Por mi cuenta, hay exactamente dos razones y media para ver el spin-off animado de Netflix, Stranger Things: Tales From ’85.
La primera: Eres un niño, y me refiero a un niño literal, no a un adulto con espíritu juguetón. Has escuchado cosas buenas de Stranger Things, pero tus papás consideran que aún no tienes la edad para su clasificación TV-14. La versión un poco más ligera, Tales From ’85, con clasificación TV-PG, puede bastar para calmar tu curiosidad por ahora.
Stranger Things: Tales From ’85
Veredicto final: Al menos la animación está más bonita.
Estreno: Jueves 23 de abril en Netflix
Elenco de voces: Brooklyn Davey Norstedt, Jolie Hoang-Rappaport, Luca Diaz, Elisha “EJ” Williams como Lucas, Braxton Quinney, Ben Plessala, Brett Gipson, Odessa A’zion, Jeremy Jordan, Janeane Garofalo
Desarrollada por: Eric Robles y Jennifer Muro, basada en Stranger Things, creada por Matt Duffer y Ross Duffer
Dos: Eres fan de Stranger Things y vives esa devoción desde el completismo más clavado. No vas a parar hasta consumir hasta el último segundo de metraje o línea de diálogo que exista en este universo. En ese caso, adelante. Nada de lo que diga aquí te va a hacer cambiar de idea de todos modos.
La media razón es Nikki, el personaje de Odessa A’zion. Ruda, deslenguada y con un mohicano rosa fresa, esta nueva incorporación tiene la chispa y el encanto suficientes como para pensar que habría estado increíble verla en la versión original en live-action. Pero, a menos que ya entres en las categorías uno o dos, ni siquiera ella alcanza para justificar una serie que, en todo lo demás, se siente como más de lo mismo, solo que diluido.
La nueva historia, desarrollada por Jennifer Muro y el showrunner Eric Robles, arranca a inicios de 1985 —es decir, entre la segunda y la tercera temporada, para quienes son tan malos como el papá de Mike para seguir edades y líneas de tiempo—. Nuestros jóvenes protagonistas siguen en lo alto tras su reciente victoria. Después de cerrar las puertas al Upside Down para siempre, o eso creen, han vuelto felices a sus vidas normales de niños, llenas de comida chatarra, Dungeons & Dragons y coqueteos incómodos de preadolescentes.
Lo que nosotros sabemos y ellos no, claro, es que todavía les quedan años de batallas por delante. Estas vacaciones de invierno idílicas son justo eso, una pausa, y además bastante breve. Cuando la gente en Hawkins empieza a ser secuestrada por enredaderas conscientes de otro mundo, Mike, Will, Dustin, Lucas, Max y Eleven vuelven a la acción, ahora con un poco de ayuda extra de Nikki, hija de la nueva maestra sustituta de ciencias, la señora Baxter, con la voz de Janeane Garofalo.
Tales From ’85 muestra muy poco interés en moverle a la fórmula de Stranger Things, ya sea en lo narrativo, en el tono o en cualquier otro aspecto. Incluso el cambio de live-action a animación parece responder más al intento de volver al espíritu de las primeras temporadas, cuando los protagonistas todavía parecían y actuaban como niños, que a una intención real de innovar. Eso sí, como bonus, esta versión animada, más nítida, pulida y colorida, resulta mucho más atractiva que el CGI algo opaco de las temporadas más recientes. Fuera de eso, todo sigue igual.
Así que, aunque los monstruos son creaciones nuevas, en esencia se sienten como una mezcla entre los Demogorgons y Audrey II. Y cuando los personajes caen en dramas interpersonales, en realidad solo repiten conflictos que ya hemos visto antes. Nikki, que tiene talento para la ingeniería mecánica casera, logra equipar al grupo con nuevos gadgets, pero al final sus planes casi siempre terminan igual, con ellos a punto de ser devorados por alguna criatura gigantesca de otro mundo, hasta que Eleven los salva en el último segundo con su telequinesis.
Hablando de Eleven, el personaje sigue siendo tan desmedidamente poderoso que la única tensión real a lo largo de los 10 episodios de media hora consiste en ver qué nueva excusa inventa la serie para dejarla fuera de combate el tiempo suficiente, antes de que aparezca para hacer ese “rescate sorpresa”. No es el único problema narrativo que Stranger Things arrastra hasta Tales From ’85, pero, igual que la sobreprotectora obsesión de Mike con Eleven o el genio irritantemente arrogante de Dustin, es uno que se sentía más fácil de pasar por alto en live-action, cuando las grandes actuaciones individuales del elenco joven y la química que tenían en conjunto lograban tapar varias de las debilidades del guión.
En contraste, el elenco de voces completamente nuevo de Tales From ’85 está atrapado intentando replicar las interpretaciones originales, y solo Braxton Quinney, como Dustin, y a ratos Jolie Hoang-Rappaport, como Max, realmente suenan parecidos. Si a estos actores —incluidos Luca Diaz como Mike, Elisha Williams como Lucas, Ben Plessala como Will y Brooklyn Davey Norstedt como Eleven— les dieran espacio para apropiarse de los personajes, esas diferencias no serían problema. Pero la serie no se atreve a dejar que sus interpretaciones profundicen demasiado, por miedo a que surja algo que contradiga lo ya establecido.
Estas versiones de los personajes repiten los gestos de un chiste típico de Max o una frase como “los amigos ayudan a sus amigos” de Eleven, y por momentos casi parece suficiente. Pero sin la sutileza y naturalidad que antes los hacía tan entrañables, estas imitaciones pronto se vuelven cansadas y luego irritantes. No parece casualidad que el único punto realmente destacable del grupo sea Nikki. Al ser un personaje nuevo, que no aparece en las temporadas tres a cinco, puede evolucionar y construir relaciones de formas que los demás no, sin riesgo de romper el canon ya establecido.
En Nikki, Tales From ’85 deja ver un poco del potencial que este proyecto habría podido tener si no estuviera tan empeñado en seguir el manual al pie de la letra. En lugar de eso —para bien, quizá, si eres un ejecutivo celoso de proteger su gallina de los huevos de oro, pero sobre todo para mal para cualquiera más— opta por jugar a lo más seguro que puede hacerlo una extensión de marca.Sospecho que quienes estén conformes con una versión light de Stranger Things, ya sea porque son demasiado pequeños para la original o demasiado fans como para dejarla pasar, no encontrarán mucho que reprocharle a este spin-off, que replica con fidelidad, aunque diluida, el encanto de la serie original. Pero tampoco me imagino que la mayoría encuentre aquí algo que realmente le encante.