Hay una coherencia silenciosa en la carrera de Paulina Dávila. No responde a un plan evidente, sino a una búsqueda. Formada en artes visuales, su relación con la imagen no parte únicamente de la actuación, sino de una sensibilidad más amplia que tiene que ver con la composición, el tiempo y la perspectiva. Ese origen define su forma de habitar cada proyecto.
Su salto al cine llegó con Rezeta, de Fernando Frías, una experiencia que no solo marcó su inicio, sino que también determinó su traslado a México y, en consecuencia, el rumbo de su carrera. Luego vendrían títulos como Que viva la música, que consolidó su presencia, y una serie de proyectos en televisión que ampliaron su alcance, como Luis Miguel: La serie, Chespirito: Sin querer queriendo, Belascoarán, Aquí en la tierra y la más reciente, Santita, dirigida por Rodrigo García, el hijo de Gabriel García Márquez y donde vuelve a compartir con Gael García Bernal.

En esta entrevista, Dávila habla desde el lugar de una actriz que no busca repetirse, que entiende cada personaje como un territorio nuevo y que ha construido su carrera entre Colombia y México, moviéndose entre lo íntimo, lo social y lo profundamente emocional.
Te formaste en artes visuales en Bogotá antes de trasladarte a México. ¿Cómo influye esa base en tu manera de pensar la imagen y tu lugar dentro del encuadre?
Pues yo creo que esa educación está presente en todo lo que hago, en lo que veo, en cómo percibo el tiempo también. Creo que esa decisión de haberme formado en artes visuales fue un poco porque yo quería estudiar actuación en un momento, quise estudiar artes escénicas, estudiar teatro, y dentro de mis planes también quería estudiar arte.
Entonces, creo que eso al final hace que tenga una especie de criterio donde tengo en cuenta qué me gusta, qué no me gusta y desde dónde. No sé, siento que no me concibo de otra manera. Esa formación fue fundamental, incluso para buscar proyectos que me llenen desde ese lugar creativo.
Además, no solo me dedico a actuar. Soy una persona que consume mucho cine, que se interesa por lo audiovisual, que se rodea de ese mundo no solamente desde el oficio.

¿Me podrías contar sobre tu primer largometraje y qué decisiones de ese proceso siguen presentes en tu forma de abordar personajes?
Yo creo que en ese momento era muy joven, en general, pero también como actriz. Era mi primera exploración y sentía que tenía mucho que aprender en el camino de mi profesión. Con el tiempo he seguido formándome de distintas maneras.
En ese momento estaba todavía muy cruda, pero fue una experiencia maravillosa porque determinó que más adelante me viniera a vivir a México. Ahí se abrió un mundo para mí que marcó el resto de mi vida. Conocí gente que hoy sigo frecuentando.
Además, fue algo muy afortunado porque, viniendo de las artes visuales, este proyecto llegó mientras estaba en la universidad y era un proyecto independiente, muy en la línea de lo que me interesaba. Empezar así hizo que fuera todo muy natural.
Yo creo que era mi fantasía hacer cine independiente y que mi carrera fuera así. Con el tiempo eso se fue ampliando, pero ese inicio fue muy orgánico. Trabajé con Fernando Frías, que es un director que admiro muchísimo, y fue una oportunidad muy afortunada. No me lo imagino de otra manera.

Has construido tu carrera entre Colombia y México. ¿Qué diferencias concretas encuentras en las dinámicas de trabajo y cómo impactan tu proceso como actriz?
Pues mira, yo pienso que Colombia y México tienen mucho en común en términos de idiosincrasia. Hay cosas que funcionan relativamente parecidas y para mí tener esa realidad de dos países es una ventaja de alguna forma. Trabajar en Colombia siempre es como un sueño, como seguir teniendo la posibilidad de hacer proyectos allá. Es volver a casa, al final.
Creo que Colombia y México dialogan muy bien. Si tengo que decir algo concreto, tal vez tenga que ver más con los contenidos, con el lenguaje o con ciertas prácticas en un sentido más formal del trabajo. Pero en realidad tenemos mucho en común.
Además, hay mucho intercambio. En México hay muchos colombianos en los sets, en los equipos, con los actores también. Hay una conversación muy interesante entre ambos países a nivel audiovisual.

Has trabajado en proyectos como El comandante y Aquí en la tierra, que combinan el drama con un fuerte componente sociopolítico. ¿Qué te interesa de ese tipo de historias y cómo te aproximas a esos personajes?
Y te faltó uno que también fue muy importante en ese sentido, que es Un extraño enemigo, donde hice a Rosa Luz Alegría. Creo que siempre me ha parecido muy interesante hacer parte de historias que tienen que ver con hechos reales, con la política, con eso que nos mueve y que también nos hace reflexionar sobre lo que somos.
Ver nuestra historia representada nos invita a cuestionar el pasado, a cuestionar a dónde nos ha llevado, ojalá para tener mayor criterio y no repetirnos tanto, que creo que es algo muy humano, repetirnos una y otra vez en lo político.
También me parece muy interesante interpretar a mujeres que no tienen nada que ver conmigo, con contextos tan distintos al mío. En Un extraño enemigo y en El comandante, por ejemplo, interpreté personajes muy alejados de mi realidad, incluso en El comandante tuve que hacer de venezolana. Ese ejercicio de alejarme de mí y entrar en otras realidades me parece muy enriquecedor para mi oficio. Me gusta ese reto.

También has trabajado en proyectos con acción, investigación y tonos más oscuros, como Belascoarán o Venganza. ¿Cómo trabajas el ritmo de estos personajes dentro de ese tipo de relatos?
Sí, también hice un proyecto que se llamaba R, donde interpretaba a un personaje llamado Magali. Era una serie que se hizo en México y decidimos que fuera colombiana, lo cual fue muy divertido para mí. Tiene esas mismas características de acción. A mí me gusta mucho probarme en distintos géneros, si se les puede llamar así. Me interesa explorar. Creo que todas esas oportunidades han llegado y yo confío en lo que tengo que aprender de cada personaje.
En el caso de Belascoarán fue una experiencia maravillosa. Trabajé con gente que quiero y admiro, como Luis Gerardo Méndez y Rodrigo Santos, el director, que fue quien me habló del personaje por primera vez. La idea de hacer una vedette en ese tono y en esa época me parecía muy divertida. Me sentía un poco dentro de un cómic, en un lenguaje que nunca había explorado.
Y con Venganza fue algo distinto, más melodramático, que tampoco había hecho antes. Además, fue la posibilidad de trabajar en Colombia en un momento en el que estaba muy conectada con mi vida allá. En esa época hacía mucho eso de ir y venir: un proyecto aquí, otro allá. Un poco porque así es la vida y porque eso era lo que se presentaba.
Hay mucho de este oficio que no necesariamente decides tú, sino que depende de lo que aparece. Tú decides si te subes a eso, si adaptas tu vida a eso. En ese momento tenía ese impulso de estar entre los dos países. Ahora mi trabajo se ha enfocado más en México, pero ha sido algo orgánico. Siempre con el deseo de volver a Colombia o de ir a otros lugares.
A mí me encanta que este trabajo me permita vivir distintas cotidianidades, no solo a través de los personajes, sino también en la vida real.

Has participado en producciones de gran alcance como Griselda, dónde trabajaste con Sofía Vergara, tu prima en segundo grado, y en proyectos con universos muy reconocibles. ¿Cómo sostienes tu trabajo actoral dentro de esas estructuras manteniéndote auténtica?
Yo creo que a mí me enriquece mucho no encasillarme, no hacer siempre el mismo tipo de personaje. Para mí ha sido muy importante probar cosas distintas. Hay proyectos que te cambian el panorama por la exposición que te dan y por la plataforma que ofrecen. Ese es el caso de Griselda. Fue un proyecto lleno de regalos.
Trabajar con quienes trabajé, tener la posibilidad de hacer un proyecto en Los Ángeles, filmado allá, fue una experiencia de vida muy rica. Sentí que cumplí una especie de sueño. Y lo mismo con otros proyectos que abren puertas, que generan conversación y relevancia cultural. Cada uno trae nuevas oportunidades.
Para mí se trata de que el trabajo se encargue de traer más trabajo. Probarme retos, asumir cosas nuevas, eso tiene un impacto. Es interesante ver cómo eso se traduce después en oportunidades.
¿Qué retos específicos estás encontrando en esta etapa de tu carrera?
Ahorita traigo este proyecto, Santita, que para mí ha sido el reto más grande hasta ahora en términos actorales. Es un proyecto que me hace mucha ilusión. Tuve un trabajo muy intenso, muy profundo de preparación. Fue un rodaje muy exigente, pero también fue algo que disfruté mucho. Tuve la posibilidad de trabajar con Rodrigo García, que era un sueño para mí. Es un director que admiro mucho, me encanta su mirada y su forma de abordar la identidad. Entonces, este proyecto reúne muchas cosas que me emocionan.
Estoy en ese momento de querer que salga, de que la gente lo vea, de que conecte con el público. Fue algo hecho con mucha entrega, con mucho amor, respeto y cariño.
Hasta el momento se presentarán siete capítulos en Netflix. No necesariamente es una miniserie porque podría tener más temporadas, pero eso depende de cómo la reciba la gente. Ojalá que guste mucho y que eso permita continuarla.

Para cerrar, recuerdo la cinta Que viva la música. ¿Qué lugar ocupa ese proyecto en tu trayectoria?
Fue el segundo proyecto importante que hice y el primero como protagonista. Fue un parteaguas en mi vida. Es una de las experiencias que más atesoro como actriz por todo lo que implicó, por lo mucho que me transformó.
Encuentro un paralelo con Santita. Son momentos distintos, pero ambos implicaron procesos muy profundos, mucha preparación, una transformación importante. Que viva la música me abrió muchas puertas, pero también fue algo que disfruté muchísimo. Y eso mismo me pasó con Santita: fue exigente, fue un reto grande, pero también lo gocé.
Para mí es muy valioso cuando un proyecto te exige y al mismo tiempo te permite disfrutar el proceso. Me gustan esos trabajos que me obligan a transformar y entregarme completamente, desde el cuerpo, desde lo emocional, desde todo.
Créditos:
Fotografía: Noel Higareda @noelhigareda
Historia: André Didyme-Dôme Fuentes (@andredidymedome)
Productor Ejecutivo: Alejandro Ortiz
Stylist: Alicia Esquivel @aliciaeshe