Hermanas: amar sin manual, pelear con la sangre

El elenco de la telenovela nos cuenta cómo se construye una historia donde el amor no salva, también hiere

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

febrero 16, 2026

5:57 pm

Cortesia de Vix

Hermanas arranca donde muchas telenovelas evitan quedarse: en la parte más incómoda del vínculo familiar, esa zona donde el afecto se mezcla con culpa, deuda y control. La historia, basada en una telenovela turca, enfrenta a Rebeca y Mónica, dos mujeres criadas en la misma herida: el accidente que dejó discapacitado a su padre y una vida marcada por sacrificios. Años después, el conflicto estalla alrededor de Aura, hija biológica de Rebeca, criada como hija de Mónica tras una decisión desesperada para protegerla del poder violento de Silverio, el abuelo paterno.

En ese terreno emocional se mueven Danna García, que interpreta a Rebeca desde una energía abrasiva y una maternidad devastada; Rossana Nájera, que encarna a Mónica sin caer en el lugar de la mártir; Osvaldo Benavides, como Alonso, un padre que llega tarde a su propia historia; y Juan Martín Jáuregui, como Camilo, un amor antiguo que reaparece cuando Rebeca ya no tiene cómo sostenerse. En conversación, el elenco explica por qué Hermanas no se trata solo de romance o rivalidad: se trata de gente que intenta amar con lo que tiene, aunque eso no alcance.

Cortesía de ViX

Danna, tu Rebeca es una mujer con la identidad hecha trizas: hermana, madre, expresidiaria, y todo en guerra. ¿Desde dónde decidiste entrar en esas heridas de culpa, rabia, deseo de redención?

Danna García: Gracias por usar esas palabras, porque la definen muy bien. Para mí ha sido de lo más difícil que he hecho como actriz: había que entrar en una densidad emocional muy fuerte. Rebeca carga injusticias, resentimiento, rabia… y eso, energéticamente, me desgastaba mucho porque yo tengo una energía más bajita. Yo decía en el set: “tengo que darme un subidón en cada escena”. Hubo trabajo de mesa, investigación y algo clave: encontrar puntos donde Rebeca y yo nos parecemos para desde ahí potenciar lo demás. Además, hay cosas que no se dicen en la historia y que igual existen: jerarquías dentro de la cárcel, abusos, la supervivencia diaria. Todo eso tenía que estar en el cuerpo, aunque no se explicara. Y su motor es brutal: salir y reencontrarse con lo único que la mantuvo viva, su hija. Ese objetivo la define. Sale ruda, agresiva, con coraza. Y, aun así, por dentro, es una mujer que no sabe amar.

Camilo reaparece cuando ella está emocionalmente devastada. Juan ¿Cómo trabajaste la idea de amar a alguien que no está disponible?

Juan Martín Jáuregui: Camilo también es un personaje roto. Hay atracción, sí, pero lo que los engancha de verdad es el reconocimiento desde la marca. Los dos saben lo que es la injusticia. Camilo viene de un pasado muy duro: su madre muere al nacer, un padre abusivo, y aparece una figura salvadora, su tía Antonia (Diana Bracho). Ellos se conocen muchos años atrás, se espejan, se reconocen. Por eso él la espera tanto tiempo: porque la historia quedó abierta dentro de él. Y cuando ella sale, él se vuelve apoyo. No porque venga a “salvarla”, sino porque decide acompañarla mientras ella intenta recuperar a su hija.

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Ustedes dos se encuentran con un pasado que pesa más que el presente. ¿Cómo construyeron una relación que no promete salvación, pero sí compañía?

Danna García: Es paciencia y reconocimiento. Rebeca llega como un tsunami. Camilo tiene que entender sus defensas, su forma de atacar. Y ella también empieza a entender los mecanismos de él, su manera de cuidarse. Se construye milímetro a milímetro, capítulo a capítulo. A mí me importa mucho que Camilo la ve desde un lugar que casi nadie puede: la ve frágil. Él ve dulzura donde todos ven rabia. Y la ama como es. Eso es valioso: que te quieran completo, no solo cuando eres fácil.

Cortesía de ViX


Camilo parece entender que amar también es saber cuándo no intervenir. ¿Cómo se habita ese límite?

Juan Martín Jáuregui: Es difícil porque Camilo no tiene mucha experiencia en relaciones. Le cuesta confiar, tiene pocos amigos, se mueve con cautela. Intenta no meterse donde sabe que la va a hacer estallar, aunque a veces falla. Es una batalla interna permanente: hasta dónde sí, hasta dónde no.

Es el de madre. Mi vida se divide antes y después de mi hijo. Ahí entendí la dimensión real del amor. Por eso entiendo el motor del personaje: perder a una hija por 18 años y salir a buscarla… es un dolor inconcebible. Y el amor de hermana también es central. Yo tengo una hermana muy cercana. En esta historia se ve esa hermandad de infancia y luego cómo la vida las separa y las enfrenta por una hija. Es una tragedia familiar: sin una, la otra no existe.

Cortesía de ViX

Rossana, Mónica y Alonso toman decisiones que marcan el destino de Aura desde lugares opuestos: sacrificio y ausencia. ¿Cómo lograron que esas decisiones se sintieran conectadas?

Rossana Nájera: Para mí era clave construir la relación madre-hija con Aura. Son 18 años de crianza, de vínculo. Eso tenía que sentirse real. Lo de Alonso y Mónica se va construyendo dentro del set, como lo plantea la historia: a partir del encuentro.

Mónica renuncia a su juventud, a su proyecto personal y a su matrimonio por una promesa. ¿Cómo se construye un personaje así sin volverlo víctima?

Rossana Nájera: Justo eso era lo primero que yo quería evitar: que se sintiera mártir. Para mí Mónica tomó una decisión, y dentro de todo ha sido feliz con esa vida. Quería que se viera como alguien que está bien, que tiene amor, que está de pie… no como alguien cargando un peso con la cabeza abajo.

Osvaldo, Alonso carga con un origen que no enfrenta del todo. ¿Qué te interesaba explorar de un personaje cuya omisión pesa tanto como sus acciones?

Cortesía de ViX

Osvaldo Benavides: Lo que me gusta es el dilema: despertarte un día y darte cuenta de que tienes una hija. Eso es confuso y humano. Y puedes reaccionar de muchas formas. La más común es no hacerte responsable. Desgraciadamente vivimos en un mundo huérfano de padres, del lado masculino. Y eso explica mucha violencia. En este caso, Alonso sí quiere enfrentar su responsabilidad, conocer, involucrarse. Y el reto actoral es hacer que el “bueno” no sea un trazo grueso, que tenga matices, chispa, contradicción.

Esta historia también muestra el lado oscuro del amor: el amor como control. ¿Cuándo sienten que sus personajes cruzan una línea creyendo que están haciendo lo correcto?

Rossana Nájera: En mi caso, la sobreprotección puede volverse control. Por lo que vivieron, es natural que aparezca ese impulso. Y eso se trabajó en el set: proteger, sí, pero también dejar espacio para que Aura haga su camino.

Si pudieran hablar sin máscaras: ¿qué se reclamarían mutuamente, como formas opuestas de “proteger” a Aura?

Osvaldo Benavides: Yo lo digo durante toda la historia: ¿por qué le mienten? Aura ya no es una niña. Esa es la línea que cruzan: el engaño disfrazado de “no quiero hacer daño”. Muchas veces es miedo. Y el miedo, cuando manda, termina haciendo más daño.

Si algo distingue a Hermanas es que aquí el amor no está resuelto: hay personajes que aman mal, o que están aprendiendo. ¿Cómo lo ven ustedes?

Rossana Nájera: Yo sí creo que mi personaje sabe amar. Lo que le falta es poner límites para que no se vuelva tóxico. Viene de una familia disfuncional, con un padre fuerte y violento psicológicamente. Ahí el amor y el límite se confunden.

Osvaldo Benavides: Y también está la honestidad. Hay mentiras “blancas” y hay mentiras que son violencia y egoísmo. La historia muestra esas diferencias. El papá es un ejemplo claro de lo segundo.

¿Qué les dejó Hermanas como experiencia de trabajo?

Juan Martín Jáuregui: Me llevo aprendizaje y gratitud. Fue un proyecto muy disfrutable y, en mi caso, casi todo mi trabajo fue con Danna. Eso te marca.

Danna García: Yo me llevo gratitud. Y algo que no había dicho: Adriana Louvier luchó para que yo fuera la hermana. Eso lo valoro muchísimo. Además, este personaje me permitió salirme del esquema: borrar “lo bonito”, borrar la dulzura, que se viera el conflicto. Mi deseo es que la gente vea a Rebeca y no piense en mí.

Rossana Nájera: Me llevo un set con compañerismo real, con juego. En una telenovela, con tantas horas, eso lo cambia todo.

Osvaldo Benavides: Sí: libertad para proponer, para buscar cotidianidad, para que se sienta cercano. Eso no siempre pasa y aquí se agradece.

Tráiler:

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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