Con una carrera desarrollada entre Argentina, México y Colombia, Leo Deluglio ha construido un recorrido marcado por la versatilidad y el trabajo sostenido en televisión y plataformas. En Simplemente Alicia, serie de Netflix protagonizada por Verónica Orozco, Michelle Brown y Sebastián Carvajal, Deluglio interpreta a Benjamín, un personaje que irrumpe en la historia como una suerte de conciencia incómoda. Lejos de las medias verdades que dominan el universo de la serie, Benjamín se mueve desde la frontalidad y la exigencia moral, una posición que Deluglio construye desde la honestidad emocional y una conexión directa con su propio temperamento.
¿Qué fue lo que más te atrajo del personaje en Simplemente Alicia y qué fuiste descubriendo durante el rodaje?
Lo primero fue la propuesta de Netflix. No es algo que pase todo el tiempo. Después me dijeron quiénes estaban en el elenco y entendí que iba a ser un proyecto con mucha visibilidad en Colombia y en Latinoamérica. Pero lo que más me movilizó fue volver a trabajar en mi acento argentino. Llevaba once años sin hacerlo. Eso te abre otra cabeza: sos más fluido, más rápido, aparecen ideas que no aparecen cuando trabajás en neutro. Y después está el personaje en sí. Benjamín es sensible, honesto, entra a la historia con un objetivo claro. Cuando el guion está bien escrito, como en este caso, uno tiene un mapa muy preciso para trabajar.

La serie se mueve entre drama y comedia, y además habla de la doble vida. ¿Cómo encontraste el tono justo?
Fue a través de mucho ensayo y mucha conversación con los directores, Catalina Hernández y Rafa Martínez. El guion permitía varias lecturas posibles y había que afinar. La consigna era clara: ir y venir entre comedia y drama, sin caer en la farsa. Me pedían mucha verdad, pero también ritmo. Estas series necesitan enganchar rápido; tenés muy poco tiempo para convencer al espectador de que se quede. Eso condiciona todo, incluso la actuación.
Benjamín parece ser el único personaje que no miente en la serie. ¿Ese fue el mayor reto emocional?
Sí. Mi misión era empujar a los demás personajes a decir la verdad. Benjamín no puede mentir. Siempre va al frente y obliga a los otros a enfrentarse a lo que están evitando. Eso le da a la serie velocidad narrativa. Cuando él aparece, las cosas dejan de postergarse. No es solo conflicto acumulado: es “esto está pasando, hablemos ahora”. En ese sentido, funciona casi como una conciencia externa.

¿Cómo fue trabajar con tus compañeros, especialmente con Verónica Orozco?
Tuve mucha suerte. Verónica es una líder generosa, muy profesional, con una experiencia enorme. Hace que el set sea un lugar donde todos pueden brillar. Lo mismo con Michelle Brown, con quien ya había trabajado antes, y con Sebastián Carvajal, que desde el primer día buscó construir un vínculo real. Yo creo mucho en eso: los grandes actores suelen ser los más humildes. Entienden que la generosidad también es una forma de lucirse.
Para construir a Benjamín, ¿usaste referencias personales o herramientas específicas?
Me apoyé bastante en cómo soy yo frente a los problemas. Soy frontal, a veces demasiado honesto. Eso lo trasladé al personaje. No quise “actuar” esa verdad, sino vivirla en escena. Después, claro, hay cosas de Benjamín que no tienen nada que ver conmigo y ahí sí aparece el trabajo actoral. Pero su forma de mirar, de no esquivar, es algo que compartimos.
¿Hubo alguna escena que te hiciera repensar cómo entendemos las relaciones o la honestidad?
Toda la serie deja algo de eso. Una idea que me quedó muy fuerte es amar como se puede, no como se quiere. Eso atraviesa a todos los personajes.

Para quienes aún no han visto la serie, ¿qué se van a encontrar?
Una historia que avanza rápido y engancha desde los primeros capítulos. Es una montaña rusa emocional. Hay drama, humor y preguntas incómodas. Van a ver a una mujer que ama a dos hombres y a una serie que no juzga, sino que intenta entender. Y personajes que, en lugar de esconder, empujan a decir la verdad.
Si hubiera una segunda temporada, ¿qué te gustaría explorar de Benjamín?
Su oscuridad. Nadie es solo luz. Me gustaría ver en qué falla, qué es lo que oculta, cuál es su parte menos noble. Incluso imaginarlo cometiendo un error grave, algo que lo ponga en contradicción con todo lo que representa. Eso lo volvería más humano. Porque todos guardamos algo que no mostramos.
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