Crítica Sobriedad, me estás matando: un intento fallido por dar un mensaje necesario

Raúl Campos presenta su ópera prima, una comedia negra sobre adicciones, rehabilitación y cómo culpar a otros por nuestros propios errores

Por HARETH PERAZA |

mayo 5, 2026

12:16 pm

Cinépolis Distribución/IMDb

Siempre es grato cuando propuestas mexicanas diferentes —que salen de la tan explotada comedia romántica— llegan a las salas de cine. Sin embargo, estos experimentos no siempre salen bien y lastimosamente ese es el caso de Sobriedad, me estás matando, la nueva película de Raúl Campos, un cineasta muy apegado a la comedia stand-up y que ha colaborado con grandes nombres del género como Ricardo O’Farrill, Sofía Niño de Rivera, Carlos Ballarta y muchos más. 

Después de años enfocado en dirigir y producir especiales de comedia, Campos por fin se adentra de lleno en el cine con esta cinta. Sobriedad, me estás matando es una comedia negra que, por momentos, intenta acercarse al drama, aunque no lo logra del todo. La película gira alrededor de Raffi (Octavio Hinojosa), un tipo a punto de llegar a sus cuarenta y que ha estado entrando y saliendo de rehabilitación durante 17 años. El filme se centra en su intento más reciente, el quinto, y que, aparentemente, será su última oportunidad para poner su vida en orden. 

Sobriedad, me estás matando

Conclusión: Un intento fallido por dar un mensaje necesario

Reparto: Octavio Hinojosa, Alfonso Borbolla, Maya Zapata, Hugo Catalán, Mónica Dionne, Juan Carlos Vives, Roberto Andrade, Hugo Stiglitz 

Director: Raúl Campos

Guionistas: Raúl Campos, Félix de Valdivia, Octavio Hinojosa

Clasificación: B-15

Duración: 1 hora y 49 minutos

Desde el comienzo, el largometraje intenta hacerse ver como una cinta cómica, pero profunda a la vez. La primera escena muestra uno de estos típicos círculos de los grupos de adictos en los que uno a uno los participantes van contando sus trágicas historias. Esa dinámica se rompe cuando aparece Raffi, quien aparece sosteniendo una pluma como si fuera el dedo medio. Tras esto, relata un suceso mucho más trágico que el de los otros, pero que resulta ser una broma. Este comportamiento denota la personalidad del protagonista: un tipo para el que la vida ha perdido sentido y que se escuda en la comedia para evitar ser vulnerable. 

Después de 17 años haciendo lo mismo, parece que Raffi está más que acoplado a los centros de rehabilitación. Aquí es cuando la directora del centro le da una gran noticia: ha sido dado de alta. Muchos estarían saltando de alegría, pero Raffi no. En lugar de mostrarse contento o aliviado, se muestra completamente asustado, y cómo no estarlo si esa fue su vida durante casi la mitad del tiempo que lleva en este plano. Realmente lo sacaron de su realidad, pero eso es lo que todos necesitamos para que haya un cambio real, ¿no?

Cinépolis Distribución/IMDb

Al salir de rehabilitación por quinta ocasión, Raffi llega a casa de su madre (Mónica Dionne), con quien tiene una relación bastante conflictiva, a tal punto de que le es imposible llamarla “madre” y opta por utilizar su nombre de pila, Emilia. Básicamente, Raffi odia a su madre porque “le arruinó la vida” y viceversa. Lo irónico es que su madre es una artista con cierto reconocimiento y económicamente acomodada. Esto nos habla de algo importante: el protagonista no viene de abajo, no viene de la calle, es un niño rico y traumado que se droga para olvidar su “difícil pasado”, y ya. Pero esta crianza en cuna de oro lo convierte en un ser pedante, molesto y cretino. A pesar de estar a punto de cumplir 40 años, sigue viendo a todos por debajo y comportándose como un niño. 

Después de dos días en casa de su madre, ella simplemente ya no lo soporta más y le habla a su padre (Juan Carlos Vives) para que lo eche. Así es como Raffi se queda en la calle y debe recurrir a la única persona que realmente siento algo de aprecio por él: Trino (Alfonso Borbolla), su mejor amigo de la prepa. Él lo recibe, le da comer e incluso le ofrece trabajo, lo cual el protagonista rechaza. Trino también sirve como un puente entre Raffi y su pasado. Él es quien se encarga de conectarlo una vez más con Inés (Maya Zapata), quien también era parte del grupo de amigos de la preparatoria. Pero eso no es todo, ya que Trino es el responsable de cargar y hacer entretenida esta película. Es el personaje mejor construido, con los mejores chistes y con el que es más fácil conectar, en parte por el gran desempeño de Alfonso Borbolla, quien ha demostrado tener talento para este tipo de comedias. 

Sobriedad, me estás matando es una película que recae mucho en su protagonista, y esto parece ser una decisión premeditada, ya que la película tuvo como guionista al propio Octavio Hinojosa. Para que una cinta así funcione, se debe tener no solo un personaje muy bien escrito, sino también a un gran actor interpretándolo. Desafortunadamente aquí no sucede ninguna de las dos cosas. Para empezar, es imposible sentir pena o lástima por Raffi, quien constantemente realiza bromas que rara vez sacan una carcajada — irónico considerando el pasado de Raúl Campos en la comedia. 

El principal problema de Raffi es que realmente no tiene un arco que lo haga crecer o cambiar. Sí cambia, pero esto sucede porque está escrito en el libreto, no porque la historia se moleste en mostrarlo. En más de una ocasión, sus amigos le ofrecen salida al mundo en el que se encuentra, pero siempre las rechaza, y al final, tras una última recaída, simplemente cambia. Después de verlo inyectándose una vez más en el baño de un gimnasio, lo vemos en su sexto intento, con una mirada distinta sobre el proceso y sobre lo que implica volver a la vida real. Es cierto que un punto muy importante es la muerte de su madre, pero esto no le dice nada al espectador. Si acaso resalta la responsabilidad de los padres en los traumas y problemas de sus hijos, pero un buen protagonista no puede culpar todo el tiempo a los demás por sus propios errores y mucho menos esperar que una acción cometida por otros sea la solución a ellos. 

Cinépolis Distribución/IMDb

A veces un personaje mal escrito puede ser salvado por una actuación entrañable, pero Octavio Hinojos simplemente no lo logra; lo intenta, pero nada más no puede. Esto se nota desde la primera escena, en la que Raffi cambia drásticamente de tristeza a carcajada. Hay que reconocerlo, el llanto de esa primera escena se siente genuino, auténtico, pero la risa posterior es falsa, y esa misma sensación incómoda se genera en distintos momentos a lo largo del largometraje. Incluso cuesta mucho creer sus emociones en el clímax de la cinta, cuando se encuentra con Emilia en su lecho de muerte. Aunque también hay que decir que ningún actor —salvo Alfonso Borbolla— hace un papel realmente destacable. Los únicos que se salvan son el Tío Rober y Hugo Stiglitz, y ninguno de los dos aparece más de cinco minutos en pantalla. 

El libreto de Sobriedad, me estás matando es malo, pero por las razones incorrectas. La primicia está bien y, en papel, el arco argumental de Raffi puede desarrollarse de buena manera —aunque no se haya logrado en el corte final—, pero todas esas buenas ideas se pierden en una ejecución sosa que prefiere explicar antes que mostrar. La cinta tiene un molesto exceso de diálogo explicativo. Muchas veces, la película prefiere contarte qué pasó en lugar de filmarlo. Hay un momento muy claro en el que se nota este error garrafal y es cuando Raffi y Trino están por salir de viaje. Se supone que está en duda si Inés va a ir o no, pero en lugar de grabar la decisión de Inés, prefieren que Raffi lo explique en pocas palabras. En la escena siguiente, ya están los tres en el carro camino a Tepoztlán. Claro que el diálogo es importante en la narrativa cinematográfica, pero no lo es más que las acciones. Esa es una de las razones por la que existe el concepto “save the cat”, que consiste en que el protagonista realice una pequeña acción buena para que conecte con el espectador. Esto sucede al principio de la cinta, pero no vuelve a utilizarse, dejándole toda la responsabilidad de avance narrativo al diálogo. No quiero que me digas qué pasa cuando tienes una cámara y lo puedes grabar. 

Dentro de las diversas fallas que presenta Sobriedad, me estás matando, también se encuentran errores de producción, particularmente en la iluminación. Hay una escena en la que se supone que Inés y Raffi están teniendo una conversación sentados en la misma mesa. Cuando la cámara enfoca a Inés, la luz es bastante brillante y permite verla con claridad, pero la toma de Raffi es todo lo contrario; es muy oscura. Puede ser hecho con intención narrativa, pero si no se mantiene durante el resto de la cinta es imposible no verlo como un mero error. Por momentos también se nota una fotografía descuidada. No se trata de que tener una estética perfecta y encuadres que permitan apreciar la belleza del ambiente —porque no hay belleza que apreciar—, pero al menos hay que tener cuidado en que no se cuelen elementos indeseados. Hay un momento en el que se está realizando una toma en movimiento que comienza enfocando a Raffi en el espejo y poco a poco se traslada a un baño donde el protagonista está sentado, pero en los momentos más abiertos de la toma se puede ver la pierna de Raffi en la parte inferior.

Si hay algo que rescatar de la película —además de la actuación de Alfonso Borbolla—, sin duda, es la música. Y como no hacerlo si tiene detrás a nadie más y nadie menos al gran músico regiomontano Chetes, quien estuvo detrás de Blanco Fácil y fue pieza clave de Zurdok. El tema principal, ‘Vidas Felices’, fácilmente podría convertirse en un sencillo del artista. La banda sonora fluctúa entre diversos géneros, desde el rock alternativo hasta el folk, lo que le da mucha vida a la película. 

Al final del día, Sobriedad, me estás matando es un fallido intento por dar un mensaje necesario, Aunque algo hay que reconocerle: tiene muy claro a quién va dirigida. No es una película para todo el mundo, sino una cinta que puede disfrutar un adolescente que no tiene ni idea de qué quiere hacer con su vida, porque ellos son quienes van a abrir los ojos cuando la terminen. 

HARETH PERAZA

Redactor / Community Manager

Redactor y community manager para The Hollywood Reporter en Español. Con una mirada objetiva hacia el entretenimiento, busca desentrañar los procesos creativos y el impacto de cada obra que retrata en sus textos.

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