ritmo de ‘Gimme Shelter’, una elección peculiar si se considera que la letra alude al asesinato, la violación y la guerra.
Es apenas la primera de varias selecciones musicales extrañas del documental, entre ellas ‘Billie Jean’ (sobre falsas acusaciones sexuales), ‘Everybody Wants to Rule the World’ (no necesita explicación), el ‘Bolero’ de Ravel (eternamente asociado al sexo) y ‘It’s a Man’s Man’s Man’s World’ (exacto). Da la impresión de que quien armó la banda sonora tiene un sentido del humor bastante retorcido.
“Cada día vivo con propósito y devoción”, entona Melania en voz en off, dando paso a la primera de una interminable serie de frases inspiracionales que parecen sacadas de libros de autoayuda. También vive rodeada de un ejército de vestuaristas y diseñadores, con quienes la vemos consultar sobre sus atuendos y la decoración de las celebraciones de investiduras. Se reúne con ellos en la Torre Trump, cuyos interiores hacen que Versalles parezca austero.
“Mi visión creativa siempre es clara”, nos informa, justo después de indicarle a una modista que haga su atuendo “más ajustado”. Revisa las invitaciones para la cena de investidura y parece satisfecha al saber que el primer plato será “un huevo dorado con caviar”. Porque, claro.
“Honro la importancia de la Casa Blanca”, afirma solemnemente, aunque al parecer ese honor no se extendió al Ala Este. Se reúne con una diseñadora de interiores que le cuenta con orgullo que llegó como inmigrante desde Laos cuando tenía dos años. (Presumiblemente, su detención por parte de ICE será documentada en la próxima docuserie relacionada).
Melania aparece realizando actividades menos frívolas, entre ellas, reunirse con una mujer israelí que fue tomada como rehén por Hamás, y que ahora intenta desesperadamente lograr la liberación de su esposo. También conversa con la primera dama francesa Brigitte Macron y con la reina Rania de Jordania sobre la creación de una coalición internacional de su iniciativa “Be Best” y los peligros de las redes sociales. Porque si alguien sabe de ciberacoso, esa es Brigitte Macron.
“Siempre usaré mi influencia y mi poder para luchar por quienes lo necesitan”, anuncia Melania en otra voz en off que parece escrita por un orador motivacional.
Luego llega el momento de viajar a Washington. Comparte la limusina con Ratner y ambos cantan ‘Billie Jean’ en lo que bien podría ser el peor episodio de Carpool Karaoke jamás grabado. “Este es mi último vuelo como ciudadana privada”, nos dice mientras aborda su jet privado, sin que la ironía parezca afectarla en lo más mínimo.
Donald Trump aparece en la película más o menos a la mitad, poniendo fin, lamentablemente, a la privación que habíamos sufrido hasta ese momento. En una reunión para discutir la inminente investidura, se muestra tan encantador como siempre al quejarse de un partido deportivo de campeonato que se celebrará el mismo día. “Seguro lo hicieron a propósito”, refunfuña.
A partir de ahí, la película se convierte, en gran medida, en un refrito de los eventos televisados que rodearon la investidura, incluida la elaborada cena a la que asistieron figuras como Elon Musk y Jeff Bezos; una solemne ceremonia en el Cementerio Nacional de Arlington, donde Trump luce molesto, aunque no por las razones correctas; y la propia investidura, con Melania comentando con picardía: “Aquí vamos otra vez”, antes de hacer su entrada. También hay más tomas de Barron de lo habitual, aunque para apreciar plenamente sus proporciones realmente hay que ver la película en IMAX.
En un momento, Melania aparece viendo por televisión la cobertura de los acontecimientos en CNN, aparentemente, sin preocuparse de que la cadena solo trafique con noticias falsas.
Melania se esfuerza por incluir numerosas tomas suyas junto a Donald, actuando como una pareja amorosa, lo que amenaza con sacar a la película del terreno de la no ficción. “Nadie ha soportado lo que él ha soportado en los últimos años”, señala, lo que explica por qué está tan empeñado en hacer que el país también lo soporte.
Este costoso documental propagandístico está filmado con un acabado reluciente y cuenta con una banda sonora exuberante, aunque por alguna razón, Ratner insiste en insertar segmentos rodados en lo que parece ser película Super 8, como si intentara impregnar a los Trump de un aura propia de la era Kennedy.
Antes de que la película concluya con gráficos en pantalla que enumeran los logros de Melania como primera dama, de una forma tan elogiosa que haría sonrojar a Corea del Norte, se le muestra posando para su retrato oficial. Esforzándose por verse a la vez sexy y autoritaria; es ahí donde parece sentirse más en su elemento.