Crítica: Hija del volcán

De Armero a la adopción internacional, el documental convierte una búsqueda personal en un mapa controversial de la historia reciente.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

abril 6, 2026

5:47 pm

Cortesía de DocCo

El 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz arrasó con Armero y dejó más de 23.000 muertos. La imagen de Omayra Sánchez atrapada en el lodo quedó grabada en la memoria colectiva, pero lo que vino después fue menos visible y, en muchos casos, más difícil de rastrear. Entre el caos, la pérdida de registros y la urgencia institucional, decenas (o cientos) de niños fueron dados en adopción, muchos de ellos enviados al extranjero en procesos marcados por la opacidad. Hija del volcán parte de ese doble origen relacionado con una tragedia natural y un sistema que, en medio del desastre, operó sin claridad.

La directora y protagonista, Jenifer de la Rosa Martín, es una de esas niñas. Adoptada en España con poco más de un año, creció con fragmentos de información, con una historia incompleta. A los treinta decide regresar a Colombia para buscar a su madre biológica. Ese gesto, el de volver, es el punto de partida de una película que no se organiza como investigación clásica, sino como un proceso abierto, irregular, lleno de avances, confusiones y retrocesos.

El documental se construye desde la primera persona. La cámara de Andrés Campos Sánchez acompaña a De la Rosa quien también se filma, graba y expone. A veces con materiales más elaborados, otras con el teléfono. Esa mezcla de registros define el tono. No hay una distancia clara entre la cineasta y el objeto de estudio. Todo pasa por ella. Esa decisión tiene un efecto directo que permite ganar en cercanía emocional, pero que pierde en términos de perspectiva.

Lo más interesante aparece cuando la historia deja de ser solo individual. A medida que la directora avanza en su búsqueda, surgen otros testimonios, adopciones y otras versiones de lo ocurrido. Ahí la película crece. Lo que parecía ser un caso aislado empieza a mostrar patrones con expedientes incompletos, versiones contradictorias e instituciones que no dan respuestas claras. Sin necesidad de hacer énfasis en ello, el documental deja ver que la tragedia de Armero no terminó con el desastre natural. Continuó en esas historias desplazadas y en unas identidades reconstruidas a medias.

Formalmente, la película opta por una estructura fragmentada y no hay una línea narrativa rígida. El pasado aparece en archivos, relatos e imágenes que no siempre encajan del todo. El presente se construye en desplazamientos, encuentros y conversaciones. Esa forma responde bien al tema, ya que la identidad no es algo estable, es algo que se arma con restos. Hay, además, un uso consciente del espacio. La vegetación que cubre lo que fue Armero, los paisajes húmedos y los lugares donde ya no queda casi nada visible, contrastan con los interiores europeos donde creció la directora. Esa distancia geográfica se traduce también en una distancia emocional. La película trabaja sobre ese desajuste sin necesidad de explicarlo demasiado, dejando que el espectador saque sus propias conclusiones.

Sin embargo, no todo funciona con la misma fuerza. El hecho de que la directora esté siempre en el centro termina generando cierta saturación. Hay momentos en los que la película insiste en su experiencia personal sin abrir suficiente espacio para que el contexto respire por sí solo. Algunos pasajes, más cercanos al registro inmediato (selfies, confesiones directas), pueden sentirse menos sólidos frente al peso del tema que se está tratando.

Aun así, el documental encuentra su valor en lo que pone en circulación. No tanto en las respuestas que consigue, que son parciales, sino en las preguntas que deja abiertas. ¿Cuántas historias como esta existen? ¿Qué ocurrió realmente en esos procesos de adopción? ¿Qué significa reconstruir una identidad cuando los documentos no coinciden con la memoria?

El momento en que la búsqueda parece acercarse a una posible respuesta no se presenta como cierre, sino como otro punto de incertidumbre. Y esa decisión es coherente. Hija del volcán no busca resolver del todo su historia, sino dejar constancia de que hay algo que sigue sin resolverse.

Veredicto: Irregular en su forma pero potente en lo que revela, Hija del volcán convierte una historia personal en una puerta hacia una memoria colectiva todavía incompleta.

Ficha técnica:

Dirección: Jenifer de la Rosa Martín

Guion: Jenifer de la Rosa Martín

Fotografía: Andrés Campos Sánchez

Música: Kenji Kishi

Año: 2025

Duración: 109 minutos

País: Colombia / España

Género: Documental

Distribuidora: Doc:Co

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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