Hace una década, uno de los más grandes ídolos de la música abandonó este mundo, dejando tras de sí un legado que permanece intacto. Su historia, contada a través de los años por un sinfín de voces, finalmente tomó forma hace un año bajo la mirada de María José Cuevas en Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero, una miniserie documental construida a partir de los escritos, videos, audios e imágenes capturadas por el propio cantautor y que permanecieron resguardadas por más de 40 años.
Cuando Laura Woldenberg, productora del proyecto, le contó a la cineasta que se adentraría en la vida de Juan Gabriel, inmediatamente se cuestionó cómo podría plasmar el retrato entrañable de alguien a quien no pudo conocer o seguir con su cámara. La respuesta llegó con los archivos, que revisó cuidadosamente durante dos años. En ese tiempo, Cuevas no solo conoció a “El Divo de Juárez”, sino también a Alberto Aguilera Valadez.
La revisión de estos archivos también llevó a Cuevas hasta uno de los momentos más importantes en la trayectoria de Juan Gabriel: su primera presentación en el Palacio de Bellas Artes. El 9 de mayo de 1990, ataviado con un resplandeciente traje blanco, el músico se presentó por primera vez en el recinto. Más de 100 músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigidos por Enrique Patrón de Rueda, así como un vasto coro y su mariachi, se unieron para ofrecer un espectáculo que desdibujó las líneas entre la cultura popular y la alta cultura en México. Aunque el concierto fue descrito días después como un “sacrilegio anticultural”, con el tiempo tomó tal relevancia que, hoy, es uno de los momentos más añorados, identitarios y solemnes de la música mexicana.
¿Qué hay detrás de uno de los conciertos más importantes de Juan Gabriel? El hallazgo de este material llevó a María José Cuevas a construir Juan Gabriel: Mi Primer Bellas Artes, una reedición que recupera imágenes inéditas del único ensayo que realizó junto a la orquesta y su equipo de músicos. “Estaban renuentes a él, iban a tocar algo muy diferente”, recuerda María Esther Pozo, quien entonces se desempeñaba como directora de difusión del recinto. “Él llegó a cantar, ni siquiera habló, y nos fuimos entendiendo ahí, en la música”, agrega Patrón.
Pero Juan Gabriel tenía un encanto que conquistaba y, poco a poco, la orquesta se enamoró de él. Aquella ecuación no solo reunió talento, sino también una genialidad innata y una enorme capacidad para crear en vivo. “No verás ninguna presentación como esta”, recalca Pozo.
En entrevista con The Hollywood Reporter en Español, María José Cuevas conversa sobre la reedición de este concierto, que incluye temas tan emblemáticos como ‘Yo no nací para amar’, ‘Se me olvidó otra vez’, ‘No vale la pena’, ‘Te lo pido por favor’, ‘Hasta que te conocí’ y ‘Querida’. Además, comparte el impacto de Juan Gabriel en su filmografía, la esencia de su cine y sus próximos proyectos.
Juan Gabriel: Mi Primer Bellas Artes llegará a más de 250 salas en México, así como a cines selectos de Estados Unidos y Latinoamérica, este 28 de agosto.
Bellas de noche es un documental que cambió mi forma de ver el cine y me emociona mucho este concierto porque tiene tu mirada y tu visión. Con el estreno de Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero, mencionaste que sus canciones han sido parte fundamental del soundtrack de tu vida. ¿Qué significa para ti redescubrir este momento tan importante en la trayectoria de Juan Gabriel y darle una nueva vida a través de esta reedición?
Qué bonito que hablas de Bellas de noche, porque volví a hacer mancuerna con mi hermana, Ximena Cuevas, quien editó ese documental. Ahora, revisitamos este concierto. Todo empezó cuando tuvimos acceso a los archivos que grabó Juan Gabriel durante toda su vida y que guardó en una bodega. Gracias a este material, construimos el documental que hicimos el año pasado y descubrimos que existía el registro del único ensayo que hubo de su concierto en Bellas Artes. Fue uno de los momentos más emocionantes, sobre todo, por lo que significa históricamente.
Como que uno piensa en el concierto de Bellas Artes y dice: “Tuvieron que haber ensayado un mes entero. ¿Cómo se pusieron de acuerdo?”. Yo imaginaba a Juan Gabriel en pants, ensayando todos los días y no, resulta que hubo un único ensayo al que llegó e hizo aparecer la magia. Él tenía absolutamente todas estas capas y talentos artísticos, lo musical era lo principal, y logró hacer mancuerna con el director de orquesta, el maestro Enrique Patrón de Rueda. Surgió la magia con la Orquesta Sinfónica Nacional, que no estaba acostumbrada a tocar música que no fuera clásica, y lo mismo ocurrió con el coro, los mariachis y su equipo de músicos. Para que todo eso funcionara, hubo una sola oportunidad.
El haber encontrado este archivo, imagínate, fue súper enriquecedor. En pocos minutos, encontramos toda una historia. Pero, además, en los archivos de Juan Gabriel existían todas esas cámaras que no se usaron en el corte original, de 1990, y nos pareció extraño. Las cámaras son increíbles, porque contienen los close-up y medium shot, es decir, curiosamente, las más cercanas a él y para mí eso era fascinante. Ahora no vamos a estar sentados en la primera fila de asientos, sino que vamos a estar parados junto a él, en el escenario.
Hoy en día, revisitar este concierto tan importante, histórica y musicalmente, es sentir a Juan Gabriel todavía más cercano. Por eso se hizo esta reedición. Con Ximena, encontramos los planos más histriónicos de Juan Gabriel en el escenario. Él sabía exactamente cómo llevarte por la melodía, por los silencios; todo. Observamos el detalle, la mirada y los gestos para, de alguna manera, estar a su lado en el concierto.

Sorprende este único ensayo porque Juan Gabriel era preciso y exigente con la música. Realmente lo que sucedió ahí fue mágico. En Bellas de noche te mantuviste muy cerca de sus protagonistas, pero en estas dos últimas producciones trabajaste con material de archivo. La edición también es una segunda forma de dirigir. ¿Qué aprendiste sobre tu propia forma de contar historias con estos documentales?
También es bonito que menciones Bellas de noche versus el archivo, porque recuerdo que cuando me hablaban de hacer un documental de Juan Gabriel, o en este caso de su concierto, yo decía: “Juan Gabriel ya no está vivo. No voy a tener la oportunidad de pasar horas con él o ser yo la que está filmando el concierto”. Me preguntaba cómo iba a llegar a esa intimidad que logré en Bellas de noche y que surgió al registrar su cotidianidad. Pero, en cierta medida, fue el mismo proceso. Aunque él no estuvo presente, logré llegar a ese nivel de cercanía porque el material que dejó es sumamente honesto.
Por eso es tan importante esta nueva versión del concierto de Bellas Artes. Yo quería, a través de estos archivos, realmente conocer a Juan Gabriel. Acercarnos lo más posible a él, pero también a Patrón, a la orquesta, al coro. Esto nos ayuda a darnos cuenta de que hubo tantas capas en el concierto para hacerlo maravilloso, pero eso fue gracias a que él dejó todo esto.

En un artículo que escribiste para Vogue, mencionaste que surgieron preguntas importantes sobre cómo contar la historia o plasmar un retrato entrañable de un personaje tan inmensamente grande. Después de Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero y Juan Gabriel: Mi Primer Bellas Artes, ¿has logrado encontrar una respuesta?
Mira, hasta me lo tatué. Aquí está: “Debo hacerlo todo con amor”. Qué bueno que hicimos este concierto, porque regresé a Juan Gabriel. Uno de sus lemas era ese, hacerlo todo con amor. Al final, es lo que nos contagió a todos. Durante el concierto, claramente lo disfruta todo, con tanto amor, que no hay manera de que no conectes con él. ¿Cómo contar la historia de un personaje tan inmensamente grande? Pues mirándolo con la misma honestidad con la que se dirigió toda su vida. Ese fue el reto.
El gran trabajo que hicimos consistió en observar los detalles, las miradas, cómo se comportaba en el escenario. Surgieron preguntas como: ¿Por qué conquistó este escenario? ¿Cómo lo hizo? ¿Qué hizo? Y para eso había que escucharlo y verlo. Es un personaje completamente histriónico en el escenario y todo lo tenía calculado para seducir. Eso hay que entenderlo para poder editarlo y, después, sentirlo en la pantalla.

El concierto incluye este ensayo inédito, pero ¿hubo algo que decidieron omitir?
Desgraciadamente, el concierto original duró casi tres horas y aquí dura dos. Tuvimos que cortar varias escenas por los tiempos del cine. Fue difícil, porque no hay una sola canción de Juan Gabriel que no sea extraordinaria y que no sea un éxito. Al reducirlo, seleccionamos los grandes hits, así que lo que va a ser maravilloso en el cine es que vamos a ir hit tras hit tras hit y, además, mandamos a subtitular todas las canciones, así que las salas se van a convertir en un karaoke colectivo.
Por ejemplo, dejamos fuera la colaboración de los niños de Semjase con Juan Gabriel y canciones como ‘No tengo dinero’, ‘Buenos días, señor sol’ o el popurrí de sus inicios. Había que pensar en lo que implica estar en una sala de cine y en el ritmo que pide. Es muy diferente estar en una sala de conciertos, pero van a cantar y a emocionarse.

Me parece que ahora mismo eres una de las personas que más conoce a Juan Gabriel, junto con su familia. ¿Qué falta contar sobre uno de los más grandes músicos de todos los tiempos?
¿Qué falta? Es una buena pregunta. Creo que debemos intentar conocer a Alberto Aguilera Valadez, para entender la grandeza de Juan Gabriel. En ambos proyectos se tomaron decisiones sobre cuáles fueron los momentos más importantes de su carrera porque, en un audiovisual de cuatro horas, van a faltar muchísimos. Adentrarme en su vida me permitió entender, por ejemplo, Bellas Artes. Es decir, en qué momento se dio y por qué. Es un momento tan importante y ahí está.
¿Te gustaría volver a desarrollar un proyecto sobre Juan Gabriel?
Sí y, seguramente, habrá otras perspectivas. Lo importante de cada historia es el punto de vista de la persona que va a contarla y el mío ahí está. Fue increíble volver a él, de la mano de Sony.
Este concierto también llegará a Estados Unidos.
Sí, eso es importantísimo. De hecho, el concierto se va a presentar en Latinoamérica, en España y, obviamente, en México. Juan Gabriel tenía una universalidad muy grande y para el público latino en Estados Unidos también fue importantísimo y amadísimo. Habrá una proyección masiva del concierto en Chicago. Tenemos que ver a Juan Gabriel en el cine.

Tu mirada artística tiene una esencia muy íntima y honesta. Retratas con amor a esas personas que fueron grandes estrellas, pero también grandes humanos con defectos. ¿Qué es lo que más te llama la atención de contar historias de esta manera? ¿Por qué es así el cine de María José Cuevas?
Creo que son personajes de la cultura popular que todos conocemos y que están a nuestro alcance, pero cuando empiezas a despojar a esos personajes de esa fama, te encuentras con personas que se vuelven universales porque te espejeas en ellas. Cualquier personaje, por muy lejano que parezca, hace imposible que no te identifiques cuando lo humanizas. A pesar de que seamos completamente ajenos a Juan Gabriel o a las vedettes, todos nos vamos a identificar. Cuando trabajo con estos personajes, siempre me estoy reflejando en ellos. En ese reflejo puede haber enamoramiento o rechazo, y creo que esa es la línea en la que siempre estamos, de alguna manera, compuestos.
¿Tienes otros proyectos en puerta?
Tengo dos que me andan rondando, uno de ellos es una ficción. Ya les contaré.