Opinión: ¿Hablar de política puede terminar con tu carrera?

Entre cartas abiertas, protestas y controversias públicas, cada vez es más difícil separar a la cultura pop de las discusiones políticas

Por JULIETA CHÁVEZ |

abril 20, 2026

9:55 am

Geffen Records; American Eagle; WireImage; Getty Images

Durante años se ha tenido la hipótesis de que si hablas de temas “demasiado políticos”, tu carrera podría acabarse en un segundo. Pero, conforme los movimientos avanzan y las necesidades sociales cambian, está creencia cada vez se pone más en duda. 

La idea de que una celebridad debería evitar hablar de política surge en gran parte de la forma en que históricamente se ha construido la industria del entretenimiento. Los representantes, estudios y sellos discográficos consideraban que una postura política podría alienar a una parte del público y, por lo tanto, afectar ventas, audiencia o contratos. Además, el público también ha contribuido a esta perspectiva. Muchos espectadores consideran que actores, músicos o deportistas deberían limitarse a su campo profesional y evitar intervenir en debates políticos. 

Cuando una figura pública expresa una opinión política, suele recibir críticas de quienes consideran que “no es su lugar” opinar sobre temas sociales o gubernamentales. Creando una presión constante para que las celebridades se mantengan al margen.

Hoy en día eso ha cambiado, pues últimamente Estados Unidos ha sido blanco de críticas por diversas decisiones tomadas por el presidente Donald Trump. Como respuesta, numerosas figuras de Hollywood han firmado diferentes cartas abiertas para expresar su descontento. La más reciente es una petición pública que solicita el cierre inmediato del Dilley Immigration Processing Center, un centro de detención migratoria ubicado en Texas donde el gobierno estadounidense mantiene a niños junto a sus padres mientras se resuelven sus procesos migratorios. Entre los firmantes se encuentran actores y artistas reconocidos internacionalmente como Pedro Pascal, Javier Bardem, Madonna, Mark Ruffalo, America Ferrera, Elliot Page y Jane Fonda.

Sin embargo, con la expansión de las redes sociales y el aumento de la polarización política, esta dinámica ha cambiado. Hoy en día, las celebridades tienen acceso directo a millones de personas sin depender únicamente de los medios tradicionales, lo que les permite expresar opiniones personales con mayor libertad. De esta forma, el público ha comenzado a exigir cada vez más que las figuras influyentes utilicen sus plataformas para posicionarse y dar visibilidad a temas sociales importantes.

Esto ha generado un escenario contradictorio. Por un lado, algunas celebridades son criticadas por expresar opiniones políticas; por otro, también reciben cuestionamientos cuando permanecen en silencio frente a conflictos sociales o decisiones gubernamentales. En consecuencia, cualquier acción, o ausencia de ella, puede interpretarse como una postura política, lo que explica por qué tantas figuras públicas terminan siendo objeto de debate.

Robert De Niro, por ejemplo, ha sido una de las voces más críticas contra el gobierno de Trump. Durante su participación en el podcast The Best People With Nicole Wallace declaró que el presidente está destruyendo al país y llamó a los ciudadanos a resistir de forma activa y organizada. El actor aseguró que las deportaciones masivas, los recortes culturales y el tono confrontativo del gobierno han profundizado la división política en Estados Unidos. Su postura también se ha manifestado en las calles. En marzo de este año participó en las protestas No Kings en Nueva York, donde miles de personas marcharon contra lo que consideran un giro autoritario del gobierno. Durante la movilización, el actor sostuvo un cartel que decía “Protegemos nuestra democracia” y llamó públicamente a detener el rumbo político actual.

Otras figuras han utilizado momentos de gran visibilidad para expresar posiciones políticas. La actriz Hannah Einbinder, por ejemplo, habló a favor de Palestina durante su discurso al recibir un Emmy en 2025. Como integrante de una familia judía, explicó que para ella era importante distinguir entre la religión judía y el Estado de Israel, al que criticó por sus acciones en Gaza. En su intervención defendió el uso del boicot como herramienta política y afirmó que, en su opinión, las instituciones culturales no deberían permanecer en silencio frente a la violencia.

En febrero de 2026, más de 80 artistas firmaron una carta abierta dirigida al Festival de Berlín para denunciar lo que consideraban un silencio institucional frente al conflicto en Gaza. Entre los firmantes estaban Javier Bardem, Tilda Swinton, Brian Cox, Tatiana Maslany, Adam McKay, Carice Van Houten y Lukas Dhont, entre muchos otros. En el documento cuestionaban que un festival financiado con fondos públicos no emitiera una postura clara sobre la situación y pedían que las instituciones culturales no se convirtieran en cómplices de la violencia contra la población palestina.

Asimismo, más de cien artistas latinos, entre ellos Eva Longoria, Jessica Alba, Xochitl Gomez y Diego Boneta, firmaron una carta abierta tras la polémica generada por la película Deep Cuts. La controversia surgió cuando el personaje mexicano Zoe Gutiérrez fue asignado a una actriz no latina, lo que provocó críticas sobre la falta de representación en Hollywood. Los firmantes señalaron que este tipo de decisiones reflejan un problema estructural que sigue limitando las oportunidades para intérpretes latinos incluso cuando las historias que se cuentan están directamente relacionadas con su cultura.

En América Latina también han surgido movilizaciones similares dentro del mundo cultural. En Argentina, más de 800 figuras de la industria audiovisual firmaron una petición para frenar una reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei que modificaría el financiamiento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Directores, productores y actores advirtieron que los cambios podrían provocar un apagón audiovisual que pondría en riesgo el futuro del cine local. Entre quienes apoyaron la iniciativa se encontraban figuras internacionales como el cineasta Pedro Almodóvar, junto con productores y realizadores de distintos países de la región.

En España, más de 300 artistas e intelectuales firmaron otro manifiesto para respaldar al gobierno de Pedro Sánchez en medio de una crisis política marcada por acusaciones de corrupción y fuertes enfrentamientos partidistas. Entre los firmantes estaban Pedro Almodóvar, Joan Manuel Serrat y Ana Belén. El documento advertía que algunas campañas mediáticas buscaban desestabilizar al gobierno elegido democráticamente y pedía defender la estabilidad institucional mientras los tribunales investigaban las acusaciones.

La música tampoco se ha mantenido ajena en la conversación. En los últimos años varios artistas han criticado al gobierno estadounidense por utilizar sus canciones en videos políticos sin su consentimiento. La cantante Sabrina Carpenter reaccionó públicamente cuando la Casa Blanca utilizó su música en un video sobre deportaciones de migrantes, calificando la publicación como “malvada y repugnante”. Olivia Rodrigo también alzó la voz cuando el Departamento de Seguridad Nacional empleó su canción ‘all-american bitch’ para promover la auto deportación de inmigrantes, afirmando que su música no debía utilizarse para difundir propaganda racista.

Incluso actores que tradicionalmente evitan hablar de política se han visto envueltos en el debate. Andrew Garfield, por ejemplo, mencionó recientemente en una entrevista que ver las películas de Harry Potter hoy puede resultar controversial debido a las posiciones políticas de su autora, en referencia a la participación de J. K. Rowling en debates sobre legislación relacionada con derechos trans. Aunque Garfield no quiso profundizar demasiado en el tema, reconoció que el contexto político actual hace imposible separar completamente el entretenimiento de las discusiones sociales.

Pero, aunque muchos de estos personajes están siendo elogiados por sus fans y el público en general, la industria no lo está viendo con el mismo ojo. Uno de los casos más sonados fue el de Melissa Barrera, actriz mexicana conocida por Scream e In the Heights, que tras pronunciarse a favor de Palestina y criticar al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, Spyglass decidió eliminarla de la franquicia en 2023, alegando tolerancia cero con “referencias falsas al genocidio” o cualquier discurso que pudiera interpretarse como incitación al odio. Para Barrera, esto significó meses de incertidumbre, con oportunidades profesionales limitadas.

Javier Bardem pasó por algo similar, ya que el actor español, ganador del Oscar, ha utilizado su plataforma para denunciar lo que considera genocidio en Gaza y apoyar a los Trabajadores del Cine por Palestina. Aunque la existencia de una “lista negra” de Hollywood ha sido desmentida, Bardem ha hablado públicamente sobre cómo los estudios y productores pueden tomar decisiones sobre con quién trabajar basándose en posturas políticas. Señaló que, en su experiencia, por cada puerta que se cierra debido a opiniones controvertidas, otras veinte se abren para quienes comparten su enfoque ético.

Susan Sarandon, estrella de Thelma & Louise, enfrentó lo mismo cuando su agencia la despidió tras pedir un alto al fuego en Gaza y participar en manifestaciones. Desde entonces, se ha concentrado en hacer cine independiente y europeo, alejándose de Hollywood por completo. En distintas ocasiones, la actriz ha insistido en que el activismo no debería ser castigado y que denunciar crímenes contra la humanidad es un deber moral, aunque implique sacrificios personales y profesionales.

La televisión estadounidense tampoco escapa de esta situación. Recordemos el caso de Jimmy Kimmel, quien fue suspendido de manera indefinida tras hacer una broma sobre la muerte del activista conservador Charlie Kirk, que aunque criticaba indirectamente al gobierno de Donald Trump, provocó la intervención de Nexstar Media y el respaldo público del presidente. Para su suerte, tuvo el apoyo completo del público y de otros conductores de talk-shows, como Stephen Colbert y Jimmy Fallon, logrando recuperar su programa tan solo unas semanas después. 

El otro lado interesante del tema es cuando las celebridades son criticadas principalmente por el público y no por la industria. Personalidades que han apoyado públicamente las decisiones del gobierno de Estados Unidos, así como el genocidio ocurriendo en Gaza (tales como Noah Schnapp, James Maslow, Gal Gadot, entre muchos otros) han sido expuestos y cuestionados por los usuarios de redes sociales, sin tener ningpun tipo de sanción laboral directa. Por ejemplo, Sydney Sweeney fue vinculada al conservadurismo debido a una campaña publicitaria que realizó para American Eagle, aprobada públicamente por el presidente Donald Trump, después de descubrir que la actriz es orgullosamente “una republicana registrada”. A pesar de haber asegurado no tener interés en involucrarse en disputas políticas, fue inevitablemente encasillada como MAGA por los usuarios de redes sociales tras admitir que le pareció “surreal” ser reconocida públicamente por Trump.

En el deporte profesional, Lionel Messi fue objeto de críticas tras aparecer junto a Donald Trump en un evento en la Casa Blanca. Durante el acto, el futbolista fue captado en cámara aplaudiendo mientras Trump hablaba sobre el conflicto con Irán y presumía la acción militar estadounidense en ese país, lo que generó reacciones negativas en redes sociales. Algunos usuarios y comentaristas criticaron que el jugador se viera involucrado en un momento de contenido político, señalando el gesto de aplauso como una muestra de respaldo al discurso del presidente. Entre ellos, el escritor palestino-estadounidense Ali Abunimah calificó a los presentes como “personas vacías y egoístas”, mientras otras cuentas cuestionaron a los aficionados del futbolista por su reacción ante el episodio.

Andrew Caballero-Reynolds/AFP

Nicki Minaj también generó críticas después de que algunos usuarios consideraran que había victimizado e infantilizado al presidente de Estados Unidos. La intérprete comentó que se sintió identificada con el trato que, a su juicio, Trump recibió durante su campaña, al señalar que gran parte de los ataques y acusaciones en su contra le recordaban a experiencias personales de acoso y críticas públicas. Minaj explicó que durante años sintió que se difundían mentiras sobre ella y que ver una situación similar dirigida hacia otra persona le hizo replantearse su postura, lo que provocó reacciones negativas en redes sociales y cuestionamientos sobre sus declaraciones.

AP Photo/Jose Luis Magana

Dichos casos revelan que la exposición política de figuras públicas puede tener resultados tanto positivos como negativos, así como sanciones profesionales, pérdida de seguidores y/o aislamiento mediático. Estas son dos realidades que perfectamente pueden coexistir en el mismo espacio, sin necesidad de elegir entre algún lado de la balanza. Que aunque sí, es entendible el miedo a decir “algo incorrecto” por parte de personas que trabajan siendo figuras públicas, tomar la palabra sigue siendo preferible al silencio absoluto, porque permite que existan discusiones, desacuerdos y matices en lugar de una única narrativa dominante. Expresar abiertamente ideas sobre nuestro entorno (encontrando un límite claro cuando se trata de derechos humanos) permite comprender mejor la realidad y posicionarnos frente a ella. 

Sin embargo, es importante destacar que eso no implica que todas las posturas tengan el mismo peso. Aunque artistas como Bardem, Sarandon o Barrera han enfrentado críticas o consecuencias profesionales, continúan trabajando y participando en festivales, premiaciones y nuevos proyectos. Ha sido por su trabajo, mérito y talento, por su ambición de no dejarse ser dominados por una industria que los quiere en silencio, pero para artistas más jóvenes o con carreras en construcción, la situación es comúnmente distinta. Al depender de audiciones, primeros contratos o visibilidad inicial tienden a ser más cuidadosos al expresar posiciones políticas, porque una controversia temprana les puede cerrar oportunidades incluso antes de que su carrera pueda consolidarse. 

Conviene reconocer que no todas las figuras públicas sienten el mismo impulso de pronunciarse sobre temas sociales o políticos. Para muchos artistas existe, simplemente, un desinterés personal. No todos comparten ese espíritu de involucrarse activamente en causas públicas, y aunque esa postura suele ser juzgada dentro de ciertos espacios, también responde a una realidad humana. Al mismo tiempo, hablar siempre ha sido posible dentro de la industria y se ha hecho innumerables veces. Algunas figuras lo han hecho a través de prendas simbólicas en alfombras rojas, otras mediante su presencia en protestas, activismo digital, fundaciones, donaciones o discursos públicos. 

Existen múltiples formas de utilizar la visibilidad que otorga una carrera artística para intervenir en debates sociales, tal como lo hizo Olivia Rodrigo en el Glastonbury de 2022 con su cover de ‘fuck, you’, al lado de Lilly Allen. Ambas recitaron la canción como respuesta al fallo de la Super Corte de los Estados Unidos, tras eliminar las protecciones federales al derecho al aborto que habían existido durante décadas bajo el precedente de Roe v. Wade. En ese momento, además, se trataba de su primer Glaston y fue justo cuando su popularidad apenas comenzaba a consolidarse tras el éxito de ‘drivers license’. Desde entonces, Rodrigo ha mantenido esa postura de manera consistente y ha integrado distintas causas sociales a su carrera. A través de su iniciativa Fund 4 Good, por ejemplo, ha donado más de dos millones de dólares provenientes de su gira Guts World Tour a organizaciones dedicadas a los derechos reproductivos, la educación de niñas y mujeres y la prevención de la violencia de género. De ese modo, su trayectoria se ha desarrollado de forma consciente junto a ese tipo de causas, mostrando que el activismo también puede formar parte de la manera en que algunas estrellas en ascenso deciden construir su espacio dentro de la industria.

Por eso, cuando se trata de artistas consolidados, es bueno aceptar que el silencio es una elección dentro de un contexto donde la posibilidad de hablar existe y ha sido desaprovechada numerosas veces por quienes deciden hacerlo. Hablar de política en la esfera pública puede, efectivamente, cerrar puertas o poner carreras en riesgo, así cómo puede abrir otras nuevas, ayudar a generar debate y permitir que distintas voces participen en discusiones socialmente relevantes. Entonces, si hablar es una posibilidad dentro de la industria, así como el guardar silencio es una decisión consciente, ¿resulta una responsabilidad predeterminada de las figuras públicas el pronunciarse respecto a todo este tipo de temas?

JULIETA CHÁVEZ

Redactora

Redactora editorial en The Hollywood Reporter en Español. Ha entrevistado a directores, actores y líderes de opinión, con un foco especial en mujeres, arte contemporáneo y temáticas de género.

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