La situación en la Franja de Gaza se agrava a pasos acelerados en medio de una ofensiva militar israelí sostenida y una emergencia humanitaria que no deja de intensificarse. Millones de civiles enfrentan condiciones extremas, atrapados en un territorio devastado y al borde de la hambruna. Aunque tras casi tres meses de bloqueo Israel ha comenzado a permitir la entrada de algunos cargamentos con ayuda alimentaria, al mismo tiempo ha intensificado sus acciones militares en el norte del enclave, en una aparente estrategia de control total para erradicar a Hamas.
Las evacuaciones forzadas y los ataques aéreos no han cesado. El 22 de mayo, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) denunció que uno de sus centros de salud, que prestaba servicio a miles de personas, fue inutilizado tras ser alcanzado por bombardeos israelíes. La agencia reiteró que “ningún lugar es seguro en Gaza”.
El ministro de Salud palestino, Majid Abu Ramadan, informó que en los últimos días han muerto 29 personas a causa del hambre, entre ellas niños y adultos mayores. En respuesta a estimaciones de la ONU que advierten que hasta 14,000 bebés podrían morir sin ayuda inmediata, el ministro afirmó que la cifra “es muy realista”, e incluso podría quedarse corta ante la magnitud de la tragedia.
El acceso a suministros esenciales sigue siendo extremadamente limitado. Tras semanas de cierre total, Israel permitió recientemente el ingreso de 90 camiones con alimentos y medicinas por el cruce de Kerem Shalom. Sin embargo, la ONU alertó que esta cantidad resulta completamente insuficiente frente a las necesidades urgentes de una población de 2.1 millones de personas que sufren inseguridad alimentaria aguda y desplazamiento masivo. Además, las rutas para distribuir la ayuda son peligrosas y la logística enfrenta serios obstáculos.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, justificó la entrada restringida de ayuda como una medida para “evitar una crisis humanitaria” que pudiera poner en riesgo el respaldo internacional a su ofensiva. En una de sus primeras declaraciones públicas en meses, reafirmó su objetivo de mantener el control de toda la Franja de Gaza y eliminar a Hamas. También defendió el polémico plan propuesto por Donald Trump, mediante el cual empresas privadas, protegidas por fuerzas militares, repartirían ayuda. Esta propuesta ha sido rechazada por organismos humanitarios, quienes advierten que convierte la ayuda en herramienta política y viola los principios básicos del derecho internacional humanitario.
Un grito civil bajo el fuego
A la devastación humanitaria se suman tensiones internas. En el sur del enclave, videos compartidos en redes sociales muestran a ciudadanos protestando contra Hamas y exigiendo el fin del conflicto. Muchos manifestantes, especialmente jóvenes, han expresado su frustración golpeando cacerolas, aunque se desconoce el alcance y las consecuencias de estas acciones para quienes las protagonizan.
También desde Israel se alzan voces de dolor. El pasado 16 de mayo, familiares de los rehenes israelíes aún retenidos en Gaza manifestaron su angustia por la falta de avances en las negociaciones mediadas por Qatar. Además, mostraron su preocupación por la escalada de ataques en el enclave, según reportó la agencia EFE.
El ejército israelí ha redoblado su presencia en al menos 14 comunidades del norte de Gaza, emitido nuevas órdenes de evacuación y acusado a grupos armados de operar en esas zonas. Según datos de la ONU, el 81% del territorio gazatí se encuentra actualmente bajo orden de evacuación o considerado área militar.
Desde el ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, que dejó 1,200 personas muertas y 251 secuestradas en Israel, la respuesta militar ha sido devastadora. De acuerdo con el Ministerio de Salud de Gaza, la ofensiva ha causado la muerte de al menos 53,762 personas, incluidos más de 16,500 niños. Solo desde marzo, cerca de 600,000 personas han sido desplazadas nuevamente, 161,000 de ellas solo en la última semana.
Aunque la comunidad internacional insiste en la necesidad de un alto al fuego y el levantamiento del bloqueo, las negociaciones siguen sin avances y la violencia continúa. En este escenario, la población civil de Gaza sigue cargando con las consecuencias más brutales. La combinación de hambre, violencia, desplazamiento y colapso total de los servicios configura una tragedia humanitaria sin precedentes en tiempos recientes.