La semana pasada una ex estudiante de la Universidad de Cornell presentó una demanda contra la institución por un presunto abuso sexual ocurrido en las instalaciones y cometido por siete de sus estudiantes. De acuerdo a sus declaraciones, los hombres la violaron y drogaron durante una fiesta en una casa de la fraternidad Chi Phi en octubre de 2024.
Su abogado reveló que, tras una investigación universitaria, ninguno de los acusados fue detenido. Pues, únicamente dos de ellos fueron expulsados, mientras que los demás recibieron sanciones menores, como suspensiones temporales, talleres o la redacción de trabajos escritos.
En la demanda, la chica identificada como Jane Doe que tenía 20 años en ese momento, incluyó tanto a los miembros de la fraternidad como a la institución, alegando que no la protegieron ni evitaron la presunta agresión.
La actriz Florence Pugh tomó su plataforma para hacerle difusión al caso, el cual no había llegado a la luz pública hasta que se realizó la demanda. “Tras leer sobre la joven que fue víctima de una violación en grupo en su universidad a manos de un amigo y compañeros de estudios, me siento incómoda, enferma y ansiosa”, escribió en una publicación de Instagram. “Este es realmente el momento en que necesitamos que los hombres sientan tanto horror y repugnancia como nosotras. Deben liderar, tanto como nosotras, las conversaciones sobre cómo cambiar la tolerancia y la complicidad ante este tipo de comportamiento. ¿Cómo esperan que creamos que ‘no son todos los hombres’ cuando, en momentos como este, muchos de ustedes guardan silencio?”, continuó.
“Una violación en grupo perpetrada bajo los efectos de drogas implica tanto acciones como conversaciones previas. De inmediato me pregunto: ¿se estuvo planeando esto durante algún tiempo? ¿Se llegó a reflexionar una y otra vez sobre el daño que sufriría el cuerpo de esta pobre mujer? Todas y cada una de las personas que supieron de esto o escucharon hablar al respecto deberían ser objeto de seria preocupación. Son tan malvadas como quienes lo planearon. Saber que una tortura tan violenta como una violación está a punto de ocurrir «en el piso de arriba» y no hacer ABSOLUTAMENTE NADA al respecto es algo enfermizo, cobarde y carente de humanidad.
Lo que más me destroza el corazón es que se trata del deseo de matar un alma. Esto es matar un alma. Destruir un cuerpo y matar un alma. ¿Y los dejaron libres? ¡Basta con escribir una redacción rápida diciendo «Siento mucho haber violado a una chica drogada junto a mis amigos; pensamos que no pasaría nada» y ya está! Esto es inaceptable.
No somos lo suficientemente severos con quienes buscan dañar vidas humanas. Reconozco y aplaudo a todos en la universidad que luchan por esa chica, desenmascaran a esos jóvenes y hacen que la vida de estos últimos sea insoportable, impidiéndoles hallar alegría alguna durante su estancia allí. No se les debería permitir caminar en libertad como al resto de nosotros, que valoramos y cuidamos de las personas. Las instituciones educativas —desde escuelas hasta universidades— fallan una y otra vez a las mujeres de todo el mundo. Forman a hombres a quienes se les enseña, una y otra vez, que pueden causar un daño extremo sin sufrir represalias.
Ya no siento cansancio, sino una profunda indignación ante las escuelas que protegen a los chicos por miedo a arruinarles el futuro. ¿Qué hay de la vida que esas chicas deben soportar después, sabiendo que la reputación de él vale más que la verdad de ella? O sentir que a nadie con poder para actuar le importa que hayas sufrido abusos. Es algo que destroza el alma aún más. Quienes protegen e imponen penas leves a hombres que violan y destruyen vidas deberían ser sancionados y vigilados de cerca. ¿Por qué protegen a alguien con tanto ahínco?
No hay igualdad hasta que respeten nuestros cuerpos. No hay igualdad hasta que dejen de dañar nuestras almas. No hay igualdad hasta que nos dejen vivir. No hay igualdad hasta que podamos decir que nos sentimos seguras. Somos la fuerza vital de esta tierra; empiecen de una puta vez a protegernos. Sientan rabia por nosotras. Por favor.”
Además en el pie de la publicación añadió: “Y si eres de quienes están gritando esto a los cuatro vientos: gracias. De verdad. Esta es una cuestión humana, no un asunto exclusivo de las mujeres. Todos estamos involucrados. Especialmente los hombres. Y lo más importante: a Jane Doe, que valientemente se enfrentó a esa despreciable universidad que decidió actuar mal: eres increíblemente poderosa. Posees una fuerza de voluntad extraordinaria. Y debes saber que las mujeres de todas partes estamos aquí para arroparte y ayudarte en tu proceso de sanación. Gracias por contárselo al mundo; lo haremos mejor.”
Horas más tarde de haber subido a redes sociales la declaración, el algoritmo de la aplicación bloqueó la aplicación. En respuesta, Pugh volvió a subirla bajo el mensaje “Instagram decidió impedir que mi publicación llegara a las personas adecuadas. ¡Ay, ay, ay! Qué mal. No pinta nada bien, ¿verdad? Aquí lo intento de nuevo, por si fuiste una de esas personas que ya no pueden ver mi publicación.”
Por su parte, la fiscalía del centro del estado de Nueva York anunció que reabrirá la investigación y el fiscal del distrito del condado de Tompkins, Matthew Van Houten, declaró que su oficina ya está evaluando si presentar cargos penales relacionados con el suceso.