En Lo que nos van dejando, Issa García Ascot Ogarrio construye una película que parece existir más en las huellas emocionales que dejan los vínculos que en los hechos concretos que vemos en pantalla. Su aproximación al duelo, a la familia y a la identidad evita las estructuras tradicionales del drama psicológico y se mueve hacia un terreno más fragmentado, sensorial e íntimo.
La película sigue a Sara en un proceso donde la pérdida no aparece únicamente como ausencia física, sino también como ruptura de una idea de sí misma y de la fantasía familiar que sostenía su vida. Más que explicar el dolor, la directora busca habitarlo desde lo emocional, permitiendo que la memoria, las sensaciones y los silencios construyan el relato.
Lejos de una mirada masculina tradicional sobre el sufrimiento femenino, García Ascot Ogarrio propone una puesta en escena donde el fuera de campo, la sugerencia y las experiencias internas tienen más peso que la exposición explícita. El resultado es una película que entiende el duelo no como algo que se supera, sino como algo que se atraviesa.
En esta conversación, la directora nos habla sobre la representación emocional de la memoria, la dificultad de filmar el dolor sin convertirlo en un cliché, la importancia de dejar espacios abiertos dentro de la narrativa y la necesidad de construir otras miradas sobre las mujeres en el cine contemporáneo.

Lo que nos van dejando parece trabajar más desde la ausencia que desde las presencias. ¿Cómo se construye un relato cuando lo central ya no está?
Pues lo construimos a partir de sensaciones, ¿no? De las evocaciones de esa ausencia y de cómo esa ausencia se va haciendo presente de alguna forma en la parte emocional y sensorial de Sara.
En tu película hay una relación muy particular con el tiempo. ¿Te interesa reproducir la forma en que recordamos más que la forma en que vivimos?
Me interesaba representar un poco la forma en la que la memoria nos afecta y nos atraviesa. Sí, de ahí viene también la fragmentación y la representación visual de cosas emocionales que de alguna forma rompen esa manera lineal de vivir de la que tú hablabas.
A mí, como psicólogo además de periodista, me interesa muchísimo el tema del duelo. ¿Hasta qué punto el cine puede representar el duelo sin convertirlo en una estetización del dolor que termina alejándonos de su dimensión humana?
¿A qué te refieres con estetización del dolor?
A convertirlo en un lugar común. El personaje que sufre, que se aísla y luego vuelve a integrarse a la vida después del proceso narrativo.
Pues siento que hay muchas formas de hablar del duelo y de las emociones. Hablar del sufrimiento en general me parece raro porque hay muchísimos tipos de sufrimiento. Una cosa es la angustia y otra es el dolor, la tristeza o la depresión.
Siento que hay muchísimo espacio y muchísimas formas de representar eso en el cine. El lenguaje cinematográfico es vastísimo. Si no recurres a lo de siempre, al personaje sufriendo donde el sufrimiento se vuelve solamente una exposición actoral, puedes entrar realmente en la parte psicológica de cómo se siente algo.
Porque además el cine tiene la parte auditiva, sensorial. Hay muchísimos sentidos involucrados de los que uno puede aprovecharse para hablar de emociones. Y el cine tiene el poder de entrar directo. Entra directo al corazón o al inconsciente.
A la emoción.
Exacto. Exacto.

Hay muchas formas de dolor, pero algo conecta a la tristeza y al duelo: la pérdida, la falta de algo. ¿Crees que ese es uno de los ejes centrales de tu película?
Creo que hay muchas interpretaciones. Sí. Creo que eventualmente ella realiza un duelo hacia el final: el duelo de la familia y de esta fantasía que le estaba costando la pérdida de ella misma. La fantasía de la familia y de la relación familiar donde la pérdida terminaba siendo ella. Y recuperar quién es ella implica perder esa fantasía.
Entonces sí creo que habla de la pérdida. Quizá no como tema central absoluto, pero sí es algo que atraviesa la película.
Ahí aparece una tensión entre lo colectivo, la familia, y lo íntimo, lo personal. ¿Pensaste la historia más desde la experiencia individual o desde lo colectivo?
Creo que también habla de distintos tipos de colectivo. Está este colectivo familiar que no es saludable para ella, pero también está el pequeño colectivo que encuentra en la selva y que le ayuda a encontrar otro lugar. Yo hablé un poco desde la experiencia personal, aunque la película no sea un reflejo literal de mi vida.
Pero sí, entiendo. Son relaciones donde uno tiene que mutilarse para poder existir en paz. Y también entiendo las redes que ayudan a transitar hacia lugares más saludables. Siento que es muy difícil no hablar desde las propias experiencias cuando haces una película, aunque sea ficción.

Como directora, ¿qué te interesa dejar fuera de campo y por qué?
Lo primero que me viene a la mente es que me interesaba mucho dejar fuera de campo la mirada masculina sobre las mujeres. Sobre todo en el encuentro entre ellas dos. Quería encontrar una mirada de esa relación que no tuviera que ver con la fetichización del encuentro entre dos mujeres. Eso sí quería mantenerlo muy lejos. También me interesaba dejar fuera de campo el juicio y la vergüenza alrededor del alcoholismo o de las confusiones emocionales. Me interesaba atravesarlo desde un lugar mucho más valiente.
Te hacía esa pregunta porque siento que el cine contemporáneo tiende demasiado a explicar y muy poco a sugerir. ¿Cuál es tu posición frente a eso?
Creo que la película responde sola a eso. Hay muchas cosas que no se explican porque tampoco me interesaba hacer una película de denuncia. Me interesaba meter al espectador dentro del proceso personal y del viaje interior de Sara. Y siento que esos procesos son muy difíciles de explicar. Mientras más los intentas explicar, quizá menos se entiendan.
Y algo que me gustó mucho es que el personaje no “supera”, sino que atraviesa el duelo.
Totalmente de acuerdo. Sí, totalmente.
Después de hacer esta película, ¿cambió tu forma de pensar la relación entre memoria, pérdida, muerte e identidad?
Sí, definitivamente cambió mi forma de pensar. Pero tampoco siento que haya llegado a una conclusión definitiva. Siento que es algo que voy a seguir replanteándome constantemente. La identidad es algo tan cambiante, algo que se transforma todo el tiempo. Y creo que la película me dio más libertad para pensar esas cosas, para entender que son ideas que van cambiando constantemente.
¿Qué viene después de Lo que nos van dejando?
Por ahora ver qué va a pasar con la película y estoy escribiendo otra historia. Es otra vez sobre dos hermanas, pero ahora con la madre. En eso estoy trabajando ahora.