Se estrena la segunda temporada de Pacto de sangre, un thriller que vuelve a reunir a un grupo de amigos atrapados en culpa, secretos y un pasado que se niega a morir. Con nuevos giros, un asesino serial conocido como “el Hechizo” y viejas heridas reabiertas, la serie profundiza en el miedo y la moralidad en crisis.
Hablamos con Alejandro Nones, Bárbara de Regil, Flavio Medina y Marco de la O sobre el desgaste emocional de interpretar a personajes al borde del colapso, la química detrás del elenco y la pregunta central que la serie deja en el aire: ¿qué estarías dispuesto a hacer para proteger tu vida o la de los tuyos?

Cortesía ViX
La serie explora crimen, culpa y miedo, y cómo todo esto rompe a un grupo de amigos. ¿Cómo sostuvieron emocionalmente a personajes tan tensos que aun así intentan salvar las apariencias?
ALEJANDRO NONES: Suena complicado, pero no lo fue porque me sentí muy cobijado por directores y compañeros. No es común sentir que el otro actor está ahí para que tú hagas tu mejor trabajo. Cuando dejas de pensar en si te juzgan o no, y solo te conectas con quien está frente a ti, todo se vuelve sencillo. Bárbara y yo construimos nuestros personajes de la mano. En el set era mi mayor aliada. Y con Luis Ernesto Franco, Marco y Flavio hubo química real, amistad, ganas de hacer algo importante. No era un proyecto más. Lo que arriesga la serie, lo cruda que es, lo agradece el público. Y estamos orgullosos.

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Tu personaje proyecta control, pero todo a su alrededor se derrumba. ¿Qué te exigió emocionalmente interpretarla?
BÁRBARA DE REGIL: Tamara fue un viaje distinto. Es fuerte, sí, pero es hermética. La energía va hacia adentro. Es religiosa, sádica y no siente culpa. Cuando se entera de la muerte de la chavita, ves que haría lo que sea por su familia. Ese giro la vuelve fascinante. La serie te obliga a preguntarte qué harías tú. ¿Escondes el cuerpo? ¿Llamas a la policía? ¿Acompañas a tu esposo o lo hundes? Yo creo que Pacto de Sangre es de las mejores series mexicanas. Es adictiva, está impecablemente actuada y la historia no te suelta.

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Rubén es hedonista y caótico, pero también un catalizador de la historia. ¿Cómo evitaste el cliché del villano impulsivo?
FLAVIO MEDINA: Buscando la verdad. Rubén está desbordado. No duerme, no piensa claro. La tragedia los dejó al límite y cada pista nueva los acerca al abismo. La dificultad fue cómo cargar la culpa sin mostrarla frente a quienes no saben nada. ¿Cómo desayunas normal con un secreto así? Y en esta temporada aparece el “Hechizo”, un asesino serial ligado a Rubén. Secuestra a su hija y eso desata todo. La historia se vuelve más oscura y profunda. Mantiene al público alerta.

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Gabriel parece tener el único norte moral firme, pero se le ve desgastado. ¿Cómo trabajaste esa lucha interna?
MARCO DE LA O: Me costó porque es muy interior. Es un maestro de secundaria, correcto, ético, casi intachable. Caer en algo tan sucio lo rompe. Se siente defraudado por sus amigos. Y sí, se mete con la mujer del mejor amigo… pero para él es un castigo hacia el grupo: “No puedo meterlos a la cárcel, pero puedo alejarme y vengarme”. Luego todo se sale de control con Julieta, y ya ni amistad queda. Su única salida emocional es reenamorarse de su ex. Me encantó que el público vea un lado mío que no conocían.
¿Qué se llevan como reflexión sobre lo que uno es capaz de hacer por mantener una mentira o proteger a quien ama?
ALEJANDRO NONES: Desde la razón es fácil decir “yo no haría eso”. Bajo presión sale lo real.
BÁRBARA DE REGIL: Me encantaría que el público nos diga qué haría. Que me etiqueten a mí y a THR. “¿Qué harían si fueran Tamara o estos cuarentones en su despedida?”
FLAVIO MEDINA: Uno nunca sabe cómo va a reaccionar. Somos animales. Defendemos a los nuestros. Lo impredecible es la clave de la serie.
MARCO DE LA O: Hay tantas respuestas como personas.
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