Dolores Fonzi: La mirada que entrelaza arte y activismo

Entre la actuación y la dirección, la actriz argentina siempre nos recuerda que el arte es político

Por KARLA LEÓN |

mayo 25, 2026

5:34 pm

Amazon Studios

Pocas figuras de la industria cinematográfica representan con tanta claridad la unión entre arte y activismo como Dolores Fonzi. En tiempos de incertidumbre, los límites entre ambos parecen desdibujarse cada vez más. Originaria de Buenos Aires, la actriz, directora, guionista y productora ha concebido cada proyecto con una visión sumamente humana, aunque esta virtud no es una casualidad.

Antes de cumplir diez años, y tras estudiar declamación y cursar talleres básicos de actuación, comprendió que quería dedicar su vida al cine, un arte que lograba sumergirla en realidades que no eran suyas y de las que no quería escapar, particularmente, si se trataban de historias donde las mujeres tomaban un rol protagónico. Seis años más tarde se unió a una agencia de publicidad, pero no pasó mucho tiempo hasta que Alejandro Romay le ofreció un papel en La Nena, su primer proyecto televisivo. 

Más tarde llegó Verano del ‘98, una telenovela juvenil en la que compartió pantalla junto a su hermano, Tomás Fonzi, y que marcó un punto de inflexión tanto a nivel profesional como personal. Mientras Dolores personificaba la evolución de Clara Vázquez, comenzó a independizarse y a encontrar su lugar en el mundo. En ese entonces, en la industria ya corría la voz sobre su profunda dedicación y su enorme talento. A finales de 1999, debutó en el cine con Plata quemada, dirigida por Marcelo Piñeyro; y después se unió al reparto de Esperando al mesías, de Daniel Burman. 

Luego actuó en Vidas privadas, la ópera prima de Fito Páez. Escrita junto a Alan Pauls e inspirada parcialmente en la historia de los mellizos Reggiardo-Tolosa, el músico construyó un drama oscuro sobre las heridas de la dictadura argentina. La cinta llevó a Dolores a San Sebastián, su primer festival, y marcó una pauta para los proyectos que vendrían después, muchos de ellos centrados en la verdad y la justicia. 

Su inquietud por colocarse detrás de las cámaras no tardó en llegar. A los 21 años, se reunió con Luis Ortega para escribir el guion de Caja Negra, que conquistó los Premios del Jurado en Mar del Plata, Fribourg y Miami. Además de interpretar a Dorotea, la empleada de una tintorería, Dolores participó como productora, maquillista y vestuarista. La actriz recordaría años más tarde que este proyecto se volvió aún más especial cuando todos los factores, desde el presupuesto, hasta los actores y las locaciones, se alinearon para que el guión se escribiera en una semana y la película se editara en un año. Junto a Fonzi, actuaron Edgardo Couget y Eugenia Bassi, quien no pudo ver la película terminada. 

En ese entonces, Dolores ya pensaba en el cine comunitario, en grupos de trabajo cercanos que modificaran la experiencia de desarrollar una producción, pero, sobre todo, que ayudaran a contar las historias de Argentina. Antes de adentrarse en la escritura de una nueva trama, la intérprete protagonizó El fondo del mar (Damián Szifron), Disputas (Israel Adrián Caetano), Sangre Fría (Martín Desalvo), El aura (Fabián Bielinsky) y La mujer rota (Sebastián Faena), una adaptación libre del texto de Simone de Beauvoir. 

En 2006, desarrolló, produjo y protagonizó Soy tu fan. Ese mismo año, junto a Constanza Novick, se encargó de adaptar el guion para la versión mexicana, protagonizada por Ana Claudia Talancón, Martín Altomaro y Maya Zapata. La serie no solo cautivó por plasmar situaciones reales en torno al amor, la soledad y la amistad, y lo que esas experiencias significaron para una generación que transitaba hacia una nueva década, sino también por la posibilidad de construir narrativas alejadas de los melodramas telenovelescos. 

Una década después, mientras se preparaba para adentrarse en el mundo de las bravas del fútbol argentino y la política en Puerta 7, de Martín Zimmerman, Dolores habló por primera vez de su intención de llevar Soy tu fan a la gran pantalla y, al mismo tiempo, de sus aspiraciones por dirigir. Junto a antiguos miembros del elenco, como Johanna Murillo, Juan Pablo Medina y Verónica Langer, Fonzi apareció en la cinta, dirigida finalmente por Mariana Chenillo, en el papel de Marcela. 

Los proyectos que sitúan a las mujeres en el centro de la narrativa se han convertido en una constante dentro de su trayectoria. Durante tres años, participó en cuatro episodios de Mujeres asesinas, programa televisivo creado por Marisa Grinstein, que retrata a mujeres cuya compleja realidad social y emocional terminó por conducirlas a cometer asesinatos. En Salamandra (Pablo Agüero) encarnó a Alba, una mujer que se enfrenta a la maternidad durante la dictadura militar argentina en la Patagonia, mientras que en El campo, un thriller psicológico ovacionado en la Semana de la Crítica de Venecia, interpretó a Elisa, quien se enfrenta a los temores de la crianza, la vida y la muerte.

Si algo impulsó ese objetivo fue La patota (también conocida como Paulina), un remake dirigido por Santiago Mitre, con el que obtuvo un Cóndor de Plata, un Premio Platino, un Premio Fénix y un Premio Sur. Fonzi le dio vida a Paulina, una estudiante de derecho que abandona su prometedora carrera para convertirse en maestra de la provincia de Misiones; sin embargo, sufre un ataque brutal que la obliga a replantearse sus convicciones, mientras intenta sobrevivir.

Considerada una de las mejores interpretaciones de su carrera, Dolores habitó el personaje a partir de múltiples reflexiones y lecturas sobre las víctimas de abuso. Se reconcilió con la idea de las explicaciones racionales y, en pantalla, expresó con el rostro y el cuerpo la evolución de Paulina frente a un evento traumático. Antes de su estreno en Cannes, la actriz reveló que una de sus inspiraciones para construir este papel fue El hijo, película de los hermanos Dardenne. 

Con más de treinta proyectos cinematográficos y televisivos, la actriz continuó consagrando el arte de la actuación con títulos como Truman (Cesc Gay), con el que ganó el Gaudí a Mejor Actriz de Reparto, y La Cordillera, su segundo filme junto a Santiago Mitre. En 2017, trabajó bajo la dirección de Jimena Montemayor en Restos de viento, ganadora del Premio Mezcal en Guadalajara, y se reunió nuevamente con Constanza Novick para protagonizar su ópera prima, El futuro que viene

Un año después, Dolores Fonzi encabezó uno de los movimientos más significativos para la industria audiovisual argentina. A través del colectivo ‘Actrices Argentinas’, grupo que surgió en apoyo a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, se convirtió en una de las primeras figuras en alzar el pañuelo verde, visibilizar la violencia de género y acompañar denuncias de abuso, acoso y maltrato dentro del ámbito cultural.

A ella se sumaron Cecilia Roth, Griselda Siciliani, Lali Espósito, Eleonora Wexler, Carla Peterson, Julieta Ortega, Thelma Fardin y Violeta Urtizberea. Algunas de estas personalidades, junto con Fonzi, participaron en el video musical de “Paren de Matarnos”, canción de Miss Bolivia. 

En Claudia se puso en la piel de una organizadora de eventos obsesiva y perfeccionista, y en Distancia de rescate, que coprotagonizó junto a María Valverde, se aisló en el campo para hablar sobre los peligros que enfrenta el planeta frente al ser humano y los horrores de la vida cotidiana. En 2019, Dolores ya adelantaba la importancia de que las cineastas apostaran por visibilizar problemáticas de Latinoamérica, sin importar ningún espectro sociopolítico. 

Como si la experiencia de maternar se hubiera instalado como una especie de leitmotiv en su creatividad, Dolores escribió, dirigió y protagonizó Blondi, su ópera prima. La actriz se colocó en el rol de una mujer que se convirtió en madre durante su adolescencia y que, sola y sin los histrionismos de la superación, cría y crece junto a su hijo. 

Fonzi reunió un elenco conformado por Rita Cortese, Carla Peterson, Toto Rovito, Leonardo Sbaraglia, e incluso, hizo de la música una protagonista más con la aparición de Las Ligas Menores y las canciones de The Velvet Underground & Nico. La dirección se desarrolló como un juego constante de movimientos de cámara y planos complejos, y tomó como referencia las películas que, hasta ese momento, la habían acompañado a lo largo de su vida.

En marzo de 2024, mientras presentaba Blondi en Barcelona, Dolores reveló, sin ofrecer más detalles por cuestiones políticas, que ese año filmaría una película sobre aborto: “Un caso real”, explicó. Quizá ese podría considerarse el primer momento en el que se habló de Belén, pero la actriz ya lo había hecho años atrás; sobre un escenario. Durante los Premios Platino 2016, extendió una hoja sobre la que se leía: “Libertad para Belén”. En su discurso de aceptación, la actriz argentina dedicó su premio a las mujeres víctimas de violencia y discriminación, e instó al Estado a dejar de vulnerar sus derechos. “Belén somos todos y sin libertad no somos nada”, enfatizó. Una década después, la historia llegó a las pantallas.

“Yo no parí ningún bebé. Llegué al hospital para que me ayudaran y terminé presa, habiéndome enterado que había perdido un embarazo. Ni el duelo me dejaron hacer”, dice Belén (Camila Plaate) en un juzgado, antes de ser condenada a ocho años de prisión. Ese es el punto de partida para adentrarnos en una trama sobre negligencia judicial y mujeres sistemáticamente abandonadas, pero también sobre los inicios de una comunidad que alentaría un movimiento feminista en toda Latinoamérica. 

Belén, que se construyó gracias a la abogada y activista Soledad Deza, la escritora Ana Correa y la productora Leticia Cristi, es una cinta que le permitió a Dolores plasmar un tono esperanzador en torno al poder de las comunidades que sostienen y cuyo deseo de romper el silencio se convierte en el motor principal del cambio. “Culmina en una celebración porque es un tributo a ese movimiento de mujeres que salió a las calles y ganó una ley. Puede inspirar a otros países y reconfortar a las mujeres que están en la lucha”, compartió tan solo unos meses antes de levantar el Goya a Mejor Película Iberoamericana.

Pero en el cruce entre la actuación y la dirección, Dolores Fonzi siempre decide regresar frente a las cámaras. Recientemente, interpretó a la versión adulta de la mágica Clara del Valle en la adaptación televisiva de La casa de los espíritus, la aclamada novela de Isabel Allende. No obstante, pronto regresará a la dirección con su tercera película. Además de participar en la adaptación del guion, actuará en una de las tres líneas narrativas que integrarán el filme. Este año, también estrenará Mis Muertos Tristes, serie basada en el cuento de Mariana Enriquez, dirigida por Pablo Larraín.

Con información de André Didyme-Dôme Fuentes.

KARLA LEÓN

Redactora de Cine y Televisión

Karla León es redactora de cine y televisión en The Hollywood Reporter en Español. Su labor periodística se distingue por entrelazar los procesos creativos, el contexto sociopolítico y el futuro de la industria.

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